Vivir el Tawakkul: el camino del Profeta (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Vivir el Tawakkul: el camino del Profeta (sa)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Cuando Dios Altísimo hizo del Santo Profeta (sa) un hombre perfecto y lo estableció como un excelente modelo para toda la humanidad, infundió en su persona todas las cualidades morales, elevando cada una de ellas al grado más alto.

Además, instruyó a los creyentes diciéndoles que, si deseaban desarrollar en sí mismos cualidades virtuosas y alcanzar los más altos grados de excelencia moral, deberían seguir a este gran Mensajero (sa), ya que él se convertiría en el medio por el cual podrían alcanzar el agrado de Dios Altísimo. Así como el Santo Profeta (sa), de acuerdo con los mandamientos de Dios Altísimo, elevó cada cualidad moral al más alto nivel, también instruyó a los creyentes para que se esforzaran por alcanzar estos elevados grados.

Dado que en estos días se están debatiendo diversos aspectos de su vida, hoy hablaré sobre un aspecto de la vida del Santo Profeta (sa) relacionado con su confianza en Dios: su estatus, su guía a los creyentes y su propio ejemplo práctico. Dios Altísimo ha mencionado en varias ocasiones en el Sagrado Corán la importancia de depositar la confianza en Él. En un pasaje, dirigiéndose al Santo Profeta (sa), Dios Altísimo dice:

[Árabe]

“¡Oh Profeta! En verdad, te hemos enviado como testigo para todo el mundo, portador de buenas nuevas para los creyentes y amonestador para los incrédulos. Y como un mensajero a Dios por Su mandato, y como una lámpara radiante. Y anuncia a los creyentes la buena nueva de que recibirán una gran bendición de Al’lah. Y no sigas a los incrédulos ni a los hipócritas, ignora sus intrigas y confia en Al’lah; pues Al’lah es suficiente como Protector”. Así pues, si bien esta es una buena nueva para el Santo Profeta (sa), también lo es para los creyentes, pues, si permanecen firmes en la fe, actúan de acuerdo con los mandamientos de Dios Altísimo y depositan su plena confianza en el Ser de Dios Altísimo, entonces Él también les bastará ante toda dificultad.

Luego, llamando la atención de los creyentes, Dios Altísimo dice:

[Árabe]

“¡Al’lah! No hay más dios que Él; por lo tanto, en Al’lah deben confiar los creyentes”. Por lo tanto, si uno cumple con el derecho de adorar a Dios Altísimo y deposita su confianza en Él, también será testigo de [Sus] signos. Encontramos el ejemplo más excelente de ello en la persona del Santo Profeta (sa). Gracias a él (sa), sus compañeros también se beneficiaron de ello y nos sirvieron de ejemplo.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Por otro lado, cuando estudiamos la vida de Hazrat Jatamul-Anbiya’ [el Sello de los Profetas] (sa), queda muy claro que poseía el más alto grado de rectitud e integridad. Siempre estuvo dispuesto a sacrificar su vida por Dios. Estaba totalmente libre de temor o esperanza respecto a la gente (es decir, se apartó por completo de cualquier temor o esperanza depositados en las personas). Depositó su confianza únicamente en su Señor; pues, entre los relatos de los profetas, no existe un solo ejemplo de circunstancias de tal peligro – ocasiones o situaciones de riesgo – en las que alguien confiara en Dios, se opusiera abiertamente a la idolatría y a la adoración de la creación, mostrando un rechazo tan firme hacia ellas, y, a pesar de todo, se mantuviera tan constante y resuelto”. El Mesías Prometido (as) dijo que, aunque la categoría de los demás profetas es elevada, no encontramos en sus vidas los mismos ejemplos de confianza en Al’lah que demostró el Santo Profeta (sa).

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“Es el Mensajero de Al’lah, nuestro Profeta, quien constituye el verdadero ejemplo de devoción absoluta hacia Dios y abandonar el mundo [tawattul]. El Santo Profeta (sa) no se preocupaba ni por los elogios de nadie ni por sus reproches (no le importaban ni los elogios ni las críticas de la gente). Se enfrentó a innumerables adversidades, pero no le importaron en lo más mínimo. Ninguna codicia ni deseo podía apartar al Santo Profeta (sa) de la obra de Dios que había venido a realizar. Hasta que una persona sea capaz de visualizar este estado en su propio interior y supere su prueba, nunca debería librarse de toda preocupación”. El Mesías Prometido (as) nos instruyó a intentar alcanzar este rango. No debemos caer en la despreocupación; por el contrario, debemos alcanzar un grado tan elevado de confianza en Al’lah que el Ser de Dios Altísimo se convierta en nuestro único objetivo.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“Asimismo, debe tenerse en cuenta que solo cuando una persona se consagra plenamente a Dios [mutawattil] puede cultivar la confianza en Él [mutawakkal]”, es decir, para llegar a ser una persona que confía en Dios, es condición previa consagrarse primero totalmente a Él. En otras palabras, si se desea depositar la confianza en Al’lah, también uno debe someterse ante Él.

[El Mesías Prometido (as) afirma entonces:]

“Pues, mientras uno mantiene una relación de confianza y dependencia respecto de los demás, ¿cómo puede confiar plenamente solo en Al’lah? Cuando se vuelve completamente hacia Dios, Él lo aparta del mundo y lo une a Sí mismo. Esto sucede cuando existe una confianza perfecta en Dios. Así como nuestro Santo Profeta (sa) estaba perfectamente desapegado del mundo, también confiaba plenamente en Dios. Por eso no le importaban en lo más mínimo las personas de gran prestigio ni los jefes de naciones y tribus, ni le afectaba en absoluto su oposición.

Poseía una certeza extraordinaria en el Ser de Al’lah. Por eso asumió una carga tan enorme, se opuso al mundo entero y no le concedió ninguna importancia. Este es un gran ejemplo de confianza en Dios, como no se encuentra otro igual en ninguna parte del mundo.

Esto se debe a que, en tal estado, la persona elige a Dios y convierte al mundo en su adversario. Pero este estado no puede desarrollarse hasta que, por así decirlo, vea a Dios y tenga la esperanza de que otra puerta está a punto de abrirse para él. Cuando se desarrollan esta esperanza y esta certeza, está dispuesto incluso a convertir a sus seres queridos en adversarios por amor a Dios, porque sabe que Dios creará otros amigos. Está dispuesto a perder sus bienes porque tiene la certeza de que recibirá algo mejor a cambio.

En resumen, dar prioridad únicamente al beneplácito de Dios es “tabattul” (vincularse a Dios), y el “tabattul” y el “tawakkul”(la confianza en Dios) son inseparables (están unidos, como gemelos). El secreto del “tawakkul”es el “tabattul”, y la condición del “tawakkul”es el “tabattul”. Esta es nuestra enseñanza sobre este asunto” (solo cuando nos volvamos completamente hacia Al’lah y dejemos de depender del mundo se desarrollará en nosotros el verdadero estado de tawakkul. Y, como he dicho y como todos sabemos, el máximo ejemplo de ello es nuestro Maestro y Líder, Muhammad Mustafa [sa]).

El Mesías Prometido (as) dice:

“No penséis que Dios Altísimo es débil. Es un Ser de inmenso poder. Cuando uno deposita su confianza en Él respecto de cualquier asunto, ciertamente Él ayudará.

[Árabe]

‘Y quien deposita su confianza en Al’lah, Él le basta’.

Sin embargo, aquellos a quienes se dirigían principalmente estos versículos eran personas consagradas a la fe. Todas sus preocupaciones estaban relacionadas exclusivamente con asuntos religiosos, mientras que encomendaban a Dios sus asuntos terrenales. Así, Dios Altísimo les aseguró: ‘Estoy con vosotros’.

En resumen, una de las bendiciones de la rectitud es que Dios Altísimo libra a los piadosos de las dificultades ajenas a los asuntos religiosos. Del mismo modo, Al’lah provee de sustento de manera especial a los justos. Aquí mencionaré el sustento del conocimiento espiritual (no se refiere al sustento material, sino al sustento del conocimiento espiritual)”. Dice:

“El Santo Profeta (sa), a pesar de ser iletrado, tuvo que enfrentarse al mundo entero, incluida la Gente del Libro, los filósofos y las personas que poseían el más alto nivel de conocimiento intelectual. Sin embargo, recibió un sustento espiritual tan abundante que prevaleció sobre todos ellos y puso al descubierto los errores de sus enseñanzas. Se trataba de un sustento espiritual sin parangón”.

Hazrat Umar bin al-Jattab (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

“Si depositáis vuestra confianza en Al’lah tal como debéis depositarla en Él, ciertamente se os proveerá de sustento, del mismo modo que se provee a las aves” (aquí también mencionó el sustento material: si uno deposita su confianza en Al’lah, tendrá ese sustento. Salen por la mañana con el estómago vacío y regresan por la tarde con el estómago lleno).

Se narra de Hazrat Abu Dharr (ra) que el Santo Profeta (sa) dijo:

“La renuncia al mundo no significa declarar ilícito lo lícito, ni tampoco significa desperdiciar la riqueza” (ello no significa que no tengamos interés en la riqueza y que, por tanto, declaremos inaceptables incluso aquellas cosas que son lícitas, como hacen hoy en día algunos supuestos guías espirituales y ascetas). Más bien, la renuncia al mundo significa que aquello que está en tus propias manos no debe resultarte más fiable que lo que está en las manos de Al’lah. Este es el significado de la renuncia: tener mayor certeza de que aquello que está con Al’lah te beneficiará más que la riqueza que tú mismo posees. Y, en cuanto a la recompensa por soportar las adversidades, deberías ser de tal manera que, cuando te sobrevenga una aflicción, desees que hubiera permanecido contigo durante más tiempo”.

Esta es, pues, la confianza en Al’lah: tener una certeza mayor de que Dios Altísimo satisfará tus necesidades que la que tienes respecto a las cosas que posees actualmente. Es posible que se pierdan algunas de las cosas que posees, pero lo que está junto a Al’lah jamás se perderá. Y, conforme a sus necesidades, quien deposita su confianza en Al’lah y realiza obras rectas sigue recibiendo lo que requiere.

Hazrat Amr bin al-Aas (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

“Desde el corazón del hijo de Adán parte un camino que conduce a cada valle”. A quien sigue todos los caminos de su corazón, a Al’lah no le importa si perece en un valle o en otro. Pero a quien deposita su confianza en Al’lah, Al’lah le bastará mientras recorre estos diversos caminos”.

El significado de este Hadiz es que quien somete su corazón a diversos deseos, inquietudes y preocupaciones mundanales – de modo que su atención permanece dispersa en todas direcciones – se convierte en una persona a la que Dios Altísimo no toma en cuenta. Puede adentrarse en cualquier valle y perecer. En cualquier valle en que perezca, dondequiera que viva y dondequiera que muera, a Al’lah no le importa.

En cuanto a las palabras “y quien deposita su confianza en Al’lah”, significan que Dios Altísimo se hace cargo de las diversas y múltiples necesidades, preocupaciones y requerimientos de quien se vuelve hacia Él, y los satisface.

Este mismo sentido se ve respaldado por otra narración en la que el Santo Profeta (sa) afirmó que, quien concentra todas sus preocupaciones en una sola – la preocupación por la religión – y examina su fe, su relación con Al’lah y su estado espiritual, Dios Altísimo le basta para atender todas sus demás preocupaciones de este mundo y de la otra vida. Este es el significado de este Hadiz.

¡Con qué esmero solía el Santo Profeta (sa) orar por sus asuntos cotidianos, manteniendo siempre presente su confianza en Dios Altísimo! Hazrat Umm Salamah (ra) narra que, cuando el Santo Profeta (sa) salía de su casa, decía (voy a leer la traducción):

“En el nombre de Dios, pongo mi confianza en Dios. ¡Oh, Dios! Te pedimos protección para no tropezar ni extraviarnos, para no cometer injusticias ni ser víctimas de ellas, para no actuar con ignorancia ni ser tratados con ignorancia”.

Asimismo, se menciona otra narración. Hazrat Buraidah (ra) relata que, cuando el Santo Profeta (sa) salía de su casa, decía:

“En el nombre de Dios, pongo mi confianza en Dios. Solo con el poder de Dios poseo la fuerza para hacer el bien y abstenerme del mal. ¡Oh, Dios! Te pido protección para no extraviarme ni ser desviado; para no tropiece ni que me hagan tropezar; para no hacer daño a nadie ni que me lo hagan a mí; para no actuar con ignorancia ni ser tratado con ignorancia; y para no transgredir contra nadie ni que se transgreda contra mí”. Así pues, todos estos asuntos han quedado abarcados e incluidos en esta oración.

Del mismo modo, también se menciona una oración para entrar en casa. Hazrat Abu Malik Ash’ari (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

“Cuando una persona entre en su hogar, debe decir: ‘¡Oh, Dios! Te pido el bienestar al entrar en el hogar y el bienestar al salir de él. En el nombre de Dios entramos, y en el nombre de Dios salimos, y en Dios, nuestro Señor, ponemos nuestra confianza’. A continuación, se debe recitar esta oración y, después, entrar en casa y saludar a los miembros de la familia”.

Existe otra narración relativa a la confianza del Santo Profeta (sa) en Dios Todopoderoso y a su temor hacia Él. Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Santo Profeta (sa) acudió a ver a Hazrat Bilal (ra) y vio que tenía junto a él un montón de dátiles. Le preguntó: “¡Oh, Bilal! ¿Qué es esto?”. Hazrat Bilal (ra) respondió: “Son unos dátiles que he guardado para usted”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¡Ay de ti, oh Bilal! ¿No temes que su humo se eleve en el Infierno el Día del Juicio? (en otras palabras, que pudiera convertirse en un medio de castigo)”. “¡Oh, Bilal! Gástalos y no temas la pobreza por parte del Señor del Trono. Pon tu confianza en Él”.

El Mesías Prometido (as) afirma al respecto:

“Solo puede haber progreso en la fe del hombre cuando sigue las directrices de Dios Altísimo y deposita su confianza en Él. En una ocasión, el Santo Profeta (sa) vio a Bilal (ra) reuniendo dátiles. Le preguntó por qué lo hacía. Bilal (ra) respondió que los estaba recogiendo para el día siguiente. El Mensajero (sa) le preguntó: ‘¿Acaso no crees en el Dios que provee el mañana? ¿Acaso el Dios que te los da hoy no te los concederá mañana? ¿No confías en Él?’. El Mesías Prometido (as) también aclaró que una persona no debe gastar de forma despilfarradora (algunas personas gastan sin mesura). Pero él solo le dijo esto a Bilal (ra); no se lo dijo a todo el mundo. A cada uno se le aconseja y se le instruye según su capacidad.

Sin duda, se trataba de una advertencia del Santo Profeta (sa), ya que el Hadiz menciona claramente que, cuando Hazrat Bilal (ra) dijo que ‘estaba almacenando los dátiles para el Santo Profeta (sa), le contestó que él (sa) confiaba en Él (Al’lah). Sólo me llegará su humareda, si es que los has guardado para mí’. Sin embargo, según las enseñanzas del Sagrado Corán, también existe una instrucción que indica que no se debe ser tan derrochador como para no conservar nada para las propias provisiones. Uno debe tomar las medidas necesarias y, después, depositar su confianza en Dios Altísimo, para que Él proteja esos medios y le permita obtener beneficio de ellos”.

Confiar en Dios no significa que uno deba abandonar la precaución y dejar de hacer uso de los medios disponibles. Esto también se convierte en algo contrario a las enseñanzas islámicas. Así, Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que un hombre preguntó: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa), ¿debo atar la rodilla de mi camello y poner mi confianza en Dios, o debo dejarlo sin atar y poner mi confianza en Dios?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “¡Átale la rodilla y confía en Dios!”. Este es un ejemplo que también puede aplicarse a otros asuntos.

Se cuenta que el Santo Profeta (sa) dio esta instrucción cuando un beduino – o, según otra narración, a Hazrat Amr bin Umayyah (ra) – dejó su camello desatado a la puerta de la mezquita del Santo Profeta (sa) y entró para realizar la oración.

El Mesías Prometido (as) ha explicado este incidente de la siguiente manera:

“Una persona no debe abandonar la rectitud y debe poner su confianza en Dios; así no sufrirá ningún tipo de pérdida. Confiar en Dios no significa que una persona deba abandonar los medios. Más bien, significa que, tras tomar todas las medidas necesarias, uno debe dejar el resultado en manos de Dios – y esto es lo que se denomina “tawakkul” [confianza en Dios] -. Si no utiliza los medios y se limita a afirmar que confía en Dios, entonces su confianza es vana y vacía. Si una persona se basa únicamente en su propia planificación y piensa: ‘he tomado todas las precauciones necesarias; con eso basta’, y considera que no hay necesidad de confiar en Dios, entonces esa planificación también es vana y no llegará a nada.

Un hombre iba montado en un camello. Cuando vio al Santo Profeta (sa), desmontó por respeto y decidió confiar en Dios sin tomar ninguna medida. Por ello, no ató la rodilla de su camello. Cuando regresó tras encontrarse con el Santo Profeta (sa), descubrió que su camello había desaparecido. Regresó y se quejó ante el Santo Profeta (sa), diciendo: ‘Puse mi confianza en Dios y, sin embargo, mi camello ha desaparecido’. El Santo Profeta (sa) le dijo: ‘Cometiste un error. Primero debías haber atado la rodilla de tu camello y luego poner tu confianza [en Dios]. Eso habría sido lo correcto’”.

Hazrat Aisha (ra) relata que el Santo Profeta (sa) recibió unos dinares. Los repartió todos, excepto seis, que había dejado en custodia con una de sus benditas esposas.

Según otra narración, durante la última enfermedad del Santo Profeta (sa), mientras estaba recostado contra el pecho de Hazrat Aisha (ra), dijo: “¡Oh, Aisha! ¿Dónde están esos dinares de oro?”. Hazrat Aisha (ra) respondió: “Los tengo a buen recaudo”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¡Gástalos en la causa de Dios!”. A continuación, debido a la gravedad de su enfermedad, el Santo Profeta (sa) perdió el conocimiento. Había guardado esos dinares con la intención de distribuirlos en algún momento. Cuando recuperó la conciencia, volvió a preguntar: “¡Oh, Aisha! ¿Has gastado esos dinares de oro?”. Ella respondió: “¡No, por Dios, oh Mensajero de Dios (sa)! Aún no los he gastado”. Hazrat Aisha (ra) relata que el Santo Profeta (sa) pidió que le trajeran esos dinares. Cuando se los trajeron, los colocó en la palma de la mano y los contó: eran seis dinares. Entonces dijo: “¿Cómo podría Muhammad depender de su Señor si, en el momento de encontrarse con Él y de partir de este mundo, estos dinares siguieran en su poder?”. A continuación, el Santo Profeta (sa) donó todos esos dinares en caridad por la causa de Dios, y ese mismo día falleció.

Dios Altísimo afirma en el Sagrado Corán:

[Árabe]

“Di: ‘No nos sobrevendrá nada salvo lo que Dios haya decretado para nosotros. Él es nuestro Protector, y en Dios deben poner su confianza los creyentes’“.

En el ejemplo del Santo Profeta (sa) encontramos una magnífica ilustración de la confianza en Dios y de cómo demostró, en una ocasión, el más alto grado de dependencia de Él. Dios Altísimo nos ha ordenado que depositemos nuestra confianza en Él, y vemos cómo el Santo Profeta (sa) actuó él mismo de acuerdo con esta orden. Cuando Musailimah, el Mentiroso, dijo que se sometería junto con su ejército al Santo Profeta (sa), pero impuso una condición, el Santo Profeta (sa) rechazó categóricamente dicha condición y se negó rotundamente a aceptarla.

Según narra Hazrat Ibn Abbas (ra), dijo:

“Musailimah, el Mentiroso, acudió en tiempos del Mensajero de Dios (sa) y dijo: ‘Si Muhammad me nombra su sucesor después de él, lo seguiré’. Había llegado a Medina con su ejército y un gran número de personas. Según algunas narraciones, le acompañaban 100.000 personas, es decir, el total de sus seguidores. Aunque, en realidad, el número de quienes le acompañaban habría sido mucho menor.

El Mensajero de Dios (sa) se dirigió hacia él, acompañado de Hazrat Zabit bin Qais bin Shammas (ra). El Mensajero de Dios (sa) llevaba en la mano un palo de palmera datilera. Se acercó y se detuvo ante Musailimah, que estaba sentado con sus compañeros, y le dijo: ‘Aunque me pidieras este trozo de madera, no te lo daría. Nunca irás más allá de lo que Dios ha decretado para ti. Si das la espalda y te marchas, Dios Altísimo cortará tu raíz. Te veo como la misma persona sobre la que se me ha mostrado mucho en un sueño’ (antes de esto, ya le había dicho al Santo Profeta (sa): ‘Nómbrame tu sucesor’).

En cualquier caso, el Santo Profeta (sa) respondió que ni siquiera le daría el equivalente a esa ramita. A continuación, dijo que ahora podía ver que la persona a la que había visto en su sueño estaba ante él. Se trataba de Hazrat Zabit, que estaba con el Santo Profeta (sa). Cuando dijo: ‘Este es Zabit’, se refería a que Hazrat Zabit era su representante y le daría una respuesta en su nombre. Dicho esto, se despidió de él y regresó”.

Hazrat Ibn Abbas (ra) cuenta que preguntó por las palabras del Mensajero de Dios (sa): “Tú eres precisamente la persona que se me ha mostrado en un sueño”. Hazrat Abu Hurairah (ra) le dijo que el Mensajero de Dios (sa) había dicho: “Una vez, mientras dormía, vi dos brazaletes de oro en mis manos. Su aspecto me causó inquietud. Entonces, en mi sueño, se me ordenó que soplara sobre ellos. Así pues, soplé sobre ellos y salieron volando. Los interpreté como dos mentirosos que aparecerían después de mí. Uno de ellos era Ansi y el otro era Musailimah”. Al-Aswad Al-Ansi y Musailimah fueron los dos que adoptaron una actitud rebelde. Se marcharon de allí en aquel momento y, durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra), guerrearon en contra.

Hazrat Musleh-e-Maud (ra) escribe al respecto, explicándolo con gran detalle:

“El Santo Profeta (sa) no sentía inclinación alguna hacia el mundo ni hacia la gente del mundo en ningún asunto, ni siquiera alzaba la vista hacia los medios mundanos. Más bien, en todo asunto, su mirada permanecía fija en Dios Altísimo, para que solo Él lograra el resultado deseado. En otras palabras, era la encarnación perfecta de la confianza en Dios, algo que no se encuentra ni entre los profetas anteriores ni ha nacido jamás, después de él, nadie que poseyera tal confianza en Dios.

Así, la historia nos cuenta que, durante la vida del Santo Profeta (sa), Musailimah acudió a él en Medina con un ejército formidable y le pidió que, si le nombraba su sucesor, él, junto con toda su comunidad, le seguiría. En aquella época, el islam se encontraba en una situación de debilidad y habría sido conveniente recurrir a este medio y beneficiarse de su apoyo. Pero aquel ser puro, que tenía plena confianza y fe en el poder de Dios Altísimo y que no prestaba la más mínima atención a las intrigas humanas, rechazó de inmediato su petición. Dijo: ‘Esto no puede ser’.

Hazrat Ibn Abbas (ra) relata que, en tiempos del Santo Profeta (sa) – se trata del mismo Hadiz que he relatado anteriormente -, Musailimah el Mentiroso se presentó y dijo que, si Muhammad (sa) lo nombraba gobernante tras él, se convertiría en su seguidor. En aquel momento, había traído consigo a un gran número de personas de entre su pueblo. Al oír esto, el Santo Profeta (sa) se dirigió hacia él, acompañado por Hazrat Zabit bin Qais bin Shammas (ra). El Santo Profeta (sa) llevaba en la mano un trozo de rama de palmera datilera. Avanzó hasta situarse frente a Musailimah, que estaba sentado entre sus compañeros. El Santo Profeta (sa) dijo: ‘Aunque me pidieras esta rama, no te la daría. No debes ir más allá de lo que Dios ha dispuesto para ti. Si le das la espalda y te marchas, Dios Altísimo cortará tus raíces. Creo que tú eres precisamente la persona sobre la que se me mostró la visión que se me mostró. Este es Zabit, quien te dará la respuesta en mi nombre’. Entonces se marchó de allí.

Hazrat Ibn Abbas (ra) dice – como ya he mencionado anteriormente – que preguntó qué quería decir el Santo Profeta (sa) cuando dijo: ‘Veo que eres precisamente la persona sobre la que se me mostró la visión’. Hazrat Abu Hurairah (ra) me contó que el Santo Profeta (sa) había dicho:

‘Una vez, mientras dormía, vi dos brazaletes dorados en mis manos. Su presencia me resultaba un poco molesta. Acto seguido, recibí una revelación en sueños en la que se me indicaba que debía soplar sobre ellos. Cuando soplé sobre ellos, los dos salieron volando. Por lo tanto, interpreté que esto significaba que surgirían dos mentirosos después de mí. Uno sería Ansi y el otro, Musailimah’.

Este suceso pone de manifiesto hasta qué punto el Santo Profeta (sa) confiaba en Dios Altísimo y lo seguro que estaba de que recibiría Su ayuda. A su alrededor había incrédulos que se dedicaban constantemente a causarle dolor y angustia y que empleaban todos los medios posibles para hacerle sufrir. César y Cosroes también enviaban una orden tras otra a sus respectivos gobernadores para que se le opusieran. Los Banu Ghassan se preparaban para la batalla, mientras que los persas observaban a esta potencia emergente con envidia y asombro, y todos los gobiernos contemplaban este nuevo movimiento con recelo y escepticismo.

En aquel momento, hasta que se reunió un ejército formidable en torno al Santo Profeta (sa), parecía difícil, de hecho casi imposible, que pudiera mantenerse a salvo de los ataques de sus enemigos. Las victorias que se extendían desde Medina hasta La Meca le habían enfrentado a todos los gobiernos de las regiones circundantes, y las mentes con visión de futuro, desde el primer momento, ya se preocupaban por idear formas de destruir ese poder en auge, pues estaban convencidas de que, si ese poder seguía creciendo, reduciría sus grandes y magníficos palacios a escombros. Por lo tanto, por muchos preparativos que pudiera hacer el Santo Profeta (sa) para afrontar esos retos extraordinarios, nunca serían suficientes.

Quienes estudian historia pueden comprender fácilmente cómo, en tales circunstancias, la razón humana trata de unir a amigos y enemigos y, mediante diversas medidas, pretende atraer incluso a desconocidos a sus filas. Pero mi amado no era de la tierra; era del cielo. Los ejércitos que avanzaban, los caballos al galope, las lanzas que se alzaban y las espadas que destellaban no tenían ningún significado real a sus ojos. Era testigo del descenso de los ángeles del cielo, mientras el Creador de los cielos y de la tierra no dejaba de susurrarle al oído palabras de consuelo. Su corazón estaba lleno de certeza y su pecho rebosaba de fe. En resumen, en lugar de confiar en los medios terrenales, ponía su confianza en Dios. ¿Cómo, entonces, podría haberse visto abrumado por estas dificultades?

No consideró oportuno, ni siquiera por un instante, depositar su confianza en Musailimah y su ejército. Afirmó sin rodeos que intentar ganarse su confianza ofreciéndole el califato mediante engaños y, de ese modo, obtener el apoyo de su pueblo era una cosa; pero que, aunque tuviera que conseguir su apoyo a cambio de una sola rama de palmera datilera, ni siquiera lo consideraría”.

Reflexionad sobre el estado de este noble corazón. Fijaos en la grandeza de este hombre, que depositó toda su confianza en Dios. Intentad sentir en vuestro propio corazón la certeza que albergaba el suyo cuando respondió a Musailimah, así como la confianza en Dios en la que se sustentaba su respuesta. ¿Podría algún rey demostrar semejante valor y valentía en un momento así? ¿Puede la historia mostrarnos a un hombre corriente, de carne y hueso, que haya salido con tanta seguridad de semejantes circunstancias? Si no es así, ¿por qué?

La razón es, sencillamente, que es erróneo incluso comparar la vida del Santo Profeta (sa) con la de los hombres comunes, pues él era un profeta. Si se le puede comparar con alguien, solo puede ser con los profetas. Sin embargo, ni siquiera entre ellos se encuentra ejemplo alguno del extraordinario rango que él poseía, pues se le concedió superioridad sobre todos los profetas.

También conviene recordar aquí que, cuando el Santo Profeta (sa) respondió a Musailimah, no le movió el deseo de preservar para su propia descendencia el derecho al gobierno. Si hubiera sido así, su negativa no se habría atribuido a su confianza en Dios, sino más bien a su amor por sus hijos. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) no nombró a sus propios hijos como sucesores tras su muerte. Antes bien, señaló que Abu Bakr (ra) sería el Jalifa, lo que demuestra que su negativa no estaba motivada por ningún objetivo mundano, sino que era fruto de su inquebrantable certeza.

Del mismo modo, hay que recordar que, al parecer, tampoco había nada perjudicial desde el punto de vista religioso en obtener el apoyo de Musailimah el Mentiroso. Si hubiera estipulado, por ejemplo, que seguiría al Santo Profeta (sa) con la condición de que este aceptara su postura en determinadas cuestiones religiosas, tal vez podría haberse dicho que el Santo Profeta (sa) rechazó su petición simplemente porque no deseaba transigir ni hacer concesiones en una cuestión de principios. En otras palabras, rechazó su petición para mantenerse fiel a sus principios. Sin embargo, Musailimah no formuló ninguna exigencia de la que pudiera deducirse que deseaba introducir algún cambio en la religión. Por lo tanto, su negativa se debió exclusivamente a la confianza y la certeza que tenía en Dios Altísimo.

Hay otro aspecto que conviene tener en cuenta. Si el Santo Profeta (sa) lo hubiera deseado, habría podido hacer que detuvieran y mataran a Musailimah en ese mismo instante. Aunque había llegado acompañado de un numeroso grupo de seguidores, seguía estando en Medina y se encontraba bajo la autoridad del Santo Profeta (sa). Sin embargo, también en este asunto depositó su confianza en Dios Altísimo, convencido de que Él mismo acabaría con aquel hombre malicioso.

[Árabe]

‘¡Oh, Al’lah! Envía bendiciones sobre Muhammad y sobre la gente de Muhammad, bendícelos y concédeles la paz. En verdad, eres digno de alabanza, el Exaltado’”.

Tras la oración, ofreceré la oración fúnebre in absentia por algunos miembros fallecidos.

La primera mención es la de Mukarram Mirza Safdar Mahmud Sahib, hijo de Mukarram Ghulam Rasul Sahib, residente en Mandi Bahauddin. Fue martirizado en Mandi Bahauddin el 2 de septiembre, hace apenas unos días.

[Árabe]

“¡Ciertamente, a Al’lah pertenecemos, y hacia Él regresaremos!”.

Un agresor desconocido le persiguió y le disparó por la espalda, provocando su martirio. En el momento de su martirio, el difunto tenía sesenta y cinco años.

Según la información disponible, el día del incidente, Mirza Safdar Mahmud Sahib salió de su taller en moto para realizar la oración del Maghrib. Mientras atravesaba por el camino una zona desierta, un desconocido le persiguió en moto y le disparó por la espalda. El fallecido recibió tres disparos y murió en el lugar de los hechos. Tras el incidente, el agresor huyó.

El Ahmadíat entró a formar parte de la familia del mártir fallecido a través de su abuela materna, la respetada Hussain Bibi Sahiba, de Kharian, en el distrito de Gujrat. Normalmente, la fe llega a las familias a través de los hombres, pero, en este caso, el Ahmadíat llegó a su familia a través de una mujer, quien tuvo el honor de prestar juramento de lealtad durante los primeros tiempos del Segundo Jalifato. Más tarde, gracias a los esfuerzos y a la labor de difusión de su abuela materna, la respetada Hussain Bibi Sahiba, el abuelo del mártir, Nawab Din Sahib – que era pariente de ella -, también realizó el Bai‘at [pacto de iniciación].

El mártir era una figura destacada de la Comunidad Ahmadía en su zona y era especialmente conocido por su profesión y experiencia. Era mecánico y tenía su propio taller. Su negocio prosperaba. La sinceridad, la fidelidad a los principios y el rechazo a la falsedad figuraban entre sus cualidades más destacadas. Recibía con gran alegría y cariño a todos los que acudían a él y les saludaba con mucha calidez. Ningún cliente se marchaba jamás de su taller con las manos vacías.

La esposa del mártir, Navida Sahiba, cuenta que sentía un amor inmenso por el Jalifato. Además de las cinco oraciones diarias, realizaba asiduamente la oración del Tahayyud y seguía habitualmente los programas de la MTA. El primer día de cada mes, cumplimentaba su declaración de ingresos, se ponía en contacto con el secretario de finanzas y pagaba puntualmente sus contribuciones. Acudía personalmente a la casa del secretario de finanzas para efectuar el pago. Todos los días hacía regularmente donativos benéficos y, además, cada mes realizaba un donativo para el sacrificio de una cabra. Era el primero en hacer una aportación para la mezquita y para otras campañas de recaudación de fondos.

Él mismo formaba parte del plan Wasiyyat (el Testamento) e inscribió también a todos los miembros de su familia en dicho plan. Asimismo, se preocupaba mucho por sus empleados. Siempre que tenían alguna necesidad, atravesaban dificultades económicas o alguno de ellos enfermaba, se encargaba de resolver el asunto. Además, se ocupaba de sus hijos e intentaba hacer frente a sus gastos.

Era dueño de un taller. Aunque la gente suele centrarse en ganar lo máximo posible, si se averiaba el vehículo de algún viajero, lo reparaba por un precio muy módico y, en algunas ocasiones, incluso reparaba gratuitamente los vehículos de la gente. Por muy ocupado que estuviera, siempre daba prioridad a los programas de la Comunidad.

El Amir del Distrito de Mandi Bahauddin dice que, en el momento de su martirio, el difunto ejercía como Naib Sadr Yama’at (vicepresidente local de la Comunidad), Secretary Yaidad (secretario de patrimonio), Naib Za’im Ansarul’lah (delegado local de Ansarul’lah) y Muntazim Mal Ansarul’lah (secretario de finanzas de Ansarul’lah) en Mandi Bahauddin. Se le habían confiado numerosas responsabilidades. También se le encomendó la administración y gestión de la mezquita, cuya llave tenía en su poder. Acudía a la mezquita y la abría para cada oración. Los empresarios no suelen prestar atención a este tipo de asuntos, pero él acudía a la mezquita a la hora de cada oración y la abría.

Muzaffar Mahmud Sahib, un misionero de la Comunidad, afirma que el difunto le dijo: “Durante los últimos veinticinco años, todos los días, antes de venir al taller, rezo dos rak‘ats” (unidad de oración)

Al mártir le sobreviven su esposa, Navida Safdar Sahiba, y dos hijos, Kamran Safdar y Luqman Safdar, ambos casados.

¡Que Dios Altísimo eleve el rango del mártir y le conceda un lugar exaltado en el Paraíso más elevado! ¡Que Él conceda paciencia a todos los familiares en duelo y siga siendo su apoyo y ayuda!

La segunda mención es de Amatul Aziz, quien también falleció recientemente a la edad de 62 años. Había estado bastante enferma durante algún tiempo.

[Árabe]

“¡Ciertamente, a Al’lah pertenecemos, y hacia Él volveremos!”.

Por la gracia de Dios Altísimo, era “musi”. Era nieta de Hazrat Musleh Maud (ra) y Hazrat Sayyidah Umm Tahir Sahiba. Era hija de Sahibzadi Amatul Hakim Sahiba y Syed Daud Muzaffar Shah Sahib. Syed Daud Muzaffar Sahib era sobrino de Umm Tahir e hijo de Syed Mahmudul’lah Shah Sahib. También era mi prima materna y la hermana menor de mi esposa.

Su matrimonio (Nikah) con Jalid Zafar Sahib fue anunciado por Hazrat Jalifatul Masih IV (rh). La primera esposa de él había fallecido, y su matrimonio con Amatul Aziz fue su segundo matrimonio.

Dios Altísimo la bendijo con dos hijos, ambos capaces y exitosos. Uno de ellos, tras graduarse como abogado, es ahora una persona consagrada de por vida y sirve en Nazarat Umur Ammah, en Rabwah. Es un abogado capaz y exitoso. El otro es Hashir Zafar. El primer hijo es Mahmud Iftijar y el segundo es Hashir Ahmad. Estudió en Alemania y recibió una educación superior.

Ambos hijos sirvieron a su madre con la mayor dedicación. ¡Que Dios Altísimo les recompense y que, también en el futuro, les haga herederos de las oraciones de su madre y los mantenga firmes en la rectitud!

Aunque su vida estuvo marcada por grandes dificultades, las soportó con notable paciencia. Rara vez he visto a alguien que demostrara la paciencia que ella demostró.

Su hermano, Syed Jalid Ahmad Shah Sahib, dice: “Nuestra hermana sirvió a sus padres con gran devoción y, tras el fallecimiento de nuestra madre, cuidó de nuestro padre con excepcional entrega. Movida por la compasión hacia los demás y la preocupación por los pobres, siguió los pasos de nuestra madre. Su amor y reverencia por el Jalifato eran ejemplares y, además, educó a sus hijos de manera excelente. Una de sus cualidades era que nunca hablaba mal de nadie ni escuchaba comentarios negativos. Mantuvo su corazón puro. No soportaba ver sufrir a nadie. Tuvo gran valor y paciencia para soportar su propio sufrimiento”.

Como ya he dicho, demostró una paciencia extraordinaria. Para evitar disputas, se mantuvo alejada de las intrigas del mundo. La gente hablaba mal de ella y hacía comentarios, pero ella no discutía con nadie. Normalmente hay gente que se opone a todo; sin embargo, ella nunca discutió con nadie, ni replicó, ni causó daño emocional a nadie. No soportaba el sufrimiento ajeno y permanecía inquieta hasta poder ayudar a quienes sufrían. Era muy cariñosa con los niños pequeños. Tenía un gran respeto por sí misma; guardaba sus necesidades en secreto y nunca se las expresaba a los demás. Tenía una fe extraordinaria en Dios Altísimo y Dios Altísimo, a su vez, preservó la dignidad de su autoestima, proveyendo para sus necesidades desde lo invisible.

Su hermana, Amatul Rauf Sahiba, esposa del difunto Dr. Kasir Mulltaba, dice: “Nuestra hermana era muy tranquila por naturaleza, inofensiva, paciente y excepcionalmente respetuosa de sí misma. Cuidaba de los pobres y daba mucha caridad. Tenía un respeto y una reverencia extraordinarios por el Jalifato”. Decía que, si alguna vez yo le decía algo, lo aceptaba de inmediato. Cuando enfermó y la llevaron al hospital, pensó que su enfermedad era tan grave que sería difícil sobrevivir y creyó que no tenía sentido ir al hospital. Pero, cuando le dije que debía ir al hospital y recibir tratamiento, aunque inicialmente se había negado, aceptó de inmediato y fue a recibirlo.

Su hijo, Mahmud Iftijar dice: “Mi madre me aconsejaba: ‘Perteneces a la familia del Mesías Prometido (as); por lo tanto, tu responsabilidad de servir a la Comunidad se duplica’. Al comienzo del Quinto Jalifato, cuando aún éramos niños, inmediatamente nos hizo escribir cartas al Jalifa de la época y nos aconsejó que escribiéramos con regularidad. Siempre nos instruyó a rezar y a escuchar el sermón del viernes. Sentía un gran respeto y preocupación por el sistema de la Comunidad y no toleraba que nadie hablara en contra ni lo criticara”.

Su hijo dice que, siempre que alguno de sus hermanos dedicaba su vida al servicio de la fe, ella se alegraba mucho y decía que esas personas nunca pasaban apuros económicos. Este también era su deseo para sus dos hijos, si dedicaban sus vidas a la fe. Uno de ellos lo hizo. Dice: “Cuando consagré mi vida, ella me aconsejó: ‘Ya te has consagrado, pero debes cumplir adecuadamente con esta consagración’. Cuando más tarde me confiaron un cargo superior y me nombraron Naib Nazir, me dijo: ‘Ahora no te enorgullezcas de esto en absoluto; más bien, compórtate con humildad’“.

Respecto al trabajo de oficina dice: “Oraba mucho por mí. También preguntaba constantemente por la situación de la Comunidad. Los viernes me preguntaba cómo estaba y, si necesitaba algo, primero me preguntaba qué estaba haciendo. Si le decía que estaba ocupado con el trabajo de la Comunidad, ella decía: ‘Está bien. Termina primero tu trabajo y, después, puedes hacer el mío’“.

Se preocupaba más por los demás que por sí misma y estaba atenta a sus necesidades. Su hijo escribe: “Si alguien pedía ayuda, mi madre, sin duda, le ayudaba. Tenía una paciencia y una tolerancia enormes. Soportaba su propio sufrimiento, pero no podía soportar el sufrimiento ajeno. No quería que nadie más sufriera y siempre intentaba aliviar su dolor. Tenía una relación de profundo amor y afecto con todos sus hermanos, sus hijos y también con los hijos de la primera esposa de mi padre. Siempre se preocupó por ellos y nos decía a los hermanos que debíamos permanecer siempre unidos. Decía que los hijos de ambas madres debían vivir juntos, unidos como una sola entidad, y que no debía haber ninguna pelea. Nunca dijo nada que creara distinción alguna entre los hijos de la primera esposa de mi padre y nosotros; más bien, siempre nos enseñó a vivir con amor y cariño”.

Yo mismo observé esto también en ella. Se preocupaba mucho por los hijos de la primera esposa de su marido, quien había fallecido dejando niños pequeños. Los cuidó como si fueran sus propios hijos, haciendo todo lo posible por ellos según las circunstancias y las oportunidades que tenía a su alcance.

Su hijo escribe además: “Durante nuestra infancia, su mayor preocupación era que termináramos de leer el Sagrado Corán. Para ello, nos llevaba regularmente al maestro del Santo Corán, nos dejaba allí y luego nos traía de vuelta. Nos recordaba la importancia de rezar a tiempo. Cuando mencionaba a sus padres, hablaba a menudo de sus servicios. Decía: ‘¡Ojalá estuvieran vivos para ver esto! Soportaron circunstancias muy difíciles, mientras que nuestras circunstancias actuales son, en comparación, mucho mejores y más cómodas’. También ayudaba a quienes habían ayudado a sus padres y les expresaba su gratitud”.

Su hijo añade: “Todo lo que nos decía que hiciéramos, ella misma lo practicó. Nos contaba anécdotas llenas de enseñanzas de la vida de nuestros mayores. El primer libro que nos dio para leer en la niñez, una vez que aprendimos a leer, trataba sobre Sayyidina Bilal (ra) y Sahibzada Abdul Latif Sahib.

También le preocupaba profundamente que sus contribuciones económicas se pagaran a la primera oportunidad y sin demora. Una vez dijo que había escrito una promesa de contribuciones económicas, pero no tenía el dinero y estaba muy preocupada. Oró a Dios Altísimo y pronto Él proveyó los medios.

También nos aconsejaba que hiciéramos contribuciones económicas regularmente. Tenía sueños que se hacían realidad. Siempre guardaba los secretos de los demás. Tenía una marcada tendencia a encubrir los defectos ajenos. Entre sus sueños que se hicieron realidad está uno en el que vio mi nombre, Mahmud Iftijar. Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) le dio este nombre en el sueño, y fue después de esto cuando me llamaron Mahmud Iftijar”.

Su hijo escribe: “Afrontó muchas dificultades graves en su vida, pero nunca se quejó de ningún sufrimiento y siempre se mostró agradecida a Dios. Incluso durante su enfermedad final, continuó cuidando de nosotros. Si me quedaba despierto por ella en el hospital o en casa, me decía que me durmiera. Si estaba dormido, no me despertaba; en cambio, esperaba a que me despertara antes de pedirme que hiciera algo”. Además, escribe: “Sacrificó su propia felicidad y dio importancia a la felicidad de los demás. Sentía un gran respeto por las personas consagradas de por vida”.

Su hijo menor, Hashir, también escribe en un tono similar. Dice que, al igual que su abuela, tenía un corazón abierto y generoso y nunca escatimaba a la hora de ayudar a los pobres. También le decía: “Aunque no seas formalmente una persona consagrada, debes servir a la fe”. Cuando él le dijo que estaba sirviendo en Alemania, ella se alegró mucho.

¡Que Dios Altísimo conceda a esta querida el perdón y la misericordia y eleve su posición!

La tercera mención es la del respetado Rashid Ahmad Ayaz Sahib, jubilado de Sadr Anlluman Ahmadía, quien falleció recientemente a la edad de 86 años.

[Árabe]

“¡Ciertamente, a Al’lah pertenecemos, y hacia Él volveremos!”.

Por la gracia de Dios, era “musi” [formaba parte del sistema “Al-Wasiyyat”]. Le sobreviven su esposa, dos hijas y cuatro hijos. Uno de sus hijos, Tahir Ahmad Zafar Sahib, es misionero de la Comunidad y se desempeña como Vicedirector de Yamiatul Mubashirin Ghana. Debido a sus responsabilidades y a que se encontraba en servicio, no pudo asistir al funeral de su padre. ¡Que Dios Altísimo también le conceda paciencia y fortaleza!

Este mismo misionero escribe que el Ahmadíat entró en su familia a través de su bisabuelo, el respetado Mian Al’lah Ditta Sahib de Absar Chur, y posteriormente se extendió dentro de la familia.

Rashid Ayaz Sahib sirvió en varios departamentos de Sadr Anlluman Ahmadía y, después de jubilarse, continuó realizando otros servicios. Su hijo escribe que era constante en las oraciones voluntarias y puntual en las obligatorias. Se dedicaba abundantemente al recuerdo de Dios y siempre estaba ocupado en la oración. Tenía una profunda devoción por el Jalifato. Recitaba el Sagrado Corán con regularidad. Era muy puntual en el pago de sus contribuciones económicas y llevaba un registro completo de ellas. Como musi, también pagó su Hissa Yaidad durante su vida.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y Su misericordia!

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