El legado de Tawakkul del Profeta (sa): Oraciones con Tawakkul
Sermón del viernes
Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
En el sermón del viernes anterior, mencioné el grado de confianza que el Santo Profeta (sa) tenía en Dios Altísimo. Hoy continuaré hablando de este tema.
Para enseñar a los creyentes a depositar su confianza en Al’lah, Hazrat Abu Darda relató que el Santo Profeta (sa) dijo: “Quien recite lo siguiente siete veces por la mañana y por la tarde:
[Árabe]
‘Al’lah me basta. No hay nadie digno de adoración excepto Él. En Él he puesto mi confianza, y Él es el Señor del Trono Poderoso’, Al’lah le bastará frente a cualquier cosa que le aflija, tanto si es sincero como si no lo es al [recitar] esto”.
¿Cómo oraba el Santo Profeta (sa) por sí mismo en relación con depositar su confianza en Al’lah? A este respecto, encontramos una narración de Yabir bin Abdul’lah, según la cual, cuando el Santo Profeta (sa) realizaba el ruku’ [la postura de inclinación durante la oración], suplicaba de la siguiente manera:
[Árabe]
“¡Oh Dios! Ante Ti me inclino, en Ti creo, a Ti me someto y en Ti pongo mi confianza. Tú eres mi Señor. Mi oído, mi vista, mi sangre, mi carne, mis huesos y cada una de mis fibras se humillan ante Al’lah, el Señor de los mundos”.
En otra narración, Hazrat Abu Hurairah (ra) relató que el Santo Profeta (sa) dijo:
“Siempre que algún asunto me causaba angustia, Gabriel se me aparecía y me decía: ’¡Oh Muhammad!, recite:
[Árabe]
‘Pongo mi confianza en el [Dios] Viviente, que no muere. Toda alabanza pertenece a Al’lah, Quien no ha tomado hijo alguno, no tiene socio alguno en Su reino ni necesita protector alguno por causa de debilidad. Y glorifícalo con todas tus fuerzas’”.
Tawus relata que escuchó a Hazrat Ibn Abbas (ra) decir que, cuando el Santo Profeta (sa) se despertaba por la noche para realizar la oración de Tahayud [oración voluntaria de la madrugada], solía hacer la siguiente súplica. Es una oración extensa, cuya traducción es la siguiente:
“¡Oh Dios! Todas las alabanzas Te pertenecen. Tú eres el Sustentador de los cielos y de la tierra y de todo cuanto hay en ellos, y toda alabanza Te pertenece. A Ti pertenece el reino de los cielos y de la tierra y todo cuanto hay en ellos, y toda alabanza Te pertenece. Tú eres la Luz de los cielos y de la tierra y de todo cuanto hay en ellos, y toda alabanza Te pertenece. Tú eres el Rey de los cielos y de la tierra y de todo cuanto hay en ellos, y toda alabanza Te pertenece. Tú eres la Verdad, Tu promesa es verdadera, el encuentro final contigo es verdadero, Tu palabra es verdadera, el Paraíso es verdadero, el Infierno es verdadero, todos los Profetas son verdaderos, Muhammad (sa) es verdadero y la Hora es verdadera.
¡Oh Al’lah! Me he sometido a Ti, he creído en Ti, he depositado mi confianza únicamente en Ti, me he vuelto solo hacia Ti y solo por Ti he emprendido esta disputa (o solo con Tu ayuda he hecho frente a mis adversarios) y he buscado el juicio únicamente en Ti. Perdóname mis pecados pasados y futuros, así como aquellos que he ocultado y aquellos que he revelado. Tú eres Quien se apresura y Tú eres Quien retrasa. No hay nadie digno de adoración excepto Tú”. También se relata que solía decir: “No hay dios fuera de Ti”. Esta es una narración de Sahih Al-Bujari.
Se narra de Hazrat Ibn Abbas (ra) que el Santo Profeta (sa) solía decir:
“¡Oh Al’lah! Te obedezco y creo en Ti. Pongo mi confianza en Ti y me vuelvo hacia Ti. Solo con Tu ayuda lucho. ¡Oh Al’lah! Busco refugio en Tu honor para que no me declares extraviado. No hay nadie digno de adoración excepto Tú. Tú eres el Viviente Eterno, sobre Quien jamás recaerá la muerte, mientras que los genios y los humanos morirán”.
El Santo Profeta (sa) siempre mantuvo su atención fija en Dios Altísimo. Al describir esta cualidad suya en su máxima expresión, Hazrat Musleh Maud (ra) escribió -o, más bien, declaró en su discurso- lo siguiente:
“El Santo Profeta (sa) depositaba una confianza tan absoluta en Dios Altísimo que, siempre que afrontaba alguna dificultad o adversidad, dirigía su mirada únicamente hacia Dios y apartaba su atención de todo lo que no fuera Él.
No cabe duda de que él (sa) no era de los que abandonaban los medios, como hacen algunos sufíes de hoy en día (es decir, aquellos sufíes que afirman que no es necesario recurrir a los medios y que basta con confiar en Dios). Él (sa) hacía uso de los medios, pues abandonarlos equivale, en efecto, a deshonrar la creación de Dios Altísimo y a considerar que Su creación carece de propósito. Sin embargo, tras realizar todos los preparativos necesarios, depositaba su plena confianza en Dios Altísimo. Aunque se valía de los medios [disponibles], nunca depositaba en ellos su confianza ni su seguridad. Más bien, siempre mantenía su esperanza únicamente en la gracia de Al’lah”.
Hazrat Ibn Abbas (ra) relata que, siempre que el Santo Profeta (sa) se sentía afligido, decía:
[Árabe]
“No hay nadie digno de adoración excepto Al’lah, el Señor del Trono Poderoso. No hay nada digno de adoración excepto Al’lah, el Señor de los cielos, el Señor de la tierra y el Señor del Trono Majestuoso”. En otras palabras, depositaba su absoluta confianza y fe únicamente en Dios Altísimo.
Hazrat Ibn Abbas (ra) narró que las palabras:
[Árabe]
“Dios es suficiente para nosotros y Él es un excelente Guardián” fueron pronunciadas por el Profeta Abraham (as) cuando fue arrojado al fuego. El Santo Profeta Muhammad (sa) también pronunció estas mismas palabras cuando la gente le dijo: “Esta gente ha hecho grandes preparativos en tu contra (es decir, los incrédulos), así que debería temerles”.
Según los comentaristas del Hadiz, estas palabras se pronunciaron durante la batalla de Uhud, la de Hamra al-Asad o, tal vez, la batalla de la Trinchera. Esto no hizo sino aumentar su fe, y dijeron:
[Árabe]
“Al’lah nos basta, y Él es el mejor Protector”. Esta es una narración de Sahih Al-Bujari.
En diversas ocasiones, los idólatras de La Meca hicieron ofertas al Santo Profeta (sa), presentándole diferentes tipos de tentaciones; sin embargo, al responderles, el Santo Profeta (sa) demostró una confianza inigualable en Dios Altísimo.
¿Qué acontecimientos tuvieron lugar? Ibn Ishaq ha mencionado una de esas ocasiones. Un día, un líder de los Quraish ‘Utbah bin Rabiah estaba reunido en una reunión con los qureishitas, mientras el Santo Profeta (sa) se encontraba sentado a solas en la Mezquita al-Haram. ‘Utbah bin Rabiah dijo: “¡Oh, gentes de Quraish! ¿Debería ir a ver a Muhammad (sa) y hablar con él? Le presentaré algunas propuestas; tal vez acepte alguna de ellas. Cumpliremos sus deseos y él desistirá de su prédica contra nosotros”.
Esto ocurrió en una época en la que Hazrat Hamzah (ra) había aceptado el islam y los Quraish observaban que los compañeros del Santo Profeta (sa) aumentaban día a día. Así pues, los Quraish dijeron: “Ciertamente, ¡oh Abu al-Walid! Deberías ir a hablar con él”.
Así, ‘Utbah acudió al Santo Profeta (sa), se sentó junto a él y dijo: “¡Sobrino! Sabes muy bien que ocupas un alto rango y una elevada posición en el seno de tu familia. Eres de noble linaje. Sin embargo, has planteado ante tu pueblo un asunto de tal magnitud que ha hecho añicos su unidad. Has declarado que su intelecto es deficiente, has hablado mal de sus ídolos y de su religión, y has calificado de incrédulos a sus antepasados ya fallecidos. Ahora, escucha atentamente algunas cosas que tengo que decirte. Te presentaré algunas propuestas. Tal vez puedas aceptar alguna de ellas”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Habla, Abu al-Walid. Te escucho”.
‘Utbah dijo: “¡Sobrino! Si el propósito de tu llamamiento es acumular riqueza, reuniremos nuestros bienes y te daremos tanto que te convertirás en el más rico de entre nosotros. Si deseas honor y liderazgo, te haremos nuestro líder y no tomaremos ninguna decisión sin consultarte. Si deseas la realeza, te aceptaremos como nuestro rey. Y si algún espíritu o yinn se ha apoderado de ti -uno al que no logres expulsar por tus propios medios (pues era costumbre entre estas gentes, debido a su superstición, pensar que tal vez un yinn había tomado posesión de una persona)-, haremos que te traten los mejores médicos y gastaremos nuestra riqueza en tu tratamiento hasta que te hayas recuperado por completo, porque, a veces, una persona se ve superada por una afección que requiere tratamiento”.
‘Utbah terminó de hablar, mientras el Santo Profeta (sa) continuaba escuchándole. Entonces le preguntó: “¡Oh Abu al-Walid! ¿Has terminado lo que tenías que decir?”. Respondió: “Sí”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Entonces, escucha lo que tengo que decir”. Respondió: “Ciertamente, estoy escuchando”. Ante esto, el Santo Profeta (sa) recitó los siguientes versículos de la Surah Ha Mim Salldah:
[Árabe]
“En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, el Misericordiosísimo (en este capítulo se han mencionado los atributos de ‘El Digno de Alabanza’ y ‘El Señor del Honor’). Este Corán es una revelación de Dios, el Clemente y Misericordioso. Es un libro cuyos versículos han sido explicados con gran detalle, y es un libro que será recitado extensamente. Está escrito en un lenguaje que explica claramente su propio significado, pero este libro solo beneficia a quienes poseen conocimiento espiritual. Trae buenas nuevas a los justos y advierte a los malvados. Sin embargo, la mayoría de ellos se apartaron y tan siquiera están dispuestos a escucharlo. Dijeron: ‘Nuestros corazones están bajo cubiertas frente a aquello a lo que nos llamas’ (es decir, no puede tener ningún efecto en nuestros corazones)’”.
El Santo Profeta (sa) continuó recitando estos versículos, mientras ‘Utbah permanecía en silencio y escuchaba con absoluta atención. Colocó ambas manos a su espalda y siguió escuchando atentamente el Corán. Cuando el Santo Profeta (sa) llegó al versículo de la postración, la realizó. Entonces le dijo a ‘Utbah: “¡Oh Abu al-Walid! Has escuchado todo lo que necesitabas escuchar. Ahora la decisión está en tus manos. He escuchado lo que tenías que decir y tú has escuchado lo que yo tenía que decir. Ahora decide como quieras”.
La certeza absoluta y la plena confianza en Dios Altísimo que poseía el Santo Profeta (sa) se manifestaban cada día de una manera nueva. La historia nos dice que, cuando el Santo Profeta (sa) dio esta respuesta a ‘Utbah, se mantuvo firme en su postura. Después de responderle, no dijo que cambiaría. Más bien, le dijo a ‘Utbah que cambiara él mismo y que luego decidiera por su cuenta. Continuó difundiendo la religión de Al’lah e invitando a la gente hacia Él.
Entonces, todos los incrédulos acudieron en grupo a Abu Talib y le dijeron: “Le habíamos pedido que contuviera a tu sobrino, pero no lo ha detenido. O bien le impedirá hablar contra nosotros de esta manera, o nos enfrentaremos a él y a ustedes hasta que una de las dos partes sea destruida”.
Cuando los Quraish dijeron esto a Abu Talib, este hizo llamar al Santo Profeta (sa) y le dijo: “¡Oh, hijo de mi hermano! No pongas sobre mí una carga que no pueda soportar”. El Santo Profeta (sa) pensó que su tío iba a retirarle su apoyo y a entregarlo a los Quraish. Dijo: “Querido tío, ¡por Dios! Aunque esta gente pusiera el Sol a mi derecha y la Luna a mi izquierda, no desistiría de mi deber. Continuaré con mi tarea hasta que Dios la lleve a cabo o hasta que yo perezca en el intento”.
Entonces, el Santo Profeta (sa) se puso en pie e hizo por marcharse. Abu Talib le llamó y le dijo: “¡Oh, sobrino mío! Di lo que desees. Por Al’lah, jamás te entregaré a ellos, sea lo que sea lo que ofrezcan a cambio”.
Hazrat Musleh Maud (ra) ha mencionado estos sucesos -que son acontecimientos históricos y veraces- de la siguiente manera:
“Cuando el Santo Profeta (sa) comenzó a exhortar a la gente acerca de la Unidad de Al’lah y a refutar la idolatría, los habitantes de La Meca consideraron esto absolutamente inaceptable. Finalmente, un día, tras llegar a un acuerdo entre ellos, acudieron en delegación ante Abu Talib, tío del Santo Profeta (sa), y le dijeron:
‘Eres el jefe de nuestro pueblo. Le tenemos en gran estima y, por consideración hacia usted, no le hemos dicho nada a tu sobrino. Pero el asunto ha sobrepasado ya todos los límites. Hemos acudido a usted para que le transmita nuestro mensaje final’.
Luego repitieron lo mismo que ‘Utbah había dicho al Santo Profeta (sa): la tentación de contraer matrimonio con una mujer de familia noble y de gran belleza, así como la tentación del dinero, la riqueza y el poder real. Dijeron: ‘Dígale que, al menos, tenga la consideración de no hablar mal de nuestros ídolos. No le estamos pidiendo que acepte nuestros ídolos. Solo le pedimos que no hable en contra de ellos. Si no acepta ni una sola de estas peticiones, retírele su apoyo. Nosotros mismos nos ocuparemos de él’.
Abu Talib era un hombre muy piadoso y sentía un gran amor por el Santo Profeta (sa), pero también valoraba su propia posición de liderazgo. Hizo llamar al Santo Profeta (sa) y le dijo:
‘Miembros de tu tribu vinieron a visitarme hoy. Dijeron que son considerados conmigo y que, por deferencia hacia mí, no han dicho nada a mi sobrino hasta ahora. Pero el asunto ha sobrepasado todos los límites. Si no acepta ninguna otra petición, entonces, al menos, se le debería decir que no hable mal de nuestros ídolos. Estamos preparados para convertirlo en nuestro rey. Si desea riqueza, estamos dispuestos a dársela, de modo que nadie en Arabia sea más rico que él. Estamos preparados para proporcionarle cuanto desee. Si quiere una esposa hermosa, estamos dispuestos a casarlo con la mujer más hermosa. En resumen, cualquier exigencia que plantee, estamos preparados para satisfacerla. Solo debe abstenerse de hablar mal de nuestros ídolos’.
Abu Talib había dispensado grandes favores al Santo Profeta (sa). Le había criado con inmenso amor y cariño desde su infancia y había estado a su lado en todas las penurias y dificultades. Cuando el Santo Profeta (sa) vio el estado en que se encontraba su tío, recordó los favores que este le había hecho y se le llenaron los ojos de lágrimas. Sin embargo, afirmó:
‘Querido tío, no le estoy pidiendo que me ayude. Por supuesto, puede apoyar a su gente y dejarme a mí. ¡Por Dios! Aunque esta gente trajera el Sol y lo colocara a mi derecha, y trajera la Luna y la colocara a mi izquierda, nunca dejaría de proclamar el mensaje de Dios’.
Observen el grado de certeza y convicción que tenía en la existencia de Dios Altísimo. El desplazamiento del Sol de su lugar es un milagro tan grande que, si llegara a ocurrir, dejaría a cualquiera completamente asombrado. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) dijo:
‘Aunque desplazaran el Sol de su lugar y lo pusieran a mi lado, y aunque desplazaran la Luna de su lugar y la pusieran a mi lado, seguiría teniendo tal certeza y convicción en la existencia de Dios Altísimo que consideraría esas cosas como mera brujería. Seguiría oponiéndome a la idolatría de aquellos y nunca abandonaría mi misión’.
Este grado de certeza en Dios Altísimo y esta confianza absoluta en Él no se encuentran en ningún otro lugar”.
Al referirse a este suceso, el Mesías Prometido (as) afirma:
“Cuando se revelaron los versículos [del Sagrado Corán] que condenaban a los idólatras como una abominación, impuros y lo peor de la creación, así como insensatos, estúpidos y descendientes de Satanás, y en los que se decía que sus ídolos serían el combustible del fuego y que serían castigados en el Infierno, Abu Talib mandó llamar al Santo Profeta (sa) y le dijo: ‘¡Hijo de mi hermano! La gente está muy indignada por tus insultos y está decidida a matarnos a ti y a mí también. Has tildado a sus sabios de necios, has calificado a sus antepasados como lo peor de la creación y has llamado a sus venerados dioses ‘leña del Infierno’ y ‘combustible para el Fuego’ y, en general, los has descrito a todos como una abominación, descendientes de Satanás e impuros. Como alguien que te quiere bien, te aconsejo que controles tu lengua y dejes de lanzar todos esos insultos; de lo contrario, no tendré poder alguno para protegerte de la ira del pueblo’.
El Santo Profeta (sa) respondió: “¡Tío! No he proferido ningún insulto. Todo lo que he dicho es cierto y es totalmente pertinente para la situación. Para esto es para lo que se me ha enviado. Si eso supusiera mi muerte, la aceptaría de buen grado. Mi vida está dedicada a este propósito y no puedo dejar de expresar la verdad por miedo a la muerte. ¡Tío! Si te preocupa tu propia debilidad y los problemas que puedan caerte encima, deja de protegerme. ¡Por Dios! No te necesito para nada. Nunca dejaré de transmitir el mensaje divino. Valoro los mandamientos de mi Señor más que mi propia vida. Si muriera por esta causa, desearía volver a la vida para poder morir una y otra vez por la causa de Dios. El miedo no me afecta. Más bien, considero que sufrir por esta causa es un auténtico placer’.
Mientras el Santo Profeta (sa) hablaba, su rostro resplandecía con la luz de la verdad. Cuando terminó, Abu Talib, al percibir la luz de la verdad en su rostro y abrumado por la emoción, dijo: ‘No era consciente de tu elevada condición. Posees un reconocimiento y un honor únicos. Vete y sigue con tu trabajo. Mientras viva, te apoyaré con todas mis fuerzas’”.
También está el episodio de la confianza del Santo Profeta (sa) en Dios a su regreso de Taif. Había ido solo a predicar a los jefes de Taif, pero estos le sometieron a la crueldad más extrema. Cuando regresó, parecía que no había forma alguna de que pudiera siquiera entrar en La Meca. Uno de sus seguidores estaba con él, y este se preguntaba con inquietud qué sucedería a continuación. Pero el Santo Profeta (sa) tenía plena confianza en su Señor.
Ese mismo siervo, Hazrat Zaid bin Harizah (ra), cuenta que preguntó: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! ¿Cómo va a entrar en La Meca si le han expulsado?”. Con una confianza extraordinaria en Dios, el Santo Profeta (sa) respondió: “¡Oh, Zaid! Verás que Dios Altísimo, sin duda, abrirá algún camino. Dios es Quien ayuda a Su religión y, sin duda, concederá la victoria a Su Profeta”. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) envió mensajes a los jefes de los Quraish, pidiéndoles que le concedieran protección y facilitaran su entrada en La Meca. Todos los jefes se negaron. Finalmente, un jefe noble, Mut‘im bin Adi, anunció que acogería al Santo Profeta (sa) bajo su protección y le acompañaría hasta La Meca.
En el momento de la Hégira del Santo Profeta (sa), ¿cuales fueron los ejemplos de confianza en Dios que él (sa) mostró? Cuando Dios le concedió permiso para emigrar, el Santo Profeta (sa) informó a Hazrat Ali (ra) de su plan y le encomendó una tarea que exigía una devoción suprema. Aquella noche, debía dormir en la bendita cama del Santo Profeta (sa), envuelto en la misma capa “hadramí” verde o, según una narración, roja, que el propio Santo Profeta (sa) utilizaba para dormir. Se trataba de una capa procedente de Yemen, ya que, al tener su origen en esa región, se la conocía como “hadramí”.
En cualquier caso, a Hazrat Ali (ra) le dijeron que se tumbara envuelto en esa misma capa. Para tranquilizar a este siervo devoto y entregado al apoyo y la ayuda divinos, el Santo Profeta (sa) dijo: “No te preocupes. Duerme tranquilo en mi cama. El enemigo no podrá hacerte ni el más mínimo daño”. Además, dado que el Mensajero de Dios (sa), veraz y digno de confianza, era plenamente consciente de los bienes que los habitantes de La Meca le habían confiado, ordenó a Hazrat Ali (ra) que devolviera dichos bienes a sus propietarios y que, una vez hecho esto, se reuniera con él.
A continuación, el Santo Profeta (sa) salió de su casa. Fuera, los guerreros elegidos de La Meca montaban guardia, alertas y preparados, con las espadas en la mano y los ojos encendidos por la sed de sangre. Esperaban a que cayera la noche para poder lanzar un ataque sorpresa y, Dios no lo quiera, matar al Santo Profeta (sa) de un solo golpe. Abu Yahl, que era su cabecilla, decía con gran arrogancia y burla: “Muhammad dice que, si le seguís, os convertiréis en reyes de los árabes y de los no árabes. Entonces, tras vuestra muerte, resucitaréis y se prepararán para vosotros jardines como los de Jordania. Pero, si no lo hacéis, se desatarán entre vosotros matanzas y derramamiento de sangre”.
El Santo Profeta (sa) salió para marcharse y dijo: “Sí, eso es exactamente lo que digo”. Entonces, recitando estos versículos de la Surah Ya Sin, pasó junto a ellos:
[Árabe]
“¡Oh, Líder Perfecto! Por el Corán, lleno de sabiduría, tú eres, en verdad, uno de los Mensajeros, en el camino recto. Esta es una revelación del Poderoso, el Misericordioso, para que adviertas a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos y, por eso, son negligentes. Ciertamente, la palabra se ha cumplido contra la mayoría de ellos, pues no creen. Les hemos puesto alrededor del cuello cadenas que les llegan hasta la barbilla, de modo que sus cabezas quedan levantadas a la fuerza. Y hemos puesto una barrera delante de ellos y otra detrás, y los hemos cubierto, para que no puedan ver”. Pasó por delante de ellos recitando estos versículos y arrojándoles polvo sobre la cabeza; sin embargo, por el poder de Dios, ninguno de ellos fue capaz de verlo mientras se alejaba. Más bien, de vez en cuando se asomaban al interior y se aseguraban de que Muhammad (sa) seguía acostado en su lecho.
Al describir la emigración del Santo Profeta (sa) y su total confianza en Dios Altísimo, Hazrat Musleh Maud (ra) ha relatado lo siguiente, basándose en relatos históricos:
“Cuando el Santo Profeta (sa) recibió la orden de Dios Altísimo de emigrar, se llevó consigo a Hazrat Abu Bakr (ra) y se dirigió hacia el monte Zaur, situado a unas seis o siete millas de La Meca, y se ocultó en una cueva en la cima de la montaña. Por la mañana, cuando los incrédulos descubrieron que ya no estaba en su casa y que Muhammad (sa) había logrado escapar a pesar de que se habían dispuesto todo tipo de guardias, partieron inmediatamente en su búsqueda. Se llevaron consigo a algunos de los mejores rastreadores de La Meca, que poseían gran experiencia en el reconocimiento de huellas. Siguieron el rastro hasta el monte Zaur y dijeron: ‘Si Muhammad (el Mensajero de Dios [sa]) se encuentra en algún lugar, es aquí. No hay huellas más allá de este punto’.
En ese momento, la situación era tal que el enemigo había llegado hasta la entrada misma de la cueva. La boca de la cueva no era estrecha ni difícil de observar; al contrario, tenía una entrada amplia y abierta, a través de la cual se podía comprobar fácilmente si había alguien sentado en el interior. Sin embargo, incluso en tales circunstancias, Muhammad, el Mensajero de Dios (sa), no sintió miedo alguno. Más aún, gracias a la bendición de su poder espiritual, el corazón de Hazrat Abu Bakr (ra) también se mantuvo firme. No dijo, como habían dicho los compañeros de Moisés: ‘¡Sin duda, nos han alcanzado!’. Más bien, si dijo algo, fue esto: ‘¡Oh, Mensajero de Dios! El enemigo se ha acercado tanto que, si bajaran la mirada aunque fuera ligeramente, podrían vernos’. Pero el Santo Profeta (sa) dijo en árabe: ‘¡Silencio, oh Abu Bakr! No somos dos en este momento; hay un tercero con nosotros, y ese es Dios. ¿Cómo, entonces, pueden vernos?’.
Así fue como sucedió; a pesar de que el enemigo había llegado hasta la entrada misma de la cueva, no se les concedió la oportunidad de avanzar y mirar dentro. Dieron media vuelta desde ese punto, lamentándose y exclamando: ‘¡Destrucción! ¡Destrucción!’, y otras palabras inútiles semejantes.
En resumen, un aspecto de este incidente es que los compañeros de Moisés, abrumados por el miedo, dijeron: ‘¡Oh, Moisés, sin duda nos han atrapado!’. En otras palabras, incluyeron a Moisés en su propia situación y pensaron que ahora todos caerían en manos del Faraón. Sin embargo, la confianza en Dios Altísimo demostrada por Muhammad, el Mensajero de Dios (sa), tuvo tal efecto sobre su compañero que ni siquiera él pronunció las palabras: ‘¡Nos han atrapado!’. Más bien, se limitó a decir que el enemigo se había acercado tanto que, si deseaba verlos, podría hacerlo. Pero Muhammad, el Mensajero de Dios (sa), ni siquiera toleraba ese temor o ese pensamiento. Dijo: ‘No albergues tal pensamiento. En este momento no somos dos; hay otro Ser con nosotros, y Él es nuestro Dios’”.
Al mencionar la Hégira del Santo Profeta (sa), su máxima confianza en Dios Altísimo y su valentía, el Mesías Prometido (as) afirma:
“La sinceridad de Abu Bakr Siddiq (ra) salieron a la luz cuando el fuego ardía a su alrededor, en un momento en que el Santo Profeta (sa) se encontraba rodeado por sus agresores. Aunque algunos de ellos creían que simplemente debía ser desterrado de La Meca, la mayoría pretendía acabar con su vida. Fue en ese momento cuando Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) demostró su sinceridad y lealtad, que brillarán como ejemplo hasta el fin de los tiempos. En esa hora de prueba, la propia elección del Santo Profeta (sa) constituye un poderoso argumento a favor de la excelencia y la lealtad suprema de Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra)”. El Mesías Prometido (as) está mencionando las cualidades de Hazrat Abu Bakr (ra) a raíz de este relato.
“En aquel momento, el Santo Profeta (sa) tenía setenta u ochenta compañeros, e incluso Hazrat Ali (ra) estaba con él, pero, de entre todos esos compañeros, el Santo Profeta (sa) no eligió a nadie más que a Hazrat Abu Bakr (ra). ¿Cuál es el secreto de esto? El hecho es que un profeta ve a través del ojo de Dios Altísimo, y su perspicacia proviene de Dios Altísimo. Por lo tanto, Dios, el Exaltado, había informado al Santo Profeta (sa) mediante una visión y una revelación, de que la persona mejor y más adecuada para esta tarea era Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra).
Hazrat Abu Bakr (ra) acompañó al Santo Profeta (sa) en aquel momento difícil. Fue un momento de peligrosa prueba. Cuando una situación similar se cernió sobre el Mesías (as), sus discípulos lo abandonaron y huyeron, y uno de ellos incluso se plantó ante él y le maldijo. Pero cada uno de los nobles compañeros del Santo Profeta (sa) demostró una lealtad absoluta.
Por lo tanto, Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) permaneció junto al Santo Profeta (sa) y le brindó todo su apoyo, y cuando llegaron a una cueva conocida como la Cueva de Zaur, ambos se refugiaron en ella. Los malvados incrédulos que habían conspirado para hacer daño al Santo Profeta (sa) fueron conducidos hasta esta cueva en su búsqueda. Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) le dijo al Santo Profeta (sa): ‘Ahora esta gente nos tiene rodeados y, si alguno de ellos mira hacia abajo aunque sea un poco, podrá vernos y seremos capturados’. En ese momento, el Santo Profeta (sa) dijo:
[Árabe]
‘No temas, pues Dios, el Exaltado, está con nosotros’. Reflexionad sobre estas palabras. El Santo Profeta (sa) une a Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) consigo mismo y afirma: ‘¡En verdad, Dios está con nosotros!’. Las palabras árabes “ma’ana” se refieren a ambos, es decir, ‘contigo y conmigo’. Dios, el Exaltado, situó al Santo Profeta (sa) a un lado y a Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) al otro. En ese momento, ambos se encontraban en una situación de prueba, pues era entonces cuando se iba a afianzar o a acabar el fundamento del islam”.
El enemigo se encontraba a la entrada de la cueva y se expresaban diversas opiniones. Algunos decían que había que registrar la cueva porque las huellas terminaban allí, mientras que otros señalaban que era imposible que una persona hubiera pasado por allí y entrado en la cueva, ya que una araña había tejido una telaraña en la entrada y una paloma había puesto sus huevos. Estas discusiones se oían desde el interior de la cueva, y el Santo Profeta (sa) también podía oírlas con claridad. En esta situación, el enemigo había acudido para matarlos a ambos y se había puesto en marcha con inmenso ímpetu para cumplir su misión, pero fíjense en el extraordinario valor del Santo Profeta (sa), quien le dice a su verdadero amigo:
[Árabe]
‘¡No te aflijas, pues Dios está con nosotros!’. Estas palabras demuestran evidentemente que el Santo Profeta (sa) pronunció la frase con la lengua, ya que tales palabras solo podían expresarse con la voz y no mediante el lenguaje de signos. El enemigo permanecía fuera consultándose entre sí y, dentro de la cueva, tanto el siervo como el amo también mantenían una conversación. Al Santo Profeta (sa) no le preocupaba que el enemigo oyera su voz, y esto es una prueba de su notable fe y de su conocimiento de Dios, el Exaltado. Esto demuestra que tenía plena confianza en las promesas de Dios Altísimo”.
Durante la Hégira del Santo Profeta (sa), hubo muchos otros incidentes que demuestran su máxima confianza en Dios, y que, si Dios quiere, se narrarán en el futuro.
¡Oh, Dios, bendice a Muhammad (sa) y al pueblo de Muhammad (sa), y concédeles Tus bendiciones y Tu paz. Ciertamente, Tú eres Digno de alabanza, Glorioso!
