La bondad y la generosidad del Mesías Prometido (as)
Resumen
Tras recitar el Tashahhud, el Ta‘awwuz y la sura al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), dijo que expondría algunos episodios de la vida del Mesías Prometido (as) que ponen de manifiesto su bondad y generosidad.
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) daba como la lluvia que cae de las nubes, y que su generosidad no hacía más que aumentar durante el mes de Ramadán. Daba a los necesitados en secreto y nunca dudaba en dar a los demás, por muy valioso que fuera lo que ofrecía.
Siempre dispuesto a ayudar a los demás
Su Santidad (aba) contó que, incluso antes de proclamar que era el Mesías Prometido, cuando aún era un completo desconocido, ayudó a Abdul Ghaffar Kashmiri con motivo de su boda regalándole dos piezas de joyería de gran valor. No se trató de un caso aislado, sino que situaciones similares se repetían con frecuencia. Nunca ocurrió que alguien necesitara ayuda y él se negara a prestársela. De hecho, percibía las necesidades de los demás, incluso sin que ellos se expresaran con palabras, y se esforzaba por ayudarlos de cualquier forma que pudiera.
Su Santidad (aba) contó que, durante la boda de Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra), una música tradicional se presentó en la puerta principal y comenzó a tocar un tambor, tal y como era costumbre en la zona en las bodas. Lo hacía para ganarse algo de dinero. Cuando el Mesías Prometido (as) oyó el sonido del tambor, envió a alguien a decirle que dejara de tocar y ordenó que, de todos modos, se le diera algo de dinero. La música también comentó que se acercaban los meses de invierno y que pasaría frío. Por ello, el Mesías Prometido (as) ordenó que se le diera también una manta.
La costumbre del Mesías Prometido (as) de hacer regalos a los demás
Su Santidad (aba) dijo que la vestimenta del Mesías Prometido (as) era bastante sencilla y que no tenía ningún gusto ni deseo concreto al respecto. Especialmente en sus últimos años, solía recibir ropa como regalo, que luego se ponía. Por lo demás, solía comprarse su propia ropa, sobre todo sus turbantes. Sin embargo, el Mesías Prometido (as) solía ponerse algo y, poco después, regalárselo a alguien que se lo pidiera como una forma de bendición. Por ello, el Mesías Prometido (as) solía necesitar ropa nueva, ya que la que tenía la regalaba.
Su Santidad (aba) contó que un joven solía llevarle al Mesías Prometido (as) notas de Lekh Ram, un opositor de Ahmadía. Este joven tenía una relación de larga data con el Mesías Prometido (as) y su familia, por lo que cada vez que venía con una nota, este siempre le daba algún tipo de regalo, ya fuera fruta, algo dulce o artículos similares. Solía relatar la amabilidad del Mesías Prometido (as), que siempre mostraba con una sonrisa. Incluso Lekh Ram se había acostumbrado a ello y solía preguntar qué había traído esta vez el joven de parte del Mesías Prometido (as). Una vez, cuando el Mesías Prometido (as) le había dado al joven unas manzanas excelentes, Lekh Ram también probó una, tras lo cual el joven le dijo en tono de broma que no debía comer nada que procediera de la casa de alguien a quien se oponía. A pesar de ello, Lekh Ram se comió la manzana.
Su Santidad (aba) contó que el Mesías Prometido (as) solía tener frascos de almizcle. Una vez, alguien dijo que necesitaba almizcle, y el Mesías Prometido (as) puso lo que tenía delante de él y le dijo que tomara todo lo que necesitara. Aquel solo tomó un poco, a lo que el Mesías Prometido (as) respondió que eso no era nada y que debía tomar más. El almizcle era muy caro en aquella época y sigue siéndolo hoy en día, pero el Mesías Prometido (as) no dudó ni un instante en darle más.
Su generosidad con sus amigos
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) era sumamente amable y generoso con sus amigos. En una ocasión, alguien le contó al Mesías Prometido (as) que su esposa había enfermado de meningitis. El Mesías Prometido (as) le recetó unos medicamentos y le dijo que volviera al cabo de una hora para informarle de cómo se encontraba. El Mesías Prometido (as) le dijo que, por muy tarde que fuera, no se preocupara por despertarle. Así pues, aquel hombre regresaba periódicamente para informar al Mesías Prometido (as) del estado de su esposa, que al principio no mejoraba, y el Mesías Prometido (as) seguía recetándole medicinas. Llegó un momento en que comenzaron a manifestarse las últimas fases de la enfermedad, tras lo cual el Mesías Prometido (as) dijo que habían agotado todos los medios terrenales y que ahora lo único que quedaba era rezar. El Mesías Prometido (as), movido por su inmensa bondad, dijo que se postraría en súplica y no se levantaría hasta que mejorara el estado de la esposa de aquel hombre. El hombre se fue a casa e informó a su esposa de que el Mesías Prometido (as) estaba rezando por ella. Consolado por las oraciones del Mesías Prometido (as), el hombre se quedó dormido. Cuando se despertó a la mañana siguiente, encontró a su esposa ordenando algunos platos. Al preguntarle cómo se encontraba, ella le dijo que, dos horas después de que él se hubiera quedado dormido, se había sentido mucho mejor y que, por la gracia de Al’lah, se había curado. Tal era la inmensa bondad y el afecto que el Mesías Prometido (as) mostraba a sus amigos.
Sin dudar a la hora de ayudar a los necesitados
Su Santidad (aba) contó que Hazrat Mufti Muhammad Sadiq (ra) escribió al Mesías Prometido (as) para expresarle que su familia tenía dificultades para preparar la comida. Ante esto, el Mesías Prometido (as) ordenó a la cocina que enviara diariamente dos platos excelentes al hogar de Hazrat Mufti Muhammad Sadiq (ra).
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, con motivo de la Yalsa Salana (Convención Anual), se agotaron los fondos. En aquel momento, no existía una cuota oficial que debiera abonarse para la Convención Anual, por lo que el Mesías Prometido (as) solía sufragar los gastos de su propio bolsillo. El responsable de la cocina le explicó al Mesías Prometido (as) que no disponían de medios para preparar la cena que se iba a servir a los invitados. El Mesías Prometido (as) le ordenó que recuperara algunas joyas de su esposa para venderlas y que el importe se utilizara para atender a los invitados. Un par de noches más tarde, se repitió la misma situación. El Mesías Prometido (as) dijo que había dado todo lo que tenía y que ahora el único recurso era rezar a Dios. A la mañana siguiente, el Mesías Prometido (as) recibió varias transferencias al mismo tiempo de personas que no habían podido asistir a la convención. Las personas mundanas se consuelan con el hecho de que pueden disponer en cualquier momento del dinero que han ahorrado; sin embargo, el Mesías Prometido (as) encontró mayor seguridad y confianza en Dios, A quien él sabía que siempre le echaría una mano.
Su preocupación por los demás en tiempos de sequía
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, durante un periodo de sequía y hambruna, el Mesías Prometido (as) ordenó que se preparara comida en la cocina todos los días y que no se rechazara a nadie. Unos días más tarde, se agotaron el dinero y los recursos, tras lo cual el Mesías Prometido (as) hizo un llamamiento a la comunidad, diciendo que esos días cruciales solo se dan de vez en cuando, y rezó para que la gente diera un paso al frente y ofreciera sacrificios. Como resultado, se recaudó algo de dinero, suficiente para seguir proporcionando comida durante la hambruna. El Mesías Prometido (as) dijo que leía en el periódico noticias sobre otros países que sufrían hambrunas y donde la gente moría de hambre. Esto le causaba un gran dolor. Su Santidad (aba) dijo que en algunos países esas condiciones persisten incluso hoy en día, y que la gente sigue muriendo de hambre. Por la gracia de Dios, cuando surgen tales situaciones y la Comunidad se entera de ellas, envía dinero para ayudar a los necesitados. Las personas, a nivel individual, también envían toda la ayuda que pueden. Su Santidad (aba) rezó para que Alá siga permitiendo que la gente ayude a quienes se ven afectados por las sequías y las hambrunas.
Su generosidad desinteresada hacia los demás Su Santidad (aba) contó que Hazrat Hafiz Ali (ra) relató su experiencia: cada vez que el Mesías Prometido (as) recibía dinero de algún sitio, le llamaba y le daba dinero sin contarlo. El Mesías Prometido (as) le decía que cogiera todo lo que pudiera, pues quién sabía cuándo volvería a tener dinero. Hazrat Hafiz Ali (ra) solía ayudar al Mesías Prometido (as) con diversas tareas domésticas y a atender a los invitados.
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) envió a alguien con una lista de cosas que comprar. La persona enviada tardó más de lo previsto, lo que hizo que el Mesías Prometido (as) se preocupara, por lo que le preguntó cómo se encontraba. Después de esto, el hombre quiso entregar al Mesías Prometido (as) el recibo de las compras que había realizado y también le devolvió el cambio que le sobraba. Ante esto, el Mesías Prometido (as) comentó muy amablemente que no había necesidad de saldar ninguna cuenta; más bien, debía quedarse con el importe restante y utilizarlo para sus necesidades personales.
Su bondad incluso hacia quienes recurrían al robo
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, una mujer robó un poco de arroz de la casa del Mesías Prometido (as). La gente la vio y se armó un gran alboroto, mientras el Mesías Prometido (as) estaba trabajando en su habitación. Al oír el alboroto, salió y vio a una mujer pobre, con la ropa hecha jirones, que sostenía arroz en las manos. El Mesías Prometido (as) dijo que parecía tener hambre, por lo que pidió a la gente que le dieran un poco más de arroz y la dejaran seguir su camino, adoptando así el atributo de Dios de cubrir las faltas de los demás. El Mesías Prometido (as) seguía la guía de su maestro, el Santo Profeta (sa), quien dijo que si alguien robaba en un estado de extrema hambre y pobreza, se debía pasar por alto su transgresión y no se le debía tratar como a un ladrón.
Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah enviara bendiciones sobre el Santo Profeta (sa) y su siervo, el Mesías Prometido (as).
