La veracidad en la práctica: incidentes de la vida del Mesías prometido (as)
Sermón del viernes, traducción completa – 08-05-2026
Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
Al hablar acerca de la vida y el carácter del Mesías Prometido (as), mencioné algunos episodios que ilustraban su grado de veracidad. Hoy también les relataré algunos incidentes.
El Dr. Henry Martyn Clark presentó una demanda contra el Mesías Prometido (as). Se trataba de un caso por intento de asesinato, y era un asunto extremadamente grave.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Este caso, presentado por Henry Martyn Clark, era tan serio que incluso podía haber acarreado la pena de muerte” (estableció una comparación y menciona el caso presentado contra Jesús (as) por los judíos ante el tribunal romano, diciendo que un caso semejante también fue presentado contra él).
En relación con Jesús (as), fueron los judíos quienes formularon la acusación contra él. Sin embargo, bajo este gobierno, quien presentó la denuncia contra mí fue un respetado clérigo y médico cristiano (el Dr. Martyn Clark), quien me acusó de intento de asesinato. Reunió todas las pruebas posibles contra mí, hasta el punto de que incluso Maulawi Abu Said Muhammad Husain Batalvi, que era un feroz opositor y enemigo de este movimiento, compareció ante el tribunal para prestar testimonio. Además, declaró contra mí con todas sus fuerzas e intentó, por todos los medios, demostrar el caso en mi contra. El proceso fue visto ante el capitán Douglas, subcomisionado de Gurdaspur”. El Mesías Prometido (as) comenta que quizá para entonces ya había sido trasladado a Shimla.
En cualquier caso, todo el expediente había sido preparado en su presencia. El Mesías Prometido (as) afirma que “todas las pruebas fueron presentadas en su contra con gran vehemencia. En tales circunstancias, ningún experto legal ni persona sensata habría podido afirmar que yo pudiera ser absuelto. Las exigencias de la época y las circunstancias aparentes eran tales que debía haber sido remitido al Tribunal de Sesiones, donde recibiría la pena de muerte o sería condenado a prisión perpetua. Sin embargo, así como Dios Altísimo me había informado previamente acerca del caso, también me reveló de antemano que sería absuelto. Muchos miembros de mi comunidad ya conocían esta profecía.
Así, cuando el caso alcanzó esta etapa y los enemigos y opositores quedaron convencidos de que el magistrado lo remitiría al Tribunal de Sesiones, en ese momento el capitán Douglas dijo a la policía: ‘Tengo la impresión de que este caso ha sido fabricado’. El capitán Douglas, que era el juez, no estaba convencido. “Mi corazón no puede aceptar que semejante intento se haya llevado a cabo realmente y que hayan enviado a alguien para asesinar al Dr. Clark. Deberían investigar nuevamente el asunto”. Dios Altísimo infundió en el corazón del juez la idea de ordenar al comandante de la policía que realizara una investigación más exhaustiva.
El Mesías Prometido (as) afirma además:
“Era una época en la que mis opositores no solo urdían toda clase de intrigas contra mí, sino que incluso aquellos que afirmaban que sus oraciones eran escuchadas también se entregaban a la súplica. Es decir, no solo realizaban toda clase de esfuerzos, sino que además oraban y suplicaban con el mayor fervor para que yo fuese condenado. Sin embargo, ¿quién puede enfrentarse a Dios Altísimo? Sé que el capitán Douglas recibió ciertas recomendaciones, pero era un magistrado justo. Dijo: ‘No podemos cometer semejante injusticia’. En otras palabras, si el veredicto era erróneo, no podía emitir tal sentencia.
En resumen, cuando el caso fue nuevamente entregado al capitán Le Marchand para su investigación, este convocó a Abdul Hamid y le dijo que declarara la verdad con total franqueza. Abdul Hamid repitió la misma historia que ya había relatado ante el Comisionado Adjunto. Ya le habían advertido que, si existía la más mínima contradicción en su declaración, sería descubierto; por ello, continuó repitiendo la misma versión”.
Sin embargo, el capitán Le Marchand le dijo: ‘Ya ha dado esta declaración anteriormente, pero el oficial no está satisfecho con ella’; es decir, el magistrado no estaba convencido porque sentía que Abdul Hamid no estaba diciendo la verdad. Cuando el capitán Le Marchand volvió a presionarlo, Abdul Hamid rompió a llorar, cayó a sus pies y suplicó: ‘Sálveme’. El capitán lo tranquilizó y le pidió que hablara con sinceridad.
Entonces reveló la verdad y confesó abiertamente que había sido coaccionado y amenazado para realizar aquella declaración. Admitió claramente: “Mirza Sahib nunca me envió a cometer un asesinato”. Al escuchar esto, el capitán quedó satisfecho e inmediatamente envió un telegrama al subcomisionado informándole de que el caso había sido desestimado.
Posteriormente, el caso fue presentado en Gurdaspur, donde el capitán Le Marchand prestó declaración bajo juramento y su testimonio jurado quedó registrado.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“En aquel momento, en el tribunal, observé que el Comisionado Adjunto estaba muy complacido de que la verdad hubiese salido a la luz, y se encontraba sumamente indignado con aquellos cristianos que habían prestado falso testimonio contra mí. Me dijo: ‘Puede presentar una demanda contra estos cristianos’. Pero como no me agradan los litigios, respondí: ‘No deseo presentar ninguna demanda. Mi caso ya ha sido presentado en el Cielo’”.
En ese mismo instante, el señor Douglas redactó la sentencia. Una inmensa multitud se había congregado aquel día. Al pronunciar el veredicto, me dijo: “Enhorabuena. Ha sido absuelto”.
“Pude ver que, en aquel momento, el mundo entero se había convertido en mi enemigo; y así suele suceder: cuando el mundo se entrega a hacer daño, hasta las paredes y las puertas parecen picar. Solo Dios salva a Sus siervos fieles. Yo fui sincero, y por ello Dios Altísimo me salvó”.
En relación con este mismo caso, durante su comparecencia en el proceso, un abogado no ahmadí dio testimonio acerca de la veracidad y del noble carácter del Mesías Prometido (as). Su nombre era Maulawi Fazal Din.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Irfani dejó constancia de su declaración en su libro “Hayat-e-Ahmad”, donde escribe:
“Otro magnífico incidente moral, que constituye un testimonio de la veracidad del Mesías Prometido (as), también se manifestó en este mismo caso y puso de relieve la profundidad de su amor por la verdad. Escuchen este relato en palabras del difunto Maulawi Fazal Din Sahib, abogado, narrado por mi sincero contemporáneo Lala Dina Nath, editor de los periódicos Desh e Hindustan. Eran dos periódicos. Era hindú y amigo de Hazrat Sheij Yaqub Ali Irfani.
Dice:
“Usted sabe cuánto respeto a Mirza Sahib. Considero que su rango y estatus son extraordinariamente elevados. Aunque, respecto a sus afirmaciones, desde un punto de vista psicológico” -esta era la opinión del abogado- “creo que se equivocó al interpretarlas; que sus afirmaciones no eran ciertas. Sin embargo, sin duda era un hombre justo, un alma noble y una persona profundamente espiritual, poseedora de un rango excepcionalmente elevado. Esta opinión que tengo de él se formó a raíz de un incidente en particular”.
Relata este incidente de la siguiente manera:
“Conoce a Hakim Ghulam Nabi Zubdat-ul-Hukama, y también a Maulawi Fazal Din Sahib, el abogado” (aquí, el editor hindú está narrando el incidente, y ahora reproduce las palabras de Maulawi Fazal Din Sahib).
Continúa:
“También conoce a Maulawi Fazal Din Sahib, el abogado. En casa de Hakim Sahib, los amigos solían reunirse por las tardes, y yo también acudía allí. Un día, varios amigos estaban reunidos y, casualmente, surgió el tema de Mirza Sahib. Una persona comenzó a oponerse a él, pero de una manera impropia de toda decencia y moralidad.
El editor hindú al oír esto, dijo: “El difunto Maulawi Fazal Din Sahib quedó profundamente conmovido al escucharlo.
Con gran pasión, dijo:
“No soy discípulo de Mirza Sahib, ni creo en sus afirmaciones, sea cual sea el motivo. Sin embargo, creo firmemente en su gran personalidad y en su excelencia moral. Soy abogado, y personas de todas las clases sociales acuden a mí en relación con asuntos legales. He visto a miles y miles de personas, tanto directamente como a través de otros abogados. Incluso personas muy virtuosas, de quienes jamás podría imaginarse ningún tipo de hipocresía o fingimiento, cuando recibían asesoramiento legal en asuntos judiciales, no dudaban en modificar sus declaraciones si lo consideraban necesario. Pero, en toda mi vida, solo he visto a Mirza Sahib como la única persona que jamás se apartó del camino de la verdad.
Fui su abogado en uno de sus casos -refiriéndose al caso de Henry Martyn Clark- y, en aquel caso, redacté una declaración legal para él y se la presenté. Tras leerla, dijo: “Esto es falso”. Respondí: “La declaración de una persona acusada no se presta bajo juramento y, legalmente, tiene permitido decir lo que quiera”.
El Mesías Prometido (as) dijo:
“La ley puede permitir que una persona diga lo que quiera, pero Dios Altísimo no lo permite. Al’lah no ha concedido permiso para mentir, ni esa es tampoco la verdadera intención de la ley. Por lo tanto, jamás podré aceptar hacer una declaración contraria a los hechos. Presentaré el asunto tal como es”.
Entonces Maulawi Sahib -el abogado- dijo:
“Le dije: ‘Te estás metiendo en problemas a sabiendas’”.
Ante esto, el Mesías Prometido (as) respondió:
“Ponerme en peligro a sabiendas sería, por mi parte, hacer una declaración legal para obtener una ventaja ilícita y, de ese modo, incurrir en el desagrado de mi Dios. Eso es algo que jamás podré hacer, ocurra lo que ocurra”.
Lala Dina Nath Sahib naraba este incidente a Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib, quien era editor. Dijo que: “Maulawi Fazal Din Sahib solía decir que el Mesías Prometido (as) pronunció estas palabras con tal fuerza, que una expresión singular de pasión y fervor apareció en su rostro. Al escuchar esto, dije -es decir, el abogado le dijo al Mesías Prometido (as)-: ‘Usted no se beneficiará de mi representación legal’. Ante esto, él (as)respondió: ‘Nunca he imaginado siquiera que beneficio alguno pudiera venir a través de su defensa o mediante los esfuerzos de cualquier otra persona, ni creo que la oposición de nadie pueda destruirme. Mi confianza está únicamente en Dios Altísimo, Quien conoce mi corazón. Lo nombré a usted como mi abogado porque utilizar los medios disponibles forma parte de la conducta apropiada y, como sé que usted es honesto en su trabajo, lo nombré. Esto es simplemente un medio externo que debe utilizarse, y por ello lo estoy utilizando. No dependo de usted’.
Maulawi Fazal Din Sahib solía decir que insistió nuevamente: “Esta declaración es la que recomiendo”.
El Mesías Prometido (as) respondió:
“No. Presente exactamente la declaración que yo mismo he escrito, sin preocuparse por el desenlace o el resultado. Ni una sola palabra debe ser modificada. Y le digo con absoluta certeza que será más efectiva que su declaración legal, y que el resultado que usted teme no ocurrirá. Antes bien, si Dios quiere, el desenlace será favorable. Aun suponiendo que el resultado no pareciera favorable a los ojos del mundo -es decir, que yo fuese castigado-, ni siquiera entonces me importaría, porque en tal caso me sentiría feliz de no haber desobedecido a mi Señor”.
Lala Dina Nath solía decir:
“Maulawi Fazal Din Sahib presentó la defensa del Mesías Prometido (as) con gran pasión y sinceridad, y allí mismo redactó inmediatamente la declaración del Mesías Prometido (as). Tal fue el extraordinario poder de la manifestación divina, que fue absuelto precisamente sobre la base de aquella declaración que él mismo había escrito”. Maulawi Fazal Din Sahib describió su veracidad, así como su valor y valentía al afrontar toda dificultad por causa de la verdad, lo cual creó una intensa atmósfera emocional entre los presentes en la reunión. Incluso quienes estaban sentados afuera y se oponían a él guardaron silencio. Ante ello, algunas personas le preguntaron: “Entonces, ¿por qué no se convierte en su seguidor?”. Él respondió: “Esa es una decisión personal, y ustedes no tienen derecho a cuestionarme sobre ello. Lo considero una persona absolutamente veraz y albergo en mi corazón un inmenso respeto hacia él”.
Respecto a este mismo incidente, existe otro relato del Maestro Nazir Husain Sahib.
Dice:
“El difunto Maulawi Fazal Din Sahib, abogado del Tribunal Superior, estaba profundamente vinculado al Mesías Prometido (as) y, por lo general, le acompañaba en sus casos legales. Me dijo que consideraba al Mesías Prometido (as) situado en el grado más elevado de la veracidad. Cuando le pregunté acerca de ello, relató un incidente relacionado con el Mesías Prometido (as). Dijo que, en un caso entre el Mesías Prometido (as) y el Diputado Martyn Clark Sahib, un hombre llamado Abdul Hamid testificó que el Mesías Prometido (as) lo había enviado para matar a Martyn Clark. En aquel momento, el difunto Maulawi Fazal Din Sahib, actuando como asesor legal, le dijo al Mesías Prometido (as): “En el tribunal, simplemente debe declarar que no conoce a Abdul Hamid. Después de eso, nosotros mismos nos encargaremos del resto de los procedimientos. Limítese únicamente a afirmar que no lo conoce”. El abogado -quien ya ha fallecido- solía decir que aseguró al Mesías Prometido (as) de todas las maneras posibles que, si tan solo hacía esa declaración, el éxito en el caso estaría garantizado; de lo contrario, la absolución sería imposible. El abogado dijo que, tras escuchar sus sugerencias, el Mesías Prometido (as) respondió: “He venido al mundo para establecer la veracidad. Nunca diré una mentira, aunque me cuelguen. Conozco a Abdul Hamid. Solía venir a Qadian. Jamás podré negar que lo conozco, ocurra lo que ocurra”.
El abogado, el difunto Maulawi Fazal Din Sahib, dice que entonces alegó: “Salvar la propia vida es obligatorio. Por lo tanto, si no desea mentir, al menos dé una respuesta que no permita entender claramente que lo conoce” (no mienta, pero dé una respuesta vaga). Ante esto, el Mesías Prometido (as) respondió: “Ni siquiera puedo hacer eso. Dios me ha enviado al mundo para presentarme como ejemplo. No estoy dispuesto a presentar semejante ejemplo simplemente para salvar mi vida. Aunque pierda la vida por decir la verdad, aun así habré triunfado”.
El difunto Maulawi Fazal Din Sahib -quien no era ahmadí- dijo: “En aquel momento nos desesperamos por completo. Cuando la declaración del Mesías Prometido (as) fue leída en el tribunal, admitió abiertamente que conocía a Abdul Hamid. Ante ello, quedamos convencidos de que la absolución ya era imposible. Sin embargo, cuando presenciamos la ayuda que Dios le concedió en aquel caso, quedamos asombrados al ver cómo Dios ayudó a Su elegido y cómo, en un asunto tan grave, fue absuelto honorablemente y salió victorioso”.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Los Compañeros del Santo Profeta (sa) fueron masacrados, pero aun así no desistieron de proclamar la verdad. Alcanzaron victorias y hazañas tan extraordinarias que apenas tienen paralelo en la historia. ¿Cuál fue la razón? Fue porque poseían sinceridad, veracidad y fidelidad. Hay ciertos ateos prudentes y oportunistas que depositan su completa confianza en Dios Altísimo y actúan únicamente por Su causa. Están convencidos de que la ayuda de Dios Altísimo descenderá con toda seguridad; por ello, jamás hacen tal cosa [es decir, mentir]”.
Quienes verdaderamente pertenecen a Dios no dicen mentiras ni ocultan la verdad.
“Si alguien me preguntara: ‘Tú afirmas ser el Mesías Prometido’, entonces explicaré cómo respondo a tal pregunta. Nada sirve en este camino excepto la veracidad y una resolución valiente. Se presentaron tantos casos legales contra mí, pero ¿qué fue de ellos al final? ¿Puede alguien afirmar que alguna vez retrocedimos por miedo a causa de estos asuntos? Tal temor equivaldría a Shirk [asociar socios con Dios]. Creo firmemente que Dios existe y que ayuda a Sus siervos sinceros. Digo sinceramente que quien proclame:
[Árabe]
‘Nadie es nadie digno de adoración excepto Dios’] con sinceridad de corazón, Dios Altísimo permanece con él. Solo el Islam es la religión que produce esta cualidad”.
Esta bendición no se limitó únicamente a él; más bien, el Mesías Prometido (as) afirma que esto se aplica a toda persona. Quien lo proclame con sinceridad de corazón y deposite una fe verdadera en Dios Altísimo será salvado.
También se menciona el testimonio de un conocido hindú de la infancia. Afirma:
“He conocido a Mirza Ghulam Ahmad desde su infancia. Él y yo somos de la misma edad. Siempre he mantenido un contacto cercano con Qadian, e incluso ahora observo que la excelente moral y los nobles hábitos que posee hoy en día estuvieron presentes en él desde el principio”. Hablaba acerca del carácter del Mesías Prometido (as). Escribe además: “Era veraz, digno de confianza y virtuoso. En efecto, soy de la opinión de que el propio Parmeshwar descendió a la tierra en la forma de Mirza Sahib, y que Parmeshwar está manifestando Sus esplendores a través de él”.
El hijo mayor del Mesías Prometido (as), Mirza Sultan Ahmad Sahib, escribe:
“Mi padre permaneció constantemente dedicado al servicio de la religión. Los miembros del hogar tenían plena confianza en él, y la gente del pueblo también depositaba toda su confianza en él. Incluso aquellos parientes que, por lo demás, se oponían a él, estaban tan convencidos de la rectitud del Mesías Prometido (as) que, en las disputas, decían: ‘Cualquier cosa que él decida será aceptable para nosotros’. Todo el mundo lo consideraba digno de confianza y veraz”.
Hazrat Musleh Maud afirma:
“El padre del Mesías Prometido (as) estaba preocupado por cómo se ganaría la vida, ya que no tenía interés alguno en administrar el patrimonio familiar ni deseaba aceptar ningún empleo. Había un sij de un pueblo cercano cuyos dos hijos visitaban con frecuencia a nuestro abuelo -Hazrat Musleh Maud (ra) dice que visitaban a su abuelo-. Uno de ellos me relató un incidente: que el mayor de los Mirza Sahib le dijo en una ocasión: ‘Ve y habla con Ghulam Ahmad, que tiene una edad similar a la tuya. Aconséjale que, si no puede ayudar en la administración del patrimonio familiar, le buscaré algún empleo’”. Así pues, él transmitió este mensaje al Mesías Prometido (as) y le mencionó que su padre se estaba disgustando porque no se dedicaba a ninguna ocupación. También le dijo que su padre había comentado: “Tras mi fallecimiento, ¿acaso dependería durante el resto de su vida de lo que sobre de la riqueza de su hermano? Por lo tanto, si él quiere, puedo conseguirle un empleo”.
Al escuchar esto, el Mesías Prometido (as) respondió:
“Mi padre se preocupa innecesariamente. Hazle saber que ya me he ocupado en Aquel a Cuyo servicio deseaba estar”. A pesar de que nuestro abuelo era un hombre dedicado a los asuntos mundanos, el sij cuenta que, cuando le transmitió esta respuesta del Mesías Prometido (as), permaneció en silencio y luego dijo: ‘Si mi hijo, Mirza Ghulam Ahmad, ha dicho esto, entonces sin duda ha dicho la verdad, pues él nunca miente’”.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata:
“Recuerdo muy bien este acontecimiento, y jamás podré olvidarlo: en 1916, cuando el difunto Sr. Walter, secretario de la YMCA de toda la India, vino a Qadian para investigar el Movimiento Ahmadí, expresó su deseo de reunirse con uno de los antiguos compañeros del Fundador del Movimiento Ahmadí”. En aquel momento, el difunto Munshi Arora Sahib se encontraba en Qadian. Le presentaron al señor Walter en la mezquita Mubarak.
Tras algunos comentarios iniciales, el señor Walter preguntó a Munshi Sahib:
“¿Cuál fue la prueba más contundente que le convenció de la veracidad de Mirza Sahib?”
Munshi Sahib respondió:
“No soy un hombre muy instruido ni estoy familiarizado con muchos argumentos académicos. Sin embargo, lo que más me influyó fue la propia persona de Hazrat Sahib. Nunca he conocido a nadie más sincero, más honesto ni con mayor fe en Dios que él. Al verlo, nadie podía decir que fuera falso. Por mi parte, simplemente me sentía cautivado por su sola presencia y no conocía muchos argumentos intelectuales”. Al decir esto, ante el recuerdo del Santo Mesías Prometido (as) el difunto Munshi Sahib le intranquilizó de tal manera que comenzó a llorar sin cesar. Mientras lloraba, comezó a tener hipo.
En aquel momento, el Sr. Walter, que dirigía la entrevista, se encontraba en tal estado que podría decirse que había quedado pálido como un cadáver. Permaneció completamente lívido, como una sábana blanca recién lavada. Más tarde, en su libro “El Movimiento Ahmadía”, hizo especial mención de este incidente y escribió lo siguiente: “Una persona que ha conseguido tantos seguidores gracias a su compañía no puede, como mínimo, ser considerada un impostor o un embaucador”.
Hazrat Mian Rahim Bajsh Sahib relata:
“Me encontré con un hombre llamado Muhammad Ibrahim, que era ahmadí. Conversamos durante un tiempo y terminé convencido. Aquella noche tuve un sueño en el que los cuatro hermanos nos habíamos perdido en una cueva de montaña y no conseguíamos encontrar la salida. Había subido por un lado y había llegado hasta la cima, donde vi un tren en marcha, pero circulaba a gran altura sobre el suelo. Me quedé allí desconcertado, preguntándome cómo podría subir a él. Un hombre que estaba arriba me gritó: ‘Agárrate a la cuerda que cuelga del cielo, y solo así podrás subir’”. Todo ello lo vio en un sueño. Dice: “Por la mañana, Ibrahim Sahib llamó a mi puerta”. Le relaté mi sueño, y él sacó el Sagrado Corán y me explicó el significado del versículo:
[Árabe]
“Y aferraos a la cuerda de Dios”.
Escribí inmediatamente una carta para jurar lealtad. Me respondieron que el juramento de lealtad había sido aceptado, pero que debía acudir personalmente a Qadian. Esta respuesta me llegó del Mesías Prometido (as) o de quienquiera que la hubiese escrito, ya fuera su secretario u otra persona. Así pues, me puse de inmediato a preparar mi viaje a Qadian”.
Cuando subí al tren con destino a Batala en la estación de Amritsar, había dos o tres sijs muy ancianos en mi compartimento que me preguntaron dónde me dirigía. Respondí: ‘A Qadian’. Dijeron: ‘¿El Qadian de Mirza?’ Respondí: ‘Sí, allí es donde voy’. ‘Decidme entonces cómo es realmente’, pregunté, no por duda -pues ya había visto el sueño-, sino simplemente para tranquilizarme aún más y con el deseo de escuchar lo que otros tenían que decir acerca del Mesías Prometido (as). Dijeron: ‘Es muy conocido; afirma ser Dios’. Esto fue lo que dijeron los sijs. Era su manera de entenderlo, pues, según su forma de pensar, lo que él realmente afirmaba era que había sido enviado con una revelación divina y que su misión consistía en retornar a la gente a regresar a Dios Altísimo”.
En cualquier caso, relata:
“Solo por travesura, pues, aunque ya había prestado juramento de lealtad, me invadió un impulso pícaro, les dije: Conozco a Mirza Sahib. En Sialkot, él y mi padre trabajaban juntos y solían fumar cannabis juntos”. Lo dije únicamente en broma”. La fe es frágil en sus primeras etapas. Sin embargo, afirma: “Les dije que el Mesías Prometido (as) solía fumar cannabis con mi padre”.
Ante esto, aquellos mismos sijs dijeron: “Mian, no vuelvas a decir algo así. Es un hombre de enorme sencillez y pureza, un hombre de absoluta sinceridad y honradez. Es tan célebre por ello que la gente lo menciona como un símbolo: si alguien dice la verdad, en nuestra comunidad suele decirse: ¿Eres acaso hijo de Mirza Ghulam Murtaza?“. Su sinceridad e integridad se habían convertido en un refrán entre ellos. De niño solía jugar con nosotros y nos recitaba pasajes de libros. Era hijo de un jefe tribal, (es decir, el Mesías Prometido (as) era hijo del jefe tribal de Qadian), y le profesaban un profundo respeto. Con el paso del tiempo fue transformándose gradualmente, hasta llegar un momento en que se recluyó por completo en su casa y dejó de salir al exterior; es decir, el Mesías Prometido (as) había adoptado una vida de retiro. “Se sentaba en casa haciendo magia”. Eran personas supersticiosas, carentes de verdadero fundamento religioso, y creían que permanecía en su casa practicando alguna clase de brujería. “Ha extendido su hechizo cuatro millas a la redonda de Qadian”, lo que significa que había conquistado por completo a la gente y los había llevado a reconocer su veracidad. “Quienquiera que acudía a él, sin importar su religión, él demostraba ser veraz a la luz de la propia religión de esa persona y probaba que dicha religión estaba equivocada. Dice que viene de los cielos”. Esto fue lo que le dijo el sij.
Así pues, tras escuchar todo aquello, dice:
“Cuando llegué a la casa de huéspedes de Qadian, había allí tres o cuatro jóvenes. Me dije a mí mismo: Voy a ponerlo a prueba, para comprobar si he tomado la decisión correcta o no. Así que me dirigí a aquellos jóvenes con tono severo y algo brusco; sin embargo, ellos no respondieron sino con amabilidad y excelentes modales, pese a mi descortesía, pues quería comprobar cómo habían sido educados. A pesar de mi rudeza, me recibieron con gran cortesía y gentileza. Les dije que deseaba ver a Mirza Sahib. Respondieron: “Acaba de salir a pasear; será difícil reunirse con él”.
Mientras deambulaba por Qadian, mi corazón se llenó de inquietud. Debido al intenso calor, decidí dar media vuelta y marcharme (su fe aún no se había consolidado por completo). De modo que, en el camino, se encontró con un árabe que le dijo: “Hermano, has venido a Qadian; debes ver al Mesías Prometido antes de marcharte”. Si has llegado hasta aquí, no te vayas sin haber conocido al Mesías Prometido (as). Este momento no volverá a repetirse. Vendrán otros, pero esta presencia no volverá a darse. Vendrán otros, pero esta presencia no volverá a repetirse. Pero no le presté atención y le dije al cochero que partiese de inmediato. El calor me había agotado, la reunión no se había producido, así que decidí regresar.
Dice:
“Justo en ese instante se escuchó la llamada a la oración”. Me dije a mí mismo: “Voy a rezar y después me marcharé”. Entonces me dirigí hacia la mezquita. El árabe con el que se había encontrado antes, aquel que le había insistido en que no se fuera, se le acercó y le dijo: “Hermano, desde ese mismo momento he permanecido postrado, suplicándole a Dios que le retuviera aquí para que pudiera ver al Mesías Prometido (as)”. Tal era la sinceridad de aquel árabe. Como él había dicho que iba a marcharse, el árabe le explicó que no le quedaba otra opción sino presentarse ante Dios y postrarse ante Él. Dijo: “Desde entonces no he dejado de postrarme en oración por ti, para que puedas ver al Mesías Prometido (as) antes de partir”.
A continuación, relata:
“Vi al Mesías Prometido (as). Se acercó y se sentó entre quienes allí estaban reunidos. Me presenté ante él con la barba, la cabeza y el bigote completamente afeitados (ya en aquella época era habitual entre quienes seguían esas modas). El Mesías Prometido (as) estaba sentado con la cabeza inclinada hacia abajo. Me dije a mí mismo: “Hasta que no vea el rostro de este hombre, no podré estar completamente seguro”. Aunque había prestado juramento de lealtad por escrito, la certeza absoluta aún no se había asentado en mi corazón y, a juzgar por su relato, parece que realmente era así. Al cabo de un rato, el Mesías Prometido (as) levantó la mirada. En ese instante, mi corazón exclamó: “Es sincero”. Cuando contemplé su rostro, una voz brotó desde lo más profundo de mi corazón: sincero, auténtico. Al poco tiempo volvió a levantar la cabeza y le dije: “Amanna”, he creído, “wa saddaqna”, y afirmo su verdad. Es veraz. La tercera vez que levantó la vista, yo estaba ya, por así decirlo, completamente rendido.
Entonces comenzó la oración en congregación y, tras concluirla, el Mesías Prometido (as) se disponía a entrar cuando un hombre que se encontraba junto a la puerta le suplicó: “Su Santidad, por favor, rece por mí”. Respondió: “Ya estás incluido entre quienes han tomado el pacto (Baiat); yo rezo incluso por mis enemigos”.
Hazrat Jalifah Nizamuddin Sahib (ra) relata:
“Me había trasladado de Sialkot a Shikarpur, en Sindh, en busca de trabajo. Allí escuché numerosas críticas contra el Mesías Prometido (as). Tenía amigos en Amritsar, por lo que viajé desde Shikarpur hasta allí. Desde Amritsar pensaba continuar hacia Sialkot, pero me quedé dormido y perdí dos trenes con destino a Sialkot. Cuando desperté, me enteré de que los trenes ya habían partido. Entonces se me ocurrió de inmediato que la ciudad de Mirza Sahib estaba cerca y que, al menos, debía ir a verlo.
Pregunté entonces a qué hora saldría el siguiente tren hacia Batala. Me dijeron que partiría dentro de media hora. Compré un billete y llegué a Batala, desde donde fui caminando hasta Qadian. Llegué allí a la hora de la oración del Asr [la oración de media tarde] y me encontré con Hazrat Maulvi Abdul Karim Sahib (ra). Lo conocía de la época en que él también vivía en Sialkot, pues era originario de allí.
Dice:
“Se alegró muchísimo de verme. Rezamos juntos la oración del Asr. A la mañana siguiente, Maulvi Abdul Karim Sahib notificó sobre mí al Mesías Prometido (as) y, seguidamente, junto a la pequeña abertura de la ventana de la mezquita, el Mesías Prometido (as) aceptó mi juramento de lealtad”.
Dice: “Con sólo contemplar el rostro del Mesías Prometido (as), mi corazón quedó plenamente convencido de que, aunque el mundo entero pudiera ser falso, aquel rostro no podía pertenecer a un hombre falso. Había un encanto singular en el rostro de Su Santidad (as). De él emanaba una luz tal que cautivaba los corazones”.
Del mismo modo, Hazrat Hakim Abdur Rahman Sahib (ra) relata: “Cuando mi respetado padre juró lealtad al Mesías Prometido (as) y se trasladó a Chak Número 276, cerca de la oficina de correos de Gollra, en el distrito de Lyallpur, predicó extensamente en aquella región, y la gente lo nombró su imam. Cuando comenzó a enseñar el Sagrado Corán y surgió el tema de la muerte de Jesús (as), explicó con gran detalle la cuestión de la muerte de Jesús (as). La gente quedó asombrada”.
Dice:
“Había un hombre llamado Wazir Din, quien era el representante local del pueblo. Un día, Wazir Din le dijo a Hakim Sahib: ‘Necesito una olla grande (en aquellos tiempos, las personas influyentes solían poseer grandes ollas para preparar comida para los pobres o para las reuniones y celebraciones organizadas por los jefes de las aldeas). En Gujranwala pueden encontrarse ollas de buena calidad. Venga conmigo y compremos una’. Le respondí: ‘Si desea comprar una olla grande y de excelente calidad, vayamos mejor a Batala, donde las fabrican aún mejores’.
Cuando llegamos a Batala, le dije a Wazir Din: ‘Mirza Sahib vive cerca, en Qadian. Es veraz, y yo ya le he jurado lealtad (Baiat). Usted también debería venir’. Ante esto, Chaudhary Sahib dijo: ‘Doy testimonio de que, sin duda, es una persona sincera’. Wazir Din ya sabía quién era el Mesías Prometido (as), tal y como él mismo expresó: ‘En Sialkot, Mirza Sahib y yo trabajábamos juntos. Yo era registrador de la propiedad y él trabajaba en la oficina’“.
Mientras Hakim Sahib y Wazir Din iban a comprar las ollas, hablaron acerca del Mesías Prometido (as), y Wazir Din comentó que el Mesías Prometido (as) debía ser, sin duda, una persona sincera porque: “Lo vi cuando trabajábamos juntos en la oficina. Jamás aceptó un soborno ni pronunció una mentira. Era extraordinariamente piadoso y justo. Un hombre así jamás podría realizar una afirmación falsa”. Dijo que había sido testigo directo de la juventud del Mesías Prometido (as); una persona así no puede, en absoluto, hacer una afirmación falsa. “Ven, te acompañaré”. Así pues, Wazir Din acudió de inmediato y juró lealtad al Mesías Prometido (as).
Mian Feroz Din Sahib relata:
“Mi abuelo se llamaba Mian Nizam Din. Durante la época en que el Mesías Prometido (as) vino a Sialkot en busca de trabajo, mi abuelo le consiguió una casa de alquiler en el barrio de Salu Gullar. El Mesías Prometido (as) también encargó a mi abuelo que le hiciera un anillo de oro, de seis “mashas” (5,8 grs) de peso, y se lo envió a su casa. Por ello, mi abuelo mantenía una relación muy estrecha con el Mesías Prometido (as). Cuando el Mesías Prometido (as) proclamó ser el Mesías, mi abuelo le juró lealtad al cabo de un tiempo y dijo a toda la familia: ‘Lo conozco desde los días en que trabajaba aquí. Por lo tanto, todos vosotros deberíais jurarle lealtad de inmediato delante de mí. Éste no puede ser el rostro de un mentiroso’. Así, toda mi familia juró lealtad al Mesías Prometido (as) en 1892”.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata:
“Munshi Abdul Aziz Sahib Aujalvi contó: ‘Hacia 1890, yo trabajaba como registrador de la propiedad en el pueblo de Yagatpur Kohliyan, en el tehsil de Gurdaspur. En 1891, tras grandes esfuerzos, logré que me trasladaran a la aldea de SiKhwan, también en el tehsil de Gurdaspur. En aquella época aún no era ahmadí, aunque ya había oído hablar del Mesías Prometido (as). No me oponía a él; sin embargo, lo único que me detenía era que todos los eruditos religiosos estaban en su contra.
Al llegar a Sikhwan, conocí a Mian Yamal Din Sahib, Imam Din Sahib y Jair Din Sahib. Me entregaron el libro del Mesías Prometido (as), titulado “Izala-e-Auham”, para que lo leyera. Después de rezar, comencé a leerlo. A medida que avanzaba en su lectura, la veracidad del Mesías Prometido (as) quedó grabada en mi corazón como un clavo firmemente incrustado, y todas mis dudas desaparecieron. Unos días más tarde, viajé a Qadian con Mian Jair Din y pude contemplar por primera vez al Mesías Prometido (as) cerca de la Gol Kamra [Sala Redonda]. Entonces le dije a Mian Jair Din Sahib: ‘Éste no es el rostro de un mentiroso’. A partir de entonces, juré lealtad”.
Del mismo modo, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata otro episodio acerca de Hazrat Chaudhry Zafarulla Khan Sahib:
“El honorable Sir Chaudhry Muhammad Zafarul’la Khan Sahib me declaró por escrito: ‘Cuando tuve la oportunidad de contemplar por primera vez al Mesías Prometido (as) en Lahore, no existía en mi corazón crítica alguna respecto a sus creencias. La única impresión que quedó grabada en mi corazón en aquel preciso instante fue ésta: que esa persona era sincera y que todo cuanto decía era verdad. Además, Dios Altísimo inculcó en mi corazón un amor tan profundo por él que aquello, por sí solo, se convirtió para mí en la prueba fundamental de la veracidad del Mesías Prometido (as). Aunque en aquel tiempo no era más que un niño, desde aquel día hasta hoy jamás he sentido necesidad de pruebas adicionales.
A partir de entonces, aquellos sucesos continuaron produciéndose uno tras otro, fortaleciendo así mi fe; sin embargo, acepté al Mesías Prometido (as) simplemente al contemplar su rostro bendito, y esa misma impresión continúa siendo, hasta el día de hoy, la mayor prueba para mí de la veracidad de sus afirmaciones. En este sentido, considero que soy ahmadí desde el 3 de septiembre de 1904, el mismo día en que lo vi por primera vez'”.
Del mismo modo, Hazrat Mian Sadr Din Sahib afirma: “Cuando presté juramento de lealtad, le dije a mi padre: ‘¿Sabes por qué la gente acude en carros de caballo a Qadian?’. Respondió: ‘No lo sé’. Dije: ‘Mirza Sahib afirma ser el Mesías Prometido’. Mi padre respondió: ‘Esa afirmación debe ser verdadera. He observado a esta persona desde su infancia; jamás dice una mentira’.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Ahora observad cómo Dios ha completado Su demostración ante vosotros de tal manera que, al presentar miles de argumentos en apoyo de mi afirmación, os ha brindado la oportunidad de reflexionar sobre el grado de perspicacia y comprensión que posee quien os llama a esta Comunidad, así como sobre la cantidad de pruebas que presenta. Además, no podéis atribuir a mi vida anterior acusación alguna de culpa, calumnia, mentira o engaño, de manera que podáis suponer que quizá esto también sea una mentira pronunciada por alguien que antes recurría a la falsedad y a la calumnia. ¿Quién de vosotros puede criticar algún aspecto de mi vida pasada? Así pues, es por la gracia de Dios que, desde el principio, me mantuvo firme en la rectitud, y para quienes reflexionan, esto constituye en sí mismo una prueba”.
Exhortándonos, el Mesías Prometido (as) afirma:
“Recordad que, cuando la sinceridad despliega plenamente su efecto, se transforma en una luz que, en medio de cualquier oscuridad, sirve de guía a quien la acoge y le proporciona protección frente a toda dificultad”.
¡Que Dios Altísimo nos permita comprender esta realidad, mantenernos firmes en la veracidad y actuar siempre conforme a los más elevados estándares de la verdad!
