El amor del Profeta (sa) por Allah: Un modelo de devoción y adoración tranquila
Sermón del viernes, traducción completa – 23.01.2026
Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:
Se está hablando de la vida del Santo Profeta (sa). En los sermones anteriores se mencionó su amor por Dios, y hoy continuaré hablando sobre este mismo tema.
La forma y la belleza con que el Santo Profeta (sa) adoraba, ya se han comentado anteriormente. Hoy presentaré algunas referencias de los Hadices, así como de los escritos del Mesías Prometido (as), su ferviente devoto, y cómo describió el estatus y rango del Santo Profeta (sa) y su amor por Dios.
En una narración, se registra que Hazrat Hudhaifah (ra) relata: “Una noche ofrecí oraciones junto al Santo Profeta (sa). Comenzó con la Sura Al-Baqarah. Pensé que pasaría al “ruku” [posición de inclinación] después de cien versículos, pero continuó. Entonces pensé que pasaría al “ruku” después de completar el capítulo, pero continuó más. Entonces pensé que iba a hacer el “ruku” [en ese momento], pero empezó a recitar la Sura An-Nisa y luego también empezó a recitar la Sura Aal-e-Imran. Recitó de forma pausada y serena. Cada vez que recitaba un versículo glorificando a Dios, Lo alababa. Cada vez que recitaba un versículo que contenía una súplica, él rogaba. Y cada vez que recitaba un versículo buscando refugio en Dios Altísimo, buscaba protección. A continuación, se inclinó en “ruku” y dijo:
[Árabe]
“Santo es mi Señor, el Más Grande”. Su “ruku” fue tan largo como su “qiyam” [posición de pie] (fue un “ruku” muy largo). Entonces dijo:
[Árabe]
“Dios escucha a quien le alaba”. Luego permaneció en “qiyam” durante mucho tiempo, casi igual a la duración de su “ruku”. A continuación, se postró (“salldah”) y dijo:
[Árabe]
“Santo es mi Señor, el Altísimo”, y su postración fue casi tan larga como su “qiyam”.
Así era como ofrecía sus oraciones voluntarias, según lo atestiguó un Compañero en una ocasión.
De manera similar, Hazrat Aisha (ra) relató que una noche, el Santo Profeta (sa) se puso de pie en oración recitando solo un versículo del Sagrado Corán. Es decir, después de la sura Al-Fatihah, recitó repetidamente un solo versículo durante el “qiyam”. En una narración, un Compañero relató que recitó varios capítulos largos, mientras que en esta narración se afirma que prolongó su “qiyam” [recitando] un solo versículo.
En relación con la duración de su “qiyam”, ya se ha mencionado una narración anterior de Hazrat Aisha (ra), y lo he comentado en mis sermones anteriores, que su “qiyam”, “ruku” y “salldah” eran tan largos y tan hermosos que las palabras no bastan para describirlos.
Del mismo modo, Hazrat Abu Dharr (ra) relata que el Santo Profeta (sa) se levantó para adorar y continuó recitando un solo versículo repetidamente hasta la mañana siguiente. El versículo era:
[Árabe]
“Si Tú los castigas, siervos tuyos son; y si Tú los perdonas, ciertamente eres el Poderoso, el Sabio”.
Debido a su amor por Dios Altísimo y a la compasión que sentía en su corazón por la creación y los siervos de Dios, continuó rezando por su perdón, ya que, aunque Dios Altísimo tenía el poder de castigarlos, rezaba para que los perdonara, pues esta súplica también ha sido enseñada por Dios Altísimo.
Luego, Hazrat Aisha (ra) narra que durante la vida del Mensajero de Al’lah (sa), se produjo un eclipse solar. El Mensajero de Al’lah (sa) se levantó para dirigir la oración. Mantuvo un “qiyam” (postura estando de pie) muy prolongado (como la que se realiza en la oración del eclipse). A continuación, realizó una larga inclinación, que duró mucho tiempo. Luego levantó la cabeza y volvió a permanecer de pie durante un largo rato, aunque menos tiempo que la primera vez. Luego volvió a inclinarse, haciendo una reverencia larga, aunque más corta que la primera. Luego se postró, se levantó de nuevo y permaneció de pie durante un largo rato, aunque menos tiempo que la vez anterior. A continuación, hizo una inclinación y la prolongó, aunque fue más breve que la anterior. Luego levantó la cabeza y se puso de pie, permaneciendo así durante un largo rato, aunque menos tiempo que la vez anterior. Luego hizo una inclinación y la prolongó, aunque más breve que la anterior, y luego se postró. A continuación, el Mensajero de Al’lah (sa) completó la oración, y el sol ya estaba brillando con intensidad. A continuación, se dirigió a la gente con un sermón. Alabó a Dios y lo glorificó, y luego dijo:
“El Sol y la Luna son signos de Dios, y no se eclipsan por la muerte o la vida de ninguna persona. Así que cuando los veáis, proclamad la grandeza de Dios, suplicadle, observad la oración y dad limosna”.
Luego dijo:
“¡Oh, comunidad de Muhammad (sa)! No hay nadie con más sentido del honor que Dios de que Su siervo cometa adulterio, o que Su sierva cometa adulterio”. Esta es una advertencia y una amonestación profundamente conmovedoras: no provoquéis el sentido del honor de Dios enredándoos en pecados. Buscad la misericordia de Dios y evitad provocar Su sentido del honor.
Luego dijo:
“¡Oh, comunidad de Muhammad (sa)! Por Dios, si supierais lo que yo sé, lloraríais mucho y reiríais poco”.
Entonces dijo:
“Escuchad, ¿os he transmitido el mensaje? (es decir, el mensaje que os quería transmitir, ¿os ha llegado?)”.
Por lo tanto, llamó la atención sobre la necesidad de volver a Dios, adorarlo y humillarse ante Él, y dijo que en ello reside vuestra supervivencia y vuestra vida. “Si conocierais la profundidad de estos asuntos como yo los conozco, dejaríais de reír, lloraríais más y suplicaríais abundantemente a Dios”. Por lo tanto, llamó la atención sobre el hecho de que nosotros también debemos dar gran importancia a las oraciones y establecer un vínculo especial con Dios Altísimo.
En cuanto a la súplica en el campo de batalla, Hazrat Abdul’lah bin Abbas narra que Hazrat Umar bin al-Jattab (ra) le contó que el día de [la batalla de] Badr, el Mensajero de Dios (sa) miró a los idólatras y vio que eran mil, mientras que sus Compañeros eran trescientos diecinueve. El Santo Profeta (sa) volvió su rostro hacia la Qiblah, luego extendió ambas manos y comenzó a invocar a su Señor en voz alta, diciendo:
[Árabe]
“¡Oh, Al’lah, cumple lo que me has prometido! ¡Oh, Al’lah, concédeme lo que me has prometido! ¡Oh, Al’lah, si permites que este pequeño grupo de musulmanes sea destruido, no serás adorado en la tierra!”.
De cara a la Qiblah, con ambas manos extendidas, continuó invocando a su Señor en voz alta, hasta que su capa se deslizó de sus hombros (es decir, su cuerpo temblaba debido al llanto intenso y a las súplicas, y por eso se le cayó la capa). En ese momento, Hazrat Abu Bakr (ra) se acercó a él, cogió su capa y se la volvió a colocar sobre los hombros. Entonces se juntó al Santo Profeta (sa) por detrás y dijo:
“¡Oh, Profeta de Dios (sa), su sincera y ferviente súplica ante su Señor es suficiente para usted. Él sin duda cumplirá las promesas que le ha hecho!”.
Entonces, Dios Altísimo reveló el siguiente versículo:
[Árabe]
(Este es un versículo de la Sura Al-Anfal). “Cuando imploraste la ayuda de tu Señor, Él te respondió diciendo: ‘Te ayudaré con mil ángeles, uno tras otro’“. Así, Dios le ayudó a través de los ángeles.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“En el Sagrado Corán, al Santo Profeta (sa) le prometió repetidamente la victoria sobre los infieles, pero cuando comenzó la batalla de Badr, que fue la primera batalla del islam, el Santo Profeta (sa) comenzó a suplicar y a rezar, y estas son las palabras que emitió su lengua:
[Árabe]
“¡Oh Señor mío! Si destruyes a esta gente (solo eran 313 hombres [y según otras narraciones 319]), nadie Te adorará hasta el Juicio Final”.
Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) escuchó estas palabras de la boca del Santo Profeta (sa) respondió: “¡Oh, Profeta de Dios (sa)! ¿Por qué está tan perturbado? Dios le ha hecho la firme promesa de que le otorgará la victoria”. Dijo: “Es cierto, pero yo me fijo en el hecho de que Él no necesita a nadie” (es decir, Dios no está obligado a cumplir ninguna promesa). Ahora bien, hay que comprender que si el Santo Profeta (sa) mostraba tanta deferencia hacia las normas de respeto a Dios, ¿por qué habría que apartarse de esta creencia aceptada por todos los profetas, que la paz sea con ellos, de que a veces la profecía de Dios se cumple literalmente y otras veces se cumple de forma metafórica y figurativa?”.
Después de narrar este incidente, también dijo a aquellos oponentes que objetaban que sus profecías no se habían cumplido, que hay diferentes maneras en que las profecías se cumplan. A veces se cumplen literalmente, y otras veces de otra forma, pero Dios Altísimo sin duda cumple la promesa que ha hecho.
En cualquier caso, debemos permanecer postrados ante Dios Altísimo en todo momento, para que la autosuficiencia de Dios Exaltado no provoque ninguna interrupción en esto. No debería llegar a su fin; más bien, el apoyo y la ayuda de Dios Altísimo deberían permanecer siempre con nosotros.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Comprended bien que los verdaderos monoteístas son aquellos que no hacen el más mínimo alarde de sus virtudes y no temen al mundo al aceptar la verdad. No les importa si el mundo se alarma por cualquiera de sus acciones. Algunos dicen que el grado en que los Compañeros (ra) solían esforzarse o ayunar no está demostrado en el caso del Santo Profeta (sa). Algunos de los Compañeros (ra) habían llegado casi a una vida monástica (lo que significa que estaban tan inclinados hacia la fe que abandonaron el mundo). Esto no significa que fueran (Dios no lo quiera) superiores al Santo Profeta (sa). En cambio, la realidad es que el Santo Profeta (sa) fue empujado ante el mundo por Dios el Altísimo mediante la fuerza y la presión (estaba ocupado en la adoración de Dios Altísimo y embriagado en Su amor. Toda su vida estuvo [dedicada] al Ser de Dios Altísimo. Pero Dios Altísimo le hizo presentarse al mundo por imposición). Su costumbre de vivir tras un velo no había desaparecido. Quién sabe cuánto esfuerzo y adoración dedicó en secreto”.
Del mismo modo, el incidente del cementerio ya se ha mencionado anteriormente. Al narrarlo, estableció el carácter oculto del Santo Profeta (sa). Cuando le tocaba a Hazrat Aisha (ra) recibirlo en su casa, ella vio al despertarse que el Santo Profeta (sa) no estaba presente. Se sorprendió mucho. Le buscó, pero no pudo encontrarle. Entonces, cuando miró hacia el cementerio, vio que el Santo Profeta (sa) estaba inmerso en una súplica con intenso fervor, diciendo: “¡Oh, Dios mío! Mi alma, mi vida, mis huesos, cada uno de mis cabellos se postra ante Ti!”.
El Mesías Prometido (as) presentó el incidente de esta manera y declaró:
“Si Hazrat Aisha (ra) no hubiera informado a los demás sobre este asunto, ¿quién habría sabido qué tipo de relación tenía el Mensajero de Dios (sa) con su Señor, cuánto Le alababa y cómo Le adoraba en secreto y en completa privacidad, oculto de la gente? Tal era el estado de su esfuerzo espiritual y su adoración.
De hecho, Dios Altísimo inculca este hábito en esas personas, el hábito de ocultarse, y, por lo tanto, el mundo no es plenamente consciente de su verdadera condición. No hacen nada por el bien del mundo. Aquel con quien tienen una relación y trato, lo sabe y lo ve todo, estén donde estén (es decir, adoran a Dios Altísimo, lo aman, y Él es plenamente consciente de todo). Esas personas no actúan por aparentar ante el mundo”.
Luego, en un pasaje, afirma que el estado del Profeta (sa) en cuanto al disfrute del mundo, o de las posesiones y beneficios mundanos, era tal que, en una ocasión, Hazrat Umar (ra) fue a visitarlo. Envió a un chico a pedir permiso. El Santo Profeta (sa) estaba recostado sobre una estera hecha de palmera datilera. Cuando Hazrat Umar (ra) entró en la habitación, el Santo Profeta (sa) se incorporó. Hazrat Umar (sa) vio que toda la casa estaba vacía, sin ningún tipo de decoración. Solo colgaba una espada de un gancho y la estera de palma datilera sobre la que se acostaba, cuyas marcas aún eran visibles en la bendita espalda del Santo Profeta (sa). Al ver esto, Hazrat Umar (ra) rompió a llorar. El Santo Profeta (sa) le preguntó: “¿por qué razón lloras, ¡oh Umar!?”. Respondió: “César y Cosroes poseen toda la comodidad, lujo y opulencia a su disposición, mientras que Usted, que es el Mensajero de Al’lah (sa) y el rey de ambos mundos, duerme sobre esterillas de palmera datilera, de tal manera que sus marcas recorren su espalda”. El Santo Profeta Muhammad (sa) respondió: “¡Oh, Umar! ¿Qué me importa el mundo? Paso mis días como un viajero en camino hacia su destino a lomos de su camello. A lo largo del camino arenoso del desierto, a causa de las ráfagas de viento extremas y el calor, encuentro un árbol y busco refrescarme a su sombra el tiempo suficiente para dejar de sudar, y luego reanudo mi viaje”.
De manera similar, Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que cuando Dios Altísimo reveló el versículo
[Árabe]
“Y advierte a tus parientes más próximos”, el Santo Profeta (sa) se levantó y declaró: “¡Oh, pueblo de los Quraish! Cuidad de vuestras propias almas, pues yo no os serviré de nada contra Dios Altísimo (es decir, si hacéis buenas obras y os inclináis hacia Dios Altísimo, adorándolo y sumergiéndoos profundamente en Su amor, entonces estaréis a salvo. De lo contrario, no podré salvaros)”.
Luego, dirigiéndose a sus otros parientes y miembros de la tribu, dijo:
“¡Hijos de Abd Manaf! No os serviré de nada ante Dios. ¡Oh, Abbas, hijo de Muttalib! No te serviré de nada contra Dios. ¡Oh, tía paterna del Mensajero de Al’lah (sa), Safiyyah! No podré salvarte ante Dios, y ¡oh, Fátima, hija de Muhammad (sa)! Pide lo que desees de mi riqueza, pero ten por seguro que no podré salvarte ante Dios (significa que solo vuestra adoración y vuestra relación con Dios os salvarán).
En comparación con su amor y adoración por Dios Altísimo, tan siquiera le importaba su propia vida. Así, cuando el Santo Profeta (sa) comenzó a predicar, los Quraish acudieron a Abu Talib y le dijeron que impidiera a su sobrino criticar a sus ídolos, porque de lo contrario “nosotros mismos lo detendremos, así que no intentes interponerte en nuestro camino”. Expresaron que ya le habían pedido antes que hiciera desistir a su sobrino, pero él no lo detuvo. “Ahora hemos vuelto para pedírtelo. Por lo tanto, o bien tomarían cartas en el asunto para impedir que dijera lo que decía sobre ellos, o bien se opondrían a Abu Talib y a su sobrino hasta que uno de ellos fuera aniquilado”.
Cuando los Quraish le dijeron esto a Abu Talib, él llamó al Santo Profeta (sa) y le dijo: “¡Oh, hijo de mi hermano! No me pongas en una situación que no tengo fuerzas para soportar”. El Santo Profeta (sa) pensó que tal vez su tío dejaría de apoyarlo y lo entregaría a los Quraish. Así, el Santo Profeta (sa) respondió: “¡Por Dios, oh tío mío! Aunque estas personas pusieran el Sol en mi mano derecha y la Luna en mi izquierda, no renunciaría al cumplimiento de mi deber y persistiría en mi misión hasta que Dios Altísimo la llevara a término o yo muriera en ella”.
Entonces, el Santo Profeta (sa) se levantó y comenzó a salir cuando Abu Talib le llamó y le dijo: “¡Oh, sobrino mío, haz lo que desees! ¡Por Dios! No te entregaré a ellos a cambio de nada”. Este incidente ha sido registrado en Sirat Ibn Hisham.
El Mesías Prometido (as) explica este incidente de la siguiente manera. Dice:
“Cuando se revelaron estos versículos: que los idólatras son “Rijs” (impuros); “Sharr al-Bariyyah” (lo peor de la creación), “Sufahaa”, es decir, necios; la progenie de Satanás; y que sus deidades son combustible para el Fuego y combustible para el Infierno, Abu Talib llamó al Santo Profeta (sa) y le dijo: “¡Oh, sobrino mío! Debido a tu denuncia, el pueblo se ha enfurecido enormemente, y es probable que acaben destruyéndonos a ti y a mí también. Has declarado que los inteligentes son necios, has llamado a sus ancianos lo peor de la creación, has calificado a sus veneradas deidades como leña del Infierno y combustible para el Fuego y, en general, los has considerado impuros y descendientes de Satanás. Te aconsejo, por buena voluntad, que moderes tu lengua y desistas de estos insultos; de lo contrario, no tendré fuerzas para enfrentarme a la gente”.
En respuesta, el Santo Profeta (sa) dijo: “¡Oh, tío! No se trata de insultos, sino de la manifestación de la realidad y la exposición de la verdadera situación en su lugar adecuado. De hecho, esta es precisamente la tarea para la que he sido enviado. Si la muerte me alcanza por esto, entonces la acepto de buen grado para mí mismo. Mi vida está dedicada a este camino; no puedo abstenerme de proclamar la verdad por miedo a la muerte. ¡Y oh, tío! Si desconfías de tu propia debilidad y dificultad, entonces retira tu protección sobre mí. ¡Por Dios, no te necesito! Nunca dejaré de transmitir los mandamientos de Dios. Los mandamientos de mi Maestro me son más queridos que mi propia vida. ¡Por Dios! Si muero en este camino, deseo volver a la vida una y otra vez, para poder seguir muriendo siempre en este mismo camino. No se trata de un estado de miedo; más bien, experimento el mayor deleite al soportar el sufrimiento por Su causa”.
A este respecto, Hazrat Musleh Maud (ra) (el Segundo Jalifa) escribe:
“Es evidente que, a lo largo de toda su vida, el Santo Profeta (sa) estuvo inmerso en el amor divino. A pesar de tener enormes responsabilidades comunitarias, seguía dedicándose al culto día y noche. Cuando había transcurrido la mitad de la noche, se levantaba para adorar a Dios Altisimo y permanecía en adoración hasta la mañana. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) afirmó que, dado que es una realidad que soy un amigo íntimo de Dios Altísimo y que Dios Altísimo, por Su gracia, me ha concedido Su cercanía, ¿no es mi deber expresarle mi gratitud en la medida de lo posible? Después de todo, la gratitud se muestra en respuesta a un favor (es decir, cuando Dios Altísimo le ha concedido un favor, le corresponde a él dar las gracias)”.
Del mismo modo, no emprendía ninguna tarea importante sin el permiso divino. Solo cuando llegaba la orden de Dios Altísimo, entonces actuaba. Así, observamos que, a pesar de las intensas crueldades infligidas por el pueblo de La Meca, él no abandonó La Meca hasta que recibió la revelación de Dios Altísimo y, a través de ella, se le ordenó que marchara de allí. En vista de la gravedad de la persecución infligida por el pueblo de La Meca, concedió a sus Compañeros permiso para emigrar a Abisinia; ellos expresaron su deseo de que él (sa) también les acompañara. Respondió que aún no había recibido permiso de Dios Altísimo y que su salida no había sido autorizada.
En tiempos de opresión y dificultades, cuando la gente reune a sus amigos y parientes a su alrededor, el Santo Profeta (sa) ordenó a su comunidad emigrar a Abisinia y partir, mientras que él mismo permanecía solo en La Meca, porque su Señor aún no le había ordenado emigrar.
Siempre que escuchaba la palabra de Dios, sus ojos involuntariamente se llenaban de lágrimas, particularmente aquellos versículos en los que se dirigía hacia sus responsabilidades. De acuerdo con esto, Abdul’lah bin Masud (ra) relata:
“Un día el Santo Profeta (sa) me dijo que le recitara algunos versículos del Sagrado Corán. Le respondí: ‘¡Oh Mensajero de Al’lah! El Sagrado Corán le ha sido revelado directamente, ¿qué puedo yo recitarle?’.
El Santo Profeta (sa) afirmó: ‘Me gusta que otros me reciten el Sagrado Corán para poder escucharlo'”. Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra) dice: “Comencé a recitarle Surah an-Nisa hasta que llegué a este versículo:
[Árabe]
‘¿Cuál será la condición cuando hagamos surgir de cada nación a su profeta, y lo presentemos ante su pueblo y juzguemos a esa nación, y también te presentemos ante tu nación y les pidamos cuentas?’. Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: ‘¡Basta, basta!’. Lo miré y las lágrimas brotaban de sus ojos”.
Ya he narrado este relato anteriormente, pero cada vez que se menciona, se revela una nueva perspectiva del temor y el amor del Santo Profeta (sa) hacia Dios Altísimo.
En relación con el amor divino, la historia registra el incidente de las heridas que sufrió el Santo Profeta (sa) durante el viaje a Taif. En el décimo año de la profecía, tras el fallecimiento de Abu Talib, cuando los Quraish intensificaron su persecución contra el Santo Profeta (sa), se dirigió a Taif. Permaneció en Taif durante diez días y continuó invitando a la gente al islam, pero nadie aceptó su invitación.
Cuando los líderes se dieron cuenta de que los jóvenes podrían responder positivamente a su mensaje -para evitar que las reiteradas exhortaciones les llevaran a aceptarlo-, incitaron a malhechores contra él. Comenzaron a apedrearle hasta sangrarle ambos pies. Hazrat Zaid bin Harizah (ra) también estaba con él. Cada vez que le lanzaban piedras, Hazrat Zaid intentaba protegerlo con su propio cuerpo, hasta el punto de que el propio Zaid sufrió múltiples heridas en la cabeza.
Se narra en Sahih al-Bujari sobre este incidente que la noble esposa del Santo Profeta (sa), Hazrat Aisha (ra), relató que una vez le preguntó al Santo Profeta (sa) si le había sobrevenido un día más severo que el Día de Uhud cuando resultó herido. El Santo Profeta (sa) respondió: “La dificultad más severa que he soportado a manos de tu pueblo fue la prueba que confronté el Día de Aqabah, es decir, en Taif, cuando me presenté ante Ibn Abd Yalil bin Abd Kulal y le transmití el mensaje, pero no me respondió como esperaba. Luego partí de allí, preocupado y absorto en mis pensamientos, hasta llegar a Qarn al-Zaalib, una pequeña montaña cerca de Mina. Allí, mi angustia se alivió. Levanté la cabeza y vi que una nube me cubría. Vi dentro al ángel Gabriel, quien me llamó y me dijo: ‘Al’lah ha oído lo que tu pueblo ha dicho sobre ti (es decir que Al’lah ha escuchado todo el trato que tu pueblo te ha dado y todas las respuestas que te han ofrecido) y que Al’lah te ha enviado al ángel encargado de las montañas para que le ordenes hacer lo que quieras con ellos'”.
El Santo Profeta (sa) relató: “Luego el ángel de las montañas me llamó y me saludó, y dijo: ‘¡Oh Muhammad (sa)! Ordena lo que desees sobre ellos. Si así lo desea, haré que estas dos montañas se derrumben sobre ellos’”, es decir, que sean aplastados bajo ellas.
El Santo Profeta (sa) respondió: “¡No! Más bien, espero que Al’lah traiga de entre su descendencia personas que adoren al Dios Único y no le asocien nada”.
Así, incluso en este caso, su compasión prevaleció. Salvó a ese pueblo y, más tarde, tras la conquista de La Meca, con el tiempo, sus descendientes también aceptaron el islam.
El Mesías Prometido (as), al explicar el rango y la posición del Santo Profeta (sa), afirma:
“La luz sublime que se otorgó al hombre, es decir, al más perfecto de entre ellos, no fue compartida por los ángeles, ni por las estrellas, ni estaba en la Luna, ni en el Sol, ni en los océanos o los ríos; no se podía encontrar en los rubíes ni en las esmeraldas, ni en los zafiros, ni en las perlas, pues no estaba en ningún objeto terrenal o celestial. Solo estaba en el hombre; es decir, en el hombre perfecto, cuyo ejemplo más completo, más elevado, más sublime y más perfecto fue nuestro Señor y Maestro, el Jefe de los Profetas, Líder de todos los seres vivientes, Muhammad, el Elegido, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él. Así, esa luz fue concedida a este hombre [perfecto] y, de igual modo, hasta cierto punto según sus rangos, a todos los que en sus formas diversas eran semejantes a él (es decir aquellos que comparten algún grado de la misma naturaleza, a quienes lo aceptan y actúan según su Sunnah)”.
Luego, explicando lo que era esa “confianza depositada en el hombre”, el Mesías Prometido (as) dice:
“La palabra “confianza” se refiere a todas las facultades del “hombre perfecto”: su intelecto, conocimiento, corazón, alma, sentidos, temor, amor, honor, dignidad y toda la generosidad espiritual y física. Todas estas bendiciones espirituales y físicas son las que Dios Altísimo concede al “hombre perfecto”. Entonces el “hombre perfecto”, de acuerdo con el mandato del Sagrado Corán:
[Árabe]
‘En verdad, Al’lah os ordena entregar las confianzas a quienes tienen derecho a ellas’, devuelve todas estas confianzas a Dios Altísimo. Es decir, se aniquila en Él y dedica su ser al camino de Dios. Las responsabilidades que Dios le ha otorgado, las dedica por completo a la obediencia a Dios y a la consecución de Su complacencia, para que dichas responsabilidades sean debidamente cumplidas y el amor de Dios se alcance en abundancia”.
Así pues, esta fue la excelsa manifestación de la responsabilidad confiada que el Santo Profeta (sa) cumplió al entregarse por completo al amor de Dios.
Aclarando esto aún más, el Mesías Prometido (as) dijo:
“Este estado supremo, completo y perfecto se encontró en nuestro Maestro, nuestro Guía, nuestro Líder, el Profeta iletrado, veraz y digno de confianza, Muhammad, el Elegido (sa), como Dios mismo atestigua en el Sagrado Corán:
[Arabe]
“Di: ‘Mi oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte son todos para Al’lah, el Señor de los mundos’. Él es Uno y no tiene copartícipe. Así se me ordena, y soy el primero de los que se someten.’”]
Luego, Dios declara:
[Árabe]
‘Y di: “Este es Mi camino que conduce recto. Seguidlo, pues; y no sigáis otros caminos, no sea que os desviéis de Su camino. Eso es lo que Él os ordena, para que seáis capaces de prevenir los males”.
Además, Dios declara:
“Di: Si amáis a Al’lah, seguidme; entonces Al’lah os amará y os perdonará vuestras faltas. Y Al’lah es el más Indulgente, el más Misericordioso”.
Luego, Dios declara:
[Árabe]
‘Di: “Me he sometido a Al’lah’”.
A continuación afirma:
[Árabe]
‘Y se me ha ordenado someterme al Señor de los mundos’.
“Diles que mis oraciones, mi esfuerzo en la adoración, mis sacrificios, mi vida y mi muerte son solo para Al’lah y por Su causa, el mismo Dios, Señor de todos los mundos, que no tiene copartícipes. Esto se me ha ordenado, y soy el primero de los que se someten. Es decir, desde el principio del mundo hasta su fin, no hay otro hombre perfecto como yo que haya alcanzado un grado tan exaltado de autoaniquilación por Dios, y que le haya devuelto todo lo que le fue confiado.
En este versículo hay una clara refutación de aquellos monoteístas ignorantes que creen que la superioridad de nuestro Santo Profeta (sa) sobre los demás profetas no es absoluta, y que, citando tradiciones débiles, dicen que el Santo Profeta (sa) prohibió a cualquiera considerarlo superior incluso a Jonás, hijo de Matta. Esa gente ignorante no comprende que, incluso si esa narración fuera auténtica, solo reflejaría la humildad y modestia del Santo Profeta (sa), que era la costumbre natural de nuestro amado líder. Cada afirmación tiene su momento y contexto. Si una persona justa firma una carta como ‘el más despreciable siervo de Al’lah’, ¿se puede concluir que, de hecho, es peor que todas las personas, incluso los idólatras y pecadores, dado que él mismo lo confiesa? ¡Cuán ignorante y espiritualmente deshonesto sería tal razonamiento!
El Mesías Prometido (as) dijo: “Debe reflexionarse cuidadosamente sobre el hecho de que, cuando Dios, el Exaltado, nombra al Santo Profeta (sa) ‘el Primero de los que se someten’, y lo designa como Líder y Jefe de todos los que obedecen y se someten, y lo declara el primero en devolver toda la confianza divina a Dios, ¿cómo puede un creyente del Santo Corán atreverse a hablar de una manera que disminuya su exaltado rango? En este mismo versículo, Dios Altísimo ha descrito varios grados de sumisión, pero ha declarado que el más elevado de ellos es el que se le concedió a la naturaleza del Santo Profeta (sa)”.
La traducción de los versículos restantes que se leyeron es la siguiente:
Al’lah el Exaltado, dice a Su Mensajero:
‘Diles: Este es Mi camino, el recto; seguidlo y no sigáis otros caminos que os alejarán de Dios’. Diles: ‘Si de verdad amáis a Al’lah, venid y seguidme; adoptad mi camino, que es la máxima realidad del islam, y entonces Al’lah os amará y perdonará vuestros pecados’. Diles: “Mi camino es el que se me ha ordenado entregar todo mi ser a Dios y dedicarme por completo al Señor de todos los mundos” (es decir, he borrado mi propia existencia para que, siendo Él el Señor de los mundos, yo me convierta en el sirviente de toda la creación, perteneciendo enteramente a Él y a Su causa). Así pues, he entregado todo mi ser y todo lo que poseo a Dios; nada de lo mío queda: todo lo mío ahora le pertenece a Él”.
Ésta fue la comprensión exaltada de la estación y rango del Santo Profeta (sa) que Dios Altísimo concedió al Mesías Prometido (as), y que él nos transmitió. Sin embargo, a pesar de esto, nuestros oponentes alegan que, Dios no lo quiera, deshonramos al Santo Profeta (sa) y damos un rango superior al Mesías Prometido (as). ¡Que Dios proteja a todos los ahmadíes de sus maldades!
En una ocasión, el Mesías Prometido (as) dijo:
“Siempre me pregunto qué profeta tan sublime es este Profeta árabe, cuyo nombre es Muhammad (sa). ¡Que miles de “durud” y “salaam” (invocaciones bendiciones y de paz) desciendan sobre él! No se puede comprender el límite de su estado sublime, y no le es dado al hombre estimar el alcance de su eficacia espiritual. Es una lástima que su rango no haya sido reconocido como debería haber sido. Él es el campeón que restauró en el mundo el Tauhid [unidad de Dios] que había desaparecido del mundo; amó a Dios hasta el extremo y su alma se derritió hasta el extremo por la simpatía hacia la humanidad. Por eso Dios, que conocía el secreto de su corazón, lo exaltó por encima de todos los profetas, de todos los primeros y de los últimos, y le concedió todo lo que deseó durante su vida. Es la fuente de toda gracia, y cualquiera que reivindique alguna superioridad sin reconocer su gracia, no es un ser humano, sino un engendro de Satanás, porque a él (el Santo Profeta [sa]) se le ha otorgado la clave de toda exaltación, y se le ha dado el tesoro de todo entendimiento. El que no halla al Amado a través de él, queda privado para siempre. ¿Qué somos y cual es nuestra realidad? Seríamos desagradecido si no confesáramos que hemos encontrado el verdadero Tauhid a través de este mismo Profeta. Hemos alcanzado el reconocimiento del Dios vivo a través de este mismo Profeta perfecto y a través de su luz. El honor de conversar y estar en comunión con Dios, a través del cual contemplamos Su rostro, nos ha sido concedido por medio del mismo Gran Profeta. Los rayos de este sol de Guía caen sobre nosotros como la luz del Sol, y continuamos iluminados sólo mientras estamos mirando hacia él.
Aquellos que se adhieren a la noción de que quien no cree en el Santo Profeta (sa), o se vuelve apóstata pero permanece firme en el Tauhid y considera que Dios es Uno sin ningún compañero, alcanzará la salvación y no sufrirá daño a causa de su incredulidad o apostasía…, son de hecho ignorantes del verdadero significado del Tauhid. Pero la mera creencia de que Él es Uno no es suficiente para la salvación; más bien, la salvación depende de dos cosas (hay dos puntos de los que depende la salvación):
- Una es la convicción absoluta en el Ser y Unicidad de Dios Altísimo.
- En segundo lugar, que un amor tan perfecto por el Único Dios Glorioso se infunda en el corazón de uno, que, como consecuencia de su influencia y dominio, la obediencia a Dios Altísimo se convierta verdaderamente en el deleite del corazón de uno, sin el cual no podría vivir en absoluto. El amor por lo Divino debería pisotear y borrar el amor por todo lo que no sea Él. Éste es el verdadero Tauhid que nunca se puede lograr excepto siguiendo a nuestro señor y maestro, Hazrat Muhammad (sa).
¿Por qué no se puede lograr? La respuesta es que el Ser de Dios es invisible, más allá de lo invisible, oculto más allá de lo oculto y extremadamente oculto. Las facultades de razonamiento de los humanos no pueden descubrirlo por sí solas. Ningún argumento racional puede constituir una prueba incontrovertible de Su existencia, porque el alcance y acceso de la razón está limitado al grado de comprender la necesidad de un Creador al reflexionar sobre los seres creados en el universo. Sin embargo, reconocer la necesidad de Su existencia es una cosa, pero otra muy distinta es llegar al estado de ‘Ain al-Yaqin [certeza por visión] de que Dios, cuya necesidad de existencia ha sido reconocida, de hecho existe (la razón sólo puede llevarnos al punto de reconocer que Dios existe, como muchos dicen, pero no saben quién es Dios). Sin embargo, como la metodología de la razón es imperfecta, incompleta y dudosa, no todo filósofo puede reconocer a Dios a través de la razón sola. Más bien, la mayoría de las personas que intentan descubrir a Dios únicamente a través de la razón terminan siendo ateos. Sus reflexiones sobre las cosas creadas en la tierra y en los cielos no les pueden beneficiar en absoluto. Se burlan y ridiculizan a los elegidos de Dios, afirmando: “Hay miles de cosas en todo el mundo cuya existencia no nos resulta útil, y nuestra investigación en ellas no indica ninguna creatividad que pueda probar la existencia de un Creador (cuando emplean la razón son incapaces de explicar por qué existen ciertas cosas); por el contrario, la existencia de estas cosas es completamente inútil y sin sentido”. Es una lástima que gente tan ignorante no entienda que la falta de conocimiento sobre algo no implica su inexistencia (el hecho de que uno no sepa sobre algo no niega su existencia misma).
Hoy en día hay cientos de miles de personas en el mundo (ahora son millones) que se consideran intelectuales y filósofos de alto rango, pero niegan vehementemente la existencia de Dios Altísimo. Es obvio que, si hubieran encontrado algún argumento racional potente, no habrían negado la existencia de Dios Altísimo. Tampoco habrían repudiado la existencia de Dios Altísimo con extrema desvergüenza, desdén y burla, si se hubiera demostrado que estaban equivocados mediante un argumento racional irrefutable a favor de la existencia del Glorioso Creador. Así pues, nadie puede librarse de la tormenta de las dudas mientras navega en el arca de los filósofos (interactuar sólo con filósofos o adoptar sus puntos de vista no puede librarnos de las dudas, existe una tormenta de dudas en los corazones de estos filósofos que les hace negar la existencia de Dios); más bien, seguramente se ahogarán y estarán privados para siempre del elixir del Tauhid puro.
Ahora reflexionemos sobre cuán falsa y vil es la noción de que se puede lograr el Tauhid y obtener la salvación sin la intervención del Santo Profeta (sa) (si uno desea conocer el verdadero Tauhid, conocer verdaderamente acerca de Dios, tendrá que estudiar profundamente las enseñanzas del Santo Profeta [sa] y comprender el Sagrado Corán). ¡Oh ignorantes! ¿Cómo puede haber fe en Su Tauhid hasta que haya certeza perfecta en la existencia de Dios? Sepan, por tanto, con seguridad que la certeza del Tauhid sólo puede lograrse a través de un Profeta, como nuestro Santo Profeta (sa), convenció a los ateos y paganos de Arabia de la existencia de Dios Altísimo mostrándoles miles de señales celestiales. Incluso hasta el día de hoy, los verdaderos y perfectos seguidores del Santo Profeta (sa) presentan estas señales a los ateos. Lo que es realmente cierto es que, hasta que una persona no observa los poderes vivos del Dios Viviente, Satanás no se aparta de su corazón, ni el verdadero Tauhid entra en él, ni puede convencerse con certeza de la existencia de Dios. Este Tauhid puro y perfecto se alcanza sólo a través del Santo Profeta (sa)”. En esta época, esta enseñanza ha sido claramente explicada por el Mesías Prometido (as).
El Mesías Prometido (as) afirma además:
“¿Tenéis alguna idea de cuál fue el extraño evento que ocurrió en el desierto de Arabia cuando cientos de miles de muertos fueron revividos en pocos días, y aquellos que habían sido extraviados a través de generaciones exhibieron tez Divina, y aquellos que eran ciegos comenzaron a ver, y aquellos que habían sido mudos comenzaron a pronunciar palabras de sabiduría divina, y el mundo experimentó una revolución que ningún ojo había visto antes y ningún oído había escuchado. ¿Sabéis cómo ocurrió todo esto? Fueron las súplicas durante las noches oscuras de alguien que se había perdido en Dios, las que provocaron una revolución en el mundo y mostraron maravillas como nunca se podrían haber esperado de ese ser analfabeto e indefenso.
[Árabe]
“Envía Tus bendiciones y paz, oh Al’lah, sobre Muhammad (sa) y su pueblo según la cantidad de dolor y angustia que sintió por su Umma, y derrama sobre él (sa) la luz de Tu misericordia para siempre”“.
A continuación afirma:
“Yo también he observado por la experiencia personal que el efecto de las oraciones supera con creces al del agua y el fuego. De hecho, nada en la cadena de causas naturales es tan gloriosamente potente como la oración”.
¡Que Dios Altísimo nos permita ofrecer oraciones mientras recorremos este camino; oraciones que sean aceptadas! ¡Que Él nos permita ofrecer oraciones en el verdadero sentido y verdaderamente nos conceda la capacidad de convertirnos en verdaderos creyentes que hacen justicia al ofrecer oraciones y se esfuerzan por seguir el ejemplo establecido por el Santo Profeta (sa)!
