La vida del Santo Profeta (sa): La expedición de Tabuk
Sermón del viernes 21-11-2025
Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
Estabamos hablando sobre la expedición de Tabuk. Mencionaré más detalles de este viaje hoy.
Hay un relato sobre el intento de los hipócritas de dañar al Santo Profeta (sa) en esta ocasión. Estos detalles son los siguientes: En el contexto de la expedición de Tabuk, se estaba tramando una conspiración conjunta entre los judíos, los cristianos y los hipócritas. Cuando todos sus planes fracasaron y no tuvieron éxito en acabar con el islam y el Santo Profeta (sa), ya que habían intentado asesinar al Santo Profeta (sa) en varias ocasiones, esta conspiración fue su último recurso. Y si, como antes, no se hubiera contado con la ayuda y el socorro divinos, no hay duda de que esta conspiración de los hipócritas habría tenido éxito. La razón de esto es que en cada etapa, la destrucción de los musulmanes estaba asegurada. Ya lo hemos observado en sus intentos anteriores. Sin embargo, el mismo Dios que concedió a los musulmanes un triunfo inimaginable en el campo de batalla de Badr y cuya ayuda y socorro continuos hicieron que los musulmanes triunfaran, hasta la batalla de Hunain [los ayudó nuevamente]. En cada ocasión de peligro, la protección de Dios Altísimo estaba con el Santo Profeta (sa). En esta ocasión ocurrieron incidentes similares.
El viaje de Medina a Tabuk era equivalente a viajar al valle de la muerte. Haber podido viajar a Tabuk y regresar de allí a salvo fue suficiente para dejar a los hipócritas completamente atónitos. Además, la retirada del ejército tras el respaldo del emperador de Roma, o bien el hecho de que no se presentaran para enfrentarse por temor a [los musulmanes], fue otro hecho asombroso. Además, todas las potencias opositoras que vivían en las fronteras de Arabia se aterrorizaron y, posteriormente, la mayoría de ellas acudieron al Santo Profeta (sa), buscaron la reconciliación y pagaron la Yizya y consideraron que ello era un medio para su protección. A raíz de todos estos incidentes, las conspiraciones de los hipócritas parecían haber quedado reducidas al polvo. La razón de esto es que los hipócritas ni siquiera podían imaginar que algún musulmán pudiera regresar sano y salvo a Medina junto al Santo Profeta (sa).
Así pues, cuando este ejército de 30.000 soldados ondeaba sus banderas de victoria y apoyo [divino] y se puso en camino para regresar a Medina bajo el liderazgo de su amado Profeta (sa), los hipócritas consideraron esencial disparar la última flecha de su carcaj, que era impedir de cualquier manera posible que el Santo Profeta (sa) regresara a Medina, Dios no lo quiera. Para lograr esto, conspiraron para asesinar al Santo Profeta (sa). De hecho, no es descabellado decir que esto había sido planeado de antemano como un golpe final. Es decir, su primera [conspiración] fue que los musulmanes morirían en el viaje o en Tabuk. Sin embargo, si sobrevivían y emprendían el regreso, serían asesinados en el camino. Esta opinión podría ser cierta ya que no todos los líderes de los hipócritas estaban con ellos. Más bien, estaba con ellos un grupo de hipócritas que no escatimó esfuerzos para difundir propaganda viciosa contra [los musulmanes] en cada ocasión. Sin embargo, no habrían podido dar un paso tan grande si no lo hubieran planeado de antemano.
En cualquier caso, llevaron a cabo esta peligrosa conspiración de la siguiente manera: en el camino de regreso había un camino en el valle que se dividía en dos. Uno era un campo amplio y abierto, y el otro era un camino angosto, un paso a través de un valle accidentado y elevado. Éste también era un atajo, y el ejército musulmán tenía que pasar por este paso de montaña. Los hipócritas idearon un plan: cuando todo el ejército estuviera atravesando el paso elevado, con la enorme multitud y el gran número de personas, aprovecharían la oscuridad de la noche (el viaje se realizaba de noche). En ese momento, todos estos hipócritas se reunían cerca de la camella del Santo Profeta (sa) y de alguna manera empujarían a su camella hacia el borde del paso y cortarían las cuerdas de la silla de montar. De esta manera, la camella arrojaría -Dios no lo quiera- al Santo Profeta (sa) al barranco (a ese precipicio), o caería junto con él (sa) en él. En la oscuridad de la noche, se asumiría que fue un accidente y nadie sospecharía de un asesinato planeado.
Hazrat Urwah bin Zubair (ra) relata que cuando el Mensajero de Al’lah (sa) dejó Tabuk para regresar a Medina, un grupo de hipócritas intentó matarlo. Habían planeado arrojarlo desde lo alto de un paso de montaña a lo largo de la ruta. Pero en el momento exacto, Dios Altísimo informó al Santo Profeta (sa) del complot de los hipócritas. Luego, el Santo Profeta (sa) hizo anunciar que nadie debía utilizar el paso de montaña excepto el Santo Profeta (sa) y tres de sus Compañeros. Dijo: “Sólo yo pasaré por el paso; todos los demás pasarán por el valle abierto”. Los Compañeros que fueron con él eran: Hazrat Huzaifah bin Yaman (ra), Hazrat Hamzah bin Amr Aslami (ra) y Hazrat Ammar bin Yasir (ra). En cuanto al resto del ejército, debían pasar a través de una amplia llanura abierta en el valle.
Debido a este repentino cambio de ruta, el plan de los hipócritas pareció arruinarse. Pero incluso entonces, no abandonaron su malvada intención. Seleccionaron inmediatamente doce o quince hombres y acordaron que se cubrirían los rostros con paños, correrían hacia el paso de montaña y, según su plan anterior, asustarían repentinamente a la camella, extraviándola. Su objetivo -Dios no lo quiera- era provocar el mismo accidente que ansiaban. Así procedieron.
Mientras el Santo Profeta (sa) caminaba por el paso, escuchó gentes que se acercaban. Se aproximaron y asustaron a su camella, haciendo que parte del equipaje cayera. Luego, el Santo Profeta (sa) ordenó a Hazrat Huzaifah (ra) que atacara a estos hipócritas y los alejara. Hazrat Huzaifah (ra) comenzó a golpear sus monturas con un palo diciendo: “¡Enemigos de Al’lah, apartáos!”. Continuó golpeando a sus animales. Los hipócritas se dieron cuenta de que el Profeta (sa) se había dado cuenta de su plan y no quisieron ser reconocidos. Por ende, descendieron rápidamente del paso y se mezclaron con el ejército. Hazrat Huzaifah (ra) regresó con el Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) dijo: “Huzaifah, golpea a mi camella por detrás, porque se ha asustado, y, ¡oh Ammar!, guíala hacia adelante (para que esta camella asustada recupere el rumbo adecuado)”.
En una narración, Hazrat Huzaifah (ra) relata: “Cuando llegamos al paso de montaña, doce hombres se enfrentaron al Santo Profeta (sa) en ese paso. Cuando informé al Mensajero de Al’lah (sa), los llamó. Ante esto, dieron la espalda y huyeron. Entonces el Mensajero de Al’lah (sa) nos dijo: “¿Los reconocisteis?”. Dijimos: “¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! No los reconocimos porque tenían sus rostros cubiertos y estaba oscuro. Pero reconocimos sus monturas (los árabes también eran muy buenos reconociendo las monturas de las personas)”. Dijo: “Estas personas seguirán siendo hipócritas hasta el Día de la Resurrección. ¿Sabéis cuál era su intención?”. Interrogó a los Compañeros que estaban con él. Continúa diciendo: “Dijimos: ‘No, no lo sabemos’”. El Mensajero de Al’lah (sa) dijo: “Su intención era enfrentarse al Mensajero de Al’lah en el paso y hacerlo caer allí”. Dijimos: “¿No enviará un mensaje a sus tribus, ordenando a cada tribu que le envíe la cabeza de su hombre (para que puedan ser castigados y ejecutados)?”. El Santo Profeta (sa) respondió: ‘No. No quiero que los árabes digan entre sí que Muhammad (sa) es el asesino de su pueblo’”.
Según algunas narraciones, el Santo Profeta (sa) todavía estaba montado en su camella cuando recibió una revelación. Hazrat Huzaifah (ra) estaba de pie cerca de allí. El Santo Profeta (sa) preguntó: “¿Quién está ahí?”. Respondió: “Huzaifah”. El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “Te voy a contar algo en confianza. No se lo digas a nadie”. A continuación, dio los nombres de cada uno de los atacantes uno por uno y añadió: “Se me ha prohibido ofrecer la oración fúnebre por ellos. Son unos hipócritas”.
Según diversas narraciones, el Santo Profeta (sa) nombró a doce, trece o quince personas. Debido a que el Santo Profeta (sa) había ordenado a Hazrat Huzaifah (ra) que no revelara este secreto a nadie, Hazrat Huzaifah (ra) nunca reveló los nombres a nadie. Incluso durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra), cuando Hazrat Umar (ra) se enteró de que Huzaifah conocía las identidades, adoptó el siguiente método: cada vez que alguien fallecía y Hazrat Umar (ra) sospechaba que el difunto podría estar entre esas personas, tomaba a Hazrat Huzaifah del brazo y lo llevaba consigo al funeral. Si Hazrat Huzaifah se negaba a asistir a la oración fúnebre, Hazrat Umar (ra) entendía que se trataba de una de esas personas, y también se abstenía de asistir a la oración fúnebre.
Según una narración de Sahih Muslim, eran 14 o 15 [hipócritas], pero también se ha explicado que 12 de ellos eran hipócritas que participaron en esta conspiración, y los otros tres eran compañeros que habían subido al paso en ese momento, pero no habían oído al anunciador anunciar que se debía tomar el campo abierto en lugar de esta ruta. Por ello, estas tres personas fueron consideradas inocentes.
A la mañana, el jefe de la tribu Aus, Hazrat Usaid bin Hudair (ra), se reunió con el Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) le contó que la noche anterior, algunos hipócritas habían intentado seguir al Santo Profeta (sa) por el paso de montaña, cortar las riendas de su camella en la oscuridad de la noche y punzarla con algo afilado para que corriera rápido con la esperanza de que se cayera de la camella. Ante esto, Hazrat Usaid (ra) dijo: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Ordena a todas las tribus que maten a cualquier persona que haya participado en esta conspiración”. Continuó con gran pasión: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! ¿Dejará que esas personas sigan campando a sus anchas? ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir sin tomar acción contra ellos, aunque hoy en día los hipócritas sean menos y hayan caído en desgracia, mientras que el islam se ha consolidado con firmeza?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “No me agrada que la gente diga que ‘una vez concluida la batalla entre los politeistas y yo, Muhammad comenzó a matar a sus compañeros’. Hazrat Usaid (ra) dijo: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Estas personas no son Compañeros” (¿cómo pueden ser sus Compañeros?)’. El Santo Profeta (sa) dijo: “¿Acaso no declaran el Kalima?”. Hazrat Usaid (ra) dijo: “En efecto, lo hacen, pero esta declaración no significa nada (es meramente superficial; no profesan el credo en su corazón)”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Puesto que declaran el Kalima (aunque sea sólo verbal), no los mataré”. Los supuestos eruditos de hoy en día que emiten edictos para matar a quienes recitan el Kalima, deberían tener presente esta afirmación.
Hazrat Musleh Maud (ra) afirma que cuando los hipócritas de Medina se enteraron de que no había habido combate alguno y de que el Santo Profeta Muhammad (sa) regresaba sano y salvo, se dieron cuenta de que el Santo Profeta (sa) había descubierto sus artimañas hipócritas y que probablemente ahora no escaparían del castigo. Así, apostaron a unos cuantos hombres de Medina a cierta distancia, a lo largo de un camino extremadamente estrecho, por el que solo podía pasar un jinete a la vez. Cuando el Santo Profeta (sa) se acercó a esta zona, Dios Altísimo le informó mediante una revelación que más adelante, a ambos lados del camino, había enemigos tendidos en emboscada. El Santo Profeta (sa) ordenó a uno de sus Compañeros que fuera delante y explorara. Ese Compañero ordenó a su montura que avanzara rápidamente, y cuando llegó allí, vio a unos hombres escondidos exactamente de la misma manera en que se apostan los que están al acecho (hay varias narraciones; esta es también una narración citada por Hazrat Musleh Maud [ra]). Cuando lo vieron acercarse, huyeron de allí. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) no consideró apropiado perseguirlos.
Cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, los hipócritas que no habían participado en la batalla comenzaron a presentar diversas excusas, y el Santo Profeta (sa) aceptó sus excusas. Pero ahora había llegado el momento de que la realidad de los hipócritas se manifestara ante los musulmanes.
En cualquier caso, tanto si los relatos mencionan que estaban apostados como si huyeron, en cada [narración] se dice que quedaron expuestos: hicieron todo lo posible por intentar infligir daño al Santo Profeta Muhammad (sa) en este estrecho desfiladero (Dios no lo quiera).
Como se ha mencionado, tras la victoria en La Meca, los movimientos de los hipócritas se intensificaron. Cuando estos hipócritas observaron que las tribus vecinas de Arabia -incluidas las tribus judías- habían sufrido una derrota y perdido su poder, comenzaron a planear buscar el apoyo de potencias fuera de Arabia, como el César de Roma. También planearon establecer una sede permanente en Medina, donde pudieran reunirse regularmente para tramar planes contra el islam y los musulmanes y almacenar armamento. Pero la sede debía ser tal que los musulmanes nunca se enteraran de lo que allí aconteciera.
En consecuencia, Abu Amir, que durante algún tiempo había permanecido fuera del ojo público, de repente comenzó a estar presente, y aquellos que difundían propaganda a favor de la agenda hipócrita, comenzaron a llamarlo Abu Amir el Asceta. Sugirió que los hipócritas establecieran su cuartel general en Quba. La historia también registra que esta persona era conocida como Abu Amir el Asceta y pertenecía a la tribu Jazrall. Esto también se ha mencionado en otros sermones.
Después de que el Santo Profeta (sa) llegara a Medina, Abu Amir se trasladó a La Meca, donde instigó a las tribus de los Quraish contra el Santo Profeta Muhammad (sa), asegurándoles que contarían con el apoyo total de Abu Amir y los miembros de su tribu, diciendo: “Cuando ataquéis a Muhammad (sa), nos uniremos a vosotros”.
Durante la expedición a Uhud, estaba con los Quraish. Al ver el avance del islam, Abu Amir se angustió enormemente y comenzó a arder con celos. Fue él quien mandó cavar zanjas en Uhud, y el Santo Profeta (sa) cayó en una de ellas y resultó seriamente herido.
Cuando comenzó la batalla de Uhud, Abu Amir gritó a los miembros de su tribu: “¡Oh, miembros de mi tribu, soy Abu Amir!”. Pero ellos ya se habían convertido al islam, y respondieron diciendo: “¡Oh, pecador! No te damos la bienvenida”. Respondieron con repugnancia y lo maldijeron. Abu Amir respondió: “Tras mi partida, mi nación se ha deteriorado”.
Después de esto, muchos de los que albergaban enemistad hacia el Santo Profeta (sa) de la tribu de Abu Amir partieron hacia La Meca. Esto había ocurrido antes de este incidente: cuando Abu Amir partió hacia La Meca, estas personas también partieron hacia La Meca (los que eran de su tribu y no se habían convertido al islam). Eran aproximadamente 50 personas. También se encuentra en las narraciones una oración que el Santo Profeta (sa) hizo contra Abu Amir: que muriera en soledad, lejos de su pueblo.
Una narración menciona que, cuando el Santo Profeta (sa) llegó a Medina, Abu Amir se reunió con él y le preguntó: “!Oh, Muhammad! ¿A qué invitas a la gente?”. A lo que el Mensajero de Dios (sa) respondió: “Te invito a la religión de Abraham, la misma fe que tú también afirmas estar buscando”. Abu Amir preguntó: “¿Tú también profesas esa misma fe?”. El Santo Profeta (sa) respondió afirmativamente y luego lo invitó al islam. Abu Amir rechazó esta invitación. Se mostró celoso y habló mal del Santo Profeta (sa). Abu Amir se burló del Santo Profeta (sa) diciendo: “Quienquiera que sea el mentiroso entre nosotros, que Dios haga que muera solo y lejos de su patria”. Se refería al Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) respondió: “Sí, Dios hará eso mismo con el mentiroso”.
Abu Amir siguió impidiendo que los miembros de su tribu siguieran al Santo Profeta (sa) y les instó a no obedecerle.
Mientras tanto, los signos y milagros del Santo Profeta (sa) aparecían cada vez con más frecuencia con el paso de los días, y el número de sus seguidores seguía creciendo, especialmente entre los miembros de la propia tribu de Abu Amir, que acabaron convirtiendose al islam. Al ver esto, Abu Amir se enfureció aún más. Se unió a los hipócritas y construyó una mezquita, que en la historia del islam se conoce como la mezquita Dirar, para poder reunir a la gente allí, conversar con ellos y disuadirles de seguir al Santo Profeta (sa). Según una narración, Abu Amir dijo a sus compañeros conspiradores: “Construid una mezquita y convertidla en una base militar donde podáis prepararos para la guerra”. Iré a ver al César de Roma y volveré con un gran ejército para expulsar a Muhammad (sa) y a sus Compañeros de Medina.
Así, Abu Amir partió hacia el Imperio Romano y se reunió con el César en Siria. Intentó persuadirlo para que declarara la guerra contra el Santo Profeta (sa) y los musulmanes, diciendo: “Son débiles, pobres y pocos, mientras que sus enemigos son muchos”. No tiene nada que temer de ellos. Pero si no actúa contra los musulmanes ahora, no será un buen pronóstico para su imperio en el futuro”. Heraclio le acogió y le prometió que efectivamente le ayudaría. Durante este tiempo, Abu Amir transmitió buenas noticias a sus correligionarios y conspiradores inmorales, diciendo que pronto atacaría Medina con un poderoso ejército. Por lo tanto, les dijo, debían construir un lugar especial para él. Con esta intención, los hipócritas construyeron una mezquita en Quba, la mezquita que llegó a ser conocida como la mezquita Dirar.
Sin embargo, este deseo suyo no se cumplió jamás. Al final, Abu Amir murió solo en una tierra extranjera, en el exilio en Siria. Había rezado contra el Santo Profeta (sa), pero esa misma maldición se volvió contra él mismo. Existe una diferencia de opinión con respecto al año de su muerte: algunos dicen que falleció en el año 9 d. H., mientras que otros afirman que fue en el año 10 d. H., pero, en cualquier caso, murió completamente aislado.
Cuando los hipócritas terminaron la construcción de la mezquita, acudieron al Santo Profeta (sa) y le pidieron que ofreciera oraciones en ella. Siguiendo el esquema divino, llegaron con esta petición para la inauguración de su supuesta mezquita justo en el momento en que el Santo Profeta (sa) se preparaba para partir hacia la expedición a Tabuk. Dijeron: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Hemos construido una mezquita para la comodidad de los enfermos y los necesitados, y para las noches lluviosas”. Nos gustaría que viniera y dirigiera una oración en ella”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Ahora estoy ocupado con los preparativos del viaje. Cuando regresemos de la expedición, rezaremos allí”.
Cuando el Santo Profeta (sa) regresó de la batalla de Tabuk y acampó en un lugar llamado Zi Awan, que se encontraba a una hora de distancia de Medina, se reveló el siguiente versículo sobre la mezquita construida por los hipócritas:
[Árabe]
“Y entre los hipócritas hay quienes construyeron una mezquita para perjudicar al islam, extender la incredulidad, crear la disensión entre los creyentes y proporcionar un lugar de ocultamiento a aquellos que hicieron la guerra a Al’lah y Su Mensajero. En verdad jurarán: ‘Sólo pretendíamos el bien’; pero Al’lah es testigo de que son realmente mentirosos”. [El Sagrado Corán, 9:107]
Tras esta revelación, el Santo Profeta (sa) convocó a Hazrat Malik bin Dujsham y a Hazrat Ma’n bin Adi y les ordenó que demolieran la mezquita Dirar. Según algunas narraciones, el Santo Profeta (sa) también envió a Hazrat Asim bin Adi, Amir bin Sakan, Wahshi, el asesino de Hazrat Hamzah, y Suwayd bin Abbas para esta tarea. En Sharh al-Zurqani, está escrito que es posible que el Santo Profeta (sa) enviara en primer lugar a los dos primeros y más tarde enviara a otros cuatro para ayudarlos. En cualquier caso, el Santo Profeta (sa) les ordenó que se dirigieran hacia la mezquita Dirar, la demolieran y la prendieran fuego.
En consecuencia, se dirigieron rápidamente a la tribu de Banu Salim. Hazrat Malik dijo a sus dos compañeros: “Esperadme hasta que vuelva”. Fue a su casa, prendió fuego a unas ramas secas de palmera y las trajo de vuelta. Cuando llegaron a la mezquita Dirar entre las oraciones del Maghrib y el Isha, la prendieron fuego y la arrasaron hasta reducirla a escombros. En ese momento, los constructores de la mezquita estaban presentes allí, pero cuando se produjo el incendio, huyeron en todas direcciones.
Cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, tuvo la intención de conceder ese terreno a Hazrat Asim bin Adi, diciéndole que construyera allí su casa. Pero Asim bin Adi se excusó diciendo: “Todo lo que Dios Altísimo tenía que revelar sobre este lugar, lo ha revelado. No deseo establecer mi hogar aquí, ni lo necesito. Más bien, concédaselo a Zabit bin Akram, pues él no tiene casa”. El Santo Profeta (sa) concedió entonces esa tierra a Zabit bin Akram. Ibn Ishaq ha mencionado los nombres de los hipócritas que construyeron la mezquita Dirar, y eran doce en total.
La inmensa misericordia, paciencia y perdón del Santo Profeta (sa) quedan claramente de manifiesto en este incidente. En cada momento, se tuvo que enfrentar a conspiraciones peligrosas dirigidas por los hipócritas -planes que causaban disensión, daño e incluso planes para asesinarle-. Sin embargo, aunque estos hipócritas solían ser sorprendidos in fraganti, el Santo Profeta (sa) los perdonaba en todas las ocasiones. Solo actuaba en los casos en que la seguridad del Estado o la integridad del sistema corrían peligro, e incluso entonces, solo en la medida necesaria para neutralizar el peligro, no para infligir un castigo severo, aunque fácilmente podría haberlo hecho.
Hazrat Musleh Maud (ra) ha hablado sobre la conducta de los hipócritas en este sentido, afirmando: “Dios Altísimo manifestó al Santo Profeta (sa) a través de una revelación que la mezquita de Quba, que los hipócritas habían construido para reunirse allí con el pretexto de orar y celebrar sus hipócritas consultas, debía ser demolida, y que debían ser obligados a orar en las demás mezquitas de los musulmanes. Sin embargo, a pesar de un daño tan grave, no se les impuso ningún castigo físico ni económico. El Santo Profeta (sa) era plenamente consciente de sus actos”.
Hay otra narración en la que el Santo Profeta (sa) expresó su amor por Medina y por los Ansar. Tras un viaje de aproximadamente dos meses, el Santo Profeta (sa) regresó a Medina. Al regresar, el amor que sentía por Medina y sus habitantes quedó patente cuando, tan pronto como el Santo Profeta (sa) divisó Medina, dijo:
[Árabe]
“Esta es Tabah (Tabah, también uno de los nombres de Medina, que significa pura y excelente) y esta es Uhud, la montaña que nos ama y nosotros amamos”.
En otras palabras, el Santo Profeta (sa) amaba cada rincón de Medina. Otro aspecto de esto es que, al mencionar Uhud, el Santo Profeta (sa) nunca olvidó las historias de sinceridad y lealtad que los Compañeros habían escrito con su propia sangre en la Batalla de Uhud.
En una narración se afirma que el Santo Profeta (sa) dijo: “Debo llegar pronto a Medina, así que quien de vosotros desee viajar rápido conmigo, que lo haga”. Luego, el Santo Profeta (sa) también dijo: “¿No os he contado sobre los mejores hogares entre los Ansar?”. Los Compañeros respondieron: “Ciertamente”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Los hogares de Banu Nallar”. Luego dijo: “Los hogares de Banu Abd al-Ashal”. Después dijo: “Los hogares de Banu Saidah, o los hogares de Banu Hariz bin Jazrall. Hay benevolencia en todos los hogares de los Ansar”.
En una narración, el cronista afirma: “Sad bin Ubadah (ra) vino a saludarnos, y Abu Usaid dijo: ‘¿sabéis que el Mensajero de Al’lah (sa) mencionó la excelencia de los hogares de los Ansar y nos colocó al final?’. Hazrat Sad fue al Mensajero de Dios (sa) y le dijo: ‘¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa)! Ha mencionado la excelencia de los hogares de los Ansar y nos ha colocado al final’ (los Compañeros eran conscientes incluso del orden en que el Santo Profeta (sa) mencionaba los nombres al alabarlos)’. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo: ‘¿No os basta con estar entre la gente que hace el bien?’”. El Santo Profeta (sa) dijo que bastaba con mencionar sus nombres e incluirlos entre la gente que era benevolente.
Como se mencionó al principio, hubo dos grupos principales que se quedaron atrás de la Expedición de Tabuk: uno era el grupo de los hipócritas, sobre quienes Dios Altísimo expresó su desagrado; y el segundo grupo estaba formado por aquellos que eran sinceros en su fe y deseaban participar en la Yihad, pero o bien eran tan pobres que, a pesar de sus esfuerzos, no conseguían los medios ni los recursos para ir, o bien no podían participar debido a alguna enfermedad o discapacidad. Dios Altísimo aceptó su excusa en el Sagrado Corán, en la Sura Al-Taubah, versículos 91 y 92.
En consecuencia, en una narración de Bujari, se afirma que cuando el Santo Profeta (sa) regresaba de la expedición de Tabuk y se acercaba a Medina, dijo: “Algunas personas en Medina estaban con vosotros siempre que emprendíais un viaje o atravesabais un valle”. Los Compañeros, asombrados, dijeron: “¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa)! Ellos están en Medina. ¿Cómo podían acompañarnos con nosotros si estaban allí?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Están en Medina, pero alguna enfermedad u otra excusa les impidió unirse a nosotros”.
Otra narración cuenta que, cuando el Santo Profeta (sa) regresó de Tabuk, expresó su gratitud a Dios Altísimo y dijo:
[Árabe]
“Toda la alabanza pertenece a Dios, Quien nos concedió recompensa y bondad en este viaje, y Quien también incluyó a quienes se quedaron atrás como participantes con nosotros en esta recompensa y bondad”. Hazrat Aishah (ra) inquirió: “¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! Soportaste las dificultades del viaje y, por lo tanto, fuiste merecedor de esta recompensa, pero ¿cómo llegaron a compartirla ellos, sin haber soportado ninguna dificultad? ¿Y quiénes son estas personas que han sido incluidas?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Hay gente en Medina que estuvo con nosotros sin importar a dónde viajábamos ni en qué valle nos encontrábamos. La enfermedad les impidió salir con nosotros. Somos sus guerreros y ellos son nuestros Compañeros mientras permanecen en sus hogares. Por Aquel en Cuyas manos está mi vida, su oración contra el enemigo es más efectiva que nuestras armas”. Las oraciones que ofrecieron mientras permanecían en sus hogares fueron tales que Dios Altísimo las aceptó.
En cuanto al regreso de la expedición de Tabuk, también se menciona la cordial bienvenida que les dio la gente de Medina. Se registra que cuando el Santo Profeta (sa) regresó de Tabuk, la gente de Medina, incluyendo hombres, mujeres y niños, fueron a Zaniyah al-Wada, a las afueras de Medina, rebosantes de amor por el Santo Profeta (sa), anhelando verlo y estar con su bendita presencia. Allí, recitaron los siguientes versos:
[Árabe]
“La luna llena ha salido sobre nosotros desde el valle de Zaniyah al-Wada. La gratitud a Al’lah se ha vuelto obligatoria para nosotros, mientras quede alguien que invoque a Al’lah”.
Se menciona a los habitantes de Medina recitando estos versos con profundo amor por el Santo Profeta (sa) en dos ocasiones: una, cuando el Santo Profeta (sa) emigró de La Meca a Medina; y la segunda, cuando el Santo Profeta (sa) entró en Medina al regresar de Tabuk. Algunos comentaristas de Hadices, como Alamah Ibn Hayar Asqalani, comentarista de Bujari, opinan que es muy posible que los versos mencionados en la narración de Hazrat Aishah (ra) se refieran al momento en que el Santo Profeta (sa) regresaba de la expedición de Tabuk, ya que -en ese momento- los habitantes y los niños recibieron al Santo Profeta (sa) en Zaniyah al-Wada, dado que quienes llegaban de Siria eran recibidos en ese lugar.
Cuando los habitantes de Medina se enteraron del regreso sano y salvo del Santo Profeta (sa) de Tabuk, salieron con alegría a recibirlo en las afueras de Medina, tal como narra Hazrat Saib bin Yazid (ra): “Recuerdo que yo también fui con los otros niños a Zaniyah al-Wada para recibir al Santo Profeta (sa) cuando regresaba de la expedición de Tabuk”. El Imam Baihaqi también registra que los niños recibieron al Santo Profeta (sa) con esos mismos versos cuando regresó a Medina de la expedición de Tabuk.
En cualquier caso, es muy posible que estos versos se recitaran en ambas ocasiones. Sin embargo, la probabilidad de que se recitaran al regreso de Tabuk es mayor porque, como se ha mencionado, los medinenses, rebosantes de emoción, habrían salido con un amor desbordante para contemplar y dar la bienvenida al Santo Profeta (sa).
Se ha descrito que este viaje fue uno en el que los hipócritas difundieron el rumor de que, cuando se supo la buena noticia de que el Santo Profeta (sa) y sus Compañeros habían regresado sanos y salvos, fue como si los cultivos secos hubieran recibido la lluvia. En esta alegre ocasión, los musulmanes de Medina, incluyendo niños y ancianos, mujeres y hombres, salieron a recibir al Santo Profeta (sa).
En cualquier caso, es muy posible que estos versos también se recitaran durante la migración desde La Meca, y sin duda hubo expresiones de amor en ambas ocasiones; no hay necesidad de debate al respecto. Sin embargo, está comprobado que, tras llegar a Medina, la comprensión y la profundidad del amor que los musulmanes alcanzaron por el Santo Profeta (sa) era mucho mayor que la que poseían previamente en el momento de la migración.
Si Dios quiere, mencionaré otros incidentes y aspectos de la vida del Santo Profeta (sa) en el futuro.
Resumen del sermón de viernes, 21 de noviembre del 2025: ‘La expedición de Tabuk’
Después de recitar el Tashahhhud, el Ta‘awwuz y la sura al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), dijo que continuaría mencionando detalles sobre la expedición de Tabuk.
Su Santidad (aba) dijo que, en esta ocasión, los hipócritas intentaron causar daño al Santo Profeta (sa). Se estaba gestando un esfuerzo conjunto entre los judíos, los cristianos y los hipócritas para intentar matar al Santo Profeta (sa). Sin embargo, cada vez que parecía que la derrota de los musulmanes era segura, Dios ayudaba milagrosamente a los musulmanes y al Santo Profeta (sa), concediéndoles una victoria decisiva. Esto no fue diferente en el caso de la expedición de Tabuk; desde los viajes de ida y vuelta a Tabuk, que bastaron para desconcertar por completo a los hipócritas, hasta la huida del ejército enviado por el emperador romano, o el hecho de que ni siquiera se enfrentaran cara a cara con los musulmanes por miedo, y las tribus de las fronteras de Arabia acudieron al Santo Profeta (sa) en busca de tratados de paz, todos ellos ejemplos de cómo se frustraron las conspiraciones y estratagemas de los hipócritas y Dios prestó una ayuda milagrosa a los musulmanes.
Un último intento de los hipócritas para dañar a los musulmanes
Su Santidad (aba) dijo que, cuando los musulmanes iniciaban su viaje de regreso a Medina, los hipócritas hicieron un último intento para que los musulmanes y el Santo Profeta (sa) fracasaran. Lo hicieron atentando contra la vida del Santo Profeta (sa). Los líderes prominentes de los hipócritas habían acompañado al ejército musulmán y estaban difundiendo propaganda falsa por todas partes. Era lógico que su complot durante el viaje de regreso fuera premeditado. Cuando el ejército musulmán regresaba a Medina, llegó un momento en el viaje en el que un valle se dividía en dos caminos: uno era una vasta llanura, mientras que el otro era un camino estrecho, un atajo. Los musulmanes planeaban tomar este atajo; sin embargo, los hipócritas pensaron que, dado que era un camino estrecho y había una parte elevada que atravesaba las montañas, habría una gran concentración de musulmanes en una zona pequeña al mismo tiempo. Pensaron en aprovechar la noche y tramaron reunirse alrededor del Santo Profeta (sa), asustar a su camello, cortarle las riendas y hacer que cayera desde una parte elevada del camino estrecho, haciendo que pareciera un accidente.
Su Santidad (aba) dijo que Dios informó al Santo Profeta (sa) de este siniestro complot. Como resultado, el Santo Profeta (sa) anunció que, aparte de él y tres compañeros que tomarían el camino más corto, el resto del ejército tomaría el camino más largo. Esto parecía poner fin al complot tramado por los hipócritas. Sin embargo, ellos persistieron y decidieron que entre 12 y 15 de ellos se cubrirían el rostro, se acercarían al Santo Profeta (sa) y asustarían a su camello. Y eso fue exactamente lo que intentaron hacer. Se acercaron al camello e intentaron asustarlo; ante esto, el Santo Profeta (sa) ordenó a uno de los compañeros que los acompañaba que persiguiera a estas personas y las hiciera retroceder. Cuando el Santo Profeta (sa) preguntó si los habían reconocido, los compañeros dijeron que tenían el rostro cubierto; sin embargo, reconocieron a sus animales de montar. El Santo Profeta (sa) contó a sus compañeros cuál había sido su complot. Cuando los compañeros le preguntaron si castigaría a esas personas, el Santo Profeta (sa) dijo que no lo haría, porque no quería que el pueblo de Arabia dijera que había matado a su propia gente. Entonces, el Santo Profeta (sa) recibió una revelación, tras lo cual llamó a uno de sus compañeros y le dijo que le iba a contar algo que debía mantener en secreto. El Santo Profeta (sa) procedió a decirle los nombres de cada uno de los hipócritas que habían intentado atacarlo. El Santo Profeta (sa) dijo que se le había ordenado no dirigir las oraciones fúnebres de ninguno de ellos, ya que eran hipócritas.
El trato del Santo Profeta (sa) hacia los hipócritas
Su Santidad (aba) dijo que el compañero a quien el Santo Profeta (sa) le contó esto fue Hazrat Hudhaifah (ra), y siguiendo las instrucciones del Santo Profeta (sa), mantuvo estos nombres en secreto. Durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra), cada vez que fallecía alguien y él tenía dudas sobre si se trataba de uno de los hipócritas, especialmente aquellos que habían intentado atacar al Santo Profeta (sa), le pedía a Hazrat Hudhaifah (ra) que lo acompañara al funeral. Si Hazrat Hudhaifah (ra) se negaba a acompañarlo, él sabía que se trataba de una de las personas de las que el Santo Profeta (sa) le había hablado a Hazrat Hudhaifah (ra), y por lo tanto, él tampoco asistía a la oración fúnebre.
Su Santidad (aba) dijo que a la mañana siguiente, Hazrat Usaid (ra), el jefe de los Aus, se reunió con el Santo Profeta (sa), y el Santo Profeta (sa) le informó sobre los eventos de la noche anterior y el atentado contra su vida. Ante esto, Hazrat Usaid (ra) solicitó que el Santo Profeta (sa) diera la orden de que esas personas fueran llevadas ante la justicia. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) respondió que no deseaba que la gente dijera que, una vez terminadas sus batallas con los incrédulos, había comenzado a perseguir a su propio pueblo. Hazrat Usaid (ra) respondió diciendo: ‘¿Cómo pueden considerarse su propio pueblo aquellos que le han atacado?’ El Santo Profeta (sa) preguntó: ‘¿No profesan el credo islámico?’ Hazrat Usaid (ra) dijo que, aunque lo hacían, era solo de forma superficial. El Santo Profeta (sa) dijo que, fuera como fuera, seguían profesando el credo islámico y que, solo por eso, no daría la orden de que se les aplicara la pena capital.
Su Santidad (aba) dijo que los llamados clérigos de hoy en día que dan órdenes de matar a quienes profesan el credo islámico deberían tener en cuenta esta instrucción del Santo Profeta (sa).
Los hipócritas recurren a Roma en busca de ayuda y la demolición de la mezquita al-Dirar
Su Santidad (aba) dijo que, al ver frustrados sus propios complots y darse cuenta de que las tribus vecinas también habían firmado tratados con el Santo Profeta (sa), incluidas las tribus judías, los hipócritas pensaron que era el momento de buscar ayuda fuera de Arabia, en particular del emperador romano. También trataron de establecer una especie de sede en Medina donde pudieran celebrar reuniones y planear contra los musulmanes. También almacenarían armas allí, pero de tal manera que permanecieran fuera de la vista de los musulmanes. Los hipócritas se habían aliado con Banu Amir, quien sugirió que esta sede se estableciera en Quba.
Su Santidad (aba) dijo que, según las narraciones, cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, Abu Amir se reunió con él y le preguntó sobre el islam. El Santo Profeta (sa) le habló del islam y le invitó a convertirse. Sin embargo, Abu Amir se negó y, en cambio, se burló del Santo Profeta (sa). Dijo burlonamente que quienquiera que fuera falso de los dos, Dios debería expulsarlo de la tierra y matarlo. El Santo Profeta (sa) dijo que sin duda así debería ser. Sin embargo, a medida que el número de musulmanes seguía aumentando, Abu Amir se sentía cada vez más frustrado. Se había aliado con los hipócritas y había construido una mezquita en Quba para que sirviera de cuartel general, conocida como la mezquita al-Dirar. Allí se reunían personas de ideas afines y Abu Amir las incitaba a oponerse al Santo Profeta (sa). Su objetivo final era expulsar a los musulmanes de Medina.
Su Santidad (aba) dijo que Abu Amir fue a reunirse con el emperador romano Heraclio y lo incitó aún más contra los musulmanes, diciéndole que no había nada que temer. Heraclio dijo que los ayudaría. Abu Amir transmitió esta noticia a los hipócritas que construyeron su mezquita en Quba. Sin embargo, al final, Abu Amir no pudo llevar a cabo su propósito, ya que aún se encontraba en Siria cuando murió solo; en otras palabras, sus palabras al Santo Profeta (sa) resultaron ser ciertas, excepto que se cumplieron en su propio caso.
Su Santidad (aba) dijo que estos fueron eventos que tuvieron lugar antes de que el Santo Profeta (sa) partiera hacia Tabuk. Los hipócritas se habían acercado al Santo Profeta (sa) para pedirle que rezara en su mezquita, mintiendo y diciendo que la habían construido con buenos propósitos. El Santo Profeta (sa) dijo que tal vez rezaría en la mezquita al regresar de su viaje. Cuando el Santo Profeta (sa) regresó de Tabuk, se reveló el siguiente versículo coránico con respecto a la mezquita:
Y entre los hipócritas hay quienes construyeron una mezquita para perjudicar al islam, extender la incredulidad, crear la disensión entre los creyentes y proporcionar un lugar de ocultamiento a aquellos que hicieron la guerra a Al’lah y Su Mensajero. En verdad jurarán: “Sólo pretendíamos el bien”; pero Al’lah es testigo de que son realmente mentirosos. (El Sagrado Corán, 9:107) Su Santidad (aba) dijo que, al recibir esta revelación, el Santo Profeta (sa) ordenó a algunos compañeros que fueran a Quba y destruyeran esta ‘mezquita’. Cuando se prendió fuego a la mezquita, los que la frecuentaban se dispersaron y huyeron. En todos los casos, el Santo Profeta (sa) perdonó las injusticias cometidas por los hipócritas y siempre pasó por alto sus excesos. Solo cuando representaban una amenaza para el Estado, el Santo Profeta (sa) tomaba medidas, y eso solo contra la sede donde se reunían.
Expresión de amor tras la llegada del Santo Profeta (sa) a Medina
Su Santidad (aba) dijo que cuando el Santo Profeta (sa) regresaba a Medina, expresó su amor por Medina y sus habitantes. Al acercarse a Medina, el Santo Profeta (sa) expresó que amaba cada parte de Medina. Según una narración, el Santo Profeta (sa) dijo que deseaba regresar rápidamente a Medina, y que quien deseara regresar rápidamente debía unirse a él. El Santo Profeta (sa) también dijo que había prosperidad en todos los hogares de los Ansar.
Su Santidad (aba) dijo que hubo dos grupos de personas que se quedaron atrás en la batalla de Tabuk: un grupo de hipócritas respecto a los cuales Dios expresó Su descontento, y el otro era un grupo de personas sinceras en su fe y que deseaban participar en la batalla, pero que eran tan pobres que, a pesar de sus esfuerzos, no pudieron unirse al ejército, o no pudieron participar debido a alguna enfermedad o dolencia, y Dios aceptó su excusa. Cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, dijo que había algunos en Medina que, de hecho, habían estado con el ejército musulmán durante todo el viaje en espíritu, refiriéndose a aquellos que se habían quedado atrás por una razón válida. El Santo Profeta (sa) dijo que las oraciones que habían hecho mientras estaban en sus hogares eran más efectivas que el manejo de las armas, por lo que ellos también formaban parte de las bendiciones de este viaje.
Su Santidad (aba) dijo que cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, fue recibido por hombres, mujeres y niños que se reunieron en Thaniyah al-Wada y cantaron coplas dando la bienvenida al Santo Profeta (sa) a casa.
Su Santidad (aba) dijo que seguiría mencionando aspectos de la vida del Santo Profeta (sa) en el futuro.
