En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Discurso de Hazrat Jalifatul Masih V (aba) en la sesión de clausura del I’lltema nacional de Waqfaat-e-Nau (chicas) del Reino Unido

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Bismillah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

“Hoy, con la Gracia de Al-lah, estáis asistiendo al I’lltema National de Waqfaat-e-Nau, que está organizado para aquellas chicas de nuestra Yama’at cuyos padres consagraron sus vidas por la causa de su fe antes de que nacieran y que, al cumplir los quince años, han renovado voluntariamente esta promesa. Por lo tanto, al haber elegido voluntariamente dedicar vuestras vidas al servicio de la Yama’at, es imprescindible que reflexionéis continuamente sobre vuestros estándares morales y vuestro conocimiento religioso.

Debéis preguntaros si realmente estáis preparadas para servir dondequiera y cuandoquiera la Yama’at solicite vuestro servicio. Masha’lah, habiendo crecido aquí, todas vosotras habéis sido bendecidas con numerosas oportunidades educativas por lo que se puede decir que todas vosotras tenéis una buena formación. Incluso aquellas de vosotras que habéis recibido una formación relativamente inferior a vuestras compañeras, poseéis un grado de erudición muy superior a la mayoría de las niñas que crecieron aquí hace cincuenta o sesenta años. Y si retrocedemos el tiempo aún más, a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, las oportunidades que tenían las mujeres y niñas de aquella época para recibir educación eran muy escasas.

Del mismo modo, en cuanto al conocimiento secular y religioso, muy pocas jóvenes musulmanas tenían la oportunidad de incrementar su conocimiento secular o de aprender sobre su fe e incrementar su conocimiento religioso. Esto es bastante asombroso y profundamente lamentable, dado que el Santo Profeta (sa) dio una gran importancia y valor a la educación y a la formación moral de las mujeres y niñas. Sin embargo, con el tiempo, esta instrucción del Santo Profeta (sa) se ha ignorado cada vez más entre los musulmanes y, por ello, la formación de las mujeres musulmanas ha sido muy inferior a la de los hombres.

Una de las causas principales de esta desafortunada tendencia fue el hecho de que muchos de los denominados eruditos religiosos de entre los llamados Ulema (eruditos religiosos) no querían que el conocimiento religioso se compartiera o se difundiera entre los hombres, y especialmente entre las mujeres. En contravención de las enseñanzas islámicas, deseaban que las mujeres permanecieran confinadas únicamente dentro de las cuatro paredes de su casa y ni siquiera se les permitía obtener una educación básica. Tales actitudes eran extremadamente perjudiciales para el progreso del islam a largo plazo, porque no era posible para las mujeres musulmanas formar moralmente a sus hijos al carecer ellas mismas de conocimiento sobre su fe. Sin embargo, esta actitud extremadamente egoísta prevaleció a través de los siglos y continuó hasta que Al-lah el Todopoderoso envió al Mesías Prometido(as) para el renacimiento y el rejuvenecimiento de las verdaderas enseñanzas del islam.

Tras su advenimiento, el Mesías Prometido (sa) enfatizó el Tarbiyyat (formación espiritual y moral) de los hombres y los alentó a estudiar. Similarmente, también alentó a las mujeres y niñas áhmadis para que incrementaran su conocimiento secular y religioso. De hecho, hubo un tiempo en que el propio Mesías Prometido (as) se dedicaba a impartir personalmente clases religiosas a las mujeres. A través de su guía bendita y posteriormente a través del Jilafat-e-Ahmadía, las mujeres áhmadis llegaron a comprender la importancia y el valor de la adquisición de educación y del conocimiento religioso. Ciertamente, nuestra Yama’at ha continuado promoviendo y apoyando la educación de las mujeres y de las niñas y, para facilitar esto, se han creado numerosos programas o esquemas.

Un buen ejemplo son las escuelas y facultades establecidas por Hazrat Musleh-e-Maud (ra), primero en Qadian y posteriormente en Rabwah. A través de estos centros de aprendizaje, las chicas, que no podían viajar a ciudades más grandes para estudiar, recibieron una educación adecuada y lograron alcanzar un nivel elevado de conocimiento secular y enseñanzas religiosas. Un gran beneficio adicional de estas escuelas e institutos fue que nuestras chicas pudieron estudiar en un entorno moral y seguro, en lugar de tener que viajar a ciudades o pueblos donde no existía tal ambiente. El hecho de que nuestras chicas puedan estudiar en un entorno moral y seguro constituye también un gran desafío al que nos enfrentamos hoy, sobre todo en los países occidentales, donde comúnmente se piensa que su progreso se debe únicamente a las supuestas ‘libertades’ que les han otorgado. Sin embargo, se equivocan al pensar esto. En estas sociedades existen muchos peligros y trampas, por lo que, todas nuestras chicas y, en particular, todas las miembros de Waqfaat-e-Nau, deben tener mucho cuidado.

Debéis intentar sobresalir en vuestros estudios y a la vez tener cuidado de no traicionar nunca vuestros valores islámicos y no abandonar nunca las responsabilidades que conlleva vuestra fe. Como ya he dicho, nuestra Yama’at siempre ha promovido la educación de las chicas y, como resultado, en algunas partes del mundo, particularmente en las naciones en vías desarrollo, así como en el mundo occidental, estamos viendo que las chicas áhmadis toman sus estudios más en serio que los chicos y están superándolos. Aunque me complace que nuestras chicas destaquen de esta manera, el problema es que, cuando se trata de decidir sobre posibles Rishtas (propuestas de matrimonio) algunas de nuestras jóvenes áhmadis sólo desean casarse con hombres que tengan un nivel educativo paralelo a ellas. Por supuesto, nuestros chicos y jóvenes deben centrarse con diligencia en sus estudios y en su trabajo, pero si una joven recibe una propuesta de matrimonio de un áhmadi piadoso, no debe rechazarlo sólo porque la persona no posea las cualificaciones que ella desee.

La prioridad en la decisión de una propuesta de matrimonio siempre debe ser la piedad y la seguridad de que podéis vivir el resto de vuestras vidas en un hogar donde se practiquen siempre los verdaderos valores del Ahmadíat. De todos modos, en términos de la importancia de la educación debéis recordar siempre que el conocimiento sólo puede ser beneficioso cuando se utiliza para la defensa de vuestra religión y fe, y la manera principal de utilizar vuestros conocimientos para el bien de vuestra fe es cumplir con los derechos pertenecientes a Al-lah el Todopoderoso y cumplir con los derechos del prójimo. Entre los derechos correspondientes al prójimo, el deber de una es madre criar y educar a sus hijos, ya sean niños o niñas, de manera piadosa, para que puedan sobresalir y demostrar que son muy valiosos para sus naciones. Sin embargo, en ninguna parte del islam se dice que las mujeres deban estar confinadas en su casa como a veces se presupone.

Por ejemplo, hay algunas chicas y mujeres que sobresalen en los estudios y logran resultados extraordinarios. En este sentido, el islam no indica que deban desperdiciar sus talentos o habilidades y solo permanezcan en casa. El islam no les impide realizar su potencial, sino que más bien pueden dedicarse a profesiones a través de las cuales puedan beneficiar y servir a la humanidad. Así pues, las mujeres que tienen la capacidad de convertirse en doctoras o profesoras o quieran tener otras profesiones que beneficien a la humanidad pueden hacerlo. Sin embargo, al mismo tiempo, no deben ignorar las responsabilidades hacia sus hijos y hacia sus familias. Estas mujeres deben gestionar su tiempo de forma efectiva y deben asegurarse de que no muestran negligencia hacia sus hijos en modo alguno. Ciertamente, la primera prioridad de una madre áhmadi debe ser siempre la formación moral de sus propios hijos.

En consecuencia, los miembros de Waqfaat-e-Nau, que, tras haber adquirido títulos o cualificaciones de alto nivel, desean hacer uso de sus habilidades a nivel profesional, deben asegurarse de que también cumplen con las responsabilidades de su hogar. Del mismo modo, aquellas jóvenes que han recibido una educación superior y no desempeñan ningún trabajo profesional no deben sentir ningún complejo de inferioridad o sentirse avergonzadas pensando que se han malogrado sus talentos. Lo cierto es que el cuidado de vuestros hogares y el cuidado y la crianza de los hijos es una tarea muy importante y de valor incalculable.

En términos generales, las enseñanzas islámicas han dividido los trabajos según el sexo y nuestra religión nos ha hecho un gran favor al explicar nuestros respectivos papeles y responsabilidades de manera tan clara. Sin embargo, el islam tiene en cuenta todo tipo de circunstancias y, por ello, aparte del propio ámbito profesional, existen condiciones especiales donde las mujeres necesitan trabajar. Por ejemplo, en la época del Santo Profeta Muhammad (que la paz y bendiciones de Dios sean con él), las mujeres trabajaban como enfermeras para curar a los heridos durante las batallas y guerras. De hecho, algunas mujeres musulmanas lucharon incluso en el frente de batalla y mostraron un magnífico ejemplo de coraje y valentía.

De todos modos, como he mencionado antes, vosotras sois aquellas personas cuyos padres ofrecieron vuestras vidas para servir al islam, y ahora, muchas de vosotras habéis alcanzado la edad adulta o estáis a punto de alcanzarla y habéis renovado voluntariamente vuestra promesa. Ahora la pregunta es: ¿por qué habéis renovado el vínculo de Waqaf (dedicar la vida para servir a la religión)? ¿Por qué habéis consagrado vuestras vidas al servicio de la Yama’at? Debéis reflexionar sobre esto, ya que sólo podéis cumplir vuestra promesa si entendéis lo que esta promesa implica y requiere. Al ser Waqf-e-Nau habéis prometido que siempre daréis prioridad a vuestra fe sobre todas las cosas mundanas y materiales.

Por lo tanto, además de vuestra formación académica, es de suma importancia que también os esforcéis en obtener conocimiento religioso, pues hasta que no conozcáis las enseñanzas y expectativas de vuestra religión, no podréis vivir de acuerdo a ellas. Ante todo, es importante leer el Sagrado Corán con traducción y estudiar en lo posible su comentario. Sólo cuando os familiaricéis con el Sagrado Corán conseguiréis entender los mandamientos de Al-lah, el Todopoderoso. El conocimiento adquirido a través del Sagrado Corán contribuirá a vuestro progreso espiritual y os permitirá hacer un buen Tarbiyyat (educación en valores) de vuestros hijos.

Aquí presentes se hallan varias Waqfaat-e-Nau que se han convertido en madres y al mismo tiempo trabajan en diferentes profesiones. A ellas les recuerdo de nuevo que deben distribuir su tiempo de manera que el entrenamiento moral y el bienestar de sus hijos nunca se vea afectado.  También hay muchas chicas jóvenes aquí presentes que están ahora comprometidas para casarse e Insha’lah (si Dios quiere) comenzarán pronto su vida familiar. Deberán entrar en esta nueva etapa de su vida sabiendo que su primera prioridad es formar a sus hijos. Si cumplís con este deber fundamental, no sólo os beneficiará a vosotros y a vuestra familia, sino que vuestros esfuerzos también resultarán ser una fuente de orgullo y beneficio para vuestra nación, porque habréis inculcado valores positivos en la próxima generación. Así os aseguraréis de que vuestros hijos crezcan para ser modelos de conducta, quienes harán entender sus deberes a aquellos que les sigan. De esta manera fundaréis el cimiento de un ciclo de humanidad, moralidad y paz perpetua entre las futuras generaciones. Si entrenáis a vuestros hijos de acuerdo con las enseñanzas del islam, no sólo estaréis protegiendo a vuestros hijos sino también a las generaciones venideras.

Recordad que la clave para la prosperidad y el progreso de cualquier nación está en manos de las madres de esa nación. En cuanto al estatus de la mujer en el islam, basta con mirar las enseñanzas del Santo Profeta Muhammad (que la paz y bendiciones de Dios sean con él) en el periodo en el que se atacaba al islam y los musulmanes combatían en guerras defensivas. En la época de tal Yihad, muchos musulmanes fueron martirizados y, como todos sabemos, las recompensas y bendiciones asociadas con el martirio son abundantes. En consecuencia, algunas mujeres musulmanas preguntaron al Santo Profeta por qué no se les permitía luchar y por qué se les privaba de las bendiciones de la Yihad de la Espada y el martirio, al permanecer al cuidado de sus hogares. En respuesta, el Santo Profeta (que la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo a las mujeres que si cumplían con los deberes de su hogar y educaban moralmente a sus hijos convirtiéndolos en musulmanes piadosos, su recompensa se equipararía a la recompensa de los hombres que partían y participaban en la Yihad.

En esta era, la era del Mesías Prometido (as), ya no existen las condiciones para una Yihad física de la Espada, porque ninguna nación está alzando ningún ejército en contra del Islam y hoy en día, las tácticas utilizadas por los opositores son muy distintas a las de la época del Santo Profeta Muhammad (que la paz y bendiciones de Al-lah sean con él). En lugar de una guerra física, se ataca al islam a través de la publicación de literatura anti-islámica, a través de los medios de comunicación e internet y a través de sus propias formas de trabajo misionero. En consecuencia, estamos ahora en un período en que la educación es la clave para desafiar esta propaganda, emprendiendo una Yihad intelectual a través de los mismos medios que se están utilizando para atacar el islam. Los hombres y los niños no son los únicos que pueden participar en esta Yihad de la Pluma, sino que nuestras mujeres y niñas también pueden, y deben, participar.

Entre las mujeres, las miembros de Waqfaat-e-Nau, deben liderar esta iniciativa y, una vez que hayan logrado una buena formación, no deben desperdiciar ninguna oportunidad para defender al islam de las falsas acusaciones que se le imputan. Otra razón por la que es necesario que aumentéis vuestro conocimiento religioso es para que seáis capaces de responder a las distintas alegaciones formuladas y eliminar los conceptos erróneos existentes. Sin ningún tipo de temor, vergüenza o complejo, debéis responder con valentía a las afirmaciones falsas formuladas porque la verdad está de vuestro lado. En esta época, muchas de las denuncias contra el islam se centran en torno a los derechos de la mujer, por lo que debéis enfocaros en responder a esas denuncias. Por ejemplo, a menudo se afirma que el islam oprime a las mujeres y las obliga a permanecen encerradas en su hogar en todo momento. Del mismo modo, se dice que el hiyab es un medio para subyugar a las mujeres.

Otro alegato común es que el islam niega a las mujeres sus derechos básicos, a pesar de que el islam es la religión que, desde el principio, garantiza los derechos de todas las mujeres. El islam es la religión que liberó a las mujeres y estableció su verdadero estatus y honor. Sólo durante el siglo pasado aquellas personas y naciones que condenan el islam se han visto obligadas a otorgar algunos derechos básicos a las mujeres y, a pesar de todo, todavía tratan de afirmar su superioridad moral. Además, en nombre de la “libertad” han creado un ambiente donde las mujeres son tratadas como objetos, y su dignidad y su verdadero estatus se ven constantemente socavados. De todos modos, como he dicho, es vuestro deber defender las nobles enseñanzas del islam a través de los medios de comunicación y otros medios similares.

Así pues, se debe establecer un equipo central de Waqfaat-e-Nau para este propósito, y asimismo debe haber también equipos locales en diferentes regiones y ciudades. Sois vosotras, nuestras chicas y mujeres Waqf-e-Nau, quienes debéis asumir la responsabilidad de educar al mundo acerca del significado de la verdadera dignidad y explicar cómo el islam protege los derechos de las mujeres. Para esto, como ya he dicho, debéis leer y estudiar el Sagrado Corán y también leer el resto de la literatura de la Yama’at en lo posible. El conocimiento que obtendréis de ese estudio os proporcionará el poder intelectual y la capacidad para refutar los argumentos de aquellos que se oponen a nuestra religión.

En cuanto a la importancia de la búsqueda de conocimiento, Hazrat Musleh-e-Maud (ra) señaló una vez que hasta que el 100% de nuestras mujeres áhmadis no recibieran plena educación, sería imposible entrenar a los jóvenes de nuestra Yama’at. Este comentario estaba lleno de verdad y sabiduría. Aunque el 10%, el 20% o incluso el 50% o 60% de nuestras mujeres tuvieran una buena formación y conocimiento y criaran a sus hijos de la mejor manera, aún no sería suficiente. La razón es que sus hijos se reunirán con otros niños áhmadis, cuyas madres no tendrán educación o carecerán de suficiente conocimiento religioso, y esos niños tendrán un efecto negativo en ellos. Por lo tanto, para desarrollar una comunidad verdaderamente justa y espiritual es preciso que cada madre y cada padre áhmadi desempeñe sus respectivos papeles.

Si una persona, o una familia, es débil, puede fácilmente afectar a las demás. Por el contrario, si todas las familias áhmadis dan un ejemplo positivo a sus propios hijos, podremos crear un ambiente espiritual e islámico, aunque vivamos aquí en occidente. A través de las escuelas y facultades, todos vosotros podéis adquirir fácilmente una educación secular, pero como he dicho repetidas veces, debéis incrementar el conocimiento religioso a la vez. De lo contrario, si abandonáis vuestras enseñanzas y tradiciones religiosas, el conocimiento que obtengáis no tendrá ningún valor real ni beneficio alguno para vosotros. De nuevo, os insto a que estudiéis el Sagrado Corán tanto en lo posible y leáis los libros del Mesías Prometido (as) y cualquier otra literatura de la Yama’at que esté disponible en inglés.

Además, debéis escuchar mis sermones e intentar hacer lo que yo os pida. De hecho, debéis considerar los sermones del Jalifa-e-Waqt (Califa de la época) como un código de conducta predefinido a seguir en vuestras vidas. Como he dicho, es vuestro deber responder a las acusaciones formuladas contra el islam en Occidente, particularmente a las que se refieren a los derechos de las mujeres. Debéis contestar, no sólo a través de vuestras palabras, sino también a través de vuestra conducta. Por ejemplo, debéis mantener un buen nivel de pardah en todo momento. Hace solo unos meses, pronuncié en Canadá un sermón en el que enumeré alrededor de 34 o 35 rasgos especiales que los miembros de Waqf-e-Nau deben intentar alcanzar. Destaqué aquellas cualidades que deberían ser las características distintivas de Waqf-e-Nau y por lo tanto debéis tenerlas en mente en todo momento y evaluar hasta qué punto las estáis practicando.

También debéis ser regulares en la oración (Salat) y siempre debéis rezar para que Al-lah bendiga vuestros esfuerzos y os permita utilizar vuestra educación y conocimiento con sabiduría. En una ocasión, Hazrat Musleh-e-Maud (ra) narró un incidente de una chica áhmadi que había completado su licenciatura, a quien se le aconsejó que, habiendo obtenido altas calificaciones, debía tratar de difundir las enseñanzas de ahmadíat entre otras personas cultas a través del Tabligh. Sin embargo, en respuesta, ella comentó que no obtuvo tales calificaciones y educación con el fin de causar “división” y sentía que hacer Tabligh era un medio de provocar conflictos. Tras narrar este incidente, Hazrat Musleh-e-Maud (ra) señaló que la respuesta de la joven no era la de una persona educada o instruida, sino la respuesta de una ignorante y analfabeta. Por lo tanto, ninguna de vosotras debe caer en esta trampa. Debéis entender y reconocer las oportunidades con las que Al-lah os ha bendecido y tratar de usar cualquier conocimiento que hayáis ganado para la defensa y propagación del islam.

En este momento, también quiero aclarar otra alegación que los adversarios imputan contra el islam, en la que lamentablemente creen incluso algunos hombres y mujeres musulmanes. La alegación se refiere al Hadiz en el que el Santo Profeta (sa) dijo que había visto en una visión el infierno en el que había muchas mujeres, que no tenían conocimiento de su religión, que no mostraban sabiduría o intelecto y que eran ingratas. Basados en este Hadiz, ciertos críticos no musulmanes han alegado que el islam menosprecia y difama el estatus de las mujeres. Sin embargo, nada podría estar más lejos de la verdad. Hazrat Musleh-e-Maud (ra) ha dado una interpretación y un comentario detallado de este Hadiz, en el que señala que el Santo Profeta (sa) se refería a las debilidades específicas que existían en algunas mujeres de aquella época, que eran analfabetas, ignorantes de su fe e ingratas hacia los favores que se les había concedido.

Por lo tanto, las palabras del Santo Profeta (sa) eran una advertencia para que esas mujeres se reformasen. Sin embargo, durante la misma época, también vemos cómo las mujeres musulmanas escalaban las cumbres más altas de moralidad, virtud y conocimiento. Por ejemplo, algunas mujeres, especialmente Hazrat Ayesha (ra), enseñó el islam a los hombres musulmanes. Asimismo, algunas lucharon en las batallas junto a los hombres y ofrecieron grandes sacrificios. Además, como mencioné anteriormente, el Santo Profeta (sa) dijo que las mujeres que criaban a sus hijos y cuidaban de sus hogares serían las receptoras de las mismas recompensas que los que habían participado en la Yihad. Así pues, ¿cómo es posible que tales mujeres devotas y piadosas estuvieran destinadas al infierno? Es imposible, y cualquiera que afirme esto ha tergiversado completamente las enseñanzas del Santo Profeta (sa).

Como dije, este Hadiz era una advertencia y una nota de precaución para las mujeres de esa época. Era también un medio de inspiración, puesto que el Santo Profeta (sa) trataba elevar los estándares espirituales de las mujeres musulmanas, y les mostró los medios para abrir las puertas al paraíso. El Santo Profeta (sa) nunca dijo que esas debilidades o pecados fueran parte de la naturaleza de las mujeres, más bien indicó que esos eran malos hábitos que se habían extendido entre algunas de ellas. Mientras que la naturaleza es algo inherente y permanente, los malos hábitos pueden ser cambiados y mejorados.

Así como el Santo Profeta (sa) llamó repetidamente la atención de los hombres musulmanes hacia sus debilidades y les enseñó cómo reformarse, de la misma manera guio también a las mujeres. Causa un profundo dolor el hecho de que este Hadiz haya sido por lo general objeto de malinterpretaciones y abusos por ciertos supuestos eruditos islámicos, que han afirmado con odio que estas palabras demuestran que las mujeres son malhechoras y carentes de sabiduría, conocimiento o juicio y que están, Dios no lo quiera, destinadas irremisiblemente al infierno. Nada puede estar más lejos de la verdad. Como ya he dicho antes, muchos de los llamados Ulemas (eruditos religiosos) no deseaban que las mujeres progresaran, por lo que interpretaron deliberadamente este Hadiz de una manera completamente incorrecta para satisfacer sus propios intereses egoístas. Estas palabras del Santo Profeta (sa) fueron pronunciadas sólo como medio de reforma, para que las mujeres pudieran desarrollar su potencial y elevar su estatus.

Nosotros, los áhmadis musulmanes, somos afortunados ya que el Mesías Prometido ha puesto en evidencia la ignorancia de los demás Ulemas y nos ha librado de sus invenciones e interpretaciones necias. Por lo tanto, cualquier mujer que haya escuchado las falsas interpretaciones de los llamados “eruditos”, cometerá un error grave y peligroso al pensar que no posee la capacidad para adquirir conocimiento, o bien que es ingrata por naturaleza, o que no tiene sentido el aprendizaje de la fe porque está destinada irremisiblemente al infierno. Precisamente, la debilidad y los pecados aumentan cuando la persona se da por vencida creyendo que no existe ninguna posibilidad de reforma o mejora.

Trágicamente, algunas mujeres musulmanas han caído bajo la influencia de algunos maulvis no áhmadis (clérigos religiosos) y tienden a creer que son en cierta forma inferiores a los hombres. Esto es totalmente incorrecto y erróneo. Ninguna mujer debe aceptar jamás la noción falsa de que, en cierto modo, está destinada al infierno, es inferior al hombre o es incapaz de obtener conocimiento o sabiduría. Debe quedar absolutamente claro que el estatus de la mujer no es en ningún sentido inferior al del hombre. Por el contrario, el Santo Profetasa fue la persona que estableció los derechos de todas las mujeres, en todos los lugares y todas las épocas. ¿Cómo es posible que, por un lado, el Santo Profetasa proclamara que el paraíso descansa bajo los pies de la madre, y que la mitad de la fe se puede aprender de Aisha, y que, por el otro, dijera (que Dios nos perdone) que las mujeres están destinadas al infierno? Como ya he afirmado, esto es imposible, y tales declaraciones son consecuencia de la ignorancia y de las falsas interpretaciones de algunos clérigos, realizadas solamente para satisfacer sus propios intereses.

Este hadiz fue realmente un gran favor del Santo Profetasa hacia todas las mujeres del mundo, al amonestarles y mostrarles el camino de la salvación, y por blandir una antorcha espiritual para guiarles hacia la senda de Al-lah. Por lo tanto, ninguna mujer musulmana debe sentir jamás ningún complejo de inferioridad sobre su propio estatus ni tampoco debe aceptar jamás ninguna interpretación falsa de este Hadiz. La interpretación correcta es que las mujeres, al igual que los hombres, deben intentar eliminar sus debilidades, y deben aspirar a una educación religiosa y secular y utilizar su conocimiento para defender al islam y para el entrenamiento moral de las futuras generaciones. Las más jóvenes aquí presentes deben entender también la importancia de la educación e intentar obtener distinción en sus escuelas e universidades, y a la vez esforzarse por obtener conocimiento religioso.

Incluso a una edad tan joven, debéis tener presente que vuestra educación es un medio a través del cual Inshaal-lah (si Dios quiere) podréis prestar servicio al islam. No debéis tener nunca ningún complejo respecto a vuestra fe, ya sea con respecto a las enseñanzas islámicas como en cuanto a la observancia de vuestra fe. Por ejemplo, siempre debéis vestir con prendas modestas, y explicar con confianza a los demás que no estáis siendo obligadas a vestir de ese modo, sino que, más bien, habéis decidido vestir con modestia por haber entendido la profunda sabiduría en que se basa vuestra fe. Igualmente, desde una edad temprana, las jóvenes Waqfaate Nau deben observar con regularidad el namaz (Salat). Recordad que las cinco oraciones diarias son obligatorias a partir de los 10 años de edad, por lo que debéis intentar ofrecer vuestras oraciones con la concentración adecuada y con el propósito de aumentar vuestra comunión con Dios.

Que Al-lah os ayude a entender y a practicar todo cuanto hoy he dicho. Que Al-lah os ayude a todas vosotras a cumplir con los requerimientos de vuestra promesa como miembros del sistema de Waqfaat-e-Nau. Amin. Uníos ahora a mí en oración silenciosa.