La Mujer en el Islam


La enseñanza islámica sobre el trato a la mujer es una de las que mayores malentendidos suscita. La mujer occidental, por lo general, considera que la mujer musulmana vive reprimida y privada de derechos. Los medios de comunicación representan a la mujer musulmana totalmente cubierta y dominada por su marido, con un estatus no superior al del esclavo cuando sorprende comprobar el hecho de que durante 1400 años la mujer musulmana ha disfrutado de derechos, que la mujer occidental aún no ha conseguido.

El Islam nos ofrece una guía para una sociedad pacífica e ideal. Para que dicha sociedad exista debe existir un sistema social que defienda los derechos y responsabilidades de cada individuo. Tal sistema generaría un equilibrio entre el papel y el estatus del hombre y de la mujer, situando a la mujer a un nivel similar al del hombre. En realidad, esta sociedad fue creada hace 1400 años por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él), bajo las direcciones divinas del Santo Corán.

Este escrito define los derechos que disfruta la mujer musulmana, junto con otros temas relacionados con la mujer y su lugar en la sociedad.

Trato hacia la Mujer en el Islam

Antes de exponer la posición de la mujer en el Islam, es importante entender en qué condiciones se encontraba la mujer antes de la aparición del Islam. En la Arabia pre-islámica, así como en el resto del mundo, su condición era similar a la de los esclavos o subordinados sin derecho alguno. La mujer no poseía ningún derecho sobre la propiedad o la herencia. En asuntos domésticos carecía de derechos sobre sus hijos e incluso sobre sí mismas. De hecho, podía ser puesta a la venta o abandonada por su marido arbitrariamente. No tenía opción al divorcio aún siendo víctima de abuso por parte de su marido. Las mujeres carecían de estatus en la sociedad y no eran respetadas como esposas, madres o hijas. De hecho, a las hijas se las consideraba inútiles y a menudo se les asesinaba al nacer. La educación que recibían era escasa o nula y no disfrutaban de voz ni voto en asuntos religiosos, al considerarse su capacidad limitada en el ámbito intelectual y espiritual.

Esta situación degradante aún existía en el siglo XIX en la mayor parte del mundo, incluyendo los E.E.U.U., donde la mujer comenzó a disfrutar de sus derechos básicos a comienzos del siglo XX.

Sin embargo, en la Arabia del siglo VI, la situación de la mujer cambió drásticamente con la aparición del Islam. Prácticamente de la noche a la mañana, se confirió a la  mujer derechos similares a los del hombre, situándola al mismo nivel. En el Santo Corán, Dios dice claramente que ha creado iguales a los hombres y a las mujeres:

“Él os creó de un solo ser; a partir de él creó a su compañera…” (39:7)

Este versículo por sí solo elimina cualquier trazo de inferioridad que fue impuesto a las mujeres por los hombres y por otras Escrituras. El Santo Corán, además, asegura la igualdad de la mujer a nivel espiritual, intelectual, social y económico. Los derechos de la mujer también han sido salvaguardados por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) al tratar él mismo a las mujeres con gran honor, amabilidad y dignidad según los mandamientos de Dios.

El Estado Espiritual de la Mujer Musulmana

“Pero quien hace buenas obras, sea hombre o mujer, y es creyente, entrará en el Cielo…” (4:125)

El Santo Corán es la única entre todas las Escrituras que hace hincapié en esta igualdad dirigiéndose tanto al hombre como a la mujer en muchos versículos. No deja lugar a dudas respecto al nivel espiritual de la mujer. Dice:

“En verdad, los hombres que se someten a Dios y las mujeres que se someten a Él, y los hombres y mujeres que creen, los hombres y mujeres obedientes, los hombres y mujeres veraces, los hombres y mujeres perseverantes en su fe, los hombres y mujeres humildes, los hombres y mujeres que dan limosnas, que ayunan, guardan su castidad, los hombres que recuerdan mucho a Al-lah y las mujeres que Lo recuerdan mucho: para todos ellos Al-lah ha preparado Su perdón y una magnífica recompensa”. (33:36)

El Estado Intelectual de la Mujer Musulmana

  Un plano en el que la mujer musulmana supera a otras mujeres es el campo de la educación. El Islam hace hincapié en que la educación es igualmente importante para hombres como para mujeres, y el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) declaró que la educación es obligatoria para ambos. Dijo:

            “La adquisición de conocimiento es una obligación para todos los hombres y mujeres musulmanes”.

            También exhortó a ambos a “buscar conocimiento aunque hubiera que viajar a China” y “buscar conocimiento de la cuna a la tumba”.

El Santo Corán dice:

“Él concede la sabiduría a quien le place. Y a quien se le da la sabiduría se le concede un bien excelente; y nadie se acuerda excepto los dotados de conocimiento”. (2:270)

En otras palabras, sólo quienes meditan pueden entender las señales deDios y acercarse a Él. El Santo Corán también, nos enseña una breve oración que dice:

“Oh, señor mío, aumenta en mí el conocimiento”. (20:115)

En cumplimiento de estos mandamientos, las mujeres musulmanas, especialmente las áhmadis musulmanas, están dotadas de buena educación. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) alentó a sus esposas a buscar conocimiento afirmando en una ocasión que “la mitad de la religión islámica se puede aprender de Hazrat Aysha (su esposa)”. De hecho, tras su fallecimiento, toda la Comunidad musulmana buscó conocimiento a través de sus esposas. En la actualidad, las mujeres musulmanas se dedican a diversas profesiones como la medicina, enfermería y enseñanza.

            Es interesante recalcar que en la misma época en que el Islam produjo tal ilustración en la mujer, en Europa, cualquier mujer que manifestara cualquier tipo de conocimiento, corría el riesgo de ser quemada en la hoguera por brujería. Además, hasta el siglo presente, en la mayoría de las universidades, incluyendo los E.E.U.U., no se admitía a las mujeres en niveles superiores.

Posición Económica de la Mujer Musulmana

El Islam otorgó a la mujer una libertad económica que nunca había disfrutado anteriormente. El Islam clarifica que tiene derecho a poseer su propia riqueza o propiedades, bien sea de herencia o ganancial, y que su derecho sobre ella es pleno. El Santo Corán dice:

“Los hombres tendrán una parte de lo que han ganado y las mujeres parte de lo que también han ganado. Pedid a Al-lah de Su magnanimidad. En verdad, Al-lah conoce perfectamente todas las cosas”. (4:33)

Este versículo establece la igualdad de hombres y mujeres en lo que respecta a su trabajo. La mujer tiene derecho a administrar su propia riqueza. A la mujer casada ni siquiera se le permite gastar de su propia riqueza, pues es obligación de su marido proveerla.

            El Santo Corán también dice:

             “…Los hombres son protectores de las mujeres porque Al-lah ha hecho que algunos de ellos sobresalgan sobre otros y porque ellos (los hombres) gastan de sus bienes.” (4:35)

         Esto significa que el marido es responsable de las necesidades de su esposa y de su protección, y a él corresponde proveer el dinero para el mantenimiento de su esposa y su hogar.

         Además, el Islam protege la situación económica de la mujer exigiendo al marido la concesión de la dote en el momento de contraer matrimonio.

Ésta forma parte de su riqueza exclusiva y su marido no tiene derecho sobre ella, a menos que ella desee compartirlo con él. El Santo Corán dice:

“Y entregad de buen grado su dote a las mujeres. Pero si ellas, por su propia voluntad, os devuelven una parte de ella, disfrutadla como algo agradable y edificante”. (4:5)

             Es interesante recalcar que esta prescripción va dirigida no sólo al marido sino a los familiares de la mujer, que tampoco tienen derecho alguno sobre ella. Hoy en día, es práctica común en algunos países musulmanes que el novio exija a su novia aportar una dote en oro y en artículos del hogar para el matrimonio. Esto es totalmente no islámico.

Por último, el Islam concede a la mujer el derecho a la herencia. Tiene derecho a heredar del fallecido en su papel de madre, esposa, hija o hermana. El Santo Corán expone claramente:

“A los hombres les corresponde una parte de lo que dejan sus padres y parientes cercanos; a las mujeres les corresponde también una parte de lo que dejan sus padres y parientes cercanos, sea poco o mucho, una parte determinada”. (4:8)

El Santo Corán contiene una exposición detallada y específica del reparto de la propiedad (4:12-13).

El Estatus Social de la Mujer Musulmana

El estatus social de la mujer cambió drásticamente  con la aparición del Islam. La vida de las mujeres se transformó radicalmente. El Santo Corán y el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) orientaron claramente a la sociedad respecto al trato de la mujer en su papel de esposa, hija y madre.

1.      Hija

La práctica pre-islámica de matar a las recién nacidas por miedo a la humillación o a la pobreza, fue abolida totalmente por el Islam. Dios dice en el Santo Corán:

“…No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. – Nosotros somos quienes proveemos para vosotros y para ellos – que no os acerquéis a las malas acciones, ni manifiestas ni ocultas…” (6:152)

“…Él crea lo que le place. Concede hijas a quien quiere y concede hijos a quien le agrada.” (42:50)

Tras la prohibición de matar a los niños, el Islam enseña al padre a criar a sus hijas de la misma manera que a sus hijos. De hecho, la educación esmerada de una hija le abre la puerta al paraíso. El Santo Profeta (la paz y  bendiciones de Dios sean con él) dijo:

   “Quien cría a dos niñas en su infancia aparecerá en el Día del Juicio tan unido a mí como los dedos de una mano”. (Muslim)

   Es pues, evidente que el Islam convirtió a las hijas que antes eran despreciadas y rechazadas, en seres queridos y amados.

2.         Esposa:

   El Islam transformó el papel de la esposa, que pasó de ser prácticamente una esclava a  una persona equiparable al marido en todos los niveles. El Santo Corán expone claramente que la mujer posee derechos similares a los del hombre. Dice:

“Y uno de Sus Signos es éste: Que Él ha creado esposas para vosotros de entre vosotros mismos para que encontréis la paz del espíritu en ellas, y ha puesto amor y ternura entre vosotros. En eso hay, ciertamente, Signos para los hombres que reflexionan”. (30:22)

El matrimonio es una unión armoniosa de dos almas y su objetivo es el bienestar de ambos cónyuges. El Santo Corán expone con belleza la igualdad de estas relaciones en este versículo:

“…Ellas son una vestidura para vosotros y vosotros una vestidura para ellas”. (2:188)

Esto demuestra que el Islam considera iguales al marido y a la mujer en cuestión de apoyo, bienestar y protección mutua, y han de compenetrarse mutuamente de igual forma como la vestidura se ajusta al cuerpo. El Islam enseña además que la mujer ha de ser tratada con amabilidad y generosidad, y disfruta de los mismos derechos tanto en el matrimonio como en el divorcio. Antes de la aparición del Islam, una mujer no podía iniciar el proceso del divorcio, aún siendo víctima de malos tratos. El Islam permite el divorcio cuando es absolutamente necesario. (El sistema de matrimonio islámico, se expone con más detalle en otro apartado).

3.         Madre

La mujer musulmana alcanza su máximo estatus social en el papel de madre, pues el Islam reverencia a las madres en mayor medida que a otras personas. El Santo Corán exhorta repetidas veces a los musulmanes a cuidar de sus padres, especialmente a la madre. Dios dice:

“Hemos recomendado al hombre sobre sus padres – su madre lo lleva con pena tras pena, y tarda dos años en destetarlo -…” (31:15)

El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) hizo hincapié en el amor y respeto que la madre merece, con estas palabras:

   “El paraíso está debajo de los pies de la madre”.

En otro hadiz, dijo, al preguntársele con quién debería ser amable un hombre: “con tu madre”. Al preguntársele a quién debería mostrar bondad un hombre en segundo lugar, volvió a responder: “a tu madre”. La tercera vez, su respuesta también fue: “con tu madre”. Sólo a la cuarta vez respondió: “con tu padre”. De esta forma, enfatizó tres veces lo importante que es para un musulmán el cuidado de su madre, a quien debe otorgarle la consideración y respeto adecuados a sus necesidades y deseos.

Hiyab (el Velo)

La enseñanza del Islam respecto al hiyab (el velo) es probablemente la más confusa y la más difícil de aceptar para la sociedad occidental. Esto es debido a la errónea y amplia noción de que la enseñanza del hiyab es una severa restricción impuesta a la mujer musulmana, siendo la realidad totalmente distinta. El hiyab es un instrumento de protección a la mujer,  que le libera de muchos males sociales. La palabra “pardah” también se usa para describir el concepto y la práctica del hiyab.

El Islam no sólo establece normas para los individuos, sino también para el bienestar de toda la sociedad  en general. En este caso, la institución del hiyab/pardah protege la condición moral de la sociedad. A la mujer musulmana no sólo le recaen responsabilidades como madre e hija, sino que comparte con el hombre la responsabilidad de elevar el estándar moral de la sociedad. El Santo Corán menciona el hiyab como uno de los métodos para que el hombre y la mujer alcancen esta meta. Dice:

“Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Al-lah sabe perfectamente lo que hacéis”. (24:31)

“Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y conserven sus partes privadas, y no revelen sus adornos, excepto lo que sea visible de ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos…” (24:32)

El versículo continúa enumerando a familiares cercanos con quienes no es preciso la observancia del hiyab/pardah.

Estos versículos indican que tanto los hombres como las mujeres deben adoptar la modestia y decencia en todo momento, especialmente en presencia del sexo opuesto. Esta enseñanza se basa en el hecho de que el Islam reconoce que “prevenir es mejor que curar”. Por lo tanto, se prescribe la segregación de sexos con el fin de evitar situaciones que al final no puedan llegar a ser controladas. De esta forma, se puede prevenir el deterioro de los valores morales y se salvaguarda a la sociedad de problemas como el  adulterio, embarazos de adolescentes y enfermedades de transmisión sexual.

El Santo Corán requiere a las mujeres musulmanas que vistan con modestia, se cubran la cabeza y lleven una prenda exterior que oculte su belleza ante los ajenos.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que esta protección física constituye sólo un primer paso hacia el cumplimiento del hiyab. El verdadero y pleno cumplimiento del hiyab/pardah, se alcanza cuando “el velo” abarca el corazón y la mente del hombre y la mujer. Esto significa que los hombres y mujeres deben tapar y proteger su mente y corazón de pensamientos impuros e inmorales en presencia del sexo opuesto. Nuestros pensamientos, palabras y actos deben reflejar un amor y respeto fraternales hacia el prójimo. Esta actitud contribuye a elevar la moralidad en la sociedad creando una atmósfera de respeto y entendimiento entre el hombre y la mujer, libre de degradación y resentimiento.

Otro versículo del Santo Corán, indica:

“¡Oh, Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes, que deben llevar, sobre ellas, con holgura, parte de sus vestimentas externas. Esto es más conveniente para que sean así reconocidas y no molestadas. Pues Al-lah es el Sumo Indulgente, Misericordioso”. (33:60)

Es poco probable que la mujer que cumple las normas del hiyab respecto a su vestimenta y actitud sea tratada irrespetuosamente por el hombre. De esta forma, el hiyab o pardah libera a la mujer de algunos de los problemas que afectan a la mujer de la sociedad occidental. En el Islam, la mujer no es considerada un “objeto sexual”, ni es víctima de una degradante explotación ni acoso. Como ya sabemos, algunos grupos feministas están intentando abordar el tema hoy en día, pero con escaso éxito.

No queda, pues, lugar a dudas de que el Islam ha otorgado a la mujer dignidad y honor a través del hiyab/pardah, un instrumento de protección que le otorga mayor libertad en sus actividades y le depara tranquilidad. Se ha observado que la mujer musulmana que sigue la práctica del hiyab/pardah, lleva una vida más relajada y tranquila. Esto es debido a que el Islam, no considera la apariencia física como un signo de dignidad. La mujer musulmana puede hacer gala de otras facultades, sin tener que depender en la belleza física para conseguir lo que desea. Cuando la mujer observa el hiyab/pardah correctamente, cumple su responsabilidad hacia la sociedad obteniendo a la vez satisfacción por haber logrado la cercanía a Dios.

El Papel de la Mujer Musulmana en la Actualidad

Este apartado expone el estatus de la mujer musulmana en la sociedad y los derechos que el Islam le otorga. Cabe señalar que ninguna otra enseñanza alude tan específicamente a las necesidades de las mujeres. Las mujeres musulmanas disfrutan de los mismos derechos que el hombre y en cierta forma tienen privilegios que los hombres no poseen.

En resumen, el deber primordial de la mujer musulmana es su obligación hacia Dios en primer lugar y después hacia el prójimo. El Islam le recuerda que el marido y los hijos son su principal responsabilidad. Sin embargo, su función no se limita solamente a esta tarea ya que posee el derecho a salir del hogar y trabajar, sin asumir la responsabilidad económica de su hogar. Se le alienta a aumentar su educación para su propio bien y el de su descendencia. La institución del pardah crea a su alrededor un entorno de respeto y dignidad sin impedirle en absoluto realizar una carrera profesional, negocio o cualquier otro tipo de actividad productiva.

            Hoy en día, prevalecen algunos malentendidos respecto al papel de la mujer en la sociedad, debido a que, desafortunadamente, algunos países musulmanes no practican las enseñanzas del Santo Corán. En estas sociedades, existe una gran negligencia en el campo de la educación y desarrollo de las mujeres musulmanas.

Esto se debe a razones políticas o al hecho de que algunas de estas sociedades viven en una absoluta pobreza, que priva a las mujeres de su derecho a la educación. Al carecer de cultura, ignoran el estatus que el Islam les otorga y están sometidas a una condición semejante a la que precedió al Islam.

Sin embargo, en el contexto del Movimiento Ahmadía del Islam, la mujer es perfectamente consciente de los derechos que el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) les ha otorgado. No sólo ellas, sino los hombres de la Comunidad también son conscientes de los derechos de sus mujeres. Hazrat Mirza Masrur Ahmad, el Jefe actual de la Comunidad recuerda continuamente a sus seguidores sus derechos y obligaciones. La mayoría de las mujeres musulmanas poseen una buena formación y permanecen activas en muchas esferas de la vida, a la vez que mantienen su dignidad como musulmanas. Un aspecto atrayente de la enseñanza islámica es que al definir el papel de la mujer en la sociedad y conceder dignidad a este papel, la mujer se siente realizada como persona. Es una gran bendición de Dios Todopoderoso.

Para más información

Holy Qur ’an con comentario. Traducción y Ed. Malik Ghulam Farid. Reino Unido, 1994.
Holy Qur’an con comentario. 5 volúmenes. Traducción & Ed. Malik Ghulam, Farid. Reino Unido. 1988.
Gardens of the Righteous. Hadiz (dichos del Santo Profeta). Traducción Mohammad Zafrullah Khan. Reino Unido. 1980.
Ahmad, Mirza Bashiruddin Mahmud. Muhammad, the Liberator of Women. Pakistán.
Khan, Muhammad Zafrullah. Women in Islam. Michigan, 1995.

Fuente: “Pathway to Paradise”; Lajna Imaillah, USA