Ciencia y Tecnología en La España Islámica

La historia de la España Islámica duró casi ocho siglos y dio al país una cultura de ilustración.  Uno de los muchos rasgos notables de la España Islámica, era la sed insaciable por aprender e investigar. En  las casas  de Córdoba había espléndidas bibliotecas con un número de volúmenes que oscilaba entre  diez y cincuenta mil libros y el deseo de aprender  sobrepasó el habido en cualquier civilización anterior.

Consideremos los siguientes hechos: los numerales árabes fueron introducidos en Europa a través de la España Islámica; el papel se introdujo en Europa a través de  España Islámica; la biblioteca más grande de la Edad Media existió en España; el primer libro sobre la religión comparada fue escrito allí; el cristal fue descubierto en Córdoba; los primeros instrumentos quirúrgicos fueron inventados en Al-Andalus, el cepillo de dientes y la pasta también. Fueron  médicos españoles musulmanes  los primeros en describir la  verdadera función  de la retina y la naturaleza infecciosa de la peste. Fue un científico Español musulmán quien rechazó por  primera vez el geocéntrico sistema de Ptolomeo.

Desde el siglo ocho hasta el siglo trece los musulmanes fueron la luz de la civilización en el mundo, mientras la mayor parte de Europa vivía todavía su edad oscura. Durante tres siglos al-Andalus escribió un capitulo brillante en la historia intelectual del mundo. En Córdoba, entonces  centro político e intelectual de Europa, se hicieron descubrimientos y avances en todos los campos. Durante la Edad Media  (1000 – 1453) Córdoba fue no sólo  una joya  en el mundo sino también  madre de todas las ciudades Europeas. Era morada favorita de los intelectuales,  a la que acudían científicos, escritores, genios literarios  y  poetas.  Allí se escribieron algunos libros de calidad inmejorable . P.K.Hitti en su libro “Ciudades Capitales del Islam” escribió “Mecca consiguió la grandeza por el nacimiento del Santo Profeta Muhammad, Medina por el éxito de su misión pero Córdoba consiguió la grandeza gracias a  su erudición.” 1.

“Supera a  todas las ciudades del mundo,” escribió el famoso historiador musulmán al-Maqqari (m1632), “por cuatro rasgos principales: sus cuatro puentes sobre el Guadalquivir, la mezquita, el palacio Al-Zahra y sobretodo, las ciencias cultivadas allí.”2 . El palacio mencionado en esta cita era Al-Zahra, que fue construido por 10.000 trabajadores con la ayuda de  3.000 bestias de carga y un coste de 300.000 dinares por año. Este palacio imperial pudo dar alojamiento a más de 10.000 personas y tenía 4.000 columnas de mármol y oro. Estaba formado por  muchos palacios, mezquitas, un zoo, un recinto para pájaros y aves, y talleres para la fabricación de herramientas. De hecho, el califa Abdur Rahman III necesitó 25 años para terminar las obras.

Había 37 bibliotecas en Córdoba y numerosas librerías, 800 baños públicos, 600 mezquitas. Existían 150 hospitales, 600 posadas, más de 80.000 tiendas, 130.000 casas, 4.300 mercados, 10.000 mansiones con jardines exquisitos. Estas mansiones tenían nombres como El  Valle del Paraíso, El Jardín del Asombro, El Valle Bello. Mientras Europa yacía en un torpe sueño de ignorancia, esta ciudad criaba hombres de cultura que levantaban edificios maravillosos, escribían libros y producían obras de arte. Existían 5.000 molinos por el río moliendo el trigo para los trabajadores. Había 32 kilómetros de jardines. Se plantaron tantas flores en una colina cerca del palacio que se llamaba “La montaña de las flores”. Los habitantes tenían tanta pasión por la limpieza que preferían gastar sus ultimas monedas en jabón antes que en pan. Esta era la primera ciudad en Europa que tenía farolas, y después de la puesta de sol una persona podía caminar 16 kilómetros por debajo de las luces públicas. Comparemos esta situación con la de Londres 700 años más tarde cuando no había ninguna farola  y en París la gente andaba sobre el fango.

Córdoba deslumbraba los ojos de sus habitantes igual que a los visitantes de otros países vecinos. Una monja alemana, Hrosvitha (m.1.002) describió el esplendor de Córdoba bajo el califa Abdur Rahman II de esta manera: “en las regiones occidentales del mundo brillaba  un ornamento, una ciudad venerable a causa de su insuperable poder militar, una ciudad de mucha cultura, rica y famosa, conocida por el nombre de Córdoba, ilustre gracias a sus encantos, célebre por sus recursos, sobretodo las siete corrientes del conocimiento.” (3). Siempre que un monarca cristiano necesitaba un médico, un arquitecto o un sastre, lo buscaba en Córdoba.

De las escuelas y universidades salían tantos académicos que un juez de Valencia escribió un tomo con el título La Historia de los Hombres Eruditos  de España. El califa Al-Hakam II patrocinó los que hombres cultos porque el mismo era un destacado académico. Fundó veintisiete escuelas libres en Córdoba, nombró catedráticos en la universidad invitando profesores del Este. Pocos brillaban más en Historia y en biografías. Él mismo escribió una historia de España. Leyó y anotó un gran número de los libros en su posesión. Existió un dicho conocido en la España Islámica que “cuando muera un músico de Córdoba y hay que vender sus instrumentos, se los mandan a Sevilla; cuando muere un hombre rico de Sevilla y hay que vender su biblioteca, se la manda a Córdoba.”(4)

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