En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Carta de Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder supremo de la Comunidad musulmana Ahmadía, dirigida al custodio de los dos lugares sagrados: el rey del reino de Arabia Saudí, Abdullah bin Abdul-Aziz Al Saud.

En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso

Respetado Rey Abdullah,

 Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatohu,

Hoy, le escribo con la intención de tratar un tema muy importante, pues usted, como custodio de los dos lugares sagrados y Rey de Arabia Saudí, posee un cargo muy elevado en la Ummah Islámica. En su país se encuentran los dos lugares sagrados del Islam que, con gran amor, forman parte de la fe de los musulmanes: Meca Al-Mukarramah y Medina Al-Munawwarah. También constituyen los centros de progreso espiritual por lo que son reverenciados por los musulmanes. Por esta razón, tanto los musulmanes como los gobiernos musulmanes le otorgan a usted un rango especial que demanda de su parte que, por un lado, guíe al mundo musulmán de forma adecuada, y por otro, intente establecer un entorno de paz y armonía entre los países musulmanes. Así mismo, debe esforzarse por establecer el amor y la simpatía entre los musulmanes de todo el mundo iluminándoles con la esencia de:

رحمآء بینھم

En beneficio de toda la humanidad debe usted trabajar por establecer la paz en el mundo. Como líder de la Comunidad Ahmadía del Islam y Jalifa del Mesías e Imam Mahdi (la paz sea con él), le pido que, al margen de las diferencias doctrinales existentes entre la Comunidad Ahmadía del Islam y otras sectas del Islam, nos unamos en el esfuerzo de establecer la paz mundial, y hacer todo lo que nos sea posible para mostrar al mundo las verdaderas enseñanzas del Islam, basadas en el amor y la paz. Así podremos acabar con los malentendidos existentes en Occidente, y en el mundo en general, acerca del Islam. La enemistad con otras naciones o grupos no debe impedirnos actuar de manera justa. Al-lah Todopoderoso dice en el verso 3 del Surah Al-Maidah, del Sagrado Corán:

“…Y que la enemistad de un pueblo, que os puso trabas para entrar en la Mezquita Sagrada, no os incite a transgredir. Más bien ayudaos mutuamente en la justicia y la piedad, y no en el pecado y la transgresión. Y temed a Al-lah: en verdad, Al-lah es severo en el castigo”.

Este es el principio que debemos tener siempre en cuenta para poder cumplir con nuestra responsabilidad de presentar al mundo la maravillosa imagen del Islam. Por mis sentimientos profundos de amor y compasión hacia todos los musulmanes del mundo le pido que cumpla con el papel que le corresponde en este asunto.

Vemos cómo ciertos políticos y personas que se hacen llamar eruditos plantan semillas de odio contra el Islam intentando difamar al Santo Profetasaw. Tratan de presentar interpretaciones completamente distorsionadas de las enseñanzas del Sagrado Corán para conseguir sus objetivos. Además, el conflicto entre Palestina e Israel no hace sino empeorar día a día. Estas circunstancias requieren que usted, como líder de extrema importancia en el mundo musulmán, haga todo el esfuerzo posible para resolver estas disputas aplicando la justicia y la igualdad. La Comunidad Ahmadía del Islam hace cuánto puede para erradicar el odio hacia el Islam allí donde surge. La paz nunca se podrá lograr hasta que la totalidad del mundo musulmán se una y se esfuerce por conseguirla.

Por ello le pido que haga todo cuanto pueda a este respecto. Si la Tercera Guerra Mundial está destinada a estallar, debemos intentar al menos que no sea a causa de un país musulmán. Ningún país ni individuo musulmán de cualquier parte del mundo, ni hoy ni en el futuro, querrá cargar con la culpa de ser el causante de una catástrofe global, cuyas consecuencias a largo plazo sean unas generaciones futuras nacidas con defectos y deformaciones; pues, sin duda alguna, la Guerra Mundial que ahora estalle, se librará con armas nucleares. Ya hemos sido testigos de la imagen de la devastación causada por armas atómicas cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, se lanzaron bombas atómicas en dos ciudades de Japón.

Por ello, ¡Oh Rey de Arabia Saudí! ¡Use toda su energía e influencia para salvar al mundo de la aniquilación! Que Dios Todopoderoso le otorgue Su Ayuda. Amín. Me despido con las siguientes plegarias para usted y todo el mundo musulmán:

“Dirígenos por el camino recto”

Wassalam

Sinceramente suyo,

Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Jefe Supremo de la

Comunidad Ahmadía del Islam

Imagen: cortesía de Wajahat MahmoodLicencia Creative Commons