En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Estimado Sr. Presidente,

A la vista del cambio repentino que ha sufrido la situación del mundo, he considerado necesario escribirle; pues usted, como Presidente de Francia, tiene potestad para tomar decisiones que afecten al futuro de su nación y del mundo entero. Pienso que los gobiernos de los países deberían ser enormemente conscientes de la situación actual del mundo. Las injusticias y hostilidades entre las naciones amenazan con transformarse en un conflicto global. En el siglo pasado, ya se produjeron dos Guerras Mundiales. Tras la primera se creó la Liga de las Naciones; sin embargo, al no cumplirse los requisitos de la justicia, se desencadenó la Segunda Guerra Mundial, en la que se llegaron a utilizar bombas nucleares. Como consecuencia de esta guerra, se crearon las Naciones Unidas, con el objetivo de proteger los derechos humanos y mantener la paz mundial. Aunque entre sus principales objetivos establecidos estaba el de evitar nuevas guerras, vemos que hoy nos encontramos a las puertas de una Tercera Guerra Mundial. Numerosos países, grandes y pequeños, poseen bombas atómicas. Lo preocupante es que algunas de las pequeñas potencias nucleares son irresponsables, e ignoran las desastrosas consecuencias de dichas armas. No es difícil de imaginar que el uso de las armas nucleares causará unas consecuencias terribles que se manifestarán de inmediato; y ese día se asemejará al día del Juicio Final. Las armas que hoy están al alcance son tan destructivas que podrían provocar graves deformaciones físicas y genéticas a varias generaciones. Se dice que, habiendo transcurrido ya siete décadas, los efectos de las bombas atómicas que estallaron en Japón, el único país que ha sufrido hasta el momento la terrible destrucción de una guerra atómica, siguen manifestándose en los recién nacidos.

De ahí mi humilde petición para que haga esfuerzos para terminar con las diferencias y desconfianzas entre el mundo musulmán y el mundo no musulmán. Algunos países europeos sostienen opiniones erróneas acerca de las enseñanzas y tradiciones del Islam, habiendo llegado a restringir algunas de ellas, mientras otros países están considerando hacer lo mismo. El rechazo a Occidente de algunos extremistas, que se autodenominan musulmanes, les lleva a actuar de forma inapropiada; hecho que, a su vez, desencadena una intolerancia y disensión religiosa aún mayor. Sin embargo, el Islam es una religión de paz y amor que no enseña, en absoluto, a hacer el mal para detener otro mal. Nosotros, la Comunidad Ahmadía del Islam, seguimos este principio y creemos que hay soluciones pacíficas para todo.

Por desgracia, tenemos que presenciar cómo una pequeña minoría de musulmanes presenta una imagen completamente distorsionada del Islam y actúa en base a fundamentos erróneos. Tengo que decir, por amor al Santo Profeta Muhammadsaw, que fue una “bendición para toda la humanidad”, que no debe creer que dichos fundamentos constituyan el verdadero Islam, ni emplear esto como pretexto para herir los sentimientos de la mayoría de musulmanes pacíficos. Recientemente, una persona despiadada y sin corazón, asesinó sin justificación alguna a varios soldados franceses en el sur de Francia y luego, días más tarde, volvió a asesinar en un colegio a tres niños judíos y a un profesor; todos ellos inocentes. Estos actos crueles, que también observamos a menudo en otros países musulmanes, dan la oportunidad a los oponentes del Islam a incitar al odio; a la vez que les sirve de pretexto para conseguir sus objetivos a largo plazo. Como musulmán, me gustaría dejar absolutamente claro que el Islam no permite crueldad u opresión de ninguna forma. El Sagrado Corán ha comparado el asesinato injustificado de una persona inocente con el asesinato de toda la humanidad. Se trata de un mandamiento absoluto y sin excepción. Además, el Sagrado Corán también señala al hecho de que aunque un determinado país o pueblo mantenga una enemistad contigo ello no debe impedirte actuar con justicia a la hora de negociar con él. Las enemistades o rivalidades no llevar a la venganza o los actos inapropiados. Hay que buscar soluciones amistosas para resolver los conflictos de la mejor manera posible.

Aprecio que muchos países occidentales hayan permitido generosamente que vivan en su seno personas de países pobres y naciones subdesarrolladas, entre las que también se encuentran musulmanes. De hecho, muchos musulmanes viven en su país, y por tanto son ciudadanos suyos; la mayoría sinceros y respetuosos con la ley. El Islam sostiene claramente que el amor por el país de uno es parte de la fe; y la Comunidad Ahmadía del Islam practica y promueve este mensaje en todo el mundo. Precisamente este es mi mensaje para usted: los requisitos de amor a la patria y la paz quedarán garantizados en todos los países si esta enseñanza verdadera del Islam se promueve en todo el mundo.

Mi humilde petición a usted y a todos los líderes del mundo es que hagan uso de la diplomacia, el diálogo y la sabiduría, y no de la fuerza para oprimir a otras naciones. Las grandes potencias del mundo como Francia, deben cumplir con su papel para establecer la paz, y no usar como pretexto los actos de países pequeños para alterar la armonía mundial. Por ello, le recuerdo, una vez más, que debe hacer lo posible para prevenir a las grandes y pequeñas potencias del peligro de una Tercera Guerra Mundial. Si caemos en dicha desgracia, sin duda que sus efectos no se limitarán a los países pobres de Asia, Europa y América sino que nuestras futuras generaciones tendrán que sufrir las terribles consecuencias de nuestros actos: en todo el mundo nacerán niños con defectos. Es mi plegaria que los líderes del mundo actúen con sabiduría y no permitan que las enemistades entre naciones y personas desencadenen un conflicto global.

Que Dios el Exaltado le permita a usted y a todos los líderes del mundo comprender este mensaje.

Con mis mejores deseos y plegarias,

Sinceramente suyo,

Mirza Masrur Ahmad
Jalifatul Masih V
Jefe Supremo de la
Comunidad Ahmadía del Islam

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