En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Estimado Primer Ministro,

A la vista de la delicada situación que atraviesa el mundo, he sentido la necesidad de escribirle, pues usted, como Primer Ministro del Reino Unido, tiene potestad para tomar decisiones que afectan al futuro de su nación y del mundo en general. Hoy, debido a la atmósfera de guerra que se percibe, el mundo necesita una paz inmediata. Los conflictos a menor escala entre países amenazan con provocar un conflicto global. Vemos cómo la situación actual del mundo es similar a la de 1932, tanto económica como políticamente. Hay otras muchas similitudes que, en su conjunto, forman la misma imagen que se dio justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Si esta atmósfera empeora, viviremos el terrible acontecimiento de una Tercera Guerra Mundial. El hecho de que muchos países, grandes y pequeños, posean armas nucleares implica que una guerra de tales características, sin duda alguna, contará con armas atómicas. Las armas que hoy están al alcance de los países son tan destructivas que podrían provocar graves deformaciones genéticas y físicas en varias generaciones venideras. Japón es un país que ya ha vivido las terribles consecuencias de las armas atómicas al ser atacada con bombas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial que aniquilaron dos de sus ciudades. Aun así, las bombas nucleares que se utilizaron aquella vez, y que causaron esa terrible catástrofe, no tenían tanta potencia como las armas atómicas que algunos países pequeños poseen hoy día. Por tanto, es obligación de las superpotencias reunirse para encontrar una solución que salve a la humanidad del desastre que se avecina.

Lo que causa mayor temor es la consciencia de que existen armas nucleares en países pequeños que pueden llegar a manos de personas egoístas que, o bien no poseen la capacidad, o bien han escogido no reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Si las grandes potencias no actúan con justicia, no acaban con las frustraciones de los países pequeños, y no adoptan políticas sabias, la situación se convertirá en una espiral sin control, y la destrucción que se desencadene quedará fuera del alcance de nuestro conocimiento e imaginación. Tanto es así que la mayoría de la población del mundo que desea la paz se verá engullida por dicha devastación.

Por ello, es mi ardiente deseo y plegaria que usted y los demás líderes de las grandes naciones entiendan esta seria realidad, y adopten políticas que promuevan y aseguren la justicia, en vez de optar por políticas agresivas y por el uso de la fuerza para alcanzar sus objetivos.

Si volvemos la mirada hacia atrás, hacia un pasado reciente, vemos cómo Gran Bretaña ha gobernado en muchos países, y ha dejado tras sí un elevado estándar de justicia y libertad religiosa, sobre todo en el subcontinente de la India y Pakistán. Cuando el fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam felicitó a su Majestad la Reina Victoria por su Jubileo de Diamante, y le envió su mensaje del Islam, también rezó especialmente a Dios para que recompensara al gobierno británico por su manera de gobernar con justicia y equidad, y lo elogió por su política justa y libertad religiosa. En el mundo actual el gobierno británico ya no posee poder sobre el subcontinente, pero los principios de libertad religiosa todavía están profundamente arraigados en la sociedad británica y en sus leyes, a través de las cuales cualquier persona tiene garantía de libertad religiosa e igualdad de derechos.

Este año se celebra el Jubileo de Diamante de su Majestad la Reina Isabel II; hecho que da la oportunidad a Gran Bretaña de mostrar al mundo su nivel de justicia y honestidad. La historia de la Comunidad Ahmadía del Islam muestra que siempre hemos reconocido esta justicia dondequiera que Gran Bretaña la hubo aplicado, y esperamos que en el futuro siga siendo un elemento característico del gobierno británico, no solo en asuntos religiosos, sino en todos los aspectos. Esperamos, además, que el gobierno británico no olvide en ningún ámbito de actuación las buenas cualidades del pasado de su nación; y en la situación actual del mundo cumpla con el papel que le corresponde para garantizar la paz mundial.

Le pido que intentemos, a todos los niveles y en todas las direcciones, hacer cuanto nos sea posible para extinguir las llamas del odio. Únicamente así, cumpliendo con esta tarea, podremos garantizar un mejor futuro a nuestras generaciones venideras. Sin embargo, si fracasamos, nuestras futuras generaciones en el mundo entero sufrirán, sin género de dudas, como resultado de una guerra nuclear, las terribles consecuencias de nuestros actos; y nunca perdonarán a sus mayores haber arrastrado al mundo a tal catástrofe. Le recuerdo, una vez más, que Gran Bretaña también es uno de esos países que tienen influencia en el mundo desarrollado, así como también en los países en vías de desarrollo. Ustedes pueden guiar al mundo cumpliendo con los requisitos de igualdad y justicia, si así lo desean. Por tanto, Gran Bretaña y otras grandes potencias deben cumplir con su debido papel en el establecimiento de la paz mundial. Que Dios Todopoderoso le haga entender este mensaje a usted y a los demás líderes del mundo.

Con mis mejores deseos y plegarias,

Sinceramente suyo,

Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Jefe Supremo de la

Comunidad Ahmadía del Islam

Imagen: cortesía de MauriceLicencia Creative Commons