El colapso de la justicia y la búsqueda de la paz
Discurso principal dirigido por Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, en el 19o Simposio Nacional por la Paz organizado por la Comunidad Musulmana Ahmadía del Reino Unido el 16 de mayo de 2026, en la Mezquita Mubarak, Islamabad, Tilford, Reino Unido.
Después de recitar Ta`awwuz y Bismil’lah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía y Quinto Jalifa (Sucesor) del Mesías Prometido (as) dijo:
‘Distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatuhu– Que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con todos ustedes.
En primer lugar, quisiera expresar mi sincero agradecimiento a todos los invitados que nos han acompañado esta noche.
El deber de seguir luchando por la paz
A principios de este año, cuando los organizadores propusieron celebrar este Simposio por la Paz, mi respuesta inicial fue que llevamos más de dos décadas celebrando este evento, y algunas personas, con toda razón, preguntan qué hemos conseguido y si ha conllevado algún cambio significativo en la sociedad.
En los últimos tiempos, muchas personas influyentes, incluyendo políticos, académicos y líderes religiosos, han condenado la creciente ola de guerras e injusticias globales y han instado a gobiernos y ciudadanos por igual a priorizar la paz y la seguridad. Cuando tales personas, que a los ojos del mundo tienen fama e influencia, ven que sus advertencias son ignoradas, ¿quién escuchará entonces mi voz o la voz de nuestra comunidad? Por lo tanto, hay que preguntar si, de verdad, celebrar este evento sirve para algo.
Mi respuesta es que, según el islam, debemos esforzarnos incansablemente por el bien y no rendirnos jamás. ¿Y qué mayor bien podría haber que esforzarnos por salvar a la humanidad de la autodestrucción? Si no ponemos fin a la guerra, la violencia, el odio y la injusticia que están corroyendo rápidamente el tejido de la sociedad moderna, esto no solo causará una devastación generalizada en nuestra época, sino que proyectará una larga sombra sobre la vida de las generaciones venideras.
La sombra de la guerra moderna
Más de 70 millones de personas perecieron en la Segunda Guerra Mundial. La gran mayoría eran civiles, hombres, mujeres y niños comunes. Es un alivio que la muerte y la destrucción se limitaran en gran medida a esa época, con una terrible excepción: Japón, sobre el cual se lanzaron dos bombas atómicas en 1945. Si bien cientos de miles perecieron de inmediato, el legado radiactivo atormentó también a las generaciones futuras. Diversos estudios han demostrado que los hijos de los supervivientes se enfrentaron a un mayor riesgo de discapacidades neurológicas y físicas, mientras que las tasas de mortalidad aumentaron entre las mujeres embarazadas expuestas a la radiación.
En 1945, solo Estados Unidos poseía una bomba atómica, pero hoy en día varias naciones poseen armas nucleares, cuyo poder y capacidad destructiva eclipsan las bombas lanzadas sobre Japón. Por consiguiente, si, Dios no lo quiera, tan solo uno o dos países llegaran a desplegar tales armas, la masacre resultante y las catastróficas consecuencias a largo plazo serían inimaginables.
Un número creciente de figuras influyentes está dando la voz de alarma contra la guerra y la injusticia, conscientes de que continuar por este camino de agresión temeraria conducirá a una catástrofe sin precedentes en la historia de la humanidad. Con razón, instan a las naciones a alejarse de este abismo de destrucción antes de que sea demasiado tarde. En lugar de permitir que la gente común construya una vida mejor para sus familias, ¿por qué los líderes mundiales están empujando a la humanidad hacia el borde de una calamidad inimaginable?
En efecto, como seres humanos, debemos preguntarnos qué sentido tiene librar guerras que no solo acarrea nuestra destrucción, sino también para nuestros hijos, nietos y las generaciones futuras. En este sentido, presentaré a continuación una selección de declaraciones recientes de figuras públicas sobre la guerra moderna y el fracaso en mantener la justicia en el mundo.

Los líderes mundiales dan la voz de alarma
El año pasado, el entonces presidente de Irlanda, Michael Higgins, advirtió:
“Hemos entrado en una era en la que la retórica beligerante de la guerra domina el discurso mundial, mientras que la diplomacia tradicional y la búsqueda de puntos en común han sido relegadas”.
Añadió:
“En lugar de un esfuerzo concertado para crear una mentalidad bélica, lo que la humanidad necesita ahora es construir una mentalidad de paz.” [1]
De manera similar, el primer ministro eslovaco Robert Fico habló con franqueza el año pasado sobre cómo la retórica belicista y las amenazas de guerra se han normalizado. Dijo:
“Todo el mundo habla de guerra… En todas partes, todos hacen resonar sus armas… Cuando se trata de Ucrania, todo está claro. Cuando se trata de Irán, cuando se trata de Gaza, nada está claro.”
Continúa diciendo:
“La doble moral es absolutamente evidente… Perdonen mi franqueza, pero diré que el mundo se ha vuelto loco. Simplemente no entiendo por qué a todos parece gustarles la guerra. Como primer ministro, no me gusta la guerra. Estoy a favor de la paz.”[2]
Las consecuencias de la doble moral
La doble moral de la que habla Robert Fico, inevitablemente genera frustración y resentimiento.
Una de las enseñanzas fundamentales del islam es que debemos desear para los demás lo que uno desea para sí mismo. Estoy firmemente convencido de que, si este principio fundamental se pusiera en práctica, el mundo se transformaría en un remanso de paz y entendimiento.
Tras el estallido de la guerra con Irán, el vicecanciller alemán Lars Klingbeil también se pronunció en contra de este conflicto. Si bien admiro a quienes denuncian la injusticia, quienes ostentan autoridad e influencia deben demostrar con hechos las medidas que están tomando para respaldar sus palabras. Lamentablemente, a la hora de implementar políticas concretas o tomar medidas decisivas, su actuación es escasa o nula. Las palabras, por muy elocuentes o sabias que sean, no bastan para lograr la paz.
Durante una visita a Turquía, el Papa León XIII declaró que la Tercera Guerra Mundial ya está en marcha y que el futuro de la humanidad está en juego. El Papa y otros reconocen ahora lo que llevo tiempo advirtiendo: que la guerra mundial ya ha comenzado y que, poco a poco, el mundo se hunde cada vez más en ella.
Respecto a los riesgos de escalada, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, declaró recientemente:
“No se puede responder a una ilegalidad con otra ilegalidad, porque así es como comienzan las grandes catástrofes de la humanidad. Con frecuencia, las grandes guerras estallan debido a una cadena de reacciones que se descontrolan por errores de cálculo, fallos técnicos y acontecimientos imprevistos.”
Esta es una observación sabia e importante: la injusticia cometida por una parte no da licencia a las otras partes para hacer lo mismo. Hoy en día, ciertas grandes potencias actúan con impunidad, haciendo caso omiso de las normas internacionales y anteponiendo sus propios intereses a todo lo demás.
Sin embargo, deben recordar que las acciones injustas o ilegales nunca se llevan a cabo en el vacío. No deben ignorar la realidad de que ellos también sufrirán si el mundo se sume en el caos y se destruyen los cimientos de la paz. Sin duda, la injusticia es un virus maligno que se propaga rápidamente. Por lo tanto, si hoy las grandes potencias violan las leyes internacionales impunemente, mañana las potencias menores se envalentonarán para actuar con igual desprecio por la ley y la vida humana.

Cuando el poder y el lucro se imponen sobre la humanidad
El presidente del gobierno español también señaló que las guerras se utilizan a menudo como una distracción para enmascarar los fracasos de los gobiernos y sus líderes. presidente Sanchez declaró:
“Los gobiernos están para mejorar la vida de las personas, para ofrecer soluciones a los problemas, no para empeorarla. Y es absolutamente inaceptable que aquellos líderes incapaces de cumplir con este deber utilicen la cortina de humo de la guerra para ocultar su fracaso y, de paso, enriquecer a unos pocos privilegiados.”[3]
En otras palabras, la búsqueda de poder y riqueza material está llevando a las naciones y a sus líderes a traicionar al mismo pueblo por el que fueron elegidos para servirles. Lamentó que, en lugar de salvar vidas construyendo hospitales, se estén gastando miles de millones en acabar con ellas mediante la fabricación de armas de destrucción masiva.
El fracaso de los sistemas globales
El profesor John Mearsheimer, reconocido politólogo estadounidense, afirmó recientemente:
“Creo que, en occidente, y esto es especialmente cierto en Estados Unidos, nos gusta hablar de poder militar. Por supuesto, a los israelíes también. La idea es que cualquier problema político se puede resolver por medios militares. Basta con sacar el garrote y recurrir a la diplomacia militar para solucionar el problema.”[4]
Además, advirtió que la guerra con Irán representa una situación fundamentalmente distinta y alertó de que, de no lograrse una pronta resolución, podría desencadenar una depresión económica mundial. Por lo tanto, la verdad es que ninguna parte del mundo es inmune a los efectos nocivos de la guerra y la injusticia.
La historia nos muestra que cuando las naciones temen que su poder se vea amenazado, recurren a la fuerza y la injusticia para preservar su supremacía. Y cuando sus víctimas finalmente se alzan, también se ven consumidas por un ardiente deseo de venganza. De esta manera, un círculo vicioso de guerra, violencia e inequidad se perpetúa sin cesar, mientras las transgresiones de los poderosos incitan a los oprimidos a adoptar las mismas injusticias que alguna vez sufrieron. Precisamente por esta razón, el islam enseña que debemos contener la mano del opresor y del oprimido. Si bien tenemos el deber de ayudar a los oprimidos, también debemos asegurarnos de que no busquen venganza y se mantengan estrictamente dentro de los límites de la proporcionalidad.
¿Por qué están fallando las instituciones internacionales?
El economista estadounidense Jeffrey Sachs ofreció recientemente una cruda evaluación del fracaso mundial a la hora de aprender de las lecciones de la historia. Sostuvo que las instituciones y los marcos del derecho internacional construidos tras la Segunda Guerra Mundial han sido completamente desmantelados, dejando a las Naciones Unidas tan ineficaces hoy como lo fue la Sociedad de Naciones a finales de la década de 1930. Afirmó:
“Nunca habíamos visto este tipo de anarquía en la era nuclear… Las Naciones Unidas son… esencialmente inútiles en este momento.”[5]
El fracaso de las Naciones Unidas es un tema que he abordado en numerosas ocasiones. Sigue operando bajo un sistema en el que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad ostentan un veto absoluto, un privilegio y un poder muy superiores a los de otras naciones. Esta desigualdad fundamental es la raíz de su fracaso. Sin embargo, si existiera verdadera justicia y equidad en las relaciones internacionales, ni Estados Unidos, ni Israel, ni Irán, ni ninguna otra nación tendrían motivo alguno para recurrir a la guerra.

En un discurso ampliamente difundido a principios de este año, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, declaró:
“El orden basado en normas se está desvaneciendo. Los fuertes pueden hacer lo que quieran y los débiles deben sufrir las consecuencias.”[6]
También reconoce que se aplican reglas diferentes a los ricos y poderosos. Sin embargo, las naciones poderosas que explotan este principio deberían reconocer que el uso de la fuerza y la coerción es una estrategia miope y contraproducente. Invariablemente, genera frustración, desorden e inestabilidad.
De igual modo, el canciller alemán Friedrich Merz advirtió recientemente que:
“Nuestra libertad ya no está simplemente garantizada. Está amenazada. El orden internacional basado en derechos y normas… ya no existe como antes.”[7]
A pesar de estas palabras, Alemania, al igual que muchas otras naciones desarrolladas, sigue utilizando su poder para mantener su dominio a expensas de las naciones más débiles. Priorizan las alianzas estratégicas sobre los principios y hacen la vista gorda ante las crueldades de sus aliados en lugar de defender la verdad y la justicia en todas las circunstancias.
Los derechos de las mujeres como pretexto para la guerra
En los últimos tiempos, una justificación frecuente para las intervenciones occidentales en países extranjeros ha sido la liberación de las mujeres y niñas de esas naciones. Sin embargo, trágicamente, las miles de mujeres y niñas asesinadas por bombas extranjeras evidencian la falsedad de tales afirmaciones. Tras el estallido de la guerra de Irán, la eurodiputada española Irene Montero afirmó que los derechos de las mujeres y las niñas se explotan cínicamente como pretexto para impulsar agendas geopolíticas. Declaró:
“Ninguna mujer ha sido jamás liberada por las bombas estadounidenses ni por la agresión ilegal. Ni en Siria, ni en Irak, ni en Líbano, ni en Afganistán, y tampoco sucederá en Irán. Estamos hartas de que nuestros derechos, nuestros cuerpos y la violencia que sufren las mujeres se utilicen como excusas para justificar bombardeos ilegales y la agresión imperialista.”[8]
Sus palabras revelan una cruda realidad: las naciones poderosas buscan justificar sus injusticias y guerras con el falso pretexto de defender los derechos humanos. Cada vez más personas toman conciencia de los peligros del momento actual.
El islam no es la causa del desorden mundial
Sin embargo, resulta doloroso para todos los musulmanes sinceros saber que muchos culpan al islam y lo responsabilizan del desorden mundial. Tales acusaciones, difundidas por los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales, son completamente falsas y sumamente dañinas. En lugar de convertir al islam o a cualquier otra religión en chivos expiatorios, lo que el mundo necesita urgentemente es que las personas se unan con un propósito común: el establecimiento de la paz y la armonía.
La Comunidad Musulmana Ahmadía siempre ha estado a la vanguardia en este esfuerzo y seguirá estándolo. Organizamos este evento con la esperanza de que fomente el entendimiento mutuo y, al menos, inspire a algunas personas a servir a la causa de la paz. Con este mismo objetivo en mente, hace varios años escribí a diversos líderes mundiales instándolos a dejar de lado sus diferencias y trabajar juntos por el bien de la humanidad. Por ejemplo, escribí al primer ministro israelí invocando las enseñanzas de la Torá; y al presidente iraní y a otros líderes musulmanes, basándome en el Sagrado Corán, exhortándolos a todos hacia la justicia y la reconciliación.
Transmití el mismo mensaje de paz al primer ministro británico, al presidente de Estados Unidos, al presidente de China y a muchos otros jefes de estado. Mi único objetivo era que reflexionaran sobre el deterioro del mundo y reconocieran los riesgos existenciales a los que se enfrenta la humanidad. Lamentablemente, no están dispuestos a escuchar, y la creciente inestabilidad y el desorden en el mundo son prueba de ello. En esta época, se libran guerras, se dividen naciones, se propaga el odio y se ataca a las minorías; la tolerancia, la gracia y la compasión se perciben con demasiada frecuencia como debilidades o defectos, en lugar de las virtudes que realmente son.

Mientras tanto, se alega que el islam es una religión extremista y la causa principal de los males del mundo. Esto es una grave injusticia. Ninguna de las declaraciones que presenté anteriormente hacía referencia al islam; más bien, señalaban los fracasos geopolíticos de los gobiernos y el colapso de las instituciones diseñadas para salvaguardar la paz y la seguridad. El desorden global es impulsado por el deseo de los ricos y poderosos de satisfacer sus intereses particulares y mantener su dominio sobre los demás.
Principios del islam para una paz duradera
Lejos de ser una fuente de conflicto, las enseñanzas del islam ofrecen un camino eterno hacia la paz. Para ilustrarlo, citaré algunos versículos del Sagrado Corán.
El capítulo 4, versículo 136 dice:
“¡Oh vosotros, los que creéis! sed estrictos en la observancia de la justicia, actuando de testigos por la causa de Al’lah, aunque sea contra vosotros mismos, vuestros padres y familiares.”
Aquí, Al’lah exhorta a los musulmanes a defender la justicia y la equidad absolutas. Requiere que una persona esté dispuesta a testificar contra sí misma, sus padres, sus seres queridos o su comunidad en nombre de la verdad y la justicia. El versículo continúa diciendo:
“Sea rico o pobre, Al’lah está más atento a ambos que vosotros. No sigáis pues los bajos deseos para que podáis actuar con equidad.”
En otras palabras, la posición social o la riqueza material de una persona no tienen importancia ante los ojos de Dios. Lo que importa es la sinceridad de su compromiso con la verdad y la justicia. Por lo tanto, a los musulmanes se les ordena resistir los bajos deseos que obstaculizan el camino hacia la verdadera equidad.
De igual modo, en el capítulo 5, versículo 9, dice:
“Sed perseverantes en la causa de Al’lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos, porque eso está más cerca de la virtud.”
También aquí, Al’lah ordena a los musulmanes que mantengan la justicia y la integridad en todas las circunstancias, incluso con quienes se oponen a ellos. Es fácil cumplir con los derechos de quienes están de nuestro lado. Pero cumplir con los derechos de quienes se oponen a nosotros, es una tarea bastante más difícil.
Justicia, moderación y reconciliación
En un pasaje de profunda relevancia en el mundo actual, asolado por la guerra, el capítulo 49, versículo 10 del Corán afirma que, si dos naciones o partes se ven envueltas en un conflicto, es deber de los demás esforzarse por reconciliarlas. Si se establece un acuerdo de paz, pero una de las partes lo viola, los demás deben unirse contra el agresor y aplicar la fuerza proporcional para poner fin a sus crueldades. Sin embargo, una vez que el agresor está dispuesto a someterse a un acuerdo de paz, no debe ser objeto de venganza; por el contrario, su honor y dignidad deben ser respetados. Este es el medio para garantizar una paz duradera. En cualquier situación, ya sea que se trate de poderosos o débiles, justos o transgresores, el islam nos enseña a actuar con justicia.

La paz exige sacrificio y humildad
Además, alcanzar la paz también requiere un espíritu de sacrificio. No puede ser que una nación espere concesiones de otras mientras que ella se niegue a hacerlas. Si bien hablo desde una perspectiva islámica, creo firmemente que la justicia es un principio universal que garantiza la paz en todos los niveles de la sociedad y entre personas de todas las religiones y creencias. Las diferencias religiosas jamás deberían llevar a una persona a rechazar la sabiduría de los seguidores de otra fe o tradición. El islam enseña que toda palabra sabia es un tesoro perdido de un creyente que debe adoptar dondequiera que se encuentre. Ya provenga de un cristiano, un judío, un ateo o cualquier otra persona, tal espíritu abierto no solo fortalece el carácter moral de una persona, sino que también profundiza su compromiso con la justicia, la tolerancia y la paz.
Una advertencia relacionada con las generaciones futuras
A pesar de las preocupantes realidades globales que he descrito, creo firmemente que, si bien ciertos individuos y naciones codician el poder, la riqueza y los recursos de otros, el corazón común de la humanidad simplemente desea vivir en paz.
Por lo tanto, cada persona tiene un papel que desempeñar, y la urgencia de ese papel se hace más patente cada día. Como dijo el Papa, la Tercera Guerra Mundial ha comenzado de forma gradual, y debemos esforzarnos por detener su propagación antes de que azote al mundo entero. De lo contrario, me temo que su magnitud y la consiguiente pérdida de vidas superarán con creces el horror de las dos guerras mundiales anteriores, alcanzando un nivel sin precedentes en la historia de la humanidad. Tal catástrofe no nos afectará solo a nosotros. Su larga y ominosa sombra oscurecerá el horizonte de las generaciones futuras. Así pues, no debemos pensar únicamente en nosotros mismos. En cambio, todos tenemos el deber de considerar el mundo que dejamos a nuestros hijos y a quienes nos sucedan.
Responsabilidad colectiva por la paz
Actuemos ahora para que quienes nos sucedan hereden un mundo de paz y prosperidad, en lugar de cargarles con el peso de nuestros fracasos. Actuemos ahora para evitar las miradas reprochadoras de nuestros hijos, que nos preguntarán por qué les hemos legado un mundo en llamas. Solo así este Simposio por la Paz habrá cumplido la promesa de su nombre y no será simplemente una reunión de buenas intenciones, sino un punto de inflexión en la búsqueda de la paz.
En efecto, mi más sincera esperanza y mi oración es que este evento sirva como un verdadero catalizador para la paz y la justicia, generando un cambio duradero en el mundo.

Que Dios Altísimo permita a la humanidad comprender la gravedad de este momento, y que todas las personas, independientemente de su fe y creencias, se unan en el propósito común de establecer la paz en el mundo. Que las oscuras nubes de la guerra que nos rodean se disipen y den paso a un cielo azul brillante de paz, amor y compasión.
Con estas palabras, una vez más, les expreso mi más profundo agradecimiento por acompañarnos esta noche. Muchas gracias.
Referencias:
[1]Michael D. Higgins, “Discurso en la conmemoración del Día Nacional del Holocausto”, Presidente de Irlanda. Mansion House, 26 de enero de 2025: https://president.ie/en/media-library/speeches/speech-at-national-holocaust-memorial-day-commemoration.
[2]Robert Fico, “Durante la COVID, las compañías farmacéuticas estaban ganando dinero, ¡y ahora los fabricantes de armas están afilando sus dientes!”, X, 17 de junio de 2025, https://x.com/robertficosvk/status/1935034128547660163.
[3]Pedro Sánchez, “Declaración institucional del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, sobre los recientes acontecimientos internacionales”, Presidencia del Gobierno de España. Madrid, 4 de marzo de 2026, PDF: https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Documents/2026/260304-INSTITUTIONAL-STATEMENT-BY-THE-SPANISH-PRIME-MINISTER-PEDRO%20SÁNCHEZ-CONCERNING-THE-RECENT-INTERNATIONAL-EVENTS.pdf
[4]John J. Mearsheimer, “John Mearsheimer: El sistema de alianzas colapsa y el riesgo de guerra nuclear”, entrevista realizada por Glenn Diesen, vídeo de YouTube, 4 de mayo de 2026, marca de tiempo 1:00:13: https://youtu.be/dkXQW_ZRL3I?t=3613.
[5]Jeffrey D. Sachs, “Jeffrey Sachs: EE.UU. ataca a Venezuela y secuestra al presidente Maduro”, entrevista, video de YouTube, 3 de enero de 2026, minuto 8:45: https://youtu.be/LhZuTOuwKGA?t=525.
[6]Mark Carney, “‘Pragmático y con principios: el camino de Canadá’: el primer ministro Carney se dirige a la reunión anual del Foro Económico Mundial”, Primer Ministro de Canadá, 20 de enero de 2026: https://www.pm.gc.ca/en/news/speeches/2026/01/20/principled-and-pragmatic-canadas-path-prime-minister-carney-addresses.
[7]Canciller Federal, “Discurso del Canciller Federal en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 13 de febrero de 2026 en Múnich”, Gobierno Federal de Alemania, 13 de febrero de 2026: https://www.bundesregierung.de/breg-en/federal-government/speech-munich-security-conference-2407298.
[8] Irene Montero, “EE.UU no ha liberado ni va a liberar a ninguna mujer con sus guerras. Dejad de usar nuestros cuerpos y nuestros derechos,” Facebook video, visitado el 22 de mayo de 2026: https://www.facebook.com/irene.montero.5070/videos/eeuu-no-ha-liberado-ni-va-a-liberar-a-ninguna-mujer-con-sus-guerras-dejad-de-usa/1415133803626448/.
