La armonía del amor y la adoración: el modelo del Profeta (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La armonía del amor y la adoración: el modelo del Profeta (sa)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 06-02-2026

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Como nos ha informado Dios Altísimo, el Santo Profeta (sa) es un modelo de virtudes para nosotros en todos los aspectos. En los sermones anteriores, hablé sobre el amor del Santo Profeta (sa) por Al’lah bajo este mismo tema. Mientras mencionaba de su amor por Al’lah, también mencioné su nivel de su adoración. Tenía la intención de hablar sobre su adoración después de haber completado el tema de su amor por Al’lah. Sin embargo, cuando comencé a mencionar su amor por Al’lah, también mencioné muchos incidentes de su adoración.

Aunque así lo hubiera deseado, no pude separar estos dos temas porque ambos están entrelazados. La adoración no es posible sin el amor de Al’lah y amar a Al’lah no es posible sin la adoración. Si uno no ama a Dios, tampoco puede adorarlo verdaderamente. Sin embargo, hoy profundizaré más en este tema, pero desde la perspectiva de la adoración. Sin embargo, como mencioné en el sermón anterior, el pináculo de la adoración culmina en el amor de Dios Altísimo.

En referencia a un versículo, ya he explicado en el sermón anterior cómo Dios Altísimo ha mencionado el estatus de la adoración del Santo Profeta (sa) en el Sagrado Corán. Dios Altísimo afirma:

[Árabe]

“Di: Mi oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte son todos para Al’lah, el Señor del de todos los mundos”.

Como mencioné, ya he explicado este versículo en el sermón anterior. Por lo tanto, no es necesario repetirlo nuevamente.

Más adelante, Dios Altísimo le ordenó al Santo Profeta (sa) proclamar:

[Árabe]

“Seguidem: entonces Al’lah os amará”. Por lo tanto, se nos ordena que adquiramos también esos estándares. Dios Altísimo dice: “Di a la gente que si te siguen, Dios también les amará y podrán adquirir el amor de Dios”. De esta forma, al ordenarle al Santo Profeta (sa) hacer este anuncio, Dios  también nos ordenó hacer esfuerzos sinceros para alcanzar estos estándares.

Con respecto a la adoración, Dios Altísimo nos ha dado innumerables mandamientos en el Sagrado Corán a través del Santo Profeta (sa). En un lugar dice:

[Árabe]

“Pues sólo he creado a los Yinn y a los hombres para que Me adoren”.

El Santo Profeta (sa) dijo claramente que si deseáis seguirme, entonces, así como yo he entendido el propósito de la creación del hombre, vosotros también debéis entenderlo y tratar de cumplir con su debido derecho. Sólo entonces podréis cumplir el propósito de vuestra creación y sólo entonces podréis adquirir el amor de Dios Altísimo.

Luego, llamando nuestra atención hacia la oración, Dios Altísimo ha declarado en otro lugar:

[Árabe]

“¡Oh hombres! Adorad a vuestro Señor, Quien os creó a vosotros y a quienes os precedieron, para que seáis justos”.

Por lo tanto, para alcanzar la cercanía de Dios Altísimo y ser justo, es esencial adorar a Dios Altísimo y elevar el nivel de adoración al más alto grado.

A continuación, Dios Altísimo dice:

[Árabe]

“¡Oh vosotros, los que creéis! Inclinaos y postraos en oración, adorad a vuestro Señor y haced buenas obras para que prosperéis”.

Cuando el Santo Profeta (sa) nos dio estos mandamientos, demostró su estándar más alto a través de su propia práctica y luego llamó nuestra atención sobre el hecho de que la verdadera obediencia y seguimiento a él (sa) solo serán completos cuando nos esforcemos por alcanzar ese estándar. Las oraciones que ofreció por su Umma sólo nos abarcarán y beneficiarán cuando sigamos constantemente su ejemplo y mantengamos sus mandamientos en mente y tratemos de actuar conforme a ellos. La mera exhibición externa o las afirmaciones verbales no pueden traer beneficios verdaderos. De todos modos, ya he presentado muchos ejemplos de los estándares que él (sa) estableció, y hay otros que presentaré ahora.

Él (sa) nunca permitió que se le escapara ninguna oportunidad para adorar a Dios Altísimo. Más bien, incluso mientras dormía, estaba orientdo a la adoración, como él (sa) mismo afirmó: “Mis ojos duermen, pero mi corazón nunca está desatendido del recuerdo y la adoración de Dios Altísimo”. También instruyó a sus seguidores que este debería ser su estándar: que Dios Altísimo debería permanecer siempre ante vosotros.

En cuestiones de culto, se auto-analizaba con absoluta precisión. Al respecto, hay una narración en la que Hazrat Aisha (ra) afirmó que el Santo Profeta (sa) una vez ofreció una oración vistiendo una capa que tenía grabados en ella. Echó un vistazo a los grabados una vez, y cuando terminó la oración, dijo: “Lleva esta capa mía a Abu Yahm y tráeme la capa Anbiyani de Abu Yahm (es decir, una capa sencilla sin grabados) porque me acaba de distraer de mi oración”. En otras palabras, incluso una ligera mirada hacia los grabados era inaceptable para él (sa), no fuera que su atención se desviara de Dios Altísimo. Hazrat Aisha (ra) afirmó además que el Santo Profeta (sa) dijo: “Veía sus grabados mientras estaba en oración, y temí que pudiera ponerme a prueba”.

Al explicar este detalle, Syed Zain Waliul’lah Shah Sahib escribe: “El tema de este capítulo es que la ropa debe ser sencilla y libre de adornos que desvíen la atención. Según uno crece intelectualmente, uno se inclina naturalmente hacia la sencillez”. Escribe: “Incluso hoy en día, observamos que las personas de gusto refinado prefieren colores simples al elegir la ropa, mientras que algunas personas miran constantemente su ropa y se concentran en mantener sus pliegues rectos. Sin embargo, en la oración, toda la atención debe dirigirse hacia Al’lah y no hacia la ropa”.

Escribe además: “La oración requiere una inmersión completa (es decir, la oración sólo puede considerarse verdaderamente como una oración cuando una persona está totalmente absorta en ella y la ofrece con plena concentración). Por lo tanto, las costumbres y enseñanzas del islam desaprueban la presencia de cualquier cosa en el entorno del adorador que atraiga su atención hacia sí misma. De esto se hace evidente con qué profundidad y atención el Santo Profeta (sa) deseaba adorar a Dios Altísimo, hasta el punto de que ni siquiera la más mínima mirada a cualquier cosa que pudiera desviar la atención de Dios era tolerada”.

En consecuencia, varios Hadices mencionan que no debe haber imágenes, ni ropa con imágenes al frente, ni cortinas con imágenes, porque todas esas cosas pueden convertirse en causa de distracción en la oración. Por esta razón se han prohíbido. Durante la oración, no debe haber cortinas ni imágenes frente a la persona que desvíen la atención, y dichas cosas no deben estar en dirección a la Qiblah.

De igual manera, otra narración menciona su estándar ejemplar. Hazrat Yafar bin Muhammad narra de su padre que a Hazrat Aishah (ra) le preguntaron: “En tu casa, ¿cómo era la cama del Mensajero de Al’lah (sa)?”. Ella respondió: “Estaba hecha de cuero y en su interior había fibras de palmera datilera”. Le preguntaron a Hazrat Hafsa (ra): “¿Cuál era la condición de la cama del Santo Profeta (sa) en tu casa?”. Ella respondió: “Estaba hecha de lana (lo que significa que estaba hecho del pelo suave de los animales). Solía colocar dos capas de ella, y se volvía un poco suave, y el Santo Profeta (sa) dormía sobre ella. Una noche pensé, ¿por qué no colocar cuatro capas para que quede más suave y más cómodo, y se convierta en una mayor fuente de confort para él (sa)? Entonces coloqué cuatro capas”. Por la mañana, el Santo Profeta (sa) dijo: “¿Qué preparaste anoche?”. Hazrat Hafsah (ra) dice: “Le dije: ‘Era tu propia cama; pero solo puse cuatro capas para que fuera más cómoda para Usted’. El Santo Profeta (sa) dijo: “Déjalo como estaba antes, porque su excesiva suavidad se estaba convirtiendo en un obstáculo para mí en la oración de la noche”. Aunque la suavidad de la cama no podía realmente convertirse en una barrera en su adoración, incluso entonces el Santo Profeta (sa) no podía tolerar la idea de que, debido a la suavidad de la cama, pudiera acostarse en ella por un rato y no despertar para la adoración a Dios Altísimo. Había notado su suavidad. Así pues, éste era su modelo ejemplar.

La condición de su adoración ha sido descrita por la “Madre de los Creyentes”, Hazrat Saudah (ra) de la siguiente manera. Afirma: “Una vez oré detrás del Santo Profeta (sa), y él (sa) se puso en posición de reverencia, hasta que me sujeté la nariz” (es decir, la reverencia fue tan larga que temí que la sangre comenzara a fluir de mi nariz)”. Sin embargo, esta condición sólo es posible cuando existe tal amor que la persona no desea abandonar el umbral del Amado. En cualquier postura en la que se encuentre, en cualquier condición en la que se encuentre, quede completamente absorbido en ella.

De manera similar, respecto al nivel de adoración, Mutarraf relata otra narración de su padre. Dice: “Vi al Mensajero de Al’lah (sa) ofreciendo la oración en tal condición que debido al llanto, un sonido como cuando muele un molino salía de su pecho” (es decir, el ruido producido al operar un molino o un molinillo, un sonido similar emanaba de él). En otra narración también se da el ejemplo de una olla hirviendo.

Luego, en otra narración se menciona que Hazrat Muadh bin Yabal (ra) relata: “Estaba sentado detrás del Santo Profeta (sa) en una montura, y entre él y yo estaba la parte trasera de la silla de montar. Dijo: “¡Oh Muadh bin Yabal!”. Dije: “Estoy presente, ¡Oh Mensajero de Al’lah!, y éste es mi honor”. Luego avanzó por un corto tiempo y dijo: “¡Oh, Muadh bin Yabal!”. Dije nuevamente: “Estoy presente, ¡Oh Mensajero de Al’lah!, este es mi honor”. Luego volvió a avanzar por un corto tiempo y dijo: “¡Oh, Muadh bin Yabal!”. Dije: “Estoy presente, ¡Oh Mensajero de Al’lah! , y este es mi honor”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¿Sabes qué derechos tiene Al’lah sobre Sus siervos?”. Dije: “Al’lah y Su Mensajero lo saben mejor”. Dijo: “El derecho de Dios sobre Sus siervos es que Le adoren y no Le asocien a nadie”. Luego avanzó de nuevo por un corto tiempo y dijo: “¡Oh, Muadh bin Yabal!”. Dije: “Estoy presente, ¡Oh Mensajero de Al’lah!, y este es mi honor”. Dijo: “¿Sabes qué derechos tienen los siervos sobre Al’lah (primero era el derecho de Al’lah, ahora es el derecho de los siervos, una vez que realizan el culto, cuáles son sus debidos derechos)? Dije: “Dios y Su Mensajero lo saben mejor“. Dijo: “Que Él no los castigue (es decir, que Dios Altísimo no castigue a Sus siervos)”.

Así, el Santo Profeta (sa) no solo estableció sus propios estándares, sino que también aconsejó a los demás que los alcanzaran, ya que si también actuaban de esta manera, obtendrían el amor de Dios Altísimo y se salvarían del castigo de Dios.

Mientras alaba al Santo Profeta (sa), el Mesías Prometido (as) afirma en un pasaje:

“El Santo Profeta (sa) recibió el encargo de propagar el Sagrado Corán y, del mismo modo, se le encomendó establecer la Sunnah. Por lo tanto, al igual que el Sagrado Corán es cierto, también lo es su Sunnah establecida (es decir, una práctica establecida que se remonta al Santo Profeta (sa), que esté comprobado que él (sa) la aplicaba y que se ha transmitido de forma continua a través de una cadena ininterrumpida de narradores).

Ambos servicios fueron cumplidos personalmente por el Santo Profeta (sa) y él (sa) los consideraba su deber. Cuando se reveló el mandamiento relativo a la oración, el Santo Profeta (sa) explicó la Palabra de Dios Altísimo a través de su propia práctica y la demostró de forma práctica. Así, demostró cuales eran las unidades (Raka’ats) de la oración del Fallr, las de la oración del Maghrib, y especificó igualmente las Raka’ats para las oraciones restantes. De la misma manera, demostró la realización del Hall con su propio ejemplo y, posteriormente, al instar personalmente a miles de Compañeros a adherirse a esta práctica, estableció firmemente un sistema poderoso y duradero de continuidad práctica (él [sa] mismo demostró estos actos y luego se aseguró de que los demás los observaran).

Por lo tanto, ese modelo práctico que sigue siendo observado y percibido dentro de la Ummah como una práctica establecida es lo que se denomina la Sunnah.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“Los Hadices no se escribieron en presencia del Santo Profeta (sa), ni se hizo ningún arreglo formal en ese momento para su recopilación”.

El Mesías Prometido (as) estaba haciendo una comparación entre la Sunnah y el Hadiz, con el fin de aclarar la distinción entre ambos. Afirmó que la Sunnah precede al Hadiz en rango, y que la posición del Hadiz viene después. Además, cualquier Hadiz que no entre en conflicto con el Sagrado Corán o con la Sunnah del Santo Profeta (sa) debe considerarse auténtico. Por lo tanto, al tiempo que alababa los elevados estándares de adoración establecidos por el Santo Profeta (sa), también dejó claro que él (sa) mismo demostraba todos estos actos con su propia práctica, exhortaba a sus seguidores a actuar en consecuencia y se aseguraba de que así lo hicieran.

Esta es, pues, la Sunnah que ha llegado hasta nosotros el día de hoy. Los modelos ejemplares de los nobles Compañeros que nos han sido transmitidos son el resultado directo de la formación impartida por el Santo Profeta (sa).

El Santo Profeta (sa) entrenó a sus Compañeros de tal manera que los estándares de su adoración continuaron elevándose cada vez más, y su grado de amor por Dios Altísimo también continuó aumentando. Este es el noble modelo establecido por el Santo Profeta (sa) que adoptaron sus Compañeros y que sigue siendo la misma orden para nosotros también.

El Santo Profeta (sa) hizo gran hincapié en la importancia de la oración Tahayud y exhortó a que se practicara con regularidad.

Ampliando esta idea en un lugar, Hazrat Musleh Maud (ra) ha escrito:

“El Santo Profeta (sa) concedía tanta importancia a estas oraciones voluntarias que, a pesar de ser voluntarias, salía personalmente por la noche para observar quiénes de entre los Compañeros las realizaban (es decir, caminaba por las calles de la ciudad, y por los sonidos de las oraciones se hacía evidente quiénes se habían levantado para adorar en el momento del Tahayud y quiénes no). De esta manera, también tomaba nota de quiénes observaban la oración Tahayud y quiénes no.

En cambio, hoy en día, si se le pregunta a alguien sobre sus oraciones, o simplemente se le aconseja que debe rezar en la mezquita, o si se le pregunta cuántas oraciones las hace en la mezquita, la gente inmediatamente comienza a objetar, diciendo que se trata de un asunto personal, que nadie tiene derecho a objetar o que la Comunidad no tiene derecho a preguntar, ya que se trata de un asunto personal entre ellos y Dios. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) solía monitorizar incluso quién formalizaba la oración del Tahayud.

En una ocasión, se mencionó en su reunión que Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) era una persona muy buena y poseía muchas cualidades admirables. El Santo Profeta (sa) comentó: “Sí, es un hombre muy bueno, siempre y cuando observe la oración del Tahayud”, pues era joven y mostraba cierta laxitud en ofrecer el Tahayud, por lo que el Santo Profeta (sa) le llamó la atención al respecto de esta manera.

El Santo Profeta (sa) afirmó además que Dios, el Exaltado, muestra misericordia hacia aquellos esposos que, cuando el marido se despierta por la noche, se levanta para realizar el Tahayud y despierta a su esposa, animándola a hacer lo mismo; y si ella no se despierta, le rocía agua en la cara para despertarla. Del mismo modo, si la esposa se despierta primero, debe realizar el Tahayud ella misma y despertar a su marido, y si él no se despierta, debe rociarle agua en la cara.

Observad cómo, por un lado, el Santo Profeta (sa) declaró que era muy importante que la esposa mostrara el debido respeto hacia su marido y, sin embargo, por otro lado, consideró permisible -incluso hasta el punto de rociar agua sobre el rostro- con el fin de despertarle para la oración del Tahayud. Esto demuestra claramente hasta qué punto el Santo Profeta (sa) consideraba esencial la oración de Tahayud.

El Sagrado Corán afirma que levantarse por la noche disciplina el alma, y por eso el Santo Profeta (sa) decía a sus Compañeros: “Aunque solo podáis ofrecer dos Raka’ats [unidades de oración] de Tahayud, no lo descuidéis”.

Las narraciones de los Hadices también afirman que, en la última parte de la noche, Dios se acerca y acepta muchas oraciones. Por lo tanto, el Tahayud es de gran importancia y ofrece inmensos beneficios.

No hay duda de que la salvación solo se obtiene a través de la gracia Divina; nadie puede reclamar la salvación por sus obras. El más perfecto en sus obras y el más obediente a Dios es Muhammad (sa), pero ni siquiera él confiaba en sus obras.

Como se narra en el Hadiz, que he mencionado en un sermón anterior, el Santo Profeta (sa) dijo a Hazrat Aishah (ra) y a otros cuando le preguntaron: “¿No entrará en el Paraíso por sus obras?”. Respondió: “No, Aisha, solo entraré en el Paraíso por la gracia de Dios”.

Cuando una persona como el Santo Profeta Muhammad (sa), cuyo cada aliento, cada movimiento y cada acción eran actos de adoración, cuyo sueño y vigilia eran actos de devoción, cuyo cada acto, incluso atender sus necesidades personales o acercarse a sus esposas, lo consideraba adoración, cuando un adorador tan devoto declara que no depende de sus obras sino de la gracia de Dios, ¿quién de nosotros puede afirmar que entrará en el Paraíso solo por sus obras?

No cuestionéis cómo cada acción del Santo Profeta (sa) se convirtió en adoración. Es porque Dios Altísimo mismo declaró que cada uno de sus estados era un estado de adoración. Una persona que no esté al tanto puede preguntarse cómo cada acción del Santo Profeta (sa) puede considerarse adoración, pero debemos recordar que es totalmente cierto que cada acto de Muhammad (sa) era adoración. Esto no es aplicable a ninguna otra persona aparte de él (sa). Solo él (sa) es el ejemplo perfecto, y todas sus acciones fueron realizadas únicamente para complacer a Dios. Cualquier acto realizado únicamente para complacer a Dios se convierte en un acto de adoración. Esto no es cierto para ninguna otra persona, que cada una de sus acciones sea, de hecho, un acto de adoración.

Con respecto al Santo Profeta (sa), Dios ha dicho:

[Árabe]

“Cada acción del Profeta de Dios es un ejemplo para vosotros”.

¿No significa esto que, a través de sus acciones, el Santo Profeta (sa) debió demostrar qué actos son lícitos y cuáles ilícitos, cuáles son dignos de elogio y cuáles reprensibles, cuáles están permitidos y cuáles prohibidos? Cada uno de sus actos era una enseñanza y una descripción.

Por ejemplo, sus oraciones no eran meramente una obediencia a un mandato divino, sino una declaración: “Estas son las oraciones obligatorias, estas son las oraciones Sunnah y estas son las voluntarias -distintas de las obligatorias- que son necesarias para acercarse a Dios”.

Su forma de comer era también una declaración abierta de que lo que comía era lícito, y que lo que se abstenía de comer no era apto para el consumo.

Dado que cada acción del Santo Profeta (sa) era un ejemplo para la humanidad, todo lo que él (sa) permitía o practicaba se convertía en una forma de adoración, y todo lo que prohibía o se abstenía de hacer también entraba dentro de los límites de la adoración. Por lo tanto, todas sus acciones eran actos de adoración, ya que cada una de ellas estaba en conformidad con el mandato de Dios.

Por ejemplo, una vez un hombre preguntó por la hora de la oración del Asr. Normalmente, es preferible realizar la oración lo antes posible, pero el Santo Profeta (sa) retrasó la oración del Asr hasta que el tiempo se volvió muy limitado. Ese retraso también era una forma de adoración, porque nos enseñó que si, por alguna razón, uno no puede rezar a la hora más temprana, entonces, aunque lo haga antes de que termine el tiempo prescrito, la oración sigue siendo válida.

Por lo tanto, en sus deberes y actos obligatorios, así como en las devociones voluntarias y las prácticas establecidas, todo era una proclamación de que estas son formas de adorar a Dios.

A pesar de todo esto, el Santo Profeta (sa) seguía diciendo que solo entraría en el Paraíso por la gracia de Dios. Aunque Dios Altísimo había declarado que todas sus acciones eran actos de adoración, él (sa) seguía diciendo: “Entraré en el Paraíso por la gracia de Dios”. Entonces, ¿cómo podemos nosotros, cuyas obras son insignificantes, afirmar que entraremos en el Paraíso gracias a nuestras obras? Esto deja claro lo indispensable que es la gracia Divina. Es un componente esencial. Sin embargo, esa gracia no se alcanza con meras palabras o afirmaciones de fe, ya que también exige algo. Afirmar simplemente que tener fe no tiene peso alguno. ¿Qué es lo que se demanda? Requiere esforzarse en las obras. Es actuar conforme a las prácticas del Santo Profeta (sa), esforzarse por elevar el propio estándar de adoración y buscar el amor de Dios Altísimo. Como dije al principio, la adoración no puede existir sin el amor a Dios, ni el amor a Dios puede existir sin la adoración.

Con respecto a la manera de suplicar del Santo Profeta (sa), Hazrat Musleh Maud (ra) escribe en su comentario -parte del cual mencionaré con mis propias palabras, si bien ha sido tomado de su extracto- que muchas personas oran, pero sus ojos, corazones, mentes y almas no respaldan su oración. Oran, sin embargo, sus ojos divagan, sus corazones están desconectados, sus mentes distraídas y sus pechos no albergan fervor alguno de amor divino.

El resultado es que, dado que sus corazones y mentes no secundan su súplica, su oración no pasa de ser un mero formalismo carente de contenido. Sus ojos no se humedecen, sus corazones no se conmueven. En la verdadera oración, los ojos deberían rebosar de lágrimas, el corazón debería conmoverse de ternura y la mente debería volverse enteramente hacia Dios. Cuando el pecho no palpita con pasión, la oración se dispersa como el polvo en el viento.

El Santo Profeta (sa), quien era el más digno y el que poseía mayor entereza entre los hombres, emitía sonidos desde su bendito pecho durante las súplicas similares al borboteo de una olla hirviendo, y lloraba con tal profusión que su barba quedaba empapada por las lágrimas. Sin embargo, muchas personas, por orgullo y costumbre, incluso ante Dios, evitan llorar durante la oración.

Desarrollar fervor en la oración es también de suma importancia. Se debe realizar un esfuerzo consciente para lograrlo. Para lograrlo, el Mesías Prometido (as) ha proporcionado una solución práctica: uno debe adoptar una expresión facial que asemeje el gesto de llorar, pues el estado externo influye en el corazón y, entonces, las lágrimas comienzan a brotar de forma natural.

Por lo tanto, mientras que el Santo Profeta (sa) nos enseñó que los estándares de su adoración consistían en permanecer siempre agradecido y reconocer que la gracia de Dios lo salvaguardaría -adoraba y expresaba gratitud por las bendiciones de Dios a fin de recibir dicha gracia-, también demostró que, dado que Dios Altísimo es Autosuficiente, sentía que, si no era agradecido, no habría forma de saber cómo Dios Altísimo podría tratarle. Por lo tanto, si alguien como el Santo Profeta (sa), el guía de todos los justos, no se consideraba exento de realizar obras virtuosas, ¿cómo puede cualquiera pretender estar libre de ellas? ¿Cómo puede la gente decir que ahora está exenta de la necesidad de actuar, que no tiene necesidad de realizar buenas obras y que, en cualquier caso, Dios Altísimo los perdonará? Tales afirmaciones solo pueden ser expresadas por  incrédulos, pero no por creyentes.

El recuerdo de Dios por parte del Santo Profeta (sa) forma parte de su Sunnah [práctica]. Él (sa) se dedicaba con regularidad al recuerdo de Dios. Al respecto, Hazrat Musleh Maud (ra) explicó una vez en un sermón que una forma de recuerdo es aquella que se realiza a la hora de dormir. Al irse a dormir, el Santo Profeta (sa) recitaba Ayat al-Kursi, Sura al-Ijlas, Sura al-Falaq y Sura an-Nas -los tres últimos capítulos del Sagrado Corán- tres veces; luego, soplaba sobre sus manos y las pasaba por todo su cuerpo. Empezaba por la cabeza y pasaba sus manos sobre su cuerpo hasta donde estas pudieran alcanzar. Esta es una Sunnah del Santo Profeta (sa). Cualquier acto que él (sa) observara de manera constante y regular como una práctica religiosa se denomina Sunnah. Dado que siempre observó esta forma de recuerdo -recitando Ayat al-Kursi y los tres últimos capítulos del Sagrado Corán-, todo musulmán debería adherirse a esta Sunnah y, de hecho, convertirla en una parte esencial de su vida.

Por lo tanto, el recuerdo de Dios no debe abandonarse bajo la idea de que no es enteramente esencial y que pasarlo por alto no conducirá al Infierno; tampoco debe pensarse que el recuerdo de Dios por sí solo es suficiente para llevar a uno al Paraíso, sin necesidad de realizar ninguna obra. Los mandatos obligatorios también deben cumplirse. Algunas personas me escriben pidiéndome una pequeña súplica o una forma de recuerdo que puedan practicar para desarrollar la virtud, para que sus pecados sean borrados, sus asuntos se resuelvan y puedan alcanzar la cercanía con Dios Altísimo. La práctica primordial es la adoración; es decir, las oraciones obligatorias. Además de las oraciones obligatorias, el Santo Profeta (sa) también ofrecía oraciones voluntarias. Es decir, una persona debe primero alcanzar los estándares de presentarse ante Dios Altísimo en la oración. Luego vienen las oraciones voluntarias, y después el recuerdo de Dios.

El recuerdo de Dios conduce a la persona hacia la virtud; pero, simultáneamente, uno debe adoptar también otras cualidades morales. La persona debe adoptar un carácter moral elevado. Para alcanzar la cercanía con Dios Altísimo, resolver los propios problemas y asegurar la aceptación de las oraciones, es esencial actuar según cada mandato de Dios Altísimo y hacerlo de la manera demostrada por el Santo Profeta (sa). Uno debe esforzarse por lograr esto y adherirse a la Sunnah completa.

En cualquier caso, no se debe pensar que abandonar el recuerdo de Dios conduce al Infierno, ni que el recuerdo de Dios por sí solo llevará al Paraíso o resolverá todos los problemas. Las obras son esenciales y el cumplimiento de las obligaciones fundamentales es esencial. Si alguien como el Santo Profeta (sa) empleaba el recuerdo de Dios para su progreso [espiritual], ¿cómo podemos nosotros afirmar que no tenemos necesidad del recuerdo de Dios? Era la Sunnah del Santo Profeta (sa) que cuando se iba a dormir recitaba el Ayat al-Kursi y los tres últimos capítulos del Sagrado Corán tres veces, como se ha mencionado; luego soplaba en sus manos y las pasaba por su cuerpo.

Hazrat Musleh Maud (ra) también ha llamado la atención sobre otros asuntos en detalle. En una ocasión, escribe que aquellos que se convierten en líderes religiosos a menudo sienten que su adoración y su recuerdo de Dios deben superar a los de los demás. Algunos líderes religiosos que se consideran a sí mismos eruditos o jefes de organizaciones religiosas creen que su adoración debe superar a la de la gente común y, con este propósito, adoptan deliberadamente comportamientos artificiales para que los demás los consideren piadosos. Los principales líderes y políticos ahora también han comenzado a adoptar tales prácticas, e incluso se ven rosarios (tasbih) en sus manos. Los imames de las mezquitas o los cargos directivos de las organizaciones se presentan a sí mismos como modelos a seguir para el mundo, o intentan crear la impresión de que son ejemplos a seguir. Creyéndose modelos a seguir, recurren al fingimiento y a la ostentación.

Tales tendencias se encuentran tanto entre líderes musulmanes como no musulmanes, e incluso dentro de las tradiciones de ciertas tribus. En cualquier caso, entre los musulmanes, esta ostentación se manifiesta a través de cosas como la ablución, que realizan con un cuidado excesivo, lavando sus extremidades durante períodos prolongados, llegando incluso a afirmar que las gotas de agua que caen durante la ablución no deben tocar el cuerpo, ya que causarían impureza. Prolongan sus postraciones y sus inclinaciones en la oración, mostrando una forma externa de humildad y sumisión puramente por apariencia. Si esto se hiciera para alcanzar el amor de Dios Altísimo, sería otro asunto; pero se hace simplemente para impresionar al mundo. Recitan largos encantamientos en público, mantienen un “tasbih” en sus manos y aparentan exteriormente estar ocupados en el recuerdo de Dios. Sin embargo, a pesar de ser quien más temía a Dios y el más justo de todos, y aunque ningún ser humano podía igualarlo en el temor a Dios, el Santo Profeta (sa) mantuvo la sencillez en todos estos asuntos. Su vida estuvo completamente libre de tales pretensiones.

Hazrat Abu Qatadah (ra) narra que el Santo Profeta (sa) dijo: “A veces, inicio la oración con la intención de prolongarla, pero cuando oigo el llanto de un niño, la acorto por preocupación de que pueda causar una dificultad a la madre del niño”. Tal era la sencillez del Santo Profeta (sa) que, al oír el llanto de un niño, apresuraba su oración.

Los místicos de hoy en día podrían considerar tal declaración por debajo de su dignidad. Se jactan de proclamar que se ensimisman tanto en la oración que pierden toda conciencia de lo que les rodea, y que incluso si se tocaran tambores a su lado, permanecerían impasibles. Pero el Santo Profeta (sa) estaba libre de tales pretensiones. Su grandeza le fue otorgada por Dios Altísimo, no conferida por seres humanos. Él (sa) no buscaba nada de la gente; buscaba la grandeza únicamente de Dios Altísimo. Por lo tanto, él (sa) estaba libre de estas afectaciones. Tales nociones solo pueden ser sostenidas por aquellos que creen que el honor es concedido por las personas. Tal ostentación solo puede encontrarse entre aquellos que consideran que la fuente del honor es el hombre. Aquellos que consideran a Dios Altísimo como el verdadero Otorgador del honor -siguiendo la práctica establecida por el Santo Profeta (sa) y demostrada a través de su propio ejemplo- nunca pueden albergar tales nociones. La sencillez se encuentra entre ellos y, de hecho, así debería ser.

Hazrat Anas (ra) relata que en una ocasión se le preguntó si el Santo Profeta (sa) alguna vez había ofrecido la oración llevando puestos sus zapatos. Por un lado, están los actos de adoración y el esfuerzo por alcanzar elevados estándares espirituales; sin embargo, donde se requiere facilidad, el islam también la brinda. Tal como he explicado sobre el horario de la oración de ‘Asr, el Santo Profeta (sa) tomaba en consideración cada aspecto. No obstante, la verdadera realidad es que la adoración a Dios y alcanzar Su complacencia deben ser lo primordial. Cuando se le preguntó a Hazrat Anas (ra) si el Santo Profeta (sa) ofrecía la oración llevando puestos sus zapatos, él respondió de forma afirmativa. De este incidente se desprende claramente cómo el Santo Profeta (sa) evitaba las formalidades innecesarias.

Hay musulmanes [en la actualidad] que no solo no están familiarizados con la verdadera esencia de la fe y del islam, sino ni siquiera con sus enseñanzas. Si vieran a alguien ofrecer la oración llevando puestos los zapatos, armarían un gran revuelo. A menos que una persona cumpla con cada condición de acuerdo con sus propios criterios, son incapaces siquiera de soportar verlo. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) es el modelo perfecto para nosotros. Su práctica consistía en considerar la realidad de las circunstancias en lugar de comprometerse con formalidades innecesarias.

Actitudes como estas persisten incluso hoy en día. Un ahmadí me ha escrito contándome que alguien se opuso a él diciendo: “Has dicho tales palabras, o has recitado el Kalimah”. A esto él respondió: “Ni siquiera rezas; ni sabes rezar ni has leído el Sagrado Corán. ¿Qué relación tienes con estos asuntos?”. Continuó diciendo que “independientemente de que uno sepa o no rezar, tú eres un ahmadí, mirzai, qadiani, no deberías rezar ni saber cómo hacerlo”. Tal es la condición de la gente incluso en nuestros tiempos. Se oponen a nosotros, pero ellos mismos no actúan conforme a estas enseñanzas.

En cualquier caso, la pureza y la limpieza son requisitos previos para la adoración a Al’lah el Altísimo, y así lo establecen el Sagrado Corán y el Hadiz. Por lo tanto, si el calzado está limpio y no se ha usado en lugares donde exista probabilidad de impureza, no hay problema en tenerlo puesto durante la oración cuando surja la necesidad. Al practicar esto, el Santo Profeta (sa) concedió un gran favor a su Ummah, liberándolos de formalismos y artificios innecesarios para el futuro. Quienes hoy se entregan a disputas sobre estos asuntos y se dejan llevar por el formalismo rígido deberían beneficiarse de este noble ejemplo. Una acción que no nos priva de la Gloria de Dios Altísimo ni de la rectitud no puede disminuir el nivel espiritual de una persona.

El establecimiento de la Salat es de suma importancia. Incluye ofrecer la oración uno mismo, animar a otros a hacerlo y ofrecerla con sinceridad y fervor, realizándola en estado de ablución, con calma y atención, en congregación y en plena observancia de sus condiciones.

El Hadiz afirma que la Salat (oración) sirve como medio de comunión entre Dios y Su siervo. A través de ella, esa cualidad Divina que Dios Altísimo busca inculcar en los creyentes a través del profeta desciende sobre ellos, y se imbuyen del color de Al’lah.

El Santo Profeta (sa) dio tanta importancia a la Salat (oración) en congregación que en una ocasión un hombre ciego se le acercó y le dijo: “¡Oh, Mensajero (sa) de Al’lah! Mi casa está muy lejos de la mezquita y experimento gran dificultad para llegar. Por lo tanto, si me lo permite, me gustaría ofrecer mis oraciones en casa los días que llueve!

En Medina, las casas estaban construidas de barro, y durante las lluvias el agua se acumulaba en las calles, lo que obligaba a caminar pegado a las casas. Para proteger los muros de la lluvia, se colocaban piedras a lo largo de sus bases para que el agua las golpeara en lugar de dañar los muros de barro. El Compañero ciego explicó que, debido al agua, no podía caminar por medio del sendero, y si caminaba por los lados, no podía ver y las piedras le lastimaban los pies, creando riesgo de lesiones o caídas. Por lo tanto, preguntó si podía ofrecer sus oraciones en casa. El Santo Profeta (sa) respondió: “Muy bien, puedes hacerlo; no hay problema si experimentas tal dificultad”. Cuando el hombre se fue, poco después, el Santo Profeta (sa) dijo a los Compañeros: “¡Llamadlo de regreso!”. Cuando volvió, el Santo Profeta (sa) preguntó: “¿Llega a tu casa la llamada a la oración [Azan]?”. Respondió: “Sí, ¡oh Mensajero (sa) de Al’lah!, la llamada a la oración llega a mi casa”. Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: “Si la llamada a la oración llega a tu casa, entonces debes venir a la mezquita, incluso si tropiezas o te lastimas en el camino”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Digo de nuevo que estas son las personas en quienes se plantan y nutren los árboles del amor de Dios Altísimo, y sobre ellos crecen aquellos frutos dulces y puros que perduran. Recordad que esta es la estación donde el viaje espiritual de los sufíes alcanza su culminación. Cuando el buscador llega a este punto, no contempla nada más que la manifestación de Dios”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Cuando uno alcanza el estado de Taabbud (es decir, ofrecer la oración en su forma correcta, considerada la oración en su verdadera esencia), es en este estado que solo recuerda a Dios Altísimo y, al adorarle, solo Dios permanece como su enfoque; esto se denomina verdadera adoración”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

[Árabe]

“Yo soy para vosotros, de parte Suya, un amonestador y portador de buenas nuevas”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Dado que este ‘Taabbud Tam’ la devoción completa y absoluta rendida pura y exclusivamente a Dios el Exaltado- es un asunto de suma importancia, un ser humano no puede cumplirlo sin un ejemplo noble y un modelo perfecto. Tampoco se puede lograr esto sin el pleno efecto de un poder sagrado y divino. Por esta misma razón, el Santo Profeta (sa) declaró que había sido enviado por ese mismo Dios como amonestador y portador de buenas nuevas: ‘Si me obedecéis y me aceptáis, entonces habrán grandes buenas nuevas para vosotros, porque soy un portador de buenas nuevas; pero si me rechazáis, recordad que he venido como amonestador, y entonces os tendréis que enfrentar grandes castigos y aflicciones'”.

Por lo tanto, este es un asunto en el que debemos reflexionar profundamente. Al aceptar al Santo Profeta (sa), y siguiendo su ejemplo perfecto, lo hemos aceptado como portador de buenas nuevas. Sin embargo, solo podemos alcanzar estas buenas nuevas si cumplimos con los debidos derechos de nuestra adoración y nos esforzamos por alcanzar el estándar requerido para seguir su noble ejemplo.

Debe recordarse que tal esfuerzo exige sacrificio; requiere esfuerzo. Al preguntar, algunas personas responden fácilmente que intentan ofrecer las cinco oraciones diarias. Esto es similar a engañarse a sí mismos. Si el esfuerzo es genuino, irá acompañado de profunda preocupación e inquietud. Por lo tanto, necesitamos analizarnos a nosotros mismos y ver si nuestros esfuerzos son verdaderamente sinceros o no.

El Mesías Prometido (as) declaró:

“Observad la condición de la adoración del Santo Profeta (sa). Solía ir a la Cueva de Hira, una cueva donde se temía a todo tipo de animales salvajes, serpientes, leopardos, etc. (ya se mencionó anteriormente que iba allí a suplicar y orar)”.

Habiendo mencionado esto, el Mesías Prometido (as) afirmó:

“Es una regla general que cuando la atracción por un lado aumenta significativamente, el miedo al otro lado desaparece del corazón (cuando la atracción del amor por Dios Altísimo aumenta y la atención se dirige hacia Su adoración, el temor a las cosas de este mundo desaparece).

El Mesías Prometido (as) nos pone un ejemplo:

“Se ha observado que algunas mujeres que se asustan fácilmente, acuden por necesidad en la oscuridad de la noche cuando un niño está enfermo, a lugares a los que les sería difícil ir incluso de día”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Cuando el temor de Dios y el amor prevalecen, todos los demás temores y tipos de amor desaparecen. El aislamiento es necesario para realizar tal súplica. Es a través de una relación tan completa que el esplendor Divino se manifiesta, y toda relación requiere tal privacidad” (es decir, solo se manifiesta cuando establecemos una conexión con Dios en aislamiento”).

Además, afirma:

“La adoración debe ser únicamente para Dios Altísimo y no por pretensión. Si uno procede con paciencia en la obediencia, la adoración y el servicio, Dios nunca permitirá que se desperdicie. En el islam, han habido miles de personas a quienes la gente reconoció únicamente por su luz espiritual. No necesitaban prendas color azafrán, mantos largos ni un atuendo especial que los distinguiera, ni los siervos piadosos de Dios usaban ropas que, adornando tales mantos, los hicieran considerados grandes ascetas, sufíes o excepcionalmente piadosos. El Santo Profeta (sa) no llevaba ninguna prenda distintiva por la que pudiera ser reconocido entre la gente. En una ocasión, un hombre confundió a Hazrat Abu Bakr (ra) con el Profeta y le estrechó la mano, mostrándole reverencia y respeto. Posteriormente, Hazrat Abu Bakr (ra) se levantó y comenzó a abanicar al Profeta de Dios (sa), demostrando así, no con palabras, sino con acciones, que este era el Santo Profeta (sa), y que yo era simplemente un sirviente.

Cuando una persona adora a Dios, ¿qué necesidad tiene de usar ropas tan coloridas, adoptar una apariencia especial o andar adornado con rosarios y guirnaldas? (es decir, algunas personas se cuelgan guirnaldas de perlas alrededor del cuello y llevan largos rosarios en las manos). Estas personas son perros mundanos. Esas personas pertenecen al mundo; no son de Dios. Quienes buscan el camino de Dios no dedican tiempo a hacer arreglos especiales para una vestimenta o uniforme en particular. Desean permanecer ocultos a la mirada de la creación. Sin embargo, de acuerdo con Su sabiduría, Dios Altísimo hace que algunos salgan a la luz pública para poder demostrar Su Divinidad. El Santo Profeta (sa) no deseaba en absoluto que la gente le llamara Profeta y le obedeciera. Por esta razón, solía ir a adorar en una cueva más estrecha que una tumba, sin ninguna intención de salir de ella. Finalmente, Dios Altísimo con su Sabiduría, lo sacó de allí y, a través de él, manifestó Su luz al mundo.

¡Que Dios Altísimo nos permita recibir las bendiciones de esta luz! ¡Que se nos conceda la capacidad de cumplir con los debidos derechos de adoración a Dios Altísimo, de adoptar el noble ejemplo del Santo Profeta (sa), y que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de esforzarnos por seguir su noble ejemplo en su verdadero espíritu!

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