El amor supremo del Profeta (sa) por Allah
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

El amor supremo del Profeta (sa) por Allah

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermon Del Viernes

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

En uno de mis sermones anteriores, mencioné un aspecto de la vida del Santo Profeta (sa) relacionado con su amor por Al’lah. Hoy lo abordaré con más detalle.

Incluso en su juventud, y antes de proclamar su profecía, el fervor del amor divino en su interior era tal que se sentía inquieto y se retiraba a una cueva para rezar sinceramente a su Amado.

Hablando de este amor, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Veo que el verano también tiene una conexión especial con el crecimiento espiritual. Fijaos en el Santo Profeta (sa), a quien Dios Altísimo lo hizo nacer en una ciudad como La Meca, y luego iba solo a la cueva de Hira para adorar a Dios Altísimo durante esos veranos. ¡Qué época tan extraordinaria debió ser! Debía llevar consigo una cantimplora. La cuestión es que cuando se desarrolla el amor y la pasión por Dios Altísimo, surge una aversión y rechazo hacia el mundo y sus criaturas. Nace un gusto natural por la soledad y el aislamiento. Esta era también la condición del Santo Profeta (sa). Se había perdido tanto en el amor por Dios Altísimo, que sólo encontraba agrado y deleite completos en esta soledad. Pasó muchas noches solo en un lugar donde no había medios de descanso ni comodidad disponibles, y uno tendría miedo incluso de ir allí. Esto también demuestra su valentía y coraje. Cuando la relación con Dios Altísimo es fuerte, también surge la valentía; por eso un creyente nunca es cobarde. La gente del mundo es cobarde; no posee verdadera valentía”.

“Al escuchar estos relatos, es decir, cómo se puede cultivar una relación sólida con Dios Altísimo y que estas personas prefieren la soledad y el aislamiento, algunos se preguntan ¿por qué estos profetas y mensajeros tienen esposas e hijos? (Si prefieren el aislamiento hasta tal extremo, ¿por qué tienen esposas e hijos? ¿Por qué se casan?). ¿Por qué pasean por los mercados, y comen y beben? El Sagrado Corán también lo menciona. Sin embargo, es lamentable que quienes plantean tales objeciones no se dan cuenta de que su caso es como el de alguien que va a mendigar a casa de alguien, o como el de un amigo que solo pretende visitarlo. Ahora bien, si ese amigo suyo pone “palao” [arroz sazonado] delante de su amigo, ¿qué culpa tiene? Dos personas tocan a su puerta: una a mendigar y la otra como amigo. Si el anfitrión es hospitalario, siendo su amigo, ¿cómo se le puede culpar? Es decir, quien fue a visitar a su amigo no tiene la culpa. Este se alegra cuando su amigo come. Sin embargo, al mendigo solo le dan un trozo de pan duro y, si se queda más tiempo, lo echan a empujones”. Hay dos tratos: uno respecto al pedigüeño, y otro respecto al amigo, cuando la realidad es que no se echa a empujones al amigo, sino que para una estancia más prolongada y viéndole comer y beber, el anfitrión siente una satisfacción. Vean la diferencia en el trato entre el pedigüeño y el amigo: al amigo se le da mucha importancia, se le sirve con complacencia mientras que al pedigüeño se le evita.

Luego declaró:

“Este es, en efecto, el caso de los profetas de Dios y Sus elegidos. Todo lo que les sucede no es fruto de sus deseos egoístas. Encuentran placer y consuelo en permanecer ocupados en el recuerdo de Al’lah el Exaltado. Prefieren la soledad, donde expresan los deseos de su corazón a su Amado, y no quieren que nadie los vea en ese estado. Además, estas relaciones son para llegar a su culminación” (es decir, su relación de amor con Dios Altísimo está dirigida a alcanzar el más alto estándar)”.

Al describir la adoración a Dios en la cueva de Hira, Hazrat Aisha (ra) narró en detalle un Hadiz que el propio Santo Profeta (sa) le relató. Hazrat Aisha (ra) narra:

“La primera forma en que la revelación comenzó para el Mensajero de Al’lah (sa) fue a través de visiones rectas durante el sueño. Cualquier sueño que veía se hacía realidad con la claridad del verdadero amanecer (veía sueños muy verdaderos, y su cumplimiento se producía inmediatamente). A partir de entonces, se desarrolló un amor por la soledad, y permanecía solo en la cueva de Hira adorando. Esta adoración se prolongaba durante varias noches, las cuales completaba antes de sentir la necesidad de regresar con su familia. Para ello, llevaba provisiones (es decir, comida y otros artículos de primera necesidad). Luego regresaba a Hazrat Jadiya (ra) y llevaba provisiones para un número similar de noches.  Finalmente, la Verdad le llegó mientras estaba en la cueva de Hira. Un ángel se le acercó y le dijo: ‘Recita’. Él respondió: ‘No puedo. No sé leer’”.

El Mensajero de Al’lah (sa) solía decir, como narra Hazrat Aisha (ra), “que el ángel me sujetó y me apretó con tanta fuerza que mis fuerzas se extenuaron. Luego me soltó y me dijo de nuevo: “Lee”. Él (sa) respondió: “No leeré. No sé leer”. El ángel me sujetó de nuevo y me presionó con fuerza por segunda vez, hasta el punto de que perdí el conocimiento. Luego me soltó y me dijo: “Lee”. Él (sa) respondió: “No leeré”. El ángel me sujetó por tercera vez, me presionó con fuerza, me soltó y dijo:

[Árabe]

“Transmítelo en el nombre de tu Señor, Quien creó al hombre de un coágulo de sangre. ¡Transmítelo! Y tú Señor es el Más Generoso”.

Llevando estos versículos consigo, el Mensajero de Al’lah (sa) regresó de la cueva de Hira. Cuando llegó a casa de Hazrat Jadiya (ra), su corazón temblaba. El Santo Profeta (sa) le dijo a Jadiya (ra): “¡Cúbreme, cúbreme con una manta!”. Ella lo envolvió en una manta hasta que se tranquilizó. Entonces le contó todo el incidente a Hazrat Jadiya y dijo: “Temí por mi vida”. Hazrat Jadiya (ra) respondió: “¡Jamás! Por Dios, Al’lah nunca te deshonrará. Mantienes los lazos de parentesco, soportas las cargas de los débiles, practicas virtudes que han desaparecido, ofreces hospitalidad a los huéspedes y ayudas a la gente en tiempos difíciles por la causa de la verdad (él [sa] siempre se mantuvo fiel a la verdad a pesar de las dificultades)”.

Después, Hazrat Jadiya (ra) lo llevó con su primo Waraqah bin Naufal, hijo de Asad bin ‘Abdul ‘Uzza. Waraqah había aceptado el cristianismo durante la era de la ignorancia y sabía leer y escribir en hebreo. Escribía del Evangelio en hebreo lo que Al’lah le inspiraba. Era muy anciano y había perdido la vista. Hazrat Jadiya (ra) le dijo: “¡Oh, hijo de mi tío! Escucha lo que dice tu sobrino”. Waraqah le preguntó: “¡Oh, sobrino mío! ¿Qué has visto?”. El Mensajero de Al’lah (sa) le contó todo lo que había visto. Waraqah le dijo: “Este es el portador de la Ley que Al’lah envió a Moisés (as). ¡Ojalá fuera joven en la epoca que está por venir! ¡Ojalá viviera para ver el día en que tu pueblo te exilie”. El Mensajero de Al’lah (sa) preguntó: “¿Me expulsarán?”. Él respondió: “Sí. Nadie ha traído jamás un mensaje como el tuyo sin encontrar oposición. Si vivo para ver ese momento, te apoyaré con toda determinación”. Poco después de esto, Waraqah falleció y la revelación se suspendió por un período.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“La realidad es que, en virtud de las enseñanzas del Sagrado Corán, comprendemos que, por un lado, Dios Altísimo menciona Sus atributos de bondad, misericordia, benevolencia y compasión en el Sagrado Corán, y demuestra que Él es el Misericordioso. Y, por otro lado, afirma:

[Árabe]

“Y el hombre recibirá sólo aquello por lo que se esfuerza”.

Y

[Árabe]

“Y a quienes se esfuerzan por encontrarnos, ciertamente les ayudaremos a llegar a Nuestros caminos”.

Afirma, además: “Al decir esto, Dios Altísimo ha hecho que Su gracia dependa del esfuerzo y la dedicación (es decir, solo uno recibirá gracias divinas si uno se esfuerza). Por lo tanto, en este sentido, la conducta de los Compañeros es un modelo para nosotros y un excelente ejemplo. Examinad la vida de los Compañeros y observad: ¿alcanzaron esos rangos simplemente mediante oraciones ordinarias? No. Más bien, para alcanzar el beneplácito de Dios, no se preocuparon por sus vidas, y fueron sacrificados en el camino de Dios como ovejas y cabras. Solo entonces alcanzaron este rango. En compañía del Santo Profeta (sa), los Compañeros se esforzaron por alcanzar el amor de Dios, y para ello se prepararon para todo sacrificio, y de hecho los ofrecieron. Entonces alcanzaron tal rango que Dios Altísimo se contentó con ellos”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Hemos visto a muchas personas que solo desean que, con un solo soplo, se les concedan esos rangos y alcancen el Trono Divino”. [Él (as) afirma:] “¿Quién puede ser más grande que nuestro Noble Mensajero (sa)? Él fue el mejor de la humanidad, el mejor de los mensajeros y profetas. Si él (sa) no logró este rango en un soplo, entonces, ¿quién más podría hacerlo? Mirad cómo se sometió a austeridades en la cueva de Hira. Solo Dios sabe cuánto tiempo suplicó entre lágrimas y lamentos. Para purificarse, ¡qué tipo de sacrificios de sí mismo y qué tipo de esfuerzos severos emprendió! Solo entonces descendió la gracia divina de Dios Altísimo”.

“La clave del asunto es, de hecho, que a menos que una persona se someta a la muerte y a un estado de aniquilación en el camino de Dios, no se muestra ningún tipo de atención desde la otra orilla. Sin embargo, cuando Dios ve que una persona ha hecho todo lo posible y se ha sometido a la “muerte” para encontrarLe, entonces se manifiesta ante ella, la bendice y la eleva mostrando Su poder”.

Luego, en otro lugar, el Mesías Prometido (as) afirma:

“La naturaleza de los profetas es tal que no desean la fama. Ningún profeta ha deseado jamás la fama. A nuestro Noble Profeta (sa) también le gustaba el aislamiento y la soledad. Con el fin de adorar, se alejaba de la gente y se retiraba a una cueva solitaria, que era la cueva de Hira. Esta cueva era tan aterradora que ningún ser humano se atrevía a entrar en ella, pero la había elegido porque nadie iría allí por miedo. Deseaba la soledad completa. No le gustaba en absoluto la fama. Entonces llegó la orden de Dios:

[Árabe]

“¡Oh tú, que te has envuelto en tu manto! Levántate y amonesta” (74:2-3).

En esta orden denota una compulsión, y por esta razón se le ordenó que abandonara la soledad que tanto le gustaba. Así, cuando el amor de Dios Altísimo alcanzó su máximo y su esfuerzo también alcanzó su extremo, entonces Dios Altísimo lo envió al mundo para difundir Su ley definitiva”.

Además, afirma:

“Era amor y adoración por Dios Altísimo, pero también era un esfuerzo, gracias al cual Dios Altísimo le concedió innumerables bendiciones. Todo ser humano, según su propia escala, hasta que se esfuerza y lucha, encuentra dificultades para alcanzar a Dios Altísimo”.

En el amor a Dios Altísimo, el estado de las oraciones del Santo Profeta (sa) era tal que Mutarraf narra de su padre que dijo: “Fui a ver al Santo Profeta (sa) mientras estaba rezando. Se oía un sonido como el ruido de una olla hirviendo, que provenía de su pecho. Lloraba y se lamentaba con tal intensidad que parecía como si el agua estuviera hirviendo en una olla”.

De manera similar, en una narración, Hazrat Aishah (ra) relata, como ya he mencionado en un sermón anterior, que realizaba tantas oraciones y permanecía de pie durante tanto tiempo que se le hinchaban los pies.

Hazrat Musleh Maud (ra), al mencionar el amor y la adoración del Santo Profeta (sa), afirma en un pasaje -también he mencionado esta pequeña parte anteriormente en un sermón anterior al último, en el que hablé de la vida del Santo Profeta- , pero hay algunos detalles más al respecto, que también mencionaré. A partir de esta explicación, se hace evidente una mayor aclaración del amor y la pasión del Santo Profeta (sa) por Dios Altísimo.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Hazrat Aisha (ra) relata que cuando el Mensajero de Al’lah (sa) estaba en su lecho de muerte, debido a su extrema debilidad, no podía dirigir las oraciones diarias. Por lo tanto, le pidió a Hazrat Abu Bakr (ra) que dirigiera las oraciones. Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) comenzó a dirigir una de las oraciones, el Mensajero de Al’lah (sa) se sintió algo mejor y salió de su casa para unirse a las oraciones.

Hazrat Aisha (ra) relata que, después de ordenar a Hazrat Abu Bakr (ra) que dirigiera las oraciones, el Santo Profeta (sa) se sintió un poco mejor y, con la ayuda de algunos hombres, se dirigió a la mezquita para rezar. Relata que aún recuerda vívidamente la escena: cómo el Santo Profeta (sa) arrastraba los pies por el camino debido al dolor extremo. Cuando llegó a la mezquita y Hazrat Abu Bakr (ra) indicó que deseaba ceder el paso al Profeta (sa) para que lo dirigiera, el Santo Profeta (sa) lo detuvo y le indicó a Hazrat Abu Bakr que continuara dirigiéndola. Entonces, llevaron al Santo Profeta (sa) cerca de Abu Bakr y se sentó a su lado. Después de esto, el Santo Profeta (sa) comenzó su oración y Hazrat Abu Bakr lo siguió, mientras que el resto de la congregación seguía a Hazrat Abu Bakr (ra).

Este Hadiz destaca que, por muy grave que fuera su enfermedad, el Mensajero de Dios (sa) nunca descuidó el recuerdo de Dios. A menudo se observa que las personas olvidan todas las formas de culto debido a enfermedades leves. Las oraciones congregacionales y otras condiciones de la oración suelen descuidarse. Pero la condición del Santo Profeta (sa) era tal que, por no hablar de dolencias menores, incluso en esta enfermedad que finalmente le llevó a la muerte, en la que perdía repetidamente el conocimiento y era incapaz incluso de mantenerse en pie, cuando llegaba la hora de la oración, no podía quedarse atrás en silencio en una casa.

En ese momento, a pesar de su extrema enfermedad, se apoyó en los hombros de dos hombres y, con pasos vacilantes, se aseguró de acudir a las oraciones congregacionales. A simple vista, esto puede parecer un detalle sin importancia, pero si se tiene en cuenta el grado extremo de enfermedad que padecía el Santo Profeta (sa) y se observa el profundo fervor por el recordatorio de Dios que le impulsó a acudir a la mezquita con la ayuda de dos hombres, se comprenderá que este incidente no es algo habitual. Más bien, es como un espejo que refleja la  inquebrantable pasión por el culto que abundaba en su corazón. Toda persona dotada de entendimiento puede comprender que la adoración a Dios era su sustento, sin el cual no sentía ningún placer real en la vida. A esto se refería cuando decía que el frescor de sus ojos estaba en la Salat.

[Árabe]

Según la Sharía (ley islámica), no tenía la obligación de acudir a la mezquita ni de rezar en congregación, ya que la ley islámica no obliga a los enfermos a cumplir tales condiciones. Si alguien está enfermo, puede rezar en casa. Pero esta era la Sharía del amor. Por un lado, está el mandato de la Sharía islámica, pero la expresión del Santo Profeta al promulgar la Sharía se basaba en un profundo amor a Dios. Esas son las reglas de la Sharía, pero se trata de asuntos de amor divino. Eran dictados del amor que trascendían las meras reglas y de los que brotaban amor y fidelidad como agua.

Sin duda, la Sharía permitía al Santo Profeta (sa) ofrecer sus oraciones en casa. Pero el amor que sentía por el recuerdo de Dios le impulsaba a cumplir con el recuerdo de Dios, pasara lo que pasara, con todas sus condiciones intactas y a recordar a su Amado. Si esta era la condición de su profundo amor y lealtad en un estado de enfermedad, entonces uno puede imaginar cuál era la condición cuando estaba sano. Se puede imaginar la pasión con la que debió dedicarse al recuerdo de su verdadero Amado.

El Santo Profeta (sa) poseía un amor tan poderoso por Dios Altísimo que se encendía inmediatamente con una tremenda pasión con solo mencionar a Su Amado. Poseía un amor tan inquebrantable por Dios Altísimo que, tanto en la salud como en la enfermedad, el recuerdo de Dios era su sustento. Era precisamente este espíritu el que deseaba inculcar en su pueblo y en su Ummah, para que ellos también adoptaran este camino.

En el sermón anterior mencioné un breve Hadiz relacionado con algunos aspectos de la vida del Santo Profeta. Hay ciertos detalles que es necesario mencionar de nuevo, por lo que los voy a mencionar.

En una ocasión, el Santo Profeta (sa) acudió a Bani Amr bin Auf para resolver un asunto. Había una pelea y una disputa entre ellos, por lo que el Santo Profeta (sa) fue a resolver la discusión.

Mientras esto sucedía, se acercaba la hora de la oración y el muecín [quién llama al Azan] hizo la llamada a la oración en la mezquita Nabwi. Luego se dirigió a Hazrat Abu Bakr (ra) y le preguntó si quería dirigir a la gente en la oración y recitar el Iqamat [llamada más breve a la oración que se recita antes de comenzar la oración].

Hazrat Abu Bakr respondió afirmativamente. Así, Hazrat Abu Bakr (ra) se levantó para dirigir la oración. Mientras tanto, también llegó el Santo Profeta (sa). La gente estaba ocupada en la oración. Durante este tiempo, el Santo Profeta (sa) pasó por un lado, avanzó y se colocó en la primera fila. Cuando se difundió la noticia de su llegada, la gente comenzó a aplaudir para que Hazrat Abu Bakr se diera cuenta. Sin embargo, Hazrat Abu Bakr no desvió su atención en ninguna otra dirección durante la oración. Estaba completamente absortos en la oración y la adoración, por lo que su atención no se desviaba.

Cuando los aplausos continuaron durante un rato, Hazrat Abu Bakr prestó atención y se dio cuenta de que el Santo Profeta (sa) estaba allí. El Santo Profeta (sa) le indicó que permaneciera donde estaba. Entonces, Hazrat Abu Bakr levantó las manos y dio gracias y alabanzas a Dios Altísimo por este honor. A continuación, dio un paso atrás y se unió a la fila, y el Santo Profeta (sa) dio un paso adelante y dirigió la oración.

Después de completar la oración, el Santo Profeta (sa) dijo: “¡Oh, Abu Bakr! Cuando te di instrucciones, ¿qué te impidió continuar dirigiendo la oración?”. Hazrat Abu Bakr respondió, como he mencionado anteriormente: “¿Qué posición tiene el hijo de Abu Quhafah para ponerse delante del Mensajero de Dios (sa) y dirigir la oración?”. El Santo Profeta (sa) se volvió entonces hacia la gente y dijo: “He observado que habéis levantado un clamor aplaudiendo sin cesar. Si ocurre algo durante la oración, se debe decir “Subhan Al’lah”, pues cuando se dice “Subhan Al’lah”, atraerá la atención por sí mismo. En cuanto a aplaudir, eso es permitido para las mujeres”.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Aunque se pueden extraer muchas otras lecciones de este Hadiz, en este momento deseo llamar su atención sobre un solo asunto, a saber, que, a lo largo de toda su vida, el Santo Profeta (sa) se esforzó al máximo, de todas las maneras posibles, para garantizar que las personas se mantuvieran constantemente ocupadas en recordar a Dios Altísimo.

Como él mismo permaneció ocupado en el recuerdo de Dios, eso ya ha sido descrito; sin embargo, este Hadiz muestra que deseaba ver estas mismas palabras en la lengua de cada individuo”.

Debemos reflexionar y examinarnos a nosotros mismos: ¿acaso nosotros también mantenemos siempre el pensamiento de Dios Altísimo en nuestros corazones, tal y como el Santo Profeta (sa) deseaba de su Umma? ¿Existe tal dolor y preocupación en nuestros corazones, o acaso nos volcamos hacia la oración y el recuerdo de Dios Altísimo solo por el bien de nuestros objetivos mundanos, para luego olvidarlo en circunstancias normales?”.

Además, escribe:

“Hay muchos incidentes que demuestran que el Santo Profeta (sa) deseaba que la gente recordara con frecuencia a Dios Altísimo. Así, al estornudar, al comenzar a comer y al terminar, al acostarse y al despertarse, después de las oraciones, antes de emprender cualquier tarea importante, mientras realizaba la ablución …, en resumen, en la mayoría de las acciones, él (sa) orientaba a la gente hacia el recuerdo de Dios Altísimo. Esto demuestra que no sólo se dedicaba a recordar a Dios, sino que también deseaba que los demás se dedicaran igualmente a recordar a Dios. Esto es una prueba de la perfección de su amor”.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“He visto a muchas personas que, tras realizar un poco de adoración, se vuelven arrogantes. Tras unos días de ofrecer oraciones o realizar actos de adoración, comienzan a considerarse faraones desprovistos de todo o el orgullo de los santos, y el mundo y todo lo que contiene se vuelve despreciable a sus ojos. No reconocen la verdadera realidad ni siquiera de las personas más grandes; de hecho, por no hablar de los seres humanos, incluso afirman haber concedido un favor al propio Dios Altísimo. Imaginan que el acto de adoración que han realizado es, por así decirlo, un favor hecho a Dios Altísimo, y que Él está en deuda con ellos (Dios no lo quiera) porque, si no le hubieran adorado, ¿qué hubiera hecho?

Incluso entre aquellos que no llegan a tal extremo, hay muchos que, a pesar de no alcanzar ese nivel en el que se preguntan: “¿qué está haciendo Dios por nosotros?” desarrollan cierta arrogancia debido a sus actos de adoración. Son muy pocos los que, incluso después de dedicarse a la adoración, permanecen firmemente establecidos en un estado de humildad. De hecho, es precisamente este grupo de justos, aquellos que persisten en la humildad a pesar de su adoración, los que constituyen la verdadera compañía de los virtuosos. Permanecen humildes, ocultan su adoración e incluso ocultan su amor por Dios Altísimo, considerando únicamente como una gracia Suya el haberles concedido la capacidad de adorarLe. Este es el verdadero grupo de los justos”.

La gente suele preguntar: “¿Qué son las buenas obras?”. Esta pregunta la plantean con frecuencia, especialmente en la época actual, los niños y los jóvenes. También preguntan cómo se puede saber si Dios Altísimo está complacido. Dios Altísimo se complace precisamente de esta manera: que uno realice buenas obras y las realice únicamente para complacerLe. Una persona puede examinarse a sí misma; no hay necesidad de nombrar a un juez externo. Uno mismo puede discernir si las buenas obras que realiza son verdaderamente para Dios Altísimo y, si lo son, entonces seguramente Le complacen.

Además, escribe:

“Según este criterio, se puede comprender cuál debió de ser la condición del jefe de los justos y líder de los profetas, el Santo Profeta (sa). Era la encarnación de todas las virtudes y la fuente de toda bondad. Nunca adoró por orgullo o para exaltarse a sí mismo. De hecho, cuánto más cumplía con las obligaciones de servidumbre a Dios Altísimo, más intenso se volvía el fuego de su apasionado deseo. En lugar de considerar que Dios Altísimo estaba en deuda con él por su adoración, él (sa) mismo se sentía abrumado por un sentimiento de humilde gratitud, diciendo: “¡Oh, Dios! Cualquier oportunidad de adoración que se me concede es solo por Tu gracia”.

Su adoración era contínua. Cuando dedicaba parte de su tiempo a la adoración, reflexionaba sobre el gran favor que le había concedido Dios Altísimo al darle la capacidad de hacerlo, y sobre la necesidad de expresar su gratitud por ese favor. Abrumado por este mismo sentimiento de gratitud, se dedicaba a adorar aún más y volvía a considerar esto también como un favor de concedido Dios Altísimo, ya que la capacidad de expresar gratitud no se concede a todo el mundo a menos que Dios Altísimo otorgue Su gracia (en otras palabras, la oportunidad de expresar gratitud en sí misma también se debe al favor de Dios). Entonces, su fervor y su anhelo se manifestaban con más fuerza aún, y se sumergía de nuevo en la adoración de su Señor.

Así, esta relación de servidumbre y, a cambio, el amor de Dios por él continuaba y era tan expansivo que, en muchas ocasiones, sus pies se hinchaban debido a estar de pie durante mucho tiempo en adoración. Los Compañeros le preguntaban: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! ¿Por qué se somete a este esfuerzo, cuando sus pecados ya han sido perdonados?”. A lo que él (sa) respondía: “¿No debería ser entonces un siervo agradecido?”.

Hazrat Mughirah bin Shu‘bah (ra) relata que cuando el Santo Profeta (sa) se ponía de pie para rezar, permanecía de pie durante tanto tiempo (este Hadiz también se ha mencionado anteriormente) que se le hinchaban los pies o los talones. Cuando la gente le decía: “¿Por qué se esfuerza tanto?”, él (sa) respondía: “¿No debería ser un siervo agradecido?”.

¡Por Dios, cuán profundo era este amor y devoción hacia Dios Altísimo! Se quedaba absorto en el recuerdo de Dios Altísimo, tan ajeno a su ser físico que la circulación de la sangre descendía hacia sus pies, provocándoles hinchazón. Sin embargo, este amor no permitía que su atención se desviara hacia esta incomodidad. Los que le rodeaban lo miraban con asombro, preguntándose qué estaba haciendo. Ellos mismos sentían dolor por él y le llamaban la atención al respecto, diciéndole: “¿Por qué hace esto? ¿Por qué se somete a estas dificultades y soporta ese sufrimiento? Uno también debe tener en cuenta su salud y su comodidad”.

Sin embargo, ese dolor que inquietaba y conmovía profundamente a los demás no tenía ningún efecto sobre él. En lugar de reducir sus actos de adoración o decidir no permanecer de pie durante períodos tan prolongados en recuerdo de su Señor, rechazaba tales sugerencias y respondía a ellas diciendo: “¿Acaso no debo ser un siervo agradecido de Dios? Él me concede estos favores, me otorga esta gracia y me trata con tanta bondad … ¿Acaso no debo entonces dedicarme a Su recuerdo en agradecimiento por su benevolencia, o empezar a mostrar negligencia en Su adoración?”.

Esta respuesta estaba llena de sinceridad y gratitud. Revela las emociones de su corazón puro.

¿Hay alguien más que posea una pasión tan ardiente por el recuerdo y la glorificación de Dios? ¿Hay alguien más que pueda presentar un ejemplo así? ¿Hay algún santo de cualquier otro pueblo que pueda rivalizar con su sinceridad? Sin embargo, obsérvese que, aunque él (sa) mismo encarnaba esta devoción, también esperaba lo mismo de su umma (comunidad)”.

Hazrat Musleh Maud (ra) mencionó entonces cómo el Santo Profeta (sa) permaneció activamente comprometido con sus diversas responsabilidades.

“No era que se limitara únicamente al culto y abandonara todas las demás obligaciones. Tampoco era que se dedicara al culto por la noche y luego durmiera todo el día, pues si así hubiera sido, la profundidad de su anhelo y fervor no habría sido tan evidente como lo era cuando, a lo largo del día, se mantenía dedicado a la propagación del nombre de Dios Altisimo y al establecimiento de la obediencia y la sumisión a Él.

Él (sa) mismo dirigía las cinco oraciones diarias como imam. Se reunía personalmente con delegaciones y enviados que venían de regiones lejanas y respondía a sus peticiones. Él (sa) mismo dirigía las expediciones militares. Enseñaba el Sagrado Corán a los Compañeros. Él (sa) mismo ejercía de juez, resolviendo a lo largo del día las disputas que surgían entre la gente. Se ocupaba de los asuntos relacionados con la riqueza y el tesoro, supervisaba la administración del Estado, garantizaba la aplicación de las enseñanzas islámicas, cumplía con los derechos de sus esposas e incluso participaba en las tareas domésticas, todo ello durante el día. Sin embargo, después de realizar todas estas tareas, en lugar de desplomarse por el cansancio y permanecer en la cama hasta el amanecer, se levantaba repetidamente para glorificar y alabar a Dios.

Cuando había transcurrido la mitad de la noche, se levantaba, realizaba sus abluciones y se presentaba completamente solo ante su Señor con total humildad y devoción, en un momento en que el silencio y la quietud se habían extendido en todas direcciones. Recitaba el Sagrado Corán y permanecía de pie en oración durante períodos tan largos que se le hinchaban los pies.

Tal era el caso que Hazrat Abdul’lah bin Mas‘ud (ra) narra: “Una vez, me quedé de pie junto al Santo Profeta (sa) en oración, pero se me hizo tan difícil que sentí que tendría que interrumpir la oración y huir, porque mis piernas ya no podían soportar el peso de mi cuerpo y no podía seguir de pie por falta de fuerzas”.

Este fue el testimonio de un hombre joven, mucho más joven que el Santo Profeta (sa). A partir de esto, uno puede imaginar la fuerza y la intensidad de la devoción del Santo Profeta (sa); a pesar de su avanzada edad y de estar ocupado todo el día con otras tareas, seguía permaneciendo de pie durante largos periodos de tiempo en adoración, hasta tal punto que incluso hombres jóvenes, y jóvenes fuertes, cuyos esfuerzos diarios no eran ni una fracción de los suyos, no podían seguirle el ritmo y se cansaban.

¿Por qué realizaba este culto con tanta intensidad? ¿Por qué motivo soportaba estas penurias? Únicamente porque era un hombre agradecido (a Dios). Su corazón, constantemente consciente de los favores de Dios, se sentía atraído por Su recuerdo. Su corazón rebosaba de amor Dios Altísimo”.

Abu Salamah bin Abdur Rahman relata que una vez le preguntó a Hazrat Aishah (ra) cómo rezaba el Santo Profeta (sa) durante el mes de Ramadán. El Ramadán se acerca de nuevo en un mes, y debemos dedicarnos a la oración no solo durante el Ramadán, sino también antes de él. Sin embargo, Hazrat Aishah (ra) respondió: “El Mensajero de Dios (sa) nunca ofrecía más de 11 raka‘ats (unidad de oración), ya fuera en Ramadán o en cualquier otro mes”.

¿Cómo era su oración? Ella dijo: “No realizaba más de 11 raka’ats (unidades de oración). Realizaba cuatro raka’ats (unidades de oración); no preguntes por su belleza y duración, y luego realizaba otras cuatro raka’ats (unidades de oración);  de nuevo, no preguntes por su belleza y duración. Después de eso, realizaba tres raka’ats de oración”.

Dijo: “Una vez le pregunté: “¡Oh, Mensajero de Dios! ¿Duerme antes de ofrecer el Witr? (es decir, después de las cuatro raka’ats, ¿descansa brevemente antes de las tres últimas)? El Santo Profeta (sa) respondió: “Mis ojos duermen, pero mi corazón no duerme, permanece despierto en el amor de Dios”.

El Mesías Prometido (as), al describir la vida del Santo Profeta (sa) y su cercanía a Dios, escribe:

“Dios Altísimo ha hablado en otra parte sobre la cercanía del Santo Profeta (sa) a Él:

[Árabe]

“Di: “Mi oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte son para Dios, Señor de los mundos”. En otras palabras, diles: “Este es mi estado: estoy completamente perdido en Dios. Todos mis actos de adoración están dedicados únicamente a Dios”.

Este versículo indica que nadie puede adorar verdaderamente a Dios con pureza hasta que alcance la perfección. Antes de eso, la adoración de uno es mixta: en parte para Dios y en parte para su propio ego. Una persona puede buscar glorificarse y exaltarse a sí misma tal como debería glorificar y exaltar a Dios, la verdadera esencia de la adoración.

Del mismo modo, una parte de esa adoración también se dirige hacia la creación, ya que una persona atribuye a otros seres parte de la grandeza, el poder y el control que pertenecen exclusivamente a Dios. Así, al adorar a Dios, también adora, en efecto, a sí mismo y a otras cosas creadas. De hecho, la mayoría de las personas comparten inconscientemente su devoción con medios mundanos insignificantes, creyendo que estas causas mundanas poseen una influencia independiente junto al decreto de Dios.

A una persona así no se la puede llamar verdadera adoradora de Dios, ya que a veces asocia su propio yo con la grandeza de Dios y otras veces asocia la creación o los medios mundanos.

Un verdadero adorador es aquel que atribuye toda la grandeza, todo el poder y toda la influencia únicamente a Dios y a nadie más. Cuando la adoración de una persona alcanza esta etapa de Tauhid (Unidad de Dios), solo entonces puede ser verdaderamente llamada adoradora de Dios.

Así como declara verbalmente: “No hay nadie digno de adoración excepto Dios”, también da testimonio de ello a través de sus acciones, a través de su adoración.

Esta posición perfecta de adoración es a la que se alude en el versículo anterior, donde se le ordenó al Santo Profeta (sa) declarar: “Toda mi adoración es solo para Al’lah”. Es decir, ni yo mismo, ni la creación, ni ningún medio mundano tienen participación alguna en mi adoración. Y luego dijo: “Mi sacrificio también es solo para Dios, y mi vida y mi muerte son para Él”.

Cabe recordar que la palabra árabe Nasikah se refiere al sacrificio. El plural de este término es Nusuk, que aparece en este versículo. También conlleva el significado de adoración. Por lo tanto, el uso de este término aquí indica un acto que es a la vez sacrificio y adoración -una forma perfecta de adoración, libre de todo rastro de egoísmo, creación y dependencia mundana-, que es en sí misma una forma de sacrificio, y el sacrificio perfecto es, en esencia, adoración perfecta.

Además, cuando afirmó: “Mi vida y mi muerte son para Al’lah”, esta última cláusula se añadió para aclarar el significado del sacrificio, para que nadie pensara que se refiere simplemente al sacrificio de animales como cabras o camellos. Más bien, la afirmación de que su vida y su muerte son únicamente para Dios significa claramente que el sacrificio en cuestión se refiere a la entrega del alma. La palabra Qurbani (sacrificio) deriva de Qurb (cercanía) y, por lo tanto, señala la verdad de que la cercanía divina solo se alcanza cuando se aniquilan todas las pasiones e impulsos del yo.

En resumen, este versículo es una gran prueba de la perfecta cercanía del Santo Profeta a Dios. Sirve como prueba contundente de la perfecta cercanía divina del Santo Profeta (sa). El versículo en cuestión afirma que el Santo Profeta (sa) estaba tan absorto en Dios que cada aliento de su vida, e incluso su muerte, se había vuelto completamente Suyo, y que el ego, la creación y los bienes mundanos no formaban parte de su ser. Su alma había descendido al umbral de Dios con tanta sinceridad que no se podía encontrar en ella la más mínima adulteración de nada que no fuera Dios”.

En otra ocasión, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Aunque Dios Altísimo haya permitido ciertas cosas, eso no significa que debamos dedicar toda nuestra vida a ellas. Al describir a Sus siervos, Dios Altísimo afirma:

[Árabe]

“Y quienes pasan la noche ante su Señor, postrados y de pie”. Es decir, pasan toda la noche para su Señor, postrándose y orando de pie. Ahora bien, considerad esto: ¿cómo puede una persona que permanece inmersa día y noche con sus esposas puede pasar la noche en adoración conforme a la voluntad de Dios? Pues en el caso de esta persona, pone a sus esposas como socias de Dios. El Santo Profeta (sa) tuvo nueve esposas, y a pesar de esto, pasaba noches enteras en la adoración a Dios.

Una noche, le tocó a Aisha Siddiqa (ra) estar con el Santo Profeta (sa). Transcurrida una parte de la noche, se despertó y vio que el Santo Profeta (sa) no estaba. Pensó que tal vez se había ido con otra esposa. Se levantó y buscó por todas las casas, pero no le encontró. Finalmente, le encontró en el cementerio, llorando en postración.

Observad cómo el Santo Profeta (sa) dejó a una esposa viva y amorosa y fue a un cementerio, un lugar de los muertos, donde lloró. En este caso, ¿podría ser que el Santo Profeta (sa) se casó con sus esposas para la satisfacción personal o para perseguir la lujuria? (como alegan algunos detractores). Por lo tanto, recordad bien que la voluntad de Dios es que no os dejéis dominar por las pasiones carnales, y que una persona puede tener más de una esposa si es para alcanzar la rectitud completa y si surge una necesidad genuina y verdadera”.

El Mesías Prometido (as) solía aconsejar a los miembros de la Yamaat que, si, manteniendo la rectitud en mente, surge la necesidad, una persona puede tener más de una esposa; sin embargo, no debe darse el caso de que una persona se case o tenga más de una esposa por deseo personal y lujuria. Incluso hoy día, se reciben quejas al respecto. El islam no permite esta conducta. La necesidad debe ser legítima y justificada. Es por esta razón que se plantean objeciones contra el islam, ya que quienes se casan ilegalmente dan lugar a la objeción de que el islam permite tales matrimonios. Pero debe recordarse, tanto por los musulmanes como por quienes plantean objeciones, que existen condiciones para este permiso, y es esencial cumplirlas.

En otra narración, Hazrat Anas (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo -también mencioné este Hadiz en un sermón anterior-: “Entre las cosas mundanas, las esposas y la fragancia me son preciadas, pero lo que más amo, y que es el deleite de mis ojos, es la oración”.

He vuelto a mencionar esto porque encontré una explicación detallada de Hazrat Musleh Maud (ra). Explicó:

[Árabe]

“El deleite de mis ojos se ha depositado en la oración”. Esta también es una excelencia distintiva que posee el islam en comparación con otras religiones. No hay nación en el mundo donde la regularidad en el culto se haya establecido de la misma manera que la Salat. Todas las religiones anteriores continuaron enfatizando los movimientos externos, o los momentos de culto se establecieron a intervalos tan amplios que la espiritualidad se debilitó. Solo el islam es una religión de este tipo, cuyos seguidores son llamados a adorar cinco veces al día.

La gente debe reflexionar sobre el hecho de que, si bien las cinco oraciones diarias se han vuelto obligatorias, también es necesario ofrecerlas, para que la espiritualidad se pueda preservar y uno no permanezca absorto únicamente en las actividades mundanas.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Los cristianos y los hindúes celebran sus cultos una vez a la semana. Es posible que algunos de ellos adoren día y noche, pero esto se refiere al culto en congregación. El mandato de adorar varias veces al día fue dado únicamente por el Santo Profeta (sa). Además, la palabra ‘Salat’ también conlleva el significado de súplica, y de esta manera el Santo Profeta (sa) hizo gran hincapié en la oración. En los actos de adoración de otras religiones, se ha puesto énfasis en las expresiones externas y se ha intentado crear agrado en la adoración por diversos medios. Por ejemplo, los arios y los cristianos cantan y tocan música. Pero el Santo Profeta (sa) dijo: ‘Se me ha concedido una forma de adoración que conlleva verdadero agrado; un agrado con el que ninguna otra religión puede competir’”.

Así pues, no se trata de cantos ni música, sino de la adoración silenciosa a Dios Altísimo, de recitar Sus alabanzas y Santidad, de ensalzar Sus excelencias, y luego de llorar y suplicar. Estas son las cosas, y esta es la forma de adoración, que posee verdadera dulzura. A través de ellas, el amor por Dios Altísimo también aumenta.

Por lo tanto, siguiendo el noble ejemplo del Santo Profeta (sa), debemos esforzarnos por alcanzar este estándar en nuestras oraciones y adoración. Solo entonces podremos ser verdaderamente musulmanes.

El Mesías Prometido (as) escribió una carta a Hazrat Mir Nasir Nawab Sahib, en la que declaró:

“En cuánto a lo que ha preguntado sobre su camino práctico, debería desarrollar una inclinación hacia el verdadero seguimiento del Santo Profeta (sa). Hay dos aspectos por los que el Santo Profeta (sa) mostró el mayor amor: uno es la oración y el otro, la Yihad. Sobre la oración, el Santo Profeta (sa) dijo:

[Árabe]

“El deleite de los ojos se ha puesto en la oración”. Respecto a la Yihad, dijo: “Deseo ser asesinado en el camino de Dios Altísimo, luego resucitado, luego asesinado de nuevo, luego resucitado, y luego asesinado de nuevo”.

Tras afirmar esto, el Mesías Prometido (as) añadió: “En esta época, la Yihad ha adquirido una forma espiritual, y esta Yihad consiste en esforzarse por defender el mensaje del islam, responder a las acusaciones de los opositores, difundir las excelencias de la verdadera religión del islam en el mundo, y manifestar al mundo la veracidad del Santo Profeta (sa). Esto es la Yihad, hasta que Dios Altísimo manifieste otra forma en el mundo”.

Así, nuestra Yihad con la pluma y nuestros esfuerzos de propagación serán bendecidos solo cuando elevemos el nivel de nuestra adoración y nuestro amor por Dios Altísimo. Si deseamos participar en esta Yihad, debemos ser conscientes del amor por Dios Altísimo y de las oraciones. También debemos ser conscientes de nuestros actos de adoración. Nuestros esfuerzos serán bendecidos solo si lo hacemos siguiendo el ejemplo del Santo Profeta (sa). ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de hacerlo!

Hoy, la Comunidad Musulmana Ahmadía de Bangladesh celebra su Yalsa Salana. Existe una considerable oposición en la región. Oremos también por ellos, para que Dios Altísimo los proteja y que su Yalsa se celebre pacíficamente y con éxito.

Resumen del sermón del viernes 16 de enero del 2026: ‘El amor del Santo Profeta (sa) por Dios Todopoderoso’.

Después de recitar el Tashahhud, el Ta‘awwuz y la Sura Al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), dijo que en un sermón anterior había mencionado el amor del Santo Profeta (sa) por Dios. Su Santidad (aba) dijo que seguiría mencionando incidentes relacionados con este tema.

Su Santidad (aba) dijo que en su juventud, antes de proclamarse profeta, el amor del Santo Profeta (sa) por Dios era tal que se retiraba a una cueva y se sumergía en la expresión de su amor por Dios.

Encontrar el amor de Dios en la soledad

Su Santidad (aba) citó al Mesías Prometido (as), quien escribe que el Santo Profeta (sa) no encontró consuelo similar al que encontró al estar a solas con Dios cuando se retiró a la cueva para sumergirse en la reflexión. No debió de ser una tarea fácil, llevando consigo como mucho una vasija de agua, pero cuando se sumergía en tal grado de amor, el Santo Profeta (sa) no encontraba mayor disfrute y satisfacción. El Santo Profeta (sa) pasaba noches enteras en un lugar al que la gente normalmente temía ir. Esto demuestra que el verdadero amor por Dios engendra valentía; por lo tanto, un creyente es valiente. Algunos argumentan que si a los profetas les gusta estar solos, ¿por qué se casan y tienen hijos? El ejemplo es como la diferencia entre un mendigo y un amigo que va a la casa de alguien. Cuando un mendigo va a la casa de alguien a pedir limosna, es posible que le den unos trozos de pan seco para que no se quede y se vaya. Cuando un amigo visita la casa de otro amigo, se le sirve comida excelente y se le trata bien. No es algo que él pida; simplemente disfruta de lo que se le ofrece. Lo mismo ocurre con los profetas. En realidad, les encanta estar a solas con Dios y conversar con Él. Las relaciones que cultivan en este mundo no son el resultado de pasiones carnales. Por el contrario, estas relaciones mundanas también tienen como objetivo alcanzar cotas más altas en su relación con Dios.

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat A’ishah (ra) narra:

‘El comienzo de la inspiración divina al Mensajero de Al’lah (sa) fue en forma de sueños verdaderos durante su sueño. Nunca tuvo un sueño que no se hiciera realidad como la luz del día. Solía retirarse a la cueva de Hira, donde adoraba a Al’lah continuamente durante muchas noches. Solía llevarse consigo comida para ese viaje y luego regresaba con su esposa Khadiyah para tomar comida para otro período de estancia, hasta que de repente la verdad descendió sobre él mientras estaba en la cueva de Hira. El ángel se le apareció y le pidió que leyera. El Santo Profeta (sa) respondió: ‘No sé leer’. El Santo Profeta (sa) añadió: ‘El ángel me agarró con fuerza y me apretó tan fuerte que no pude soportarlo más. Luego me soltó y me pidió de nuevo que leyera, y yo respondí: ‘No sé leer’, tras lo cual me agarró de nuevo y me apretó por segunda vez hasta que no pude soportarlo más. Luego me soltó y me pidió que leyera de nuevo, pero yo respondí: ‘No sé leer’. Entonces, me agarró por tercera vez y me apretó, y luego me soltó y dijo: ‘Transmite en nombre de tu Señor, que creó al hombre de un coágulo de sangre. ¡Transmite! Y tu Señor es el Más Generoso’.

Entonces, el Mensajero de Al’lah (sa) regresó con la Inspiración, con el corazón latiendo con fuerza, hasta que entró donde Khadiya y le dijo: ‘¡Cúbreme! ¡Cúbreme!’. Ella lo cubrió hasta que su miedo desapareció y entonces él le contó todo lo que había sucedido y le dijo: ‘Temo que algo me pueda pasar’. Khadiyah dijo: ‘¡Nunca! Pero ten buenas noticias, porque por Al’lah, Al’lah nunca te deshonrará, ya que mantienes buenas relaciones con tus parientes y amigos, dices la verdad, ayudas a los pobres y a los indigentes, sirves generosamente a tus invitados y ayudas a los que lo merecen, a los afligidos por la calamidad’.

Khadiyah lo acompañó entonces a Waraqa bin Naufal bin Asad bin ‘Abdul ‘Uzza bin Qusai. Waraqa era hijo de su tío paterno, es decir, el hermano de su padre, quien durante el período preislámico se convirtió al cristianismo y solía escribir en árabe y escribir los Evangelios en árabe tanto como Al’lah deseaba que escribiera. Era un anciano y había perdido la vista. Khadiyah le dijo: ‘¡Oh, primo mío! Escucha la historia de tu sobrino’. Waraqa preguntó: ‘¡Oh, sobrino mío! ¿Qué has visto?’. El Santo Profeta (sa) describió todo lo que había visto. Waraqa dijo: ‘Este es el mismo ángel que Al’lah envió a Moisés (as). Me gustaría ser joven y poder vivir hasta el momento en que tu pueblo te expulse’. El Mensajero de Al’lah (sa) preguntó: ‘¿Me expulsarán?’. Waraqa respondió afirmativamente y dijo: ‘Nunca un hombre ha venido con algo similar a lo que tú has traído sin ser tratado con hostilidad. Si permaneciera vivo hasta el día en que te expulsaran, te apoyaría con firmeza’. Pero al cabo de unos días, Waraqa murió, y la inspiración divina sobre el Santo Profeta (sa) también se detuvo por un tiempo.

Se requiere esfuerzo para aumentar el amor por Dios

Su Santidad (aba) citó al Mesías Prometido (as), quien dijo que Dios ha declarado que encontrarlo y establecer una conexión con él depende del esfuerzo que se haga, tal y como dice Dios: ‘Y que no hay nada para el hombre sino el fruto de sus afanes;’ (El Sagrado Corán, 53:40) y ‘En cuanto a los que se esfuerzan en Nuestro camino: en verdad los guiaremos por Nuestras sendas.’ (El Sagrado Corán, 29:70).

Cuando observamos los ejemplos de los compañeros del Santo Profeta (sa) y las grandes conexiones que establecieron con Dios, vemos que no establecieron estas conexiones a través de oraciones mediocres, sino que lo hicieron esforzándose mucho y haciendo magníficos sacrificios, dispuestos incluso a ofrecer sus vidas.

Su Santidad (aba) dijo que algunos piensan que después de hacer el más mínimo esfuerzo, se les debería conceder un gran rango ante los ojos de Al’lah. Pero cuando vemos el ejemplo del Santo Profeta (sa), que fue el Sello de los Profetas y el más grande de todos los hombres, y que no alcanzó su elevada posición ante los ojos de Dios con esfuerzos mediocres, ¿cómo puede alguien esperar alcanzar grandes alturas sin realizar grandes esfuerzos en el camino de Dios, como lo hizo el Santo Profeta (sa)? De hecho, el Santo Profeta (sa) amaba estar a solas con Dios, pero cuando se llegó a cierto punto, Dios dijo: ‘¡Oh tú, que te has envuelto en tu manto! Levántate y amonesta’ (El Sagrado Corán, 74:2-3). Después de que su amor por Dios y sus esfuerzos para alcanzar ese fin hubieran alcanzado su punto álgido, Dios le ordenó que abandonara su soledad y saliera a difundir Su mensaje.

Su Santidad (aba) dijo que esto demuestra que la relación del Santo Profeta (sa) con Dios tenía mucho que ver con los esfuerzos que él realizaba con ese fin. Esto se manifestaba en gran medida en sus oraciones. Se ha registrado que el Santo Profeta (sa) se sumergía tanto en las oraciones y rezaba con tal fervor que a quienes estaban a su alrededor les parecía el sonido del agua hirviendo en una olla. O hubo un caso en el que, durante su última enfermedad, el estado del Santo Profeta (sa) era tal que ni siquiera podía caminar; puso sus manos sobre los hombros de dos compañeros que le ayudaron a llegar a la mezquita para rezar, mientras los pies del Santo Profeta (sa) se arrastraban por el suelo. Según la ley islámica, el Santo Profeta (sa) no estaba obligado a asistir a la mezquita para rezar debido a su enfermedad, pero su amor por Dios no le impedía acudir a la mezquita. En realidad, la oración era su sustento, sin el cual no podía sobrevivir. Si tal era su relación con la oración, ¿cómo podía una enfermedad impedirle orar? Tanto en la salud como en la enfermedad, el Santo Profeta (sa) estaba inmerso en el recuerdo de Al’lah, y se esforzaba por inculcar lo mismo en sus seguidores.

El verdadero amor proviene del recuerdo de Dios Su Santidad (aba) dijo que debemos analizarnos a nosotros mismos para ver si recordamos a Al’lah de la manera que el Santo Profeta (sa) deseaba que lo hiciéramos. ¿Observamos las oraciones con regularidad, tal y como nos enseñó el Santo Profeta (sa), o nos volvemos indolentes y dejamos de hacerlo por cualquier motivo insignificante?

Su Santidad (aba) dijo que el Santo Profeta (sa) nos enseñó a recordar a Dios en todo momento: al estornudar, al comenzar a comer, al terminar de comer, al dormir, al despertar, después de ofrecer las oraciones, antes de hacer algo importante, al realizar la ablución. En resumen, el Santo Profeta (sa) asoció el recuerdo de Dios con las actividades diarias, destacando así el inmenso y constante amor del Santo Profeta (sa) por Dios.

Su Santidad (aba) citó a Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra), quien escribe que algunos que ofrecen un grado de adoración comienzan a pensar que han alcanzado algún tipo de rango elevado y que deben ser tratados como tales. Sin embargo, la realidad es que los verdaderos creyentes no se jactan de su espiritualidad, sino que se vuelven cada vez más humildes y, a menudo, tratan de ocultar su grado de adoración. El estado del Santo Profeta (sa) era tal que, como resultado de su adoración, no buscaba recibir más bendiciones y favores de Dios; más bien, su mayor adoración solo aumentaba su amor por Dios, lo que le llevaba a aumentar aún más su adoración. De hecho, el Santo Profeta (sa), en lugar de volverse arrogante por su adoración, daba gracias a Dios, diciendo que solo era capaz de adorarlo gracias a la capacidad de adoración que Dios le había concedido. Tal era el amor del Santo Profeta (sa) por Dios que consideraba la capacidad de adorarlo como un favor de Dios. Así, el Santo Profeta (sa) permanecía cada vez más tiempo en oración, hasta el punto de que se le hinchaban los pies. No se preocupaba por sí mismo ni por su propio bienestar, sino que solo le importaba adorar a Dios. Cuando se le preguntó por qué soportaba tales dificultades y asumía tales incomodidades de las que otros suelen huir, el Santo Profeta (sa) respondió: ‘¿No debería ser un siervo agradecido?’. Para el Santo Profeta (sa) era algo natural que, en respuesta a los inmensos favores concedidos por Dios, deseara aumentar su adoración a Dios. ¿Se puede encontrar un ejemplo así en algún otro lugar? Por supuesto que no.

Su Santidad (aba) citó además a Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra), quien escribe que también es sorprendente que el Santo Profeta (sa) estuviera tan dedicado a la oración, a pesar de tener una agenda diaria extremadamente ocupada. Realizaba las cinco oraciones diarias; también se reunía con delegaciones extranjeras, comandaba el ejército musulmán, enseñaba a los compañeros, actuaba como juez en diversas disputas, supervisaba el tesoro, supervisaba los asuntos relacionados con el Estado, defendía las enseñanzas del Islam, estaba presente para sus esposas, ayudaba en las tareas domésticas y muchas otras cosas. Hacía todo esto durante el día y, en lugar de caer rendido en la cama al final del día, descansaba un rato y, en mitad de la noche, se levantaba por amor a su Señor y rezaba durante tanto tiempo que se le herían los pies. Una vez, cuando un joven, mucho más joven en ese momento que el Santo Profeta (sa), intentó permanecer de pie junto al Santo Profeta (sa) para rezar, no pudo soportar el largo período de tiempo de pie y tuvo que abandonar la oración, mientras que el Santo Profeta (sa) permaneció firme en su adoración. ¿Cómo y por qué soportó el Santo Profeta (sa) tales esfuerzos físicos y siguió ofreciendo adoración, que en sí misma era un esfuerzo físico por la forma en que la ofrecía? Fue puramente por su amor a Dios.

El estado de adoración del Santo Profeta (sa) en Ramadán

Su Santidad (aba) dijo que este era el estado del Santo Profeta (sa) y su adoración durante todo el año. Sin embargo, cuando llegaba el mes sagrado de Ramadán, se registra que la adoración del Santo Profeta (sa) aumentaba aún más. Es más, una vez, cuando alguien le preguntó al Santo Profeta (sa) sobre su sueño por la noche, el Santo Profeta (sa) dijo que, aunque sus ojos pudieran estar dormidos, su corazón permanecía despierto toda la noche en el recuerdo de Dios. Debido a su inmenso nivel de adoración y al ejemplo que estableció, Dios instruyó al Santo Profeta (sa) en el Sagrado Corán: ‘Y ese hombre no tendrá más que aquello por lo que se esfuerza. Diles: “Mi Oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte son todos para Al-lah, el Señor de los mundos” (Sagrado Corán, 6:163).

Su Santidad (aba) citó al Mesías Prometido (as), quien, en respuesta a las acusaciones formuladas por algunos contra los matrimonios del Santo Profeta (sa), dijo que el Santo Profeta (sa) tenía nueve esposas, pero que, en lugar de distraerse, el Santo Profeta (sa) pasaba noches enteras adorando a Dios. Hazrat A’ishah (ra) relata que una noche, cuando el Santo Profeta (sa) estaba con ella, se despertó en mitad de la noche y se dio cuenta de que el Santo Profeta (sa) ya no estaba allí. Pensó que tal vez se había ido con otra esposa. Sin embargo, encontró al Santo Profeta (sa) en el cementerio, en ferviente súplica. Por lo tanto, esto demuestra que la poligamia en el Islam ciertamente no se basa en satisfacer las pasiones carnales, sino que solo puede ejercerse sobre la base de la rectitud, solo cuando surgen necesidades verdaderas y genuinas. Las acusaciones contra el Islam se basan únicamente en aquellos que abusan del permiso para la poligamia, porque hay condiciones estrictas que deben cumplirse antes de que una persona se case con más de una esposa; ciertamente no se basa en pasiones bajas.

Su Santidad (aba) citó al Mesías Prometido (as), quien destacó la forma en que el culto enseñado por el Santo Profeta (sa) se distingue de todas las demás religiones. Mientras que otras religiones solo se reúnen periódicamente para rezar, o tal vez una vez a la semana, la fe enseñada por el Santo Profeta (sa) enseña a rezar varias veces al día. Esta es la verdadera forma de aumentar el amor por Dios y establecer una relación verdadera con Él.

Su Santidad (aba) dijo que estas son las normas de adoración y oración que debemos esforzarnos por alcanzar, ya que solo así podremos ser considerados verdaderos musulmanes.

Su Santidad (aba) dijo que nuestros esfuerzos por difundir el verdadero mensaje del Islam solo darán fruto cuando también nos esforcemos en la oración y trabajemos para aumentar el nivel de nuestra adoración y nuestro amor por Dios. Solo entonces nuestros esfuerzos serán bendecidos.

Oraciones por el éxito de la Jalsa Salana de Bangladés

Su Santidad (aba) dijo que hoy comienza la Yalsa Salana (Convención Anual) de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Bangladés. Allí hay mucha oposición. Su Santidad (aba) instó a todos a recordar a los ahmadis de allí en sus oraciones; que Al’lah los mantenga a todos bajo su protección y que su Yalsa se celebre con éxito.

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