XVIII CAPÍTULO FINAL
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La salud de Hazrat Jalifatul Masihra comenzó a deteriorarse a principios de enero de 1914. Sentía dolor en las costillas, ocasionalmente tenía una ligera fiebre, y se quejaba de náuseas. Su fuerza comenzó a declinar, pero se le veía alegre, y continuó su lección diaria del Sagrado Corán. Cuando tenía dificultad para subir los peldaños de Masyid Aqsa daba las lecciones en el patio de Madrasa Ahmadía, pero necesitaba ayuda para recorrer la corta distancia hacia la Madrasa. Su debilidad fue en aumento, y las clases fueron ubicadas a una habitación de la casa de su hijo mayor, que estaba junto a su propia casa, donde las daba sentado. Sus médicos le aconsejaron que suspendiera las clases, pero insistía en que, mientras pudiera hablar, debía continuar exponiendo la Palabra de Dios.

A principios de febrero se sospechaba que padecía tuberculosis pulmonar. El doctor Mirza Ya’qub Baig llegó de Lahore y, junto con el doctor Jalifa Rashid-ud-Din, se dedicó a cuidar al augusto enfermo que iba tornándose cada vez más débil. Su voz era baja y tenía poco apetito. El 14 de febrero, el coronel Melville fue llamado desde Lahore. Llegó con el Dr. Sayyid Muhammad Husain y llevó a cabo un examen minucioso. Confirmó el diagnóstico de los médicos asistentes, aprobó su tratamiento, y sugirió una dieta más nutritiva. Después de su partida, Hazrat Jalifatul Masihra comentó:

-El médico de Lahore tardó mucho en examinarme. La enfermedad que estoy sufriendo es tan fácil de diagnosticar, que cuando estoy ocupado en mi clínica y alguien entra por la puerta y me saluda, sé por su voz, sin mirarlo, que sufre de esta enfermedad.-

En vista de su creciente debilidad, sus médicos decidieron que se trasladara a la residencia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra, que estaba situada en un gran jardín fuera de la ciudad, y donde podría estar más cómodo. Nawab Sahibra estaba muy deseoso de darle la bienvenida y le invitó insistentemente en dos ocasiones. Finalmente, consintió y se trasladó el 26 de febrero.

A principios de marzo, el Dr. Sayyid Muhammad Husain visitó a Hazrat Jalifatul Masihra y en el curso de la conversación enfatizó la importancia de la cooperación entre musulmanes de diferentes denominaciones en la búsqueda de objetivos comunes, sobre los cuales Hazrat Jalifatul Masihra comentó:

“Hemos dado ejemplo de tal cooperación cuando promovimos el proyecto de la Universidad Musulmana. Tal cooperación es benéfica, pero es necesario mantener nuestra identidad distintiva. El progreso se fomenta mediante la distinción. Una mezcla indiscriminada destruye la iniciativa y detiene el progreso. Además, no podemos subordinarnos a aquellos que rechazan a nuestros Fundadoresas comisionados por Dios. Por lo tanto, si no se mantiene esta distinción, se descuida ordenar el bien y prohibir el mal. Cuando se distingue una sección, hay oposición; y a medida que la oposición crece, los distinguidos tienen cada vez mayor necesidad de súplicas, y hacen cada vez un mayor esfuerzo. Recordad siempre que, a menos que surjan dificultades, y se recurra a la súplica y al esfuerzo, no puede haber progreso. Las dificultades estimulan el esfuerzo y la súplica. Una persona que está de acuerdo con todo poco puede lograr”.

Hazrat Jalifatul Masihra escribió su testamento con su propia mano el 4 de marzo. Decía lo siguiente:

“En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, Siempre Misericordioso.

Le alabamos e imploramos Sus bendiciones sobre Su noble Mensajero.

Este humilde siervo, en plena posesión de sus sentidos,

afirma: No hay más dios que Al’lah; Muhammadsa es el Mensajero de Al’lah. Mis hijos son pequeños y no tengo dinero. Al’lah los salvaguardará. No deben recibir provisiones de ningún fondo para los huérfanos o los pobres. Podrán recibir un préstamo benévolo, que sea devuelto por aquellos de mis hijos que puedan. Mis libros y mi propiedad deben constituirse en un fideicomiso para el beneficio de mis hijos. Mi sucesor debe ser justo, popular, erudito y de buena conducta. Debe pasar por alto las deficiencias, y ser paciente con los antiguos y nuevos amigos de Hazrat Sahibas. Yo deseaba el bien a todos; así debe ser él. Deben continuarse las lecciones del Sagrado Corán y el Hadiz. Wassalam. Nur-ud-Din. 4 de marzo de 1914.”

Se lo entregó a Maulwi Muhammad ‘Ali y le pidió que lo leyera a los presentes. Ordenó una segunda y una tercera lectura, y luego preguntó si había algo dejado de lado, a lo que Maulwi Muhammad ‘Ali respondió que estaba bastante bien. Luego lo dejó bajo la custodia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra.

La creciente debilidad de Hazrat Jalifatul Masihra dio lugar a especulaciones sobre cuál sería la situación en el caso de su fallecimiento. Esta especulación reveló diferencias agudas que amenazaban con la discordia y la ruptura. En esta situación, Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra redactó un anuncio público advirtiendo que si Hazrat Jalifatul Masihra disfrutara de buena salud, el hecho de difundir tales controversias no habría hecho tanto daño, ya que él podría contenerlas y controlarlas, pero ahora que estaba gravemente enfermo, tales discusiones podrían originar conflictos, y que, por tanto, este tipo de debates, orales o escritos, deberían mantenerse en suspenso hasta que Dios Todopoderoso le devolviera el gozo de una recuperación completa. Envió el borrador del anuncio a Maulwi Muhammad ‘Ali y le sugirió que lo publicara con sus firmas conjuntas. Este último indicó, por el contrario, que era mejor convocar una reunión en la que ambos abordaran este tema en el sentido deseado. En consecuencia, se convocó una reunión en Masyid Nur, y Maulwi Muhammad ‘Ali pidió a Sahibzada Sahibra que hablara primero. Él hizo la petición que había propuesto en el anuncio. Entonces Maulwi Muhammad ‘Ali habló y reprendió severamente a quienes criticaban a Jawaya Kamal-ud-Din y a quienes pensaban igual que él. Le escucharon en silencio. Al final agregó unas palabras en un tono severo sobre la necesidad del acuerdo. Su discurso sólo sirvió para aumentar el resentimiento.

Sahibzada Sahibra continuó manteniéndose ocupado en las oraciones y las súplicas, e instó a sus amigos a hacer lo mismo. No le preocupaban tanto las diferencias en los puntos de vista como la preservación de la unidad de la comunidad, a la que atribuía una importancia vital. Habló con varios miembros influyentes del Movimiento, y descubrió que la visión general de los que apoyaban la institución de Jilafat, y creían en el profetázgo del Mesías Prometidoas era que no podían jurar lealtad a cualquiera que se opusiera a estos conceptos, ya que significaría el final de Ahmadíat. Pero él estaba convencido de que la prioridad era preservar la unión, y que ésta no debía ser sacrificada por las personas. Empezó a persuadir a sus amigos de que, en el caso del fallecimiento de Hazrat Jalifatul Masihra, si existía la posibilidad de una escisión, debían estar preparados para jurar lealtad a alguien del grupo minoritario, porque estos no aceptarían a nadie que estuviera en desacuerdo con ellos y la comunidad quedaría, por tanto, dividida. Pero si juraban lealtad a uno de ellos, sus amigos seguirían su ejemplo y quedaría preservada la unión de la comunidad. Una tarde, pasó dos horas persuadiendo a Maulwi Sayyid Muhammad Sarwar Shahra, uno de los más importantes teólogos de la comunidad, para que aceptara su punto de vista de que, en el caso de una discrepancia en la elección del Jalifa, deberían estar preparados para jurar lealtad a alguien del otro grupo. En cuanto a los asuntos de discrepancia, mientras el Jalifa no emitiera ninguna directiva al respecto, tendrían la libertad de seguir y mantener lo que consideraban correcto y verdadero. Si el Jalifa emitiera una directiva referente a tales asuntos, estarían obligados a obedecerle y a guardar silencio, dejando el asunto en manos de Dios, que era el verdadero Guardián del Movimiento.

Durante los últimos días de la enfermedad de Hazrat Jalifatul Masihra, Pir Iftijar Ahmadra, le dijo que los Sufis habían mantenido la noción de que la vida de un Sufi era una bendición tanto para él mismo como para los demás y le instó a suplicar por su propia salud; a lo cual respondió: -Oigo constantemente: “¡No!, pero amáis lo que está próximo a vuestras manos; y olvidáis el Más Allá.”- (75:21). Esto recordaba la respuesta que Abu Bakrra dio a una sugerencia similar cuando estaba en la misma situación. Dijo: “He suplicado y he recibido la respuesta: Sé lo que es mejor. Haré lo que considere necesario.”

Durante la mañana del viernes 13 de marzo, Hazrat Jalifatul Masihra llamó a su hijo mayor, Miyan ‘Abdul Ha’i, y le dijo:

“Siempre he creído en: “no hay dios salvo Al’lah”, y muero en esta creencia. Honro a todos los compañeros del Santo Profetasa. Después del Sagrado Corán, considero que la recopilación de hadices de Bujari es lo más aceptado por Dios. Creo en Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas como el Mesías Prometidoas y como un elegido de Dios. Le amaba tanto que quería a sus hijos más que a vosotros. Te encomiendo a Dios Todopoderoso, y estoy seguro de que Él no te dejará perecer. Te exhorto a leer el Libro de Dios, a enseñarlo y a actuar conforme a él. He visto muchas cosas, pero no he visto nada como el Corán. Sin duda es el Libro de Dios. Por lo demás te encomiendo a Dios.”

El momento de la oración del mediodía del viernes se acercaba, y, a excepción de dos o tres asistentes, todos fueron a Masyid Aqsa para unirse a la oración. Hazrat Jalifatul Masihra hizo Tayammum (ablución simbólica) y realizó la Salat. Acababa de terminar cuando su respiración se hizo fatigosa, y, en pocos minutos, su alma abandonaba su frágil y debilitado cuerpo hacia su eterno descanso. A Al’lah pertenecemos y a Él retornaremos.

Cuando la trágica noticia llegó a Masyid Aqsa, donde acababa de concluir el servicio, que había sido dirigido por Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra, todos convergieron en la residencia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra para ver por última vez la faz de aquel ser querido que había dedicado cada momento de su vida a la promoción del bienestar espiritual y material de la Comunidad. A continuación, un numeroso grupo participó en el servicio de oración de la tarde en Masyid Nur, la mezquita más cercana a la residencia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra. Después de la oración, Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra se dirigió a ellos de la siguiente manera:

“De acuerdo con la voluntad divina, Hazrat Jalifatul Masihra ha fallecido. Que Al’lah le conceda Su misericordia y bendiciones abundantes, que lo eleve al rango más elevado, y que se una a la compañía del Santo Profetasa y el Mesías Prometidoas, de quien fue completamente devoto y cuyo amor saturó su ser. Amén.

Una gran responsabilidad recae ahora sobre los miembros del Movimiento Ahmadía. Toda la comunidad se enfrenta a una dura prueba. El que la supere, ganará la aprobación y el amor de Dios, mientras que aquel que fracase en esta prueba no será considerado virtuoso ante Sus ojos. Debemos prepararnos concienzudamente para superarla. Tened en cuenta que el plan más excelente se convierte en fuente de peligro, si no es puro el motivo que lo inspira. La Salat es una excelente forma de adoración, y sin embargo se dice: ¡Ay de los que realizan la Salat, pero se olvidan de ella, y la realizan sólo para ser vistos por la gente (“Ay, pues, de aquellos que oran, pero no se dan cuenta de lo que rezan.” 107: 5-7). Por tanto, cuando la Salat se inspira en un motivo impropio, deja de ser un medio para alcanzar la pureza y la cercanía a Dios y se convierte en una maldición.

Se nos prescribe buscar la protección divina contra Satanás antes de recitar el Sagrado Corán, y cada uno de sus capítulos se abre con “en el nombre de Al’lah” que es una manera de buscar la ayuda divina. Eso también es una indicación de que, antes de iniciar una actividad tan excelente como la recitación del Sagrado Corán, se debe buscar la protección divina contra las dudas y las sospechas satánicas, y también buscar la ayuda divina para recibir la capacidad y la fuerza para llevar a cabo esta actividad. Muchas personas consiguen la misericordia divina y la bendición a través de un versículo del Sagrado Corán, y el mismo versículo se convierte en una fuente de ruina para muchos. Por lo tanto, se nos ha preceptuado que busquemos la protección y la ayuda divina. En resumen, por muy excelente que sea el diseño, a menos que se inspire en la sinceridad y en la pureza de la motivación, existe el temor de que pueda alejarnos de Dios.

No podemos cumplir con la tremenda responsabilidad que se nos ha impuesto en esta ocasión sin que Dios nos conceda la gracia y la capacidad. Yo, por lo tanto, os aconsejo que paséis todo el tiempo disponible suplicando humildemente: Señor, guíanos por el camino verdadero para que podamos ser salvaguardados de la ruina, y para poder acercarnos más a Ti. Esta es una responsabilidad pesada que no podemos cumplir sin la ayuda divina. Concentraos en la oración:

Dirígenos por el camino recto (1:6). No sabemos lo que ocurrirá mañana o al día siguiente. Todo está oculto en el vientre del futuro, y a menos que el Conocedor de lo invisible nos guíe y nos ayude, corremos el riesgo de la perdición. Por lo tanto, suplicad, pedid perdón y protegeos contra el error, buscad la orientación y haced descender las bendiciones sobre el Santo Profetasa.   Suplicad con agonía: Señor, ayúdanos a superar esta prueba mediante Tu gracia. Cuando el Mesíasas llegó, muchos le rechazaron, y tropezaron y cayeron sobre esa piedra, y se arruinaron; pero Tú nos guiaste por Tu misericordia. Tras su muerte nos enfrentamos a una prueba, y de nuevo nos guiaste. Ahora nos enfrentamos una vez más a otra prueba. Derrama nuevamente Tu gracia sobre nosotros y guíanos, y haz descender Tus bendiciones sobre todos nuestros asuntos, y no permitas que nuestros enemigos se regocijen de nuestra angustia, y selecciona a una persona santa de entre nosotros para servirte. Amén.

Que todo el mundo permanezca ocupado continuamente en oración. Levantaos durante la noche y suplicad. Dios resuelve todas las dificultades a través de Su gracia. Poned vuestra confianza en Dios. Todas Sus promesas son verdaderas. Las promesas que hizo al Mesías Prometidoas se han cumplido y siguen cumpliéndose. El ser humano puede hacer una promesa falsa, pero las promesas de Dios son verdaderas, y Él es fiel a Sus promesas. Tened fe en Sus promesas y tened confianza en Él y depended de Él. Ahora oraré y os uniréis a mí en mis súplicas y después continuaréis con vuestras oraciones”.

Alzó las manos en silenciosa súplica y lo mismo hicieron todos

los presentes en la mezquita. Todo el mundo estaba profundamente conmovido y pronto la mezquita se convirtió en una casa de llanto. La súplica continuó por algún tiempo y cuando terminó, cada corazón se sintió consolado. Sahibzada Sahibra instó a que todo aquel que tuviera la capacidad, guardara un ayuno al día siguiente. Luego se alejó y se retiró a la residencia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra. Pero estaba inquieto y sintió el impulso de orar en soledad. Fue allí, y pidió a Maulwi Sayyid Muhammad Sarwar Shahra que velara para que nadie le siguiera porque quería estar solo. Se hallaba atravesando rápidamente el jardín cuando, de lejos, le vio Maulwi Muhammad ‘Ali, que estaba en cónclave con sus amigos, y se acercó rápidamente, involucrándole en una conversación. Dieron varias vueltas, absortos en una conversación seria que se prolongó hasta que escucharon la llamada para el servicio de oración del atardecer.

Sahibzada Sahibra resumió más tarde esta conversación de la siguiente manera:

Maulwi Muhammad ‘Ali:

-Todo se resuelve mejor después de consultar. Tras el fallecimiento de Hazrat Jalifatul Masihra, nada debe decidirse con prisa. Debe haber una cooperación completa.-

Sahibzada Sahibra:

-La prisa es indeseable, y sin duda que debe hacerse una consulta. Están acudiendo muchas personas, y mañana habrá llegado un gran número. Los miembros principales de la comunidad viven a corta distancia, y llegarán mañana. Puede realizarse la consulta después de su llegada.-

Maulwi Muhammad ‘Ali:

-Tal apresuramiento no es deseable. Como existen diferencias, debe tomarse la decisión por unanimidad después de una discusión completa. Que toda la comunidad reflexione sobre el asunto durante cuatro o cinco meses. Luego debe existir un intercambio de opiniones, y luego debe actuarse en conformidad con la decisión que se tome.-

Sahibzada Sahibra:

-La primera pregunta es: ¿Cuáles son tales diferencias? La siguiente pregunta es: ¿Si durante dicho intervalo hay desorden en la comunidad, quién será el responsable en ausencia de un líder? Cuando falleció el Mesías Prometidoas, las personas que se habían reunido de inmediato, consultaron entre sí, y tomaron una decisión. Este método también se siguió en tiempos anteriores. Nunca ha habido un período de espera de seis meses antes de la época del Mesías Prometidoas, ni después de él.-

Maulwi Muhammad ‘Ali:

-Anteriormente no habían discrepancias, ahora hay discrepancias. Además, ¿qué hay de malo en esperar un período de tiempo? ¿Qué es lo que el Jalifa debe hacer mañana?-

Sahibzada Sahibra:

-Tras el fallecimiento del Mesías Prometidoas, la comunidad decidió que se establecería la institución del Jilafat en el Movimiento. No se necesita consultar más sobre esta cuestión, ni se puede plantear la cuestión ahora. La consulta sólo puede ser respecto a quién debe ser el Jalifa. En cuanto a tu pregunta: ¿Qué es lo que el Jalifa tiene que hacer mañana? La respuesta es que, además de la supervisión espiritual, es función del Jalifa mantener la comunidad unida, y protegerla contra el desorden, y para el cumplimiento de esa función no es necesario que deba ponerte ejemplos. El Jalifa tiene que llevar a cabo la formación espiritual de la comunidad y mantener la disciplina. El entrenamiento espiritual no es una actividad física a la que se pueda atraer la atención, ni hay una fecha designada antes de la cual no vaya a comenzar el desorden. Es posible que mañana pueda suceder algo que requiera una mano supervisora. Así que descarta la cuestión de si debe o no debe haber un Jalifa. Debe haber una consulta sobre quién debe ser el Jalifa.-

Maulwi Muhammad ‘Ali:

-Pues eso presenta una dificultad. Como hay una diferencia en la doctrina, habrá también diferencia en la elección de una persona. No podemos jurar lealtad a una persona con la que estemos en desacuerdo en la doctrina.-

Sahibzada Sahibra:

“Hasta donde yo sé, la diferencia no llega tan lejos como para ser un impedimento a la hora de jurar lealtad a una persona de un lado o de otro. En cualquier caso, estamos dispuestos a jurar lealtad a cualquiera de tu grupo.-

Maulwi Muhammad ‘Ali:

-Eso es difícil. Debéis reflexionar más y consultar entre

vosotros y volveremos a vernos mañana.-

En cumplimiento de esta sugerencia de Maulwi Muhammad

‘Ali, Sahibzada Sahibra redactó una lista de sesenta nombres, y solicitó a Maulwi Sayyid Muhammad Sarwar Shahra que convocara a esas personas a una reunión esa misma noche para la consulta. Después de esta consulta se acordó por unanimidad que, antes del entierro de Hazrat Jalifatul Masihra, debía ser elegido su sucesor autoritativo, quien organizaría su funeral y entierro. También se acordó que toda la noche se dedicaría a la súplica, para que Al’lah, con Su gracia, mantuviera a la comunidad en el camino recto, y le permitiera atravesar los caminos de Su agrado; y que al día siguiente debería guardarse un ayuno, y continuar con súplicas especiales.

Al mediodía del día siguiente más de mil miembros de la comunidad habían llegado a Qadian desde fuera. Sahibzada Sahibra consultó con los miembros de su familia acerca de la situación que se había planteado. Algunos de ellos opinaban que debían continuar propagando las doctrinas que consideraban correctas, y para ello consideraban necesario que el Jalifa fuera alguien que estuviera de acuerdo con ellos en cuestiones de doctrina. Pero Sahibzada Sahibra insistía en que la preservación de la unidad de la comunidad era lo más importante. En su opinión la elección de un Jalifa era una obligación religiosa. Si esto pudiera ser acordado, el método más apropiado sería elegir un Jalifa por voto popular de los presentes. Si esto no fuera aceptable, se podría llegar a un acuerdo sobre la elección de un individuo neutral. En caso de fallar esto también, se podía jurar lealtad a cualquier persona aceptable para el otro grupo, o uno de ellos mismos. Al final todos los miembros de la familia expresaron su acuerdo con su propuesta.

En ese momento se recibió un mensaje de Maulwi Muhammad ‘Ali indicando que deseaba reanudar la conversación del día anterior. Le pidieron que viniera. Llegó en compañía de algunos de sus amigos. Sahibzada Sahibra estaba en ese momento con Maulwi Muhammad Ahsanra, Nawab Muhammad ‘Ali Janra y el Dr. Jalifa Rashid-ud-dinra. La conversación siguió en la misma línea que había seguido el día anterior. En un momento dado se inició una discusión sobre diferencias doctrinales entre Maulwi Sayyid Muhammad Ahsanra y Maulwi Muhammad ‘Ali, pero Sahibzada Sahibra les detuvo, y preguntó a Maulwi Muhammad ‘Ali ¿que sucedería si, después de un intervalo tan largo como él deseaba, no se pudiera alcanzar la unanimidad? Si en tal caso debería ser adoptada una decisión por mayoría, ¿por qué una mayoría no podría decidir ahora?.

Mientras tanto, la gente se había reunido en Masyid Nur y participaba de una gran emoción. Al parecer, después del 4 de marzo, cuando Hazrat Jalifatul Masihra había escrito su testamento en el que había establecido que su sucesor debía poseer ciertas cualidades y había hecho que Maulwi Muhammad ‘Ali lo leyera tres veces, Maulwi Muhammad’ Ali había preparado un panfleto en el que menospreciaba la necesidad de un Jalifa, tal como comúnmente se entendía. Este folleto fue impreso, y envió copias a sus amigos con la instrucción de que se difundiera ampliamente tan pronto como se recibiera la información de la muerte de Hazrat Jalifatul Masihra. Todos los que llegaron a Qadian después de recibir la trágica noticia de la muerte de Hazrat Jalifatul Masihra recibieron una copia del panfleto en el camino. Una abrumadora mayoría de ellos se sintió muy molesta al ver esta propaganda malvada y burda, y estaban ansiosos de que la elección del Jalifa se llevara a cabo inmediatamente.

La conversación no avanzaba, y se oían insistentes golpes en la puerta solicitando que el cónclave concluyera rápidamente. Sahibzada Sahibra sugirió que, como no parecía haber perspectivas de un acuerdo, todos debían suspender la sesión y celebrar una consulta con los ya reunidos en Masyid Nur. Entonces Maulwi Muhammad ‘Ali exclamó: -Dices esto porque sabes a quién elegirán.-

Sahibzada Sahibra: -Al contrario, estoy dispuesto a jurar lealtad a cualquiera de vosotros.-

Maulwi Muhammad ‘Ali: -Aun así, sabes lo que piensan.-

Sahibzada Sahibra estaba convencido de que no había posibilidad de un acuerdo. Así que dijo: -Creemos que tenemos la obligación religiosa de mantener el Jilafat, y tu piensas que un Jalifa no es necesario. Esta diferencia es irreconciliable. Eres libre de hacer lo que quieras. Nosotros nos reuniremos y juraremos lealtad a aquel que elijamos.

La reunión concluyó de esta manera. Sahibzada Sahibra y sus compañeros se dirigieron a Masyid Nur, donde les esperaba una congregación de entre mil y dos mil personas. Sahibzada Sahibra dirigió el servicio de oración de la tarde, y luego Nawab Muhammad ‘Ali Janra leyó el testamento de Hazrat Jalifatul Masihra del 4 de marzo de 1914, que había confiado a su custodia, y añadió: -He cumplido con la responsabilidad que Hazrat Jalifatul Masihra hubo depositado en mí. Ahora os corresponde actuar en consecuencia.- Su anuncio fue recibido con los gritos de “Hazrat Miyan Sahibra, Hazrat Miyan Sahibra” desde todas las direcciones. En medio del clamor, Maulwi Sayyid Muhammad Ahsanra se levantó y dijo en voz alta: El Mesías Prometidoas dijo acerca de mí que yo era uno de los dos ángeles mencionados en el Hadiz sobre el cual el Mesías se apoyaría cuando descendiera en los últimos días. Considero a Sahibzada Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra plenamente cualificado en todos los aspectos para aceptar nuestra lealtad, y le pido que acepte nuestro juramento. En ese momento, Maulwi Muhammad ‘Ali y Sayyid Hamid Shahra se pusieron de pie, como si quisieran decir algo, y comenzaron a discutir sobre quién de ellos debía hablar primero. Los presentes no estaban de humor para complacerles, y Shaij Ya’qub ‘Ali ‘Irfanira expresó el sentimiento general diciendo:

-El tiempo es demasiado precioso para ser desperdiciado en estas discusiones. Nuestro maestro, por favor, acepte nuestra lealtad.- Esto fue recibido con gritos de Labbaika, Labbaika, y la gente comenzó a avanzar hacia Sahibzada Sahibra. Los pocos disidentes se retiraron. Nadie trató de obstruirles.

Un silencio cayó sobre los asistentes, aunque todo el mundo estaba ansioso por acercarse a Sahibzada Sahibra. Se sentó en silencio como si estuviera ocupado en la oración. Qadi Amir Husain, un venerado teólogo, se acercó a él con gran agitación y le rogó: -Hazur, por favor acepta mi lealtad.- Sahibzada Sahibra alzó la vista, con los ojos como buscando a alguien. Vio a Maulwi Sayyid

Muhammad Sarwar Shahra apretado entre la ansiosa multitud, y le dijo: -Maulwi Sahibra, esta responsabilidad pesada ha caído sobre mí de repente, y de forma inesperada. No puedo recordar los términos del juramento. ¿Me instruirías amablemente?- Así comenzó el proceso de juramento. Hazrat Jalifatul Masih IIra, pronunció las palabras de la promesa, según le instruía Maulwi Sayyid Muhammad Sarwar Shahra, y todos le juraron lealtad a continuación. Los términos de la promesa fueron:

“Doy testimonio de que no hay otro dios salvo Al’lah y doy testimonio de que Muhammadsa es Su siervo y Su Mensajero (dos veces).

En el día de hoy, en el Movimiento Ahmadía, me arrepiento de todos los pecados a manos de Mahmud y, por la fuerza dada por Dios, me esforzaré para evitar todos los pecados en el futuro; no asociaré a ningún partícipe con Al’lah, defenderé la fe por encima de todas las consideraciones mundanas, me esforzaré por cumplir todos los mandamientos del Islam y le obedeceré en todo lo bueno que prescriba.

Creeré en el Santo Profetasa como Jatamun Nabiyyin; Creeré sinceramente en todos los preceptos del Mesías Prometidoas; y me esforzaré por continuar la propagación del Islam.

Busco el perdón de Al’lah, mi Señor, respecto a todos mis pecados y me vuelvo a Él con arrepentimiento (tres veces).

Señor, he agraviado gravemente mi alma.

Confieso mis pecados, y te suplico que perdones mis pecados, porque nadie más que Tú puede perdonar los pecados.”

Cuando se completó el proceso de juramento, Hazrat Jalifatul Masih IIra hizo una prolongada súplica silenciosa a la que todos se unieron, y concluyó con un breve discurso.

Así, los miembros desconcertados y afligidos de la comunidad se unieron una vez más en una comunión espiritual. Todos los corazones se sentían consolados, todas las almas se sentían en reposo. Todo el mundo estaba profundamente conmovido. La serenidad y la tranquilidad se convirtieron en el estado de ánimo imperante.

Hazrat Jalifatul Masih IIra dirigió el servicio fúnebre de Hazrat Jalifatul Masih Ira. Una enorme multitud de gente, ahmadíes, no- ahmadíes, hindúes, sijs, cristianos, hombres, mujeres y niños, estaban reunidos para rendir su último homenaje a aquel cuya beneficencia había sido universal e indiscriminada, cuyo corazón había derramado amor y simpatía por todos. Antes de la puesta del sol, sus restos sagrados fueron confiados a la tierra, a la izquierda de su amado maestro, el Mesías Prometidoas, por cuyo amor lo había abandonado todo.

Señor, vierte la lluvia de Tu misericordia en su tumba; Admítele, de Tu gracia perfecta, en Tu Casa de Recompensas.

Todos los sectores de la prensa del país rindieron un glorioso homenaje a este benefactor de la humanidad. Sólo haré referencia a un par de ellos.

El Zamindar escribió:

“Entre las noticias telegráficas de hoy, los musulmanes, y en particular los ahmadíes, se sentirán afligidos al conocer el fallecimiento el día 13 de marzo, después de una enfermedad que se prolongó durante unas semanas, de Maulwi Hakim Nur-ud-Din Sahibra, un erudito teólogo y un sabio académico. A Al’lah pertenecemos y a Él retornaremos.

Maulwi Hakim Nur-ud-Dinra era conocido entre sus seguidores como Jalifatul Masih, y era el sucesor del fallecido Mirza Ghulam Ahmadas. Su muerte supondrá una grave consternación para los ahmadíes, y les afectará durante mucho tiempo. Aparte de las diferencias doctrinales, la personalidad y el talento de Maulana

Hakim Nur-ud-Dinra eran tan elevados, que todos los musulmanes se sentirán afligidos por su muerte. Se dice que ha de transcurrir un siglo para que aparezca un hombre de genio tan sobresaliente. Maulana Hakim Nur- ud-Dinra era, en virtud de la inmensidad de su erudición y conocimiento, un hombre con tal genio. Lloramos hoy la pérdida de un eminente teólogo. Sentimos una sincera simpatía por nuestros amigos ahmadíes que han sido afligidos por esta terrible calamidad. Oramos para que el Más Misericordioso se complazca en recibir a Maulwi Hakim Nur-ud-Dinra en Su misericordia, y otorgue firmeza a sus seguidores y a los miembros de su familia.”

El editor de la Gaceta de Curzon escribió:

“No sólo conocimos al fallecido Maulwi Hakim Nur- ud-Dinra personalmente, sino que mantuvimos una gran relación personal con él en Yammu a lo largo de varios años. Nos reuníamos todas las noches. Era de muy buen corazón y muy benevolente. Poseía un agudo sentido del humor. Era alto, guapo, de tez blanca y llevaba una gruesa barba. Supervisó las escuelas y los hospitales estatales de forma diligente y honesta. Disfrutaba de un gran sueldo, la mayor parte del cual dedicaba, generosamente, al mantenimiento y manutención de los estudiantes que lo merecían. A lo largo de su vida mantuvo económicamente a cientos de estudiantes pobres. Shaij ‘Abdul’lah, un joven brahmán de Cachemira, se convirtió en musulmán a través de su enseñanza. Le apoyó y pagó su escolarización y su educación hasta que se convirtió en abogado y pudo iniciar su práctica en Ali Garh. Shaij ‘Abdul’lah tomó un gran interés por la educación de las mujeres, y comenzó la publicación de la revista Jatun de ‘Aligarh.

De esta manera, Hakim Nur-ud-Dinra fue un ejemplo vivo de la verdadera benevolencia. Tuvo dos grandes pasiones: la promoción del bienestar de los estudiantes pobres y la colección de libros raros. Todos sus elevados ingresos se dedicaron a estos dos propósitos. Era muy humilde y cortés.

Cumplió con todas sus responsabilidades con justicia. Aquellos que trabajaban para él estaban muy contentos y nunca sufrieron ningún agravio. Era un erudito teólogo y un gran intelectual; poseía un gran dominio del árabe. Durante sus horas de ocio dio clases en Bujari y Muslim. Tenía un profundo entendimiento de la fe.”

Maulana Abu’l Kalam Azad, un renombrado académico y estadista, que posteriormente Presidente del Congreso de la India y Ministro de Educación del Gobierno de la India, escribió en Al- Balagh bajo el encabezado: “Adiós Nur-ud-Din”

— Lamento ser el último en expresar mis condolencias por el fallecimiento del Líder del Movimiento Ahmadía, y experto en el diagnóstico de las verdades eternas Hakim Maulwi Nur-ud-Din. Una personalidad que combinaba una inmensa extensión de erudición con un tesoro de manifestaciones prácticas de verdadera piedad y rectitud que ya no están presentes entre nosotros. Su erudición en todo lo que se refería a la fe, junto con una profunda comprensión de las verdades, templada con un amplio conocimiento, que abarcaba todo tipo de literatura, desde las escrituras divinas a las obras maestras de la ficción, había elevado la mente de Nur-ud-din a un nivel desde el cual podía contemplar y penetrar en el misterio de las emociones humanas. Por eso, la gentil expresión de sus palabras breves, pero llenas de significado, imponía el sello del silencio a la pomposa elocuencia de sus oponentes. Todo su ser era una mezcla maravillosa y rara de la vivencia de la fe y el conocimiento extenso. Su visión, que comprendía a todo el universo, era una red magnética de sabiduría. Su investigación filosófica en combinación con la virtud perfecta, había abierto ante él los misterios del cielo. Su perfecta confianza en la sabiduría divina inspiró todo su pensamiento.

La última parte de su vida fue dedicada al Movimiento Ahmadía, y sus días y sus noches los empleó en un esfuerzo laborioso para el logro de sus propósitos espirituales. Sin duda, la devoción sincera y la obediencia absoluta que manifestó hacia su preceptor espiritual, no tenían parangón excepto entre los primeros musulmanes. La atribución de la muerte natural a Jesúsas, que comúnmente se creía que vivía físicamente en el cielo, y la identificación del Mahdi y el Mesías como un solo individuo, era un mensaje amargo para los teólogos musulmanes indios, y el torrente de oposición que este nuevo concepto despertó fue como un trueno palpitante; pero la ferocidad de esta tormenta no afectó en lo más mínimo la firmeza de la fe de Nur-ud-Din. Se alzó como una montaña sólida, inmóvil, frente a las inmensas nubes y el estallido de los truenos. Hasta su último aliento, su firmeza sincera no dejó que abandonara la almohada rocosa sobre la que su espíritu inquieto y seductor había encontrado al fin reposo. Aunque no estoy de acuerdo con algunos de los conceptos del Movimiento Ahmadía, sin embargo, contemplo con admiración este resplandor espiritual, cuya llama ha derretido mis emociones congeladas en lágrimas de amor derramadas.

La personalidad honorable de Nur-ud-Din está ahora oculta a nuestros ojos físicos, pero sus huellas continúan siendo claramente discernibles en el lienzo del universo, y nos sirven de guía hacia la mansión de la firmeza. Que la gracia y misericordia divinas derramen el perfume de ámbar sobre sus cenizas.”

Este es un registro muy breve de los múltiples y elevados logros

de la personalidad sobresaliente de Hafiz Hayi Hakim Maulwi Nur- ud-Din, Jalifatul Masih Ira. La falta de espacio se ha interpuesto en el camino de una exposición más detallada. Pero es necesario destacar un aspecto más de su gran servicio al Ahmadíat, al Islam y a la humanidad. El Sagrado Corán había anunciado que, en los últimos días, la gente del Libro se opondría al Islam y buscaría provocar su ruina, pero que Dios frustraría sus designios, y haría triunfar al Islam sobre todas las demás religiones (9:30-33). Este triunfo se lograría a través del Mesías Prometidoas, no por la espada, sino por el uso de armas espirituales. El Mesías Prometidoas apareció y, bajo la dirección divina, acumuló un arsenal de estas armas, y demostró cómo se debían emplear al servicio del Islam, para conquistar los corazones de la humanidad. Señaló que había sido enviado para liderar el proceso del triunfo del Islam, y para proporcionar los medios con los que el Islam sería revivido a través del Movimiento por él fundado, bajo la guía de sus sucesores espirituales. Dijo que había sembrado la semilla, que ahora brotaría y crecería como un árbol, con sus ramas extendiéndose a lo lejos, y que nadie podría detener o restringir su crecimiento. Tras cumplir con su misión divina, partió de este mundo el 26 de mayo de 1908. Su pérdida tuvo un impacto desgarrador sobre los miembros de su Movimiento, quienes se sintieron completamente desconcertados, y sin saber qué camino tomar. Dios extendió Su mano firme y, mediante Su Misericordia y Gracia, los reunió bajo el liderazgo espiritual de Hazrat Maulwi Nur-ud-Dinra como Jalifatul Masih. No hubo una sola voz disidente. Pero, por desgracia, pronto, muy pronto, los murmullos, no de disentimiento abierto, sino de latente descontento, comenzaron a salir a la superficie y se hicieron audibles. Algunos de los principales miembros del Movimiento comenzaron a pensar en la democracia, las constituciones y los parlamentos. Sin embargo, curiosamente escogieron al Sadr Anyuman (la Asociación Central), en la cual tenían mayoría, como su lugar de reunión, olvidando, o tal vez por eso, que era un cuerpo auto-renovado, que no era elegido ni democrático, mientras que el Jalifa, que era uno de ellos, surgía como resultado de la elección unánime del Movimiento. Ese aspecto, sin embargo, era simplemente superficial. Lo que ignoraban gravemente era que el Jilafat tenía una dignidad espiritual a la que se había prometido apoyo divino en términos claros y enfáticos (24:56). El triunfo del Islam se lograría a través de medios espirituales, bajo las instrucciones de los Jalifas guiados divinamente. Por lo tanto, surgió la cuestión. ¿El Movimiento debía ser guiado y dirigido por un Líder espiritual divinamente elegido, o iba a ser controlado y administrado por una asociación registrada y auto-renovada? Si fuese este último el caso, no habría nada de espiritual en ello, y quedaría desprovisto de las promesas y garantías divinas establecidas en 24:56. Ese fue el problema al que se enfrentó el valiente campeón del Jilafat Hazrat Maulwi Nur- ud-Din, Jalifatul Masih Ira. Ni lo esquivó, ni lo evadió, ni cedió un solo centímetro de terreno bajo los desafíos abiertos, encubiertos y amenazas a los que se enfrentó. Se mantuvo firme como una roca, y las olas del descontento y la discordia se precipitaron contra él, y se retiraron en indefensa confusión como la espuma rugiente. Su confianza absoluta estaba depositada en Dios; sabía que su posición estaba justificada en la estimación divina. El transcurrir de dos tercios de siglo desde su fallecimiento ha demostrado también su justificación a los ojos del hombre.

Si sobre la cuestión del rango y la autoridad del Jalifa, Hazrat Maulwi Nur-ud-Din, Jalifatul Masih Ira, hubiera cedido un solo centímetro, bajo la presión persistente de quienes creían ocupar una posición de liderazgo en el Movimiento, el árbol plantado por el Mesías Prometidoas se habría marchitado rápida y progresivamente, tal como es, de hecho visible, en el triste declive del grupo disidente y su organización. La promesa divina del triunfo del Islam en los últimos días hubiera permanecido incumplida, poniendo así en duda la verdad misma del Islam. Pero la promesa de Dios nunca se queda sin cumplir. Hazrat Maulwi Nur-ud-Dinra era el instrumento de Dios para el mantenimiento y fortalecimiento de la institución del Jilafat, mediante el cual iba a ser alcanzado el triunfo del Islam. Hasta qué punto y con qué sinceridad ese instrumento ha funcionado, es algo que se puede deducir de las páginas de este libro, y los resultados de su operación pueden ser observados en el florecimiento ya logrado por el árbol del Ahmadíat. Es como un árbol fuerte, cuya raíz es firme, y cuyas ramas llegan al cielo. Produce sus frutos en todas las estaciones por mandato de su Señor. (14: 25-26). En contraste, el árbol de los disidentes se asemeja a un árbol marchito, cuyas raíces se han salido de la tierra y no tiene estabilidad (14:27). El cuidado de Hazrat Maulwi Nur-ud- Dinra aseguró que la semilla sembrada por el Mesías Prometidoas produjera primero su brote y después se fortaleciera; más tarde se hizo grande, y permanece firme sobre su tronco, complaciendo a los sembradores, para que Él haga que los incrédulos ardan de furor ante su vista. (48:30).

Ese era el papel que la sabiduría Divina había asignado a Nur- ud-Dinra; ese fue el papel que desempeñó a la perfección.

Que Al’lah, de Su gracia y misericordia, haga que su morada sea la terraza más alta del Jardín. Amén.

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