‘La modernidad ha erradicado el concepto de Dios Santo de los corazones de la mayoría de nuestros jóvenes’
Diez pruebas de la existencia de Dios
Hazrat Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra (1889- 1965), el Musleh Mao’ud (el Reformador Prometido), fue hijo del Mesías Prometidoas y su segundo Sucesor. Fue elegido Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el año 1914 a la edad de 25 años, y dirigió el movimiento durante 52 años. En el período de su Jalifato, el mensaje del Ahmadíat se extendió a países tan lejanos como los Estados Unidos y Japón. También asentó las bases de la estructura administrativa de la Comunidad y lanzó nu- merosas iniciativas para la propagación del islam, siendo las más importantes el Tehrik-e-Yadid y el Waqf-e-Yadid. Fue también un prolífico escritor, orador y autor de un comentario de diez volúmenes del Sagrado Corán, y deja un legado profundo y duradero que pervive hasta el día de hoy.
Diez pruebas de la existencia de Dios
Hazrat Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmad Jalifatul-Masih II
THE FAZLE UMAR FOUNDATION
Diez pruebas de la existencia de Dios (Ten Proofs for the Existence of God)
Por Hazrat Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmad Jalifatul-Masih II
Traducido del inglés al castellano por Ammar-Ul-Nasir Virk (de la última edición inglesa publicada en el Reino Unido en 2018)
Revisado por Mansur Ata Ilahi y Antonio González
Presente Edición Española: España 2024
Nota
Las palabras del texto entre paréntesis ( ) y entre guiones largos — son originarias del autor, y las pala- bras o frases con fines aclaratorios, que se han colocado entre corchetes [ ], provienen del traductor original del urdu al inglés y se han mantenido en español.
Al nombre de Muhammad, el Santo Profeta del islam, se le ha añadido la abreviatura sa, que proviene de la salutación “sal’lal’lahu ‘aleihi wa salaam” (que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Los nombres de otros profetas y mensajeros van seguidos de la abrevia- tura as, que es una reducción de “aleihis salaam” (la paz sea con él). Dichas salutaciones no se han escrito gene- ralmente en su totalidad, pero debe entenderse que se repiten en su totalidad en cada caso. La abreviatura ra se utiliza con los nombres de los Compañeros del Santo Profetasa y los del Mesías Prometidoas. Significa “radi Al’lahu ‘anhu, ‘anha, ‘anhum” (que Al’lah esté contento con él, con ella, con ellos). La abreviatura rh significa “rahimahul’lahu Ta’ala” (que Al’lah tenga misericordia de él). La abreviatura at viene de “ayyadahul’lahu Ta’ala”
(que Al’lah, el Altísimo, le ayude).
Prólogo
La búsqueda de la verdad sobre la existencia de Dios es uno de los esfuerzos más esenciales de la historia de la humanidad, y el fundamento desde el cual se pueden exa- minar otras cuestiones esenciales sobre la vida. ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Tienen nuestras vidas un propósito? ¿Qué nos sucede después de alcanzarnos la muerte?
Desde que comenzó esta búsqueda, se han escrito océanos de tinta sobre el tema, y no menos sangre se ha derramado en la búsqueda de respuestas a la pregunta de si Dios existe. Desde los primitivos sistemas de creencias de nuestros pri- meros ancestros hasta las sofisticadas religiones del mundo contemporáneo, o a través de las investigaciones filosóficas de figuras como Tomás de Aquino, la búsqueda de un Ser Supremo, perfecto y trascendente, continúa hasta el día de hoy.
En Diez pruebas de la existencia de Dios, Hazrat Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra recurre a una de las premisas más básicas del ateísmo -si Dios existe, ¿por qué no podemos verlo?- para emprender su propia exploración de esta cuestión.
Para ello, el autor comienza demostrando a través de la razón y la lógica que la vista por sí sola no es el último árbitro de la verdad, y que los seres humanos son capaces de determinar objetos, conceptos e información a través de los cinco sentidos, y también a través de elemen- tos como la inteligencia y la intuición.
Después de demostrar la falsedad de esa aseveración, el autor recurre a los versículos del Sagrado Corán para plantear diez argumentos en apoyo de la creencia en la existencia de Dios. Algunas de las pruebas que ofrece son similares en naturaleza y contenido a los argumentos instituidos que los teístas han utilizado durante siglos. Por ejemplo, la intrincada complejidad de nuestro universo y la idea de que algo tan ordenado, funcional y bello debe ser visto como una prueba irrefutable de la existencia de un Creador. Además de estos argumentos más tradicionales, el autor también utiliza otras pruebas del Sagrado Corán, principalmente la promesa de apoyo Divino para todos los mensajeros y profetas, así como la verdad y el cumpli- miento de la revelación para mostrar que Dios realmente existe. Valiente, convincente y extensa, “Diez pruebas de la existencia de Dios” es una lectura que invita a la reflexión y que hará que el lector medite una vez más sobre estas cuestiones importantes.
Este ensayo fue publicado originalmente en marzo de 1913, en la revista Tashhiz-ul-Azhan, bajo el título: دس
1 En el nombre de Al’lah, el Clemente, el Misericordioso. Alabamos a Al’lah, el Exaltado, el Más Grande, e invocamos Sus bendiciones sobre Su Noble Mensajerosa. [Editor]
2 ¿Tenéis acaso alguna duda sobre Al’lah, Creador de los cielos y de la tierra? Sura Ibrahim, 14:11. [Editor]
De todas las objeciones formuladas contra la religión en la era actual por parte del mundo materialista, las más importantes son las que se refieren a la existencia de Dios. Los idólatras asocian partícipes con Dios, pero al menos creen en Su existencia. Los ateos, por otro lado, rechazan la idea misma de una deidad. Los cimientos de la ciencia contemporánea se construyen sobre [el principio de] la observación; por lo tanto, los ateos sostienen que si hay un Dios se les debe mostrar, pues, de lo contrario les es imposible creer en Él. La modernidad ha erradicado el concepto de Dios Santo de los corazones de la mayoría de nuestros jóvenes. Cientos de estudiantes universitarios, abogados y otros profesionales se alejan de la creencia en Su existencia, y cada día su número va en aumento. Además, los corazones de muchos miles de personas se hallan des- provistos de la fe en Dios, aunque no lo confiesen pú- blicamente por temor a las repercusiones sociales. Por consiguiente, desde hace tiempo había decidido, que si Dios me bendecía con dicha oportunidad, escribiría y publicaría un breve tratado sobre este tema, con la esperanza de que algunas almas afortunadas pudieran beneficiarse de él.
Los ateos argumentan, principalmente, que creerían en Dios si pudieran verlo. He escuchado este razona- miento muchas veces con anterioridad y no deja de sorprenderme, ya que las personas perciben diferentes tipos de propiedades físicas a través de diferentes sen- tidos; por ejemplo, [algunas propiedades se perciben a través de] la vista, otras a través del tacto, el olor, el oído o el sabor. A modo de ejemplo, el color se reconoce a través de la vista y no por el olor, el tacto o el gusto. Por tanto, si una persona negara su existencia con el argumento de que no puede discernirlo por medio de la facultad del oído, ¿no sería considerada como loca? Del mismo modo, el sonido, en sí mismo, se percibe a través del oído; por eso, ¿no sería ignorante la persona que insistiera en que sólo creería que alguien puede hablar después de haber visto su voz? Del mismo modo, las fragancias se reconocen a través del sentido del olfato; sin embargo, si alguien afirmara que sólo aceptaría la verdad del aroma de una rosa si pudiera saborearla, ¿consideraríamos a esa persona erudita e inteligente? Por su parte, los sabores como lo dulce, lo agrio, lo amargo, lo salado, etc., se reconocen por el sabor y nunca pueden percibirse por el olfato. Por lo tanto, es inadmisible dejar de creer en lo que no se puede ver y aceptar sólo lo que es visible a simple vista. Hacerlo sería negar la existencia de la fragancia de una rosa, la acidez de un limón, la dulzura de la miel, la amargura del aloe, la dureza del hierro y la belleza de la voz humana; ninguno de estos fenómenos se percibe a través de la vista, sino a través de las facultades del olfato, el gusto, el tacto y el oído. Así pues, la afirma- ción de que uno tiene que ver a Dios para creer en Él es profundamente errónea. ¿Reconocen estos detractores el aroma de una rosa o la dulzura de la miel a través de la vista? Si no es así, ¿por qué insisten en la vista como factor determinante para creer en Dios?
Por otra parte, hay numerosas partes del cuerpo humano cuya presencia afirmamos sin haberlas visto y, que de hecho, nos vemos obligados a admitir que existen. ¿Cree acaso la gente en el corazón, el hígado, el cerebro, los intestinos, los pulmones y el bazo sólo después de que los haya visto, o los reconoce de otra manera? Si una persona tratara de extraer sus órganos con la esperanza de poder verlos y probar que estos órganos existen, moriría antes de tener la oportunidad de hacerlo.
Hasta ahora, he citado ejemplos que muestran que no todos los objetos se reconocen sólo a través de la vista, sino que algunos son percibidos por los cinco sentidos. Ahora me referiré a los fenómenos que son conocidos, no directamente por los cinco sentidos, sino por medios distintos. Por ejemplo, la existencia de la mente, del intelecto y de la memoria es una verdad aceptada, que nadie en el mundo niega. Sin embargo,
¿ha visto alguien el intelecto, o lo ha escuchado, o lo ha probado, o lo ha olido? ¿Cómo se ha reconocido entonces el intelecto, y cómo se ha discernido la exis- tencia de la memoria?
También está la fortaleza: una habilidad que todos los seres, ya sean fuertes o débiles, poseen en algún grado. Pero ¿alguien la ha visto, oído, olido, tocado o probado alguna vez? De nuevo, ¿cómo se ha establecido enton- ces la existencia de la fortaleza? De esto se puede en- tender fácilmente, incluso por los más ignorantes, que tales fenómenos se determinan, no a través de nuestros sentidos, sino contemplando sus efectos. Por ejemplo, cuando vemos cómo las personas se toman su tiempo para resolver los diversos problemas que les afligen, es evidente que hay algo dentro de ellas que les ayuda en ese momento; a esta cosa la llamamos inteligencia. Así pues, el intelecto no se descubre directamente a través de los cinco sentidos. Su verdad fundamental se determina al ser testigo de sus maravillas. Del mismo modo, cuando una persona lleva una carga pesada, es evidente que posee algún tipo de capacidad que le permite levantar el peso, o manipular físicamente un objeto más débil; nos referimos a esto como fuerza o poder.
Por consiguiente, cuanto más refinada y sutil es una cosa, más imperceptible es a simple vista. Su existencia se conoce a través de sus efectos, más que mirándola, oliéndola, probándola o tocándola.
Por lo tanto, cuando se trata de determinar la existen- cia de Al’lah, el Exaltado, que es lo más sutil de todo [cuanto existe], no está justificado poner limitaciones a los requisitos necesarios para creer en Su existencia, tales como que Su existencia sólo puede ser alcanzada a través de la vista. ¿Ha visto alguien la electricidad? y, sin embargo, ¿es posible negar la verdad de la electrici- dad, cuando los telegramas son enviados a través suya, las máquinas funcionan gracias a ella y las bombillas se encienden por su medio? La investigación moderna sobre el espacio ha puesto en marcha muchos avances en las ciencias físicas, pero ¿han podido los científicos descubrir un método para ver, oír, oler, tocar o probar este componente? Sin embargo, si uno niega su existen- cia, el proceso por el cual la luz solar llega a la tierra no puede ser explicado. Así pues, bajo estas circunstancias, es un error [para los ateos] exigir ver a Dios para creer en Él. Al’lah, el Sublime, es ciertamente visible, pero sólo puede ser observado por aquellos ojos que son capaces de verlo. Para quienes desean contemplarlo, Dios está presente ante el mundo a través de Su fuerza y poder, y a pesar de estar oculto, es lo más manifiesto que existe. Dios Todopoderoso explica esto en el Sa- grado Corán con las siguientes palabras, breves pero incomparables:
El ser de Al’lah, el Exaltado, es tal que “las miradas no pueden alcanzarle, pero Él alcanza las miradas; y Él es el Inconmensurable, el Omnisapiente”.
Aquí Al’lah Todopoderoso llama la atención de los seres humanos al hecho de que sus ojos son incapaces de verlo porque Su ser es muy sutil, y las sutilezas más
3 Sura Al-An‘am, 6:104
finas no pueden ser discernidas por la vista. El poder, la inteligencia, el alma, la electricidad y el espacio no pueden ser vistos; ¿cómo entonces puede la vista humana penetrar en la sutileza del ser de Dios?
Dicho esto, ¿cómo se supone que las personas deben ver a Dios y alcanzar el conocimiento de Su ser? A esto responde el Sagrado Corán:
وََ ھُوَُْ یدُْْرُِکَُُ الَْاَْ بْصَْاَرََ
“…Él alcanza las miradas”, es decir, Él mismo llega al ojo humano, y aunque éste es demasiado frágil para penetrar en la verdad de Su ser, Dios se revela a los seres humanos a través de Su poder, Su fuerza y la manifestación de Sus atributos perfectos. El ojo humano no puede verlo y por eso Él se muestra de diferentes maneras, a través de las manifestaciones de Su poder y fuerza infinitos, ya sea a través de castigos calamitosos, por medio de los profetas, de los signos de la misericordia divina o de la aceptación de la oración. Si después de esta explicación, la verdad de la exis- tencia de Dios sigue dependiendo de la observación, y se argumenta que no se puede aceptar nada hasta que se vea, entonces casi cuatro quintas partes de los fenómenos del mundo tendrían que ser negados. Según algunos filósofos esto sería incluso cierto para
todos los fenómenos, ya que, de acuerdo con sus ideas, ningún objeto mundano es perceptible, y sólo pueden ser observados sus atributos.
Ahora trataré de presentar aquellas pruebas que esta- blecen la existencia de Dios y que fortalecen a los seres humanos en la convicción de que tienen un Creador y no son auto-creados.
PRIMERA PRUEBA
De acuerdo con mi creencia de que el Sagrado Corán ha expuesto todos los caminos esenciales para alcanzar el progreso espiritual, sólo tendré en consideración sus versículos, Dios mediante, a la hora de presentar las pruebas de la existencia de Dios.
Teniendo en cuenta que la primera experiencia senso- rial que un recién nacido tiene del mundo es a través del sonido, mi prueba inicial derivará de la audición. En el Sagrado Corán, Dios dice:
4 Sura Al A’la, 87:15-20.
En verdad, quien realmente prospera y tiene éxito es quien se purifica y recuerda el nombre de su Señor, y que no sólo hace una declaración verbal, sino que también ofrece oraciones para demostrar su creencia a través de sus acciones. Mas vosotros preferís la vida de este mundo, mientras que el Más Allá es mejor y más duradero. Y este no es un argumento presentado sólo por el Sagrado Corán. Eso es, en verdad, lo que se enseñó en las Escrituras anteriores: es decir, las Escrituras de Abraham y Moisés impartieron esta misma enseñanza al mundo.
En estos versículos, Al’lah, el Exaltado, expone a los oponentes del Sagrado Corán el argumento de que aquellos que evitan los deseos egoístas, que además afirman la existencia de Dios, y se muestran como Sus verdaderos siervos, siempre alcanzan la victoria y el éxito. Y la evidencia a favor de esta enseñanza es que se encuentra entre todas las religiones del pasado.
Y a los seguidores de las religiones existentes en esa época -el cristianismo, el judaísmo y el paganismo de la Meca-, Dios les presenta el argumento decisivo de que la enseñanza de Abrahamas y Moisésas, que todos ellos aceptan, es exactamente la misma enseñanza. Por lo tanto, el principio de que [los seres queridos de Dios siempre tienen éxito] y el acuerdo unánime de todas las religiones sobre esta enseñanza, y la ubicuidad de esta verdad entre todas las naciones, son presentados por el Sagrado Corán como una gran prueba de la existencia de Dios.
Cuanto más se reflexiona sobre este argumento, más convincente y veraz aparece. En verdad, todas las religiones del mundo están de acuerdo en la existencia de un ser que es el Creador del universo. Aunque pueda haber diferencias en las doctrinas y creencias debido a la geografía y a variaciones circunstanciales, todas las creencias aceptan universalmente la existencia de Dios, incluso si divergen en los detalles, como la comprensión de Sus atributos. Todas las principales religiones contemporáneas: el islam, el cristianismo, el judaísmo, el budismo, el sikhismo, el hinduismo y el zoroastrismo, creen en la existencia de un solo Dios, Elohim, Parameshwara, Paramatma, Satguru o Yezdan. Las pruebas arqueológicas también muestran cómo incluso las religiones que ahora se consideran extin- guidas, fueron monoteístas [en sus características esenciales]; tanto si se encontraban en los lejanos lugares de las Américas, los bosques de África o en Roma, Inglaterra, Java-Sumatra, Japón, China, Siberia o Manchuria. ¿Cómo surgió esta armonía de creencias y quien informó a los habitantes de América acerca de los credos del pueblo de la India y, de manera similar, quién habló al pueblo de China sobre las creencias de los africanos? En el pasado, [los medios de transporte y comunicación como] trenes, telegramas y correo no existían como existen ahora, ni había aviones o grandes barcos que viajaran regularmente de aquí para allá. Los viajes se llevaban a cabo normalmente a caballo o en mula, y los buques de vela de la época tardaban meses en completar viajes que ahora se hacen en pocos días. Amplias franjas del mundo permanecieron sin ser des- cubiertas durante este período. Entonces, ¿cómo pudo surgir un consenso sobre esta creencia en particular entre comunidades remotas y distantes, de diferentes disposiciones y culturas? Es bastante difícil que dos personas se pongan de acuerdo sobre algo que ha sido inventado; así pues, el hecho de que tantas naciones y países hayan llegado a un consenso sobre un principio único, sin ningún medio para el intercambio de sus ideas, es una prueba de la veracidad de esta creencia que ha sido revelada misteriosamente por el islam, y que en el pasado se ha expresado a los pueblos de todos los países y naciones. Los historiadores están de acuerdo en que, cuando una afirmación [o una fuente] ha sido corroborada por los cronistas de diferentes comunida- des [antiguas], debe ser considerada como auténtica. Por lo tanto, cuando cientos y miles de personas han estado de acuerdo en este precepto fundamental, ¿por qué no debería ser aceptado que llegaron a creer en ello a través de algún tipo de manifestación [divina]?
SEGUNDA PRUEBA
La segunda prueba de la existencia de Dios presen- tada por el Sagrado Corán se puede encontrar en los siguientes versículos:
5 Sura Al An‘am, 6:84-87.
Es decir:
Ése es el argumento que dimos a Abraham frente a su gente, pues exaltamos en distintos rangos de dignidad a quien Nos place. Tu Señor es ciertamente Sabio, Omnisciente. Y le dimos a Isaac y a Jacob; guiamos rectamente a cada uno de ellos, como guiamos con anterioridad a Noé y, de su descendencia, a David y Salomón, a Job y José, a Moisés y Aarón. Así recompensamos a los que hacen el bien. Y guiamos a Zacarías y Juan, a Jesús y Elías, cada uno de ellos se contó entre los virtuosos. Y guiamos también a Ismael y Eliseo, a Jonás y Lot; a cada uno de ellos lo ensalzamos sobre los hombres de su época.
Varios versículos después, Dios dice:
6 Sura Al An‘am, 6:91.
ُ“Éstos son aquellos a quienes Al’lah guió rectamente; seguid pues su guía”.
A través de estos versículos, Dios Todopoderoso se pre- gunta si debe ser aceptado y se debe dar preferencia al testimonio de muchas personas justas, o, por el contra- rio, a las afirmaciones de personas desinformadas, cuya integridad no se puede comparar con las primeras. Es evidente que hay que dar crédito a las afirmaciones de aquellos que, mediante su carácter y conducta, han es- tablecido su rectitud y piedad; y han evitado el pecado y la falsedad. Por lo tanto, nos corresponde a todos seguirlos, y rechazar a sus adversarios. En consecuencia, podemos ver cómo todos aquellos que en el pasado han difundido la bondad, y han establecido la verdad de su piedad ante el mundo a través de sus acciones, han dado testimonio de la existencia de un ser que en diferentes idiomas se le conoce como Al’lah, Dios o Parameshwara.
En la India tenemos el ejemplo de personalidades justas como Ramachandraas y Krishnaas, en Irán apareció la rectitud de Zoroastroas, en Egipto la virtud de Moisésas, luego la integridad de Jesúsas de Nazaret y la moralidad de Nanakrh del Punjab; y en última instancia, tenemos al Líder Supremo de los Piadosos y la Luz de Arabia, Muhammadsa, el Elegido, que en sus primeros años recibió el título del Veraz por su pueblo y que dijo7: َفََقُْدُ 7 Sura Yunus, 10:17.
ارِا َلِْبِْثُْتٍِفَْیُْکَْمُُِعُمُ “He vivido [toda] mi vida entre vosotros,
¿podéis probar una sola mentira en mi contra?7 Y su gente no lo refutó. Todos estos individuos y miles más han aparecido cada cierto tiempo en el mundo, y han declarado al unísono que hay un solo Dios. No sólo eso; también afirman haberlo conocido y haber hablado con Él. Incluso el más grande de los filósofos que haya dejado su huella clara en el mundo no puede presentar un logro que iguale siquiera una milésima parte de los logros alcanzados por estas personas vir-tuosas. De hecho, si se compararan ambos, más allá de sus palabras, poco se encontraría en los hechos y actos de la vida de los filósofos. ¿Cómo pueden estos filósofos competir con los virtuosos en lo referente a la demostración de su veracidad y piedad? Enseñan a la gente a ser honesta, pero no evitan la falsedad en sí mismos. Por el contrario, los [virtuosos] que he mencionado antes, soportaron un gran sufrimiento por defender la verdad, y no vacilaron ni un momento en sus convicciones. Se urdieron planes para matarlos, se les obligó a exiliarse, muchos trataron de humillarlos en lugares públicos y callejuelas, y el mundo entero cercenó sus vínculos, pero permanecieron firmes en su afirmación y no recurrieron a la mentira para proteger- se. Sus acciones, su aborrecimiento por lo mundano, su rechazo a la ostentación, demostraron que eran individuos desinteresados, cuyas obras no estaban motivadas por deseos egoístas. Por lo tanto, cuando estas personas sinceras y rectas expresan con una sola voz que han encontrado a Dios, que han escuchado Su voz, y presenciado Sus manifestaciones, ¿qué razón podría tener alguien para negar sus afirmaciones? [Algunas veces] aceptamos incluso el testimonio íntegro de conocidos mentirosos y lo consideramos como veraz. Del mismo modo, también aceptamos los informes que leemos en los periódicos, a pesar de que ignoramos las circunstancias de los que los escribieron. Sin embargo, aparentemente, no estamos dispuestos a creer en la palabra de estos hombres virtuosos.
La gente afirma que hay una ciudad llamada Londres y nosotros estamos de acuerdo; los geógrafos escriben que América es un continente y aceptamos esta verdad; los viajeros dicen que Siberia es una vasta región poco habitada y nosotros no lo negamos, ¿por qué? Porque numerosas personas han dado testimonio en apoyo de estos hechos. Les creemos a pesar del hecho de que desconocemos las circunstancias de estas personas, y si están diciendo la verdad o son unos mentirosos. Por otro lado, los que dan testimonio de primera mano de la existencia de Dios Todopoderoso son aquellos cuya honestidad es tan evidente como la luz del día, y establecen la verdad en el mundo a costa de su riqueza, sus vidas, su patria e incluso su honor. Es muy injusto aceptar las afirmaciones de los viajeros y geógrafos, y al mismo tiempo rechazar las afirmaciones de personas tan piadosas. Si la existencia de Londres se puede esta- blecer a través del testimonio de unas pocas personas,
¿por qué la existencia de Dios no se puede demostrar de manera similar, a través del testimonio de miles de personas virtuosas?
En resumen, el testimonio de miles de personas verda- deras y justas, personas que han dado testimonio de la existencia de Dios sobre la base de sus observaciones personales, no puede ser refutado en ninguna circuns- tancia. Es curioso observar cómo, cuando los que han compartido esta experiencia se muestran unánimes en la afirmación de que hay un Dios, otros que carecen de entendimiento sobre la espiritualidad, llamen a la gente a rechazar sus afirmaciones, a pesar de que, de acuerdo con los principios [establecidos] relativos a los procesos de testimonio, si dos testigos de igual integridad aportan evidencias [contradictorias], el tes- timonio del testigo presencial es aceptado sobre el del otro, debido al hecho de que, mientras que es posible que este último no viese nada, es irrazonable concluir que el primero no viera nada, pero que asumiera que lo había hecho. Por lo tanto, el testimonio de los que dicen haber visto a Dios queda por encima de los que lo niegan.
TERCERA PRUEBA
La tercera prueba que puede deducirse del Sagrado Corán es que la naturaleza humana es en sí misma una evidencia de la existencia de Dios Todopoderoso, porque hay ciertos males que la naturaleza humana aborrece intrínsecamente. Por ejemplo, mantener relaciones incestuosas con la propia madre, hermana o hija; o entrar en contacto con la orina, excremen- tos corporales u otros tipos similares de suciedad; o la falsedad. De hecho, todas las cosas similares que incluso los ateos repudian. ¿Cómo podría esto ser verdad si no existiera Dios? Si Dios no existe, ¿por qué los hombres diferencian entre sus madres, hermanas y otras mujeres? ¿Por qué perciben que mentir es in- correcto? ¿Según qué criterio consideran que las cosas mencionadas les son aborrecibles? Si sus corazones no estuvieran impresionados por un poder superior, ¿por qué evitan tales cosas? Para ellos la verdad y la false- dad, la justicia y la injusticia, deberían tener el mismo valor, y deberían actuar libremente de acuerdo con sus deseos internos. ¿Acaso esta ley divina que gobierna las emociones y prevalece en los corazones de las personas, de tal manera que incluso si un ateo la niega con sus palabras, no puede liberarse de su naturaleza inherente y renunciar a los actos pecaminosos, o al menos evitar revelarlos, no es una forma de evidencia personal de que también en su corazón teme tener que responder ante un rey, aunque niegue su soberanía? En el Sagrado Corán Al’lah, el Exaltado, dice:
8 ¡No! Pongo por testigo al Día de la Resurrección. Y pongo también por testigo al alma auto-acusadora, de que el Día del Juicio ciertamente vendrá. Sura Al Qiyamah, 75:2-3.
Es decir, la gente se equivoca al pensar que no hay dios ni un juicio final, cuando de hecho Dios ha manifes- tado dos evidencias a favor de ello. En primer lugar, todas las cosas acaban llegando a un día del juicio, en el que sus asuntos se deciden. El bien se encontrará con el bien, y el mal se encontrará con el mal. Si no hay una deidad, ¿por qué se impone tal recompensa y castigo? Y aquellas personas que niegan el Día del Juicio, pueden tener la oportunidad de ser testigos de que el enjui- ciamiento comienza en esta misma vida. Por ejemplo, los adúlteros son más propensos a contraer la sífilis y la gonorrea que las personas casadas, aunque ambos realicen el mismo acto. La segunda evidencia es el alma auto-acusadora. Es decir, la propia conciencia de una persona es capaz de distinguir el pecado, e identificar cuándo algo es incorrecto o malo. Incluso los ateos reconocen como maldades al adulterio y a la falsedad, y no declaran que la arrogancia y los celos sean virtudes.
¿Por qué sucede esto? A fin de cuentas, no se adhieren a ninguna ley religiosa. Sin embargo, sus corazones sienten repulsión por ciertas cosas, y el corazón así se inclina porque reconoce que tendrá que dar cuenta de ciertas acciones ante un ser superior, aunque sea incapaz de articular ese sentimiento. En apoyo de esta idea, en otro lugar del Sagrado Corán, Dios dice:
9 Sura Ash Shams, 91:9.
“Él le reveló lo que es malo y lo que es bueno para él”.
Así pues, el sentido inherente del bien y del mal es una prueba magnífica de la existencia de Dios. Sin Dios, no habría razón para catalogar a ciertas cosas como virtuosas y a otras como inmorales. [En tal caso] la gente haría lo que quisiera, [sin ninguna consideración por lo correcto y lo incorrecto].
CUARTA PRUEBA
La cuarta prueba que encontramos en el Sagrado Corán de la existencia de Dios es la siguiente:
10 Sura An Nachm, 53:43-47.
Es decir, Dios ha dado a los profetas el conocimiento de que todo tiene su último final en Él. Toda felicidad y todo dolor emana de Él. Él es Quien causa la muerte y da la vida; Él es Quien creó tanto al hombre como a la mujer de la emisión de una gota.
En estos versículos, Al’lah, el Exaltado, centra la atención de la gente en el hecho de que detrás de cada acción hay un actor. Es cierto que cada vez que acontece un acto, hay forzosamente alguien que realiza ese acto. Por tanto, si las personas reflexionan sobre el funcionamiento del universo, llegarán a la conclusión de que todas las cosas son originadas en última ins- tancia por Dios, que es la causa última o primera de todo, y mediante cuyo mandato todo ocurre. Por eso Dios recuerda a la gente su estado inicial, y dice que han sido creados de algo [tan insignificante como] una gota de esperma; y cuanto más atrás trazan sus orígenes más insignificantes se vuelven. Por consiguiente, no pueden haber sido sus propios creadores. No puede haber creación sin un creador, y los seres humanos no son los responsables de su propia existencia, como se evidencia en el camino de su progreso, de un estado de debilidad a un [estado de fuerza]. Así pues, cuando los seres humanos no son los actores de su propia creación en su estado actual, ¿cómo podrían serlo en su estado de debilidad? Por eso hay que aceptar que se originaron de un Creador independiente, cuya fuerza es absoluta y cuyos poderes son infinitos.
Por lo tanto, cuando uno reflexiona sobre las causas del desarrollo gradual de los seres humanos, los medios de este progreso se vuelven cada vez más imperceptibles, hasta llegar a un punto en el que todas las formas mun- danas de conocimiento no ofrecen ninguna explicación o visión de los procesos de [estas etapas remotas de la existencia humana]. Es aquí donde trabaja la mano de Dios, y donde todos los científicos finalmente tienen que reconocer que todo tiene un punto de culminación y este último fin es un ser que no puede ser compren- dido por el intelecto humano, y que ese fin es Dios. Este es un argumento simple que puede ser entendido incluso por la persona más analfabeta.
Se dice que en una ocasión alguien le preguntó a un beduino qué prueba tenía de la existencia de Dios. El beduino respondió que, si veía excrementos de camello en el suelo, al verlo, era capaz de decir que un camello había pasado por ahí. Por lo tanto, al observar la glorio- sa creación del universo, ¿por qué no somos capaces de reconocer que hay un último creador? Qué respuesta tan verdadera y natural la suya. Si los seres humanos reflexionaran sobre los orígenes de la creación, eso los llevaría forzosamente a la aceptación de un ser que es el Creador último de todas las cosas.
QUINTA PRUEBA
Aunque similar en naturaleza, la quinta prueba apor- tada por el Sagrado Corán en apoyo de la existencia de Dios es mucho más contundente en lo que respecta a la fuerza de su argumento.
Al’lah dice:
11 Sura Al Mulk, 67:2-5.
“Bendito es Aquel en cuyas manos está el reino y que tiene poder sobre todas las cosas. Quien ha creado la muerte y la vida para que pueda probar cual de vosotros es mejor en sus acciones; y Él es el Poderoso, el Sumo Indulgente. Quien ha creado siete cielos en armonía. No puedes ver imperfección alguna en la creación del Dios Clemente. Entonces mira de nuevo: ¿ves alguna fisura? Sí, mira de nuevo, y de nuevo otra vez: tu vista sólo volverá a ti frustrada y fatigada”.
Hay quienes dicen que el universo entero surgió por ca- sualidad, formándose la materia espontáneamente para dar vida a todo. Recurren a la ciencia para demostrar que es posible que el mundo se forme y gire sobre su eje por sí mismo, sin nadie [que lo sostenga] y lo haga girar. Sin embargo, en los versículos anteriores, Al’lah, el Exaltado, responde a esta aseveración diciendo que nunca ha existido un sistema de diseño que haga que las cosas se unan por casualidad; al contrario, están determinadas por el desorden. Un cuadro se pinta usando varios colores, pero si estos fueran arrojados a un lienzo sin más, ¿surgiría de ello tal cuadro? De manera similar, las casas están hechas de ladrillos; sin embargo, si se arrojaran a la vez un montón de ladrillos, ¿se formaría con ello un edificio? Incluso si se acepta hipotéticamente que ciertas cosas surgen del azar, el sistema y las operaciones del universo son de tal naturaleza que nadie puede concluir que llegaron a la existencia por sí mismas. Supongamos, por un momento, que la Tierra surgió arbitrariamente de la materia, y que la humanidad tiene sus orígenes en el azar; pero incluso así, cuando uno mira de cerca la creación de los humanos, es imposible que concluya que una génesis tan perfecta haya surgido de una causa aleatoria.
En nuestra experiencia general del mundo, encon- tramos que ciertas características o cualidades de los objetos apuntan a su creador. Cuando una persona ve una magnífica obra de arte, reconoce que ha sido creada por un artista experto, y cuando una persona lee una buena obra de literatura es capaz de discernir que ha sido producida por un distinguido escritor. Cuanto más coherente muestre ser una obra, más aparente se hace la grandeza y la magnificencia de su creador o escritor. ¿Cómo entonces puede la gente imaginar que un mundo tan hermosamente organizado llegó a la existencia de forma arbitraria y por sí mismo?
Considerad por un momento cómo allá donde se ha dotado a los seres humanos con la capacidad de desa- rrollo, también se les ha dotado de inteligencia para que puedan convertir sus pensamientos en acciones. Además, como los seres humanos necesitan trabajar para su sustento, se les ha dotado de cuerpos físicos tales que les permiten moverse para recoger provisio- nes. Como los árboles necesitan nutrientes del suelo, se les han dado raíces a través de las cuales pueden alimentarse; como los leones son animales carnívoros, se les han dado garras con las que cazar las presas; como los caballos y las vacas consumen hierba, se les ha dota- do de cuellos que les permiten agacharse fácilmente y comer; y si los camellos necesitan comer hojas y espinas de los árboles, se les ha dotado de cuellos largos. ¿Acaso surgió arbitrariamente un sistema tan [complejo]? ¿Fue el azar capaz de discernir que los camellos necesitarían cuellos largos, los leones necesitarían garras, los árboles necesitarían raíces y los seres humanos necesitarían piernas? ¿Es plausible creer que los fenómenos surgidos del azar resulten en un diseño tan perfecto?
Por otra parte, de la misma forma que a los seres humanos se les ha dado pulmones, también se les ha proporcionado aire para respirar; como su vida depende del agua, también se les ha otorgado a través del sol, las nubes [y todas las demás partes del ciclo hidrológico]; si se les dieron ojos, entonces, para su funcionamiento, también existe la luz del sol, que les permite ver por su medio; si se les dio oídos, se crearon sonidos agradables; los alimentos exquisitos se pusieron a nuestra disposición junto con nuestro sentido del gusto y se crearon fragancias para estimular nuestro olfato. El azar puede haber dado nacimiento a nuestros pulmones, pero ¿cómo llegó a existir el oxígeno? Se podría suponer que el azar dio lugar a la creación de nuestros ojos, pero ¿qué hay de la increíble probabilidad de que un sol llegara a existir a millones de kilómetros de distancia para permitir que funcionaran correctamente? El azar pudo haber dado nacimiento a nuestros oídos, pero ¿qué poder creó el sonido para que lo oyeran? Podemos aceptar que los perros y los osos llegaron a encontrarse por azar en países con nieve abundante, pero ¿cómo llegaron a poseer un pelaje tan abundante que les protege del frío? Si el azar dio nacimiento a miles de aflicciones, también dio origen a las curas necesarias; el azar creó ortigas que causan picazón al tocarlas y también creó a la espinaca como remedio.
La casualidad aleatoria de los ateos es en verdad algo muy extraño: propone el nacimiento y la regeneración para aquellas cosas que están destinadas a morir, pero no fija un ciclo regenerativo para aquellas que no sufren una muerte [rápida]. Si los seres humanos no murieran después de nacer, el mundo llegaría pronto a su fin, por eso la muerte les está vinculada de manera inexorable, mientras que los cuerpos celestes como las estrellas, la luna y los planetas no tienen tal ciclo vital. No menos sorprendente es el hecho de que a pesar de que el sol y la luna poseen la poderosa atracción de la gravedad, están a una distancia tan grande el uno del otro que no colisionan. ¿No muestra todo esto que el universo surgió de un Creador que no sólo es Omnisciente (َعَِلَّْیْمِ) sino que posee un conocimiento infinito? Sus leyes son tan perfectas que no contienen ningún tipo de contradicción o incongruencia. Hasta mis propios dedos se manifiestan como una prueba de Su existencia. Si, junto con el conocimiento que se me ha otorgado, se me hubieran dado las garras de un león, nunca habría sido capaz de escribir. Dios les ha dado garras a los leones en lugar de conocimiento, del mismo modo que me ha dado a mí el conocimiento y los dedos con los que poder registrarlo.
Incontables expertos y especialistas trabajan día y noche para ayudar a mejorar el gobierno de las nacio- nes, pero ocasionalmente cometen errores tan graves que causan un grave daño al Estado, y en ocasiones provocan su destrucción. Sin embargo, si aceptáramos un funcionamiento del universo surgido solamente del azar, resultaría peculiar pensar que miles de mentes inteligentes cometen errores, pero el azar tiene éxito sin falta alguna. La verdad es que hay realmente un Creador de este universo que es el Dueño (َمُاِلْکٌّ) de toda su extensión y magnitud. Es Todopoderoso (َعَِزِْيْزُ). De no ser así, tal propósito y diseño nunca habría sido evidente. Como dice el Sagrado Corán: “Mirad en todas las direcciones y vuestros ojos se cansarán [de la búsqueda]; en todo hay un orden manifiesto”. A los virtuosos se les otorgará su recompensa, mientras que los malvados recibirán su castigo. Todo lo que hay en el universo funciona de acuerdo con su tarea asignada, y no desiste de hacerlo en ningún momento. Este es un tema extenso, pero terminaré la discusión aquí. Para aquellos que han recibido la sabiduría, una simple insinuación debiera ser suficiente.
SEXTA PRUEBA
Según el Sagrado Corán, aquellos que rechazan a Al’lah, el Exaltado, siempre se encuentran con la desgracia y la humillación, y esto también es una prueba de su falsedad, ya que Al’lah siempre concede la victoria a Sus siervos, que siempre disfrutan de la supremacía sobre sus enemigos. Si Dios no existe, ¿de dónde viene esta ayuda y socorro? En este sentido, el Faraón le dijo a Moisésas:
12 “Diciendo: Yo soy vuestro Señor, el más excelso”. En consecuencia Al’lah cayó sobre él con el castigo del Más Allá y del mundo presente”, Sura An Nazi‘at, 79:25-26.
Es decir, cuando Moisésas pidió al Faraón que se some- tiera a la obediencia de Dios, éste respondió arrogantemente: “¿Qué dios? Si yo soy dios”. Así que Al’lah, el Exaltado, le condujo a la desgracia en esta vida y en la otra. El episodio del Faraón es un signo manifiesto que muestra cómo los que no creen en Dios acaban siempre humillados y avergonzados. Además, ningún ateo ha logrado jamás establecer un reino en este mundo, [en un verdadero sentido]. Por el contrario, los que han llevado a cabo grandes conquistas en el mundo, reformado países y creado la historia, siempre han sido los que han creído en la existencia de Dios. Por tanto,
¿no es la humillación y la desgracia de los incrédulos, y su fracaso para establecerse como una nación en el mundo un asunto de gran significado?
SÉPTIMA PRUEBA
La séptima prueba de la existencia de Al’lah Todopo- deroso es que aquellos que creen y tienen fe en Él, y son fieles a sus convicciones, siempre logran el éxito, y no se ven afectados por la desgracia a pesar de las hostilidades de los demás. Tales individuos, [que han sido encargados] de hacer que la gente acepte la exis- tencia de Dios, han aparecido en todos los países, y se han enfrentado con una oposición tan dura e intensa que no se le encuentra semejanza. Y, sin embargo, ¿qué daño les pudo infligir el mundo? ¿Encontraron paz los que desterraron a Ramachandraas y qué riquezas pudo conseguir Ravana?13
13 Un poema épico en el texto sagrado hindú de Ramayana describe la lucha entre el príncipe divino Rama y el rey demonio Ravana.
14 La Guerra Kurukshetra, también conocida como la Guerra del Mahabharata, es una batalla representada en la gran epopeya sánscrita de la antigua India, el Mahabharata. El conflicto fue una lucha de 18 días por la sucesión dinástica entre dos grupos de primos, los Kauravas y los Pandavas, por el trono de Hastinapurain.
¿Acaso no pervivió el nombre de Ramachandraas durante miles de años, y no fue deshonrado para siempre el nombre de Ravana? De forma similar, ¿de qué manera se beneficiaron los Kauravas rechazando las afirmaciones del profeta Krishnaas ¿acaso no fueron destruidos en la batalla de Kurukshetra?14 El empera- dor de Egipto, el Faraón, que forzaba a los israelitas a hacer ladrillos de barro, se interpuso en el camino de un hombre indefenso como Moisésas, pero ¿fue capaz de hacerle daño de alguna manera? Sabemos que el Faraón se ahogó mientras que Moisésas se convirtió en rey. También es de sobra conocida la manera en que el mundo se opuso a Jesúsas, y está bien establecida la prosperidad que más tarde disfrutó. Sus enemigos fueron destruidos, y sus seguidores se convirtieron en gobernantes de naciones. Nuestro maestro, el Santo Profeta Muhammadsa, sobresalió en el mundo, sobre todos los demás, en su compromiso de difundir el nombre de Dios Santo. Tanto es así, que un escritor europeo comenta que se había vuelto delirante por esa causa (que Dios nos perdone), y que el nombre de Dios era todo lo que se le escapaba de los labios. Siete naciones se le opusieron; tanto los amigos como los extraños se volvieron en su contra, y, sin embargo, sus manos conquistaron los tesoros de este mundo. Si Dios no existe, ¿quién vino en su ayuda? Si todo esto ocurrió por casualidad, debería haber existido al menos un profeta que hubiera venido a establecer la eminencia de Dios, pero que fuera deshonrado por el mundo. Sin embargo, todos los que vinieron a elevar el nombre de Dios se encontraron con el honor y la dignidad. Al’lah, el Exaltado, dice en el Corán:
15 Sura Al-Ma’idah, 5:57
“Y quienes toman a Al’lah, a Su Mensajero y a los creyentes por amigos, pueden tener la seguridad de que los que creen en Al’lah son los que han de triunfar”.
OCTAVA PRUEBA
La octava prueba que se encuentra en el Sagrado Corán de la existencia de Al’lah, el Exaltado, es la aceptación de la oración. Cuando un individuo suplica a Dios en un estado de ansiedad, Él acepta sus súplicas. Y esto no es específico para ningún periodo en particular, sino que es cierto para todos los tiempos. En el Sagrado Corán Al’lah el Exaltado dice:
16 Sura Al-Baqarah, 2:187
“Cuando Mis siervos te preguntan acerca de Mí, diles: Estoy presente y estoy cerca. Respondo las oraciones del que me suplica cuando se dirige a Mí. Por tanto, deben escucharme y creer en Mí, para que sigan el camino recto”.
Aquí, la persona podría preguntarse cómo podemos estar seguros de que es Dios Quien responde a estas oraciones; por qué no podemos decir que los resultados que brotan de la oración se deben a la casualidad, ya que, en ocasiones, las oraciones aparentemente se cumplen, y en otras no. Si todas las oraciones fueran efectivas, se podría plantear, no obstante, un caso similar, utilizando el ejemplo de ciertas súplicas, ¿cómo se puede concluir que son obradas por una deidad, en lugar de ser consecuencia de eventos aleatorios? La respuesta a esta pregunta es que, en realidad, la acepta- ción de la oración va acompañada de señales. Nuestro maestro [de la época actual], Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián, el Mesías Prometido y Mahdias, propuso la siguiente evidencia como prueba de la existencia de Dios Todopoderoso. Sugirió que un cierto número de pacientes que padecían una enfermedad grave fueran seleccionados y divididos en dos grupos: un grupo de pacientes sería tratado y atendido por mé- dicos, al mismo tiempo que él rezaría por el segundo grupo, y a partir de esto se podría ver qué pacientes se recuperaban mejor. ¿Qué duda podía existir en tal prueba? En este sentido, en una ocasión rezó por la víctima de una mordedura de perro que era portador de la rabia. Los médicos de Kasauli (17 Kasauli es un pequeño pueblo de montaña en el estado norteño de Himachal Pradesh.) se negaron a tratarlo, y declararon por escrito que su condición era incurable. Sin embargo, a través de las oraciones del Mesías Prometidoas recobró la salud, a pesar de que las personas que sufren la mordedura de un perro rabioso y comienzan a manifestar signos de locura, es excepcional que se recuperen. Así pues, la aceptación de la oración es una prueba de que existe un ser que responde a las plegarias. Además, este fenómeno no se limita a un período de tiempo determinado, sino que se puede observar en todas las épocas. La oración encuentra hoy en día su cumplimiento, igual que en el pasado.
NOVENA PRUEBA
La novena prueba de la existencia de Dios que se en- cuentra en el Sagrado Corán es la revelación. Aunque la he colocado en el número nueve de la lista, es en verdad una prueba grandiosa que establece la existencia de Dios Todopoderoso con total certeza. Al’lah, el Exaltado, dice:
18 Sura Ibrahim, 14:28
“Al’lah fortalece a los creyentes con la palabra firmemente establecida, tanto en la vida presente como en el Más Allá”.
Por lo tanto, cuando Al’lah Todopoderoso ha hablado a un gran número de personas a lo largo de todas las épocas y períodos, ¿cómo puede justificarse la negación de Su existencia? Y no sólo habla con Sus profetas y mensajeros, sino que, además, habla con los santos, y, a veces, a través de Su misericordia, habla incluso con un pobre siervo Suyo para darle consuelo; también ha hablado con una persona humilde como yo, y ha confirmado la verdad de Su existencia a través de Sus argumentos. Además, habla incluso con individuos viles y malvados para presentarles, con rigor, un argu- mento concluyente de Su verdad. Por lo tanto, a veces, incluso los sectores más inferiores y malvados de la so- ciedad experimentan sueños y revelaciones, cuyos orí- genes divinos pueden reconocerse por el hecho de que contienen noticias de lo oculto que se cumplen en su momento, y muestran claramente que no emanaron de los procesos de la mente o de una indigestión. A veces, Él revela noticias de un suceso que se produce cientos de años más tarde, de modo que no hay riesgo de que pueda confundirse con acontecimientos actuales, que podrían considerarse como relacionados con un sueño, y que suceden posteriormente por casualidad.
Por consiguiente, tanto el Sagrado Corán como la Torá no sólo mencionan, sino que también describen, en términos claros, los avances que han tenido lugar hoy en día bajo el cristianismo y que han dejado al mundo asombrado. De hecho, aluden además a [ciertos] acontecimientos que aún están por suceder.
En primer lugar, podemos tomar el siguiente ejemplo:
19 Sura At-Takwir, 81:5
Es decir, llegará un momento en que los camellos serán abandonados. Es un relato de “Muslim” se explica en los siguientes términos:
20 Muslim, p. 78, 2000 Riyadh, Hadiz no. 243
Es decir, los camellos dejarán de ser utilizados. En la era actual, esta profecía se ha cumplido con el desarrollo del ferrocarril. Los relatos del Santo Profetasa contienen indicaciones manifiestas a este respecto, y son capaces de forjar ciertas imágenes ante nuestros ojos que dejan muy claro que las palabras proféticas se refieren a un nuevo modo de transporte, que funcionaría con la fuerza del vapor, y exhalaría montañas de humo frente a sí; y en lo que respecta a su utilidad y capacidad para cargar objetos sería como un burro; haría ruido mientras viaja, y así sucesivamente.
En segundo lugar:
21 Cuando los libros se extiendan a lo lejos. Sura At Takwir, 81:11.
Es decir, los libros y las escrituras serían publicados ampliamente. Hoy en día, debido a la innovación de la imprenta, la enorme cantidad de libros disponibles no precisa de muchas explicaciones.
En tercer lugar:
22 Cuando los hombres sean reunidos. Sura At Takwir, 81:8.
Es decir, el impulso de las relaciones humanas y de la facilidad de comunicación es más evidente en esta época que en cualquier otra.
En cuarto lugar:
23 Esto sucederá en el día en que tiemble la tierra trémula y le seguirá un segundo temblor. Sura An Nazi‘at, 79:7-8.
Es decir, poderosos terremotos sacudirían con regulari- dad y dejarían trepidando a la tierra. A este respecto, la era actual también ha quedado marcada [por muchas de estas calamidades].
En quinto lugar:
24 Sura Bani Isra’il, 17:59
No hay ciudad alguna a la que no destruyamos o castiguemos antes del Día de la Resurrección.
En consecuencia, y en la actualidad, la peste, los terremotos, las tormentas violentas, las erupciones vol- cánicas y las guerras han causado numerosas muertes. Actualmente, se han abierto tantas vías potenciales de muerte, y con tal fuerza, que, tomadas en conjunto, no encontraríamos un ejemplo similar en ningún otro momento de la historia.
En cuanto al islam, es una religión que en cada siglo ha dado lugar a personas que han sido honradas con la revelación Divina, y que han manifestado a través de signos extraordinarios la verdad de la existencia de un Ser Todopoderoso y Viviente, cuyas intenciones emanan de la sabiduría.
Dios envió la siguiente revelación al elegido de esta era, en un momento de gran desamparo y anonimato:
25 Barahin-e-Ahmadiyyah Parte III, Ruhani Jaza’in Vol. 1, p. 267
Es decir:
La gente vendrá a ti desde todos los caminos lejanos, y tanto será así que los caminos que tomen se deterioraran por el uso. Te ayudaran hombres a los que dirigiremos a través de la revelación del cielo. No debes ser descortés con los que te visitan, y no deberás sentirte cansado por su gran número.
¿Es un evento menor, o un signo a descartar sin la debida consideración, el hecho de que un individuo de un pueblo desconocido para el mundo civilizado haga una declaración [como la mencionada], y más tarde, y a pesar de la feroz oposición y sus limitaciones, el mun- do se convierta en testigo de que la gente de América, África y del resto del mundo se reúnan donde él se encuentra; y que el número de estas personas aumente tanto que saludarles y darles la mano a todos ellos deje de ser una tarea fácil para una persona normal; que se trate de gente de gran influencia, y que, sin embargo, hayan abandonado su patria y se hayan establecido aquí, y que el nombre de Qadián se haga famoso en todo el mundo?
En segundo lugar, un cristiano de América llamado Alexander Dowie afirmó ser un profeta y publicó estas palabras tan viles:
“Rezo a Dios para que el islam desaparezca pronto del mundo. Oh, Dios, acepta esta oración mía. Oh, Dios, destruye al islam”.26
26 Leaves of Healing, 19 December 1903.
Sólo nuestro líder, el Mesías Prometidoas, se enfrentó a él y publicó un anuncio diciendo:
“Oh tú, que afirmas ser un profeta, entra en un “mubahala” conmigo (duelo espiritual). Nuestro duelo se llevará a cabo a través de la oración y ambos rezaremos a Dios Todopoderoso para que haga morir, en primer lugar, a aquel de nosotros dos que sea mentiroso”.27
27 The Telegraph, 5 July 1903.
A lo que Dowie contestó insolentemente:
“¿Crees que responderé a estos mosquitos y moscas?… Si les pusiera el pie encima, los aplastaría y aniquilaría”.28
28 Leaves of Healing, December 1903.
En el mismo anuncio del 23 de agosto de 1903, el Me- sías Prometidoas dijo que, aunque Dowie pretendiera huir de este desafío, ocurriría una gran catástrofe en su hogar de Zion (localidad de Estados Unidos). El Mesías Prometidoas rezó:
“Oh, Dios mío, mi más perfecto y absoluto Dios, decide este asunto rápidamente y muestra las mentiras de Dowie ante la gente”.
Y ahora, mis respetados lectores, déjenme contarles lo que sucedió después. Un hombre que vivía una vida de príncipe, y que poseía 70 millones de dólares, vio cómo su esposa e hijo se convertían en sus enemigos, y cómo su padre difundió un folleto en el que afirmaba que su hijo fue fruto de un nacimiento ilegítimo. Fue víctima de una parálisis y perdió la cabeza debido al sufrimiento. Finalmente, en marzo de 1907, en un estado de amargura y miseria, murió exactamente como Dios había revelado a Su elegido, y tal como el mismo Mesías Prometidoas había predicho en su anuncio del 20 de febrero de 1907. Escribió que Dios le había dicho:
“Manifestaré un nuevo signo que traerá una gran victoria. Esta señal será para todo el mundo”.29
29 Tadhkirah, p.920, edición de 2009.
Su muerte fue una señal de la existencia de Dios. Esta fue una victoria otorgada al Mesías Prometidoas sobre el viejo y el nuevo orden del mundo cristiano.
Como tercer ejemplo, tomemos a los arios que domi- nan este país y que anteriormente fueron liderados por Lekh Ram. En el folleto Karamat-us-Sadiqin (Milagros de los verdaderos), publicado en el mes de Safar, del año 1311 d.H., el Mesías Prometidoas anunció la siguiente profecía, afirmando que le fue revelada como resultado de la aceptación de su oración:
“Dios me ha revelado que, dentro de seis años, a partir de la fecha de hoy, este hombre será afligido con un gran tormento a causa de sus injurias al Santo Profeta, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él”.
Luego, en un anuncio hecho el 22 de febrero de 1893, predijo la forma de su muerte:
30 Barakat-ud-Dua, Ruhani Jaza’in Vol. 6, p. 33.
Es decir, Lekh Ram es como el becerro de oro samarita- no del que sale un sonido que carece de espiritualidad. Por lo tanto, será afligido con el mismo tormento que golpeó al becerro de oro samaritano. Como todos saben, el becerro de oro samaritano fue cortado en pedazos, quemado y luego sus cenizas fueron arrojadas al río.
Más tarde, el 2 de abril de 1893, el Mesías Prometidoas vio un sueño en el que un hombre de fuerte constitu- ción y de aspecto terrible -que se asemejaba más a un ángel de la ira que a un hombre- preguntaba dónde estaba Lekh Ram.30 De nuevo, en el siguiente verso, que se encuentra en Karamat-us-Sadiqin, también estipuló la fecha de su muerte:
31 Mi Señor me dio la buena noticia y dijo: Reconocerás el día de la alegría que será el más cercano al día del Eid. Tadhkirah, p.314, edición de 2009.
Es decir, el día después del Eid, un sábado.
Luego dice:
32 Oh Lekhram, ¿por qué insultas a Muhammad, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él? ¿Por qué no temes a su espada que te cortará en pedazos? Tadhkirah, p.293-294, edición de 2009.
Así, cinco años antes del evento, el Mesías Prometidoas escribió y describió cómo Lekh Ram sería asesinado. Finalmente, Lekh Ram fue asesinado el 6 de marzo de 1897 y todo el mundo al unísono aceptó que esta profecía se había cumplido en términos claros y manifiestos, y que era una prueba decisiva de la existencia de Dios.
Por tanto, la revelación Divina es una prueba tan concluyente, que negar la existencia de Dios en su presencia es el colmo de la deshonestidad.
DÉCIMA PRUEBA
La décima prueba identificada en el Sagrado Corán para resolver todos y cada uno de los puntos de con- troversia, se puede encontrar en el siguiente versículo:
33 Sura Al-‘Ankabut, 29:70
“En cuanto a los que se esfuerzan en Nuestro camino, en verdad los guiaremos por Nuestras sendas”.
Todos los que han actuado de acuerdo con este versícu- lo siempre se han beneficiado. Cualquiera que niegue la existencia de Dios Todopoderoso debe tener en cuenta que, si realmente existe, se verá en un gran aprieto. Por lo tanto, si en el corazón de algunas personas existe un deseo sincero de descubrir la verdad, deben postrarse ante Dios en oración con pleno fervor y suplicarle en los siguientes términos:
“Oh Dios, si en verdad existes y si, como dicen los que creen en Ti, posees un poder infinito, entonces ten piedad de mí y guíame hacia Ti, y llena mi corazón de fe y convicción para que no me quede desposeído”.
Si alguien toma este camino con el corazón puro, al menos durante 40 días, entonces, sin importar la religión o el país al que pertenezca, el Señor de todos los mundos ciertamente lo guiará y verá rápidamente a Dios manifestar Su existencia de una manera que limpiará la impureza de la duda y la sospecha de su corazón. Está bastante claro que no hay engaño en este método para buscar una solución. ¿Qué dificultad tendrían los buscadores de la verdad para adoptar este enfoque?
Termino aquí este ensayo respecto a estas diez pruebas, a pesar de que existe mucha más evidencia en el Sagra- do Corán. No obstante, en este momento, creo que esto es suficiente. Si uno reflexiona sobre estas pruebas, surgirán más evidencias en su interior. Y de Al’lah es de Quien hay que buscar ayuda.
Al final, pido a aquellos amigos que reciban este ensayo, que lo pasen a otros que crean que pueden beneficiarse de él, una vez que ellos mismos hayan terminado de leerlo.
Tashheez-ul-Azhan, marzo de 1913.
Glosario
Elohim o Ilohim ( ِاْیْلَُّْوِْھُْیْمِ ) el nombre de Dios usado frecuentemente en la Biblia hebrea.
Hadiz ( َحِِدُْیْث ) relatos y tradiciones recogidos del Santo Profetasa.
Hazrat o Hadrat ( َحِْضْرتِ ) título honorífico árabe, [su Santidad].
Jalifa o Jalifah ( َخَِلَّْیَْفْہِ ) término usado para los líderes espirituales islámicos, particularmente para los suceso- res del Santo Profetasa y el Mesías Prometidoas.
Jalifatul-Masih (اْلَْمَِسْْيْحَ َخَِلَّْیَْفُْةِ ) título conferido a los sucesores espirituales del Mesías Prometidoas, Jalifa del Mesías Prometidoas.
Mubahala ( ُمَُبِاَهِلََّہِ ) un duelo espiritual de oración.
Paramatma (آتُمْا� پرِمِ ) el Espíritu Supremo en el hin- duismo.
Parameshwara o Paramishwara (ایُشَوْرَ پرِمِ) el Dios Supremo en el hinduismo.
Satguru (گرِوَ سُتٍ) el Verdadero Maestro.
Yezdan o Yazdan ( يْزُدَانَ ) una palabra para denominar a Dios empleada en el persa moderno que tiene el significado principal de “puro” y Divinidad.
