Rasgos Distintivos del Islam

Hazrat Mirza Tahir Ahmad


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Discurso pronunciado por Hazrat Mirza Tahir Ahmad, Jalifat-ul-Masih IV (la paz de Dios sea con él), en la Universidad de Canberra -Australia-

La No Monopolización de la Verdad

Al abordar el tema de los rasgos distintivos del Islam, el aspecto primero y más atractivo con el que nos encontramos es la total negación de que posea el monopolio de la verdad y de que no hayan existido otras religiones verdaderas. Tampoco afirma que los árabes hayan sido los únicos receptores del amor Divino. En este sentido, el Islam es la única religión que rechaza categóricamente la noción de que la verdad sea monopolio de una única creencia, raza o pueblo; al contrario, profesa que la guía Divina es una bondad general que ha sostenido a la humanidad en todas las épocas. El Sagrado Corán nos indica que no existe raza o pueblo que no haya sido bendecida con la bondad de la guía Divina, y que no hay región en la tierra o grupo de gentes que no hayan recibido Profetas y Mensajeros de Dios. (S. Corán, 35:25)

Contrariamente a esta visión islámica universalista de la manifestación de los favores de Al-lah sobre todos los pueblos de la tierra, sorprende el hecho de que ningún Libro de cualquier otra religión verifique o tan siquiera mencione la posibilidad de que otros pueblos o naciones hayan recibido luz y guía de Dios en alguna etapa de su historia. De hecho, la verdad y la validez de una religión local o regional se engrandece de tal forma que las verdades de otras creencias se ignoran por completo, como si Dios fuera exclusivo de una única fe, una única raza o un único pueblo, con la total exclusión de los demás pobladores de la tierra. Es como si el sol de la luz de la verdad se hubiera levantado y se hubiera ocultado en el horizonte limitado de un cierto pueblo con la exclusión del resto, dejándoles sumidos, abandonados y condenados a la eterna oscuridad. Por ejemplo, la Biblia presenta sólo al Dios de Israel, y cita repetidamente: “Bendito seas Jehová, Dios de Israel”.(Crónicas 16:36). No menciona ni implica tangencialmente la verdad de las revelaciones religiosas que descendieron sobre otras tierras y otros pueblos. De esta forma, la creencia de los judíos de que todos los profetas israelitas fueron únicamente enviados a las tribus de Israel, muestra completa conformidad con el propósito y mensaje de la Biblia. Jesús mismo declaró que su advenimiento iba dirigido para la guía de las tribus Hebreas exclusivamente, como él mismo menciona: “No he sido enviado sino para las ovejas perdidas de la Casa de Israel”. (Mateo 15:24). Igualmente cita: “No dad a los perros lo que es sagrado, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos”.

De forma análoga, la religión hinduista dirige sus libros exclusivamente hacia las castas superiores. Está escrito que “si alguien de casta inferior escuchara por casualidad un texto de los Vedas, el Rey sellaría sus oídos con plomo y cera fundidos. Si recitara una parte de la Escritura, su lengua debería ser cortada; y si aún persistiera en la lectura del Veda su cuerpo debería ser cortado en pedazos”. (Gotama Smriti, 12).

Aún no considerando estas aseveraciones tan drásticas e incluso ofreciendo interpretaciones más suaves, permanece el hecho de que los libros Sagrados de distintas creencias no aluden – ni implican- la veracidad de las religiones de otras tierras y otros pueblos. La cuestión básica que uno se plantea es que, si de hecho todas las creencias fueron verdaderas, entonces ¿qué sabiduría encierra presentar un concepto de Dios en términos tan limitados y restrictivos? El Sagrado Corán inmediatamente nos da una respuesta clara a esta cuestión. Cita que incluso antes de la revelación del Corán y el advenimiento del Santo Profeta Muhammad (lpbD), ciertamente se enviaron Mensajeros de Dios en cada nación y en cada rincón del globo. Sin embargo, su radio de acción fue regional y sus asignaciones temporales. Y ésto fue así porque la civilización humana no había alcanzado un estado de desarrollo que permitiera el envío de un Mensajero universal, portador de un Mensaje universal.

Una Religión Universal

El primer versículo mismo del Sagrado Corán alaba al Señor, que es el Sustentador de todos los mundos, y el último pasaje invita a implorar al Señor de toda la humanidad. Ambas, las primeras y las últimas palabras del Sagrado Corán presentan el concepto de un universo entero, y no el de un Dios de los árabes o de los musulmanes. En verdad, ningún libro anterior al Sagrado Corán, se dirigió al mundo entero. La primera afirmación en este sentido fue dirigida a favor del Santo Profeta del Islam (lpbD) con estas palabras: “Y no te hemos enviado sino como albriciador y amonestador para toda la humanidad, pero la mayoría lo ignora”. (34:29). En otra parte el Sagrado Corán cita: “Dí, ¡oh humanos!. Ciertamente soy un Mensajero hacia todos vosotros”. (7:159). Cuando el Sagrado Corán se denomina asimismo como “Un Mensaje para toda la humanidad” (81:28), presenta adecuadamente la guía relacionada con el verdadero desarrollo y avance del ser humano.

El Sagrado Corán ha sido nombrado repetidamente el “Confirmador” de otros Libros y a los musulmanes se les invita a creer en los demás Profetas, exactamente de la misma forma en que creen en el suyo propio. En nuestra fe, se nos prohibe ensalzar a unos frente a otros, y menos aún reconocer a algunos y negar a otros. El Sagrado Corán dice: “Cremos en Al-lah, en Sus Ángeles, en sus Libros y en Sus Mensajeros”, diciendo “No hemos forjado distinción alguna entre ellos”. (2:286).

Sería interesante examinar si la universalidad en sí es un fenómeno deseable, y por qué el Islam ha puesto tanto énfasis sobre este aspecto. Desde que el Islam propuso el Mensaje de la unificación de la humanidad, la marcha hacia esta unidad ha continuado acelerándose en todas las esferas. Un ejemplo en nuestra época del sentido de esta marcha es el establecimiento de diferentes cuerpos y federaciones internacionales. Ciertamente no son sino granos de arena en el largo y tortuoso camino hacia la unificación de toda la humanidad. De esta forma, la necesidad que se está forjando de modo imperativo en el avanzado y civilizado hombre de hoy, ya fue enunciada cuando se sembró la primera semilla con el mensaje del Islam hace mil cuatrocientos años. Hoy, naturalmente, el rápido desarrollo de los medios de comunicación y de transporte, ha generado un nuevo ímpetu en el proceso de unificación entre pueblos.

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