El esquema divino muestra su sabiduría en todos sus aspec- tos. Los hombres y las mujeres son espiritualmente similares y reciben por igual los favores y generosidad de Dios, pero sus funciones no son idénticas. Debido a esta diversidad, existe una diversidad correspondiente entre sus respectivas faculta- des y capacidades. Así lo indica el Sagrado Corán cuando dice:
“Dijo: ‘Nuestro Señor es Quien dio a toda su forma correcta y después lo guió a su función adecuada’.” (20:51)
“La naturaleza de Al’lah, según la cual ha modelado la humanidad. No hay alteración alguna en la creación de
Al’lah.” (30:31)
3 sa es la abreviatura de “la paz y bendiciones de Dios sean con él”
Son vanos e inútiles todos los intentos de convertir a los hom- bres en mujeres y a las mujeres en hombres. Cada uno tiene su función apropiada, cuyo debido cumplimiento constituye la dignidad, el disfrute, la plenitud y la belleza de la vida.
La observación de la diversidad de facultades entre hombres y mujeres revela la diversidad de sus roles tal y como ha sido diseñado por naturaleza. Por ejemplo, la mujer posee la capa- cidad innata para la maternidad, una capacidad que el hombre no tiene. En cambio, el hombre está naturalmente dotado para comandar en el campo de batalla; asignar a una mujer el papel de liderazgo militar en un combate regular sería con- traproducente. No se trata de una cuestión de superioridad o inferioridad, sino de aptitudes naturales y desempeño efectivo. La maternidad conlleva ciertas limitaciones para la mujer, de las cuales el hombre está exento; sin embargo, el honor de llevar la corona de la maternidad es exclusivo de la mujer, algo inalcanzable para el hombre. Durante los primeros años de vida, la crianza de los niños recae principalmente en la madre, siendo el rol del padre complementario. En esta etapa, los niños buscan instintivamente en la madre más que en el padre el afecto, consuelo y seguridad. Cuando un niño es re- prendido o disciplinado por la madre, no siente resentimiento hacia ella, mientras que sí puede resentirse por el castigo del padre. La conexión que la naturaleza establece entre madre e hijo se caracteriza por una ternura mucho mayor que la que se desarrolla entre padre e hijo.
La mujer, al ser más vulnerable, requiere de la fortaleza del hombre para apoyo y protección. Una mujer puede ser forzada contra su voluntad; un hombre, por otro lado, es difícil que sea forzado contra su deseo.
Como esposa y madre, el principal ámbito de actividades de la mujer es el hogar; mientras que el hombre, como susten- tador de la familia, tiene su ámbito de acción en el exterior. Un sistema social basado en la sabiduría y la beneficencia propicia y ayuda a mantener un equilibrio entre ambos. El islam pretende cumplir con esto.
