Discurso de Hazrat Jalifatul Masih V (aba) en el Illtema Nacional del Reino Unido Lajna Imail’lah 2024
Después de recitar Tashahhud, Taáwuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad Hazrat Khalifatul
V (aba) dijo:
“Alhamdolil’lah [Alabado sea Al’lah], Lallna Imail’lah UK [Asociación de Mujeres Musulmanas Áhmadis] celebra de nuevo su Illtema Nacional. Al mismo tiempo, hoy tenemos con nosotros a Lallna Imail’lah Bangladesh, quienes también celebran su Illtema.
Cada año se llevan a cabo diversas reuniones y eventos para facilitar la formación religiosa, espiritual y moral de Lallna [miembros de la Asociación de Mujeres Musulmanas Ahmadis] y Nasirat [miembros de la Asociación de Niñas Musulmanas Áhmadis], con el fin de aumentar su conocimiento religioso y fomentar su bienestar físico y mental. El objetivo principal es que cada participante mejore su estado físico y espiritual a través del aprendizaje y la adopción de las cualidades y virtudes que se requieren de una verdadera Mu’minah [mujer creyente].
En cada rincón del mundo actual, prevalece un materialismo y mundanalidad desenfrenados. La mayoría de las personas se dedican a actividades materialistas, a las que consideran el objetivo final de sus vidas. Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos por igual están atrapados en un ciclo interminable de materialismo y un hambre insaciable de riqueza. Por lo tanto, hoy, como musulmanes áhmadis, nuestro mayor desafío se limita a protegernos de esta carrera mundana, sino también a salvaguardar a nuestras generaciones futuras e inspirar a nuestros hijos a forjar un vínculo eterno con Al’lah el Altísimo.
Además, aparte de guiar a nuestros seres queridos, debemos también iluminar el camino a nuestra sociedad, informando a todos los que conocemos que la verdadera salvación reside únicamente en reconocer y someterse al Creador. De hecho, se trata de una inmensa responsabilidad que recae sobre los hombros de cada hombre y cada mujer áhmadi.
Sin duda, en el mundo actual, la causa fundamental de los conflictos, ya sea dentro de las familias, comunidades, o naciones, es el creciente distanciamiento entre la humanidad y Dios el Altísimo. El dinero, el poder y la búsqueda de riqueza se han convertido en los dioses de esta época, y para conseguir estos falsos ídolos, la gente mundana ha explotado durante mucho tiempo a las mujeres de forma engañosa y degradante, reduciéndolas a meros peones para lograr sus objetivos materiales. Por ejemplo, las agencias de inteligencia tienen un historial de explotación de mujeres, que usan como cebos para arrastrar a los hombres a situaciones comprometedoras. Estas tácticas degradantes se utilizan para extraer secretos de Estado e información clasificada y forjar acuerdos secretos mediante la coerción.
Así pues, las naciones que afirman estar a la vanguardia de los derechos de las mujeres no dudan en degradar a las mujeres y utilizarlas para satisfacer sus intereses financieros y políticos. En estas circunstancias, corresponde a las mujeres áhmadis defender los verdaderos derechos de las mujeres tratando de establecer la moralidad y la virtud a todos los niveles de la sociedad. Como ya he dicho, una mujer áhmadi no sólo debe protegerse y guiar a sus hijos, sino que también esforzarse siempre para salvar a la sociedad en general y a las generaciones futuras de la ruina espiritual.
Quizás os preguntéis cómo vosotras, como individuos, podéis salvar el mundo. La respuesta está en empezar desde la propia casa. Sin duda, las mujeres desempeñan un papel fundamental en sus hogares y tienen el poder de moldear la dinámica de sus familias. Su influencia sobre sus maridos, hijos, hermanos y otros familiares les permite actuar como catalizadoras de la paz y la armonía. Por el contrario, como esposas, madres, suegras o cuñadas, también tienen el potencial de ser promotoras de la crueldad y causa de división dentro de las familias. Por tanto, usad vuestra influencia para cultivar el amor, la paz y la unidad dentro de vuestros hogares.
De manera similar, en la sociedad en general, debéis usar vuestras opiniones, habilidades y capacidades para fomentar la paz y armonía, en lugar de provocar la división o la discordia. Con valor y orgullo, debéis ser un ejemplo de moralidad y honestidad. En el mundo actual, se ha normalizado la libre mezcla de hombres y mujeres sin ningún tipo de moderación o sensatez. Lamentablemente, algunos hombres y mujeres áhmadis caen bajo la influencia de estas tendencias y, ya sea por ingenuidad o por deliberado desprecio por su fe, están abandonando el escudo protector del hiyab y forman amistades o contactos inapropiados. Tal vez, los que adoptan estos comportamientos perciban que dichos contactos son inocentes o inofensivos; sin embargo, tales relaciones pueden progresar fácilmente y desembocar en resultados devastadores. El resultado es que algunas mujeres pisotean los derechos de otras mujeres al entablar relaciones con los maridos de éstas y el dolor y sufrimiento resultantes para las familias es inmenso.
En consecuencia, Dios ha declarado que la modestia es la característica y símbolo de una mujer justa y creyente y una parte fundamental de la fe. Cuando la mujer musulmana
posee esta cualidad, nunca se darán las circunstancias o la posibilidad de mantener
contactos inapropiados con los hombres. Por lo tanto, las mujeres y niñas áhmadis deben observar siempre los límites apropiados con los hombres para que su modestia y su dignidad no se vean comprometidas o cuestionadas jamás.
Por la gracia de Al’lah, la mayoría de mujeres y niñas áhmadis comprenden el valor de estos principios islámicos. Reconocen y afirman con orgullo el valor de cultivar la modestia
y priorizar su fe y su vínculo con Al’lah sobre todos los asuntos mundanos. Sin embargo, el mundo está tan inmerso en la inmoralidad y el vicio que se requiere muchísima cautela y un esfuerzo constante para la propia protección. En todo momento, debéis ser conscientes de que el objetivo principal de un creyente es alcanzar la gracia y el beneplácito divinos. Por lo tanto, todo hombre y mujer áhmadi debe esforzarse por preservar su castidad a toda costa. Vuestro objetivo debe ser sobresalir en la rectitud y la bondad con el único fin de lograr el beneplácito divino.
Además, los buenos hábitos y cualidades no deberían ser cambiantes como el viento, sino que cada virtud que adoptemos, ya sea relacionada con el cumplimiento de las obligaciones del culto a Dios o del servicio a la humanidad, deberían convertirse en un rasgo permanente de nuestras vidas. Si nuestras aspiraciones son nobles, ascenderemos continuamente, Insha’Al’lah [si Dios quiere], por la escalera del éxito espiritual y la rectitud.
Así pues, las miembros de Lallna deben intentar alcanzar los más altos estándares de espiritualidad y moralidad. Esforzaos en aumentar vuestro conocimiento y comprensión religiosos y permaneced constantemente centradas en la educación moral y el futuro de vuestros hijos, asegurándoos que aprenden las mejores normas morales y desarrollan un sincero amor por su fe. Además, los corazones de cada miembro de Lallna deberían estar inquietos y llenos de profundo pesar al observar cómo la humanidad se aleja rápidamente de Al’lah el Altísimo. Ciertamente, esto debería ser motivo de una angustia desesperada para cada áhmadi, por lo que debemos esforzarnos en poner fin a este declive moral y espiritual. Por lo tanto, considerad que es vuestro deber sagrado iluminar y convencer a los demás de que la verdadera salvación reside únicamente en la servidumbre y la devoción a Dios el Altísimo.
De hecho, para establecer la moralidad y la virtud en la sociedad, Al’lah el Altísimo envió a Sus profetas a todas las partes del mundo, culminando en la revelación de las enseñanzas supremas y universales del islam a través del Santo Profeta Muhammad (sa). Luego, en esta era, a través de Su gracia y beneficencia, Al’lah envió al Mesías Prometido (as) como luz y guía para la humanidad. Somos muy afortunados por haber realizado el Bai’at [juramento de lealtad] mediante el cual hemos prometido solemnemente priorizar nuestra fe sobre todos los asuntos mundanos. Este compromiso nos obliga a esforzarnos incansablemente por inculcar en nosotros mismos y en nuestros hijos y nietos los más altos estándares espirituales y morales.
Por tanto, como jóvenes y mujeres áhmadis, nunca olvidéis que os habéis comprometido a actuar correctamente y a cumplir las obligaciones y deberes hacia Dios y hacia la humanidad. Habéis prometido adoptar todas las formas de virtud y bondad. Habéis jurado aferraros a la verdad. Habéis prometido educar y guiar a vuestros hijos, y habéis declarado estar listas para aceptar cualquier posible sacrificio por vuestra fe. Si reflexionamos sobre estas palabras os daréis cuenta de que estas no son palabras insignificantes que deban tomarse a la ligera. Para honrar estos votos sagrados que habéis hecho ante Al’lah el Altísimo, debéis dedicaros de todo corazón a servirle y cumplir con vuestras obligaciones y deberes hacia Su creación. Por lo tanto, no creáis que el juramento de Lallna que habéis hecho hace unos minutos ha sido ofrecido como una mera formalidad o ritual. Por el contrario, recordad que Dios afirma que los creyentes serán responsables de sus promesas ante Él.
Se debe únicamente a la gracia y bondad de Al’lah que todas vosotras, al margen de cualquier dificultad o fatiga, habéis viajado desde sitios lejanos para asistir a este Illtema, deseosas de escuchar las palabras de Al’lah y Su Mensajero, masha’Al’lah [¡qué grande es el decreto de Dios]. Este es un testimonio de vuestro deseo de cumplir vuestras promesas de dar prioridad a la religión sobre todos los asuntos mundanos. Sin embargo, los deseos mundanos pueden predominar en una persona en cualquier momento y hacerles descuidar sus obligaciones religiosas. Por lo tanto, nunca olvidéis vuestro propósito fundamental. Si hoy existen mujeres en el mundo que renuncian voluntariamente y con agrado a las actividades mundanales por la causa Al’lah y se unen para fomentar el avance espiritual y la excelencia moral, esas mujeres son, sin duda, mujeres áhmadis.
Además, por la gracia de Allah, hay muchas mujeres áhmadis en todo el mundo que son dechados de piedad, sinceridad y bondad. Se abstienen del mal y de las malas acciones. Son firmes en la fe y poseen conocimiento religioso. Son inteligentes y prestan servicio a la Comunidad y a la sociedad en general con sinceridad y devoción. Sin embargo, Satanás acecha en las sombras en todo momento, dispuesto a atacar. Quiere aprovechar cualquier momento de debilidad para sembrar la división y desviar a a la gente del camino de la verdad y la moralidad.
Por lo tanto, vuestro empeño en alcanzar la rectitud no debe limitarse sólo a los tres días del Illtema o algunas otras ocasiones durante el año. Por el contrario, vuestro viaje hacia la excelencia espiritual y moral es una búsqueda de por vida, no un esfuerzo pasajero. Esforzaos por adquirir siempre las virtudes que revelen los tesoros de la gracia y la recompensa divinas. En este sentido, en el Sagrado Corán, Dios ha señalado claramente los atributos y cualidades específicos que son el sello distintivo de la mujer creyente.
En primer lugar, Al’lah ha dicho que el rasgo de las mujeres creyentes es que son completamente obedientes y leales a Él y rechazan toda forma de shirk, es decir, asociar participes con Al’lah. En efecto, evitar el shirk en todas sus formas es la base de nuestra fe. Sin embargo, a veces, sin darse cuenta, una persona comete el shirk. Por lo tanto, permaneced siempre atentos y haced todo lo posible para protegeros contra las formas más sutiles de shirk. Para ello debéis aumentar aún más la adoración a Al´lah. Debéis conocer y reflexionar sobre todos los atributos de Al’lah y recitar constantemente el Zikr-e-Ilahi (el recuerdo de Al’lah). Teniendo muy presentes los atributos de Dios levantaréis un escudo espiritual contra las diversas formas de shirk que pueden infiltrarse en el corazón y la mente de cualquier persona.

Como mencioné hace unas semanas en mi sermón del viernes, debéis dedicar todo el tiempo posible a recitar Darud [oración para enviar saludos al Santo Profeta Muhammad
(sa)] e Istighfar [oración para implorar el perdón]. Esta práctica os protegerá de los avances de
Satanás y hará que el amor de Al’lah corra por vuestras venas, y os inspirará a actuar según Sus mandamientos. Os concentraréis naturalmente en el culto a Dios y siempre le recordaréis.
Además, inculcaréis en vuestros hijos la importancia fundamental del namaz – es decir, el Salat [oración] y su valor incomparable.
De hecho, como he dicho en repetidas ocasiones, una de las obligaciones fundamentales que Al’lah el Altísimo ha impuesto a todas las mujeres musulmanas es la educación moral y espiritual de sus hijos. Sin duda, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la creación de una sociedad justa y bendecida. Por lo tanto, cada madre áhmadi debe considerar que su deber principal es inculcar en sus hijos y en las generaciones futuras este valor eterno y las bendiciones de crear un vínculo inquebrantable con Dios. Inculcadles la importancia suprema de su fe y religión para que al crecer se conviertan en portadores de la antorcha de la rectitud para las generaciones venideras. Por lo tanto, a la vez que alentéis a vuestros hijos a estudiar y buscar la excelencia académica, también debéis aseguraros que adquieran conocimientos religiosos y aprendan las enseñanzas de su religión.
Al cumplir colectivamente con vuestros deberes para con vuestros hijos, obtendréis la noble distinción de salvaguardar el futuro de vuestros hijos y contribuir de esa forma al desarrollo de una sociedad pura y justa. Gracias a vuestro amor y guía, vuestros hijos, Insha’Allah, crecerán al servicio del Islam y, a su vez, transmitirán sus valores a sus propios hijos. De esta manera, los frutos de vuestros nobles esfuerzos se extenderán a través de generaciones, Insha’Allah.
Además, todas vosotras os habéis comprometido a obedecer cualquier decisión ma’ruf tomada por Jalifatul Masih. En realidad, ma’ruf significa que debéis cumplir y actuar según los mandatos de Al’lah el Altísimo y el Santo Profeta del Islam (sa). Requiere que cumpláis fielmente todas las enseñanzas del Mesías Prometido (as), que son una fuente de iluminación perpetua para la humanidad, y requiere que actuéis según las instrucciones y guía que, en esta era, el Jalifa de la época da a los miembros de la Yamaat a la luz de las enseñanzas de Dios el Santo Profeta (sa). Para cumplir con vuestros deberes, no basta con decir que rezáis para que Dios os conceda la capacidad de actuar según Sus órdenes, sino que, junto a las oraciones, debes hacer todos los esfuerzos posibles y estar dispuestas a realizar cualquier sacrificio que se requiera a lo largo el camino.
Otra virtud que ordena el Sagrado Corán es cumplir con las responsabilidades que se os han confiado. El Corán enseña debéis inculcar en vuestro interior el espíritu de sacrificio. Enseña que debéis decir siempre la verdad. Ya sea intencionadamente o de forma ingenua, a veces la gente dice medias verdades o habla de forma engañosa. Esto es incorrecto y es un pecado. Nunca se debe hablar de forma que se engañe a los demás en ningún aspecto. Por lo tanto, si el Departamento de Lallna Tarbiyyat [formación moral] hiciera un esfuerzo concertado para concienciar a las miembros de Lallna y Nasirat sobre el inmenso valor de la veracidad, esto produciría una profunda transformación espiritual y moral. De hecho, creo que si todas los miembros de Lallna cultivaran el hábito de hablar y actuar honestamente, se erradicarían más de la mitad de las debilidades y deficiencias que existen, ya sean a nivel personal o a nivel colectivo.
Además, el Sagrado Corán prescribe que nadie debe hablar o actuar nunca de forma que provoque animadversión o desorden en la sociedad, o alimente la animosidad y el resentimiento entre las personas. Además, Al’lah también ordena que un creyente nunca debe dedicarse a la murmuración Lamentablemente, hablar mal de los demás a sus espaldas es muy común en la sociedad y, lamentablemente, incluso algunos áhmadis caen en este vicio. Recordad que Al’lah el Altísimo afirma que quien habla mal otras personas a sus espaldas, es como si estuviera comiendo la carne de su hermano muerto. ¿Cómo puede alguien tolerar o desear comportarse de esa manera?
Otra transgresión que Dios prohíbe es burlarse o mofarse de otros, ya que causa dolor y angustia emocional en los demás y socava la paz y la cohesión de la sociedad. Por tanto, aseguraos siempre de cuidar los sentimientos y emociones de los demás. Los celos son otro mal que Al’lah prohíbe. Los celos consumen a la persona desde dentro como un fuego corrosivo que arde implacablemente. Si no se controla, esta envidia puede aumentar hasta tal punto, que la persona intente activamente dañar al prójimo. Así pues, cada miembro de Lallna y Nasirat debe esforzarse en librarse de todos aquellos males y agravios que Al’lah ha prohibido y en su lugar adoptar las virtudes y buenas cualidades requeridas de un verdadero creyente.
Recordad siempre que nuestra misión es crear una sociedad pura y justa, que sea una
medio de paz y seguridad para el mundo y esté llena de amor y compasión. Como ya he dicho, todo empieza en casa. Por lo tanto, debéis aseguraros de que vuestra vida hogareña sea pura y llena de amor. A partir de entonces, debéis esforzaros por garantizar que vuestros pueblos, ciudades, naciones y el mundo en general estén llenos de paz, amor y armonía. Y considerad siempre un gran favor de Al’lah el Altísimo que os contéis entre esas personas afortunadas que, en cumplimiento de la promesa divina, están unidas por un lazo bajo la sombra del Jilafat-e-Ahmadía.
Como mencioné antes, habéis prometido a Dios Altísimo acatar cualquier decisión ma’ruf del Jalifa de la época. Por tanto, como miembros de Lallna Imail’lah, debéis esforzaros siempre por fortalecer vuestra relación con el Jalifato y actuar según las instrucciones y decisiones de Jalifatul Masih. No permitáis nunca que vuestras mentes alberguen ningún pensamiento contrario a las instrucciones del Jalifa. No mostréis nunca ningún tipo de hipocresía. Permanecer firmemente unidos al Jalifato asegurará eternamente la unidad y el progreso de nuestra Comunidad, Insha’Allah, Asimismo, se allanará el camino para la mejora espiritual de cada áhmadi y abrirá la puerta a las innumerables bendiciones divinas.
No cabe duda alguna de que cuando las bendiciones de Allah descienden sobre una persona, se asemejan a esa lluvia pura que cae abundantemente del cielo, revitalizando incluso los lugares más secos y la tierra árida puede convertirse en un vibrante tapiz de exuberante verdor. Así, a través de la gracia y beneficencia divinas, en esta vida, Insha’Allah, si dais siempre prioridad a vuestra fe sobre los asuntos mundanos, obtendréis el verdadero consuelo y alegría de vuestros hijos y de las generaciones futuras y posteriormente, en el otro mundo, Al’lah el Altísimo seguramente manifestará Su gracia y complacencia en formas que están más allá de nuestra comprensión.
Con estas palabras, ruego que Al’lah el Altísimo nos ayude a todos a reformarnos y
vivir nuestras vidas de acuerdo con las verdaderas enseñanzas del Islam. Que todas las mujeres y niñas áhmadis iluminen el camino que conduce a la gracia y la misericordia de Dios para que sus hijos y el resto de la sociedad pueda caminar sobre él. Y rezo para que todas las mujeres y niñas áhmadis puedan estar a la altura de los verdaderos objetivos de Lalljna Imail’lah: vivir sus vidas como siervas devotas y fieles a Dios. Que Al’lah el Altísimo os conceda a todas la capacidad de hacerlo. Amén.
