Haré que llegue tu mensaje a todos los rincones de la Tierra
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Haré que llegue tu mensaje a todos los rincones de la Tierra

Misionero de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina

Tengo el privilegio de haber nacido en una cuna ahmadí y, así, desde muy joven, oyeron mis oídos las palabras “Haré que llegue tu mensaje a todos los rincones de la Tierra”. Cabe recordar que esta aserción fue revelada al Mesías Prometido, Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad (as), en un momento en el que vivía en un punto tan remoto de la India que ni siquiera pasaban por él trenes ni barcos. 140 años después de la fundación de la Comunidad Musulmana Ahmadía, somos testigos de cómo esta semilla plantada en el pueblo de Qadian (India) se ha convertido en un árbol global con múltiples ramas que aún siguen creciendo y floreciendo.

Jamia Ahmadía es una institución cuyo establecimiento se arraiga en esta revelación divina y fue fundada por el propio Mesías Prometido con el objetivo de formar a los misioneros y teólogos de la comunidad. Me encuentro también entre los afortunados que han recibido su formación en la Jamia Ahmadiyya en el Reino Unido. A lo largo de los siete años del seminario, leí, escuché y observé desde varias perspectivas el cumplimiento de esta promesa en relación con la expansión y el progreso de la Comunidad Ahmadía. No obstante, desde que llegué a Argentina, en mi función como representante de nuestra comunidad, esta observación, que se podría nombrar como “Ainul-Yaqin”, la certeza de la visión, se transformó y  evolucionó en “Haqul Yaqin”, es decir, en la propia experiencia de la verdad.

Me consta que muchos de los lectores pueden imaginarse mi reacción al recibir la notificación de que mi primer destino como misionero sería Argentina, un lugar tan lejano para mí,“el fin del mundo”, pensaba yo, que había nacido en Alemania. Relacionaba mi nuevo hogar con Maradona, Messi, el Papa Francisco, pero sobre todo con el desafío gigantesco de aprender un nuevo idioma y de adaptarme a una nueva cultura. Incluso, cuando me enteré de que yo sería el pionero de nuestra comunidad en el octavo país más grande de la Tierra este viento de dudas internas se transformó en un ciclón feroz. Este detalle, que implicaba iniciar la misión e instalar nuestro mensaje desde la nada, generó en mí una ola de preguntas infinitas: “¿Cómo voy a predicar sin saber la lengua?” “¿Quién me va a guiar en este proceso?” “¿Cuál será el primer paso para integrarme en la sociedad?”  En síntesis, no era fácil albergar este espiral en la cabeza donde se sumaban cada vez más preguntas y ninguna respuesta. Sin embargo, hubo un episodio de solo unos segundos que logró cambiar todo. Este momento bisagra no me brindó todas las respuestas precisas a mis preguntas, pero reemplazó la incertidumbre por la firmeza, el miedo por la esperanza, el vacío por el consuelo y la debilidad por la fuerza. Con enorme humildad, doy testimonio en primera persona de la continuidad de este versículo del Sagrado Corán.

(O profeta) Tu oración es, en verdad, una fuente de tranquilidad para ellos (los creyentes).” (9:104)

En la actualidad, los jalifas espirituales de la Comunidad Ahmadía son un reflejo de las bendiciones proféticas y cumplen esa función para los creyentes. Pocos días antes de mi partida a Argentina, tuve el honor de reunirme con nuestro amado jalifa, Su Santidad Mirza Masroor Ahmad (atba). Durante la audiencia, al observar mi angustia, Su Santidad (atba) rezó por mí de la siguiente manera: “Cuando quieres enseñarle a alguien a nadar, hay que simplemente tirarlo al agua y ya aprenderá solo a nadar. Lo hice también contigo, porque sé que Al’lah te enseñará a nadar.” Así, estas breves palabras me resucitaron y, a su vez, me recordaron que iniciar, establecer y difundir nuestra fe no es el trabajo propio de un individuo aislado, sino la acción del Ser Divino, él es el verdadero protagonista. Es cierto que usa a los seres humanos, y en esta ocasión a mi persona y a la de tantos otros, como una herramienta, pero en el fondo actúa Dios y todo lo ejecuta con Su mano invisible.

Mientras escribo estas líneas ya han pasado ocho años desde mi llegada aquí. Así que son innumerables los ejemplos donde Al’lah me “enseñó a nadar” y manifestó ante mí Su mano invisible. Elegí unas gotas de este mar para decir una vez más que Al’lah mismo es el portador del mensaje que desembarca en los corazones de todos aquellos que viven en los diversos rincones del planeta.

Nerio Nassir Quiñones es un periodista argentino que después de una larga búsqueda espiritual llegó finalmente al islam hace más de diez años. Él había abrazado esta nueva fe a través de una comunidad sunita, pero sentía que aún le faltaba algo para completar su identidad como musulmán. Debido a su propio interés intelectual y a su curiosidad, descubrió el mensaje de la Comunidad Ahmadía en internet cuando aún las redes sociales no existían y el acceso al mundo digital era muy limitado. Pese a esto, se sintió atraído por el poco material que encontró sobre nuestra comunidad y decidió realizar el “Baiat”, juramento para integrarse a ella. En resumen, se convirtió en el primer ahmadí argentino sin que la comunidad tuviera aún presencia física aquí.

Juan Yahya Iaconis viene de una familia muy católica y había ingresado al seminario para formarse como sacerdote. Durante sus estudios bíblicos, entró en una profunda crisis espiritual cuyo origen fue el concepto cristiano de la Trinidad. Al final, decidió dejar el seminario y empezó a buscar a Dios en otras sendas religiosas. Fue durante este período de intensa introspección, cuando soñó con una persona que él desconocía en aquel momento, pero que le indicaba seguirlo en pos de encontrar a Dios. Sin prestar mayor atención a este sueño, su vida siguió y tomó otra dirección. Sin embargo, unos años después, cuando visitó la sede de nuestra Comunidad para comprar el Sagrado Corán, el sueño que se había asentado en un lugar escondido de la conciencia volvió a manifestarse en la vida real. La misma persona del sueño apareció en el cartel bajo el lema “El Mesías ha venido”. Juan lo reconoció de manera inmediata y no necesitaba así más argumentos para ser convencido de que Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad (as) era el Mesías Prometido.

Como último ejemplo, quiero compartir con el lector el caso de Ushuaia, lugar que es considerado “el último rincón del mundo” por ser la ciudad más austral del planeta. Junto con una delegación de miembros del Reino Unido y de Argentina visitamos la capital de Tierra del Fuego, con el fin de transmitir allí el mensaje del advenimiento del Mesías Prometido al sitio más al sur del globo. Como parte de esta misión, llevamos el Sagrado Corán y algunos otros libros islámicos a la biblioteca ya que, según la propia declaración de las autoridades locales, nuestro desembarco allí significaba la primera visita oficial de un grupo musulmán. Debido a este escenario y por absoluta casualidad, le pregunté a la bibliotecaria si ya contaban con algunos volúmenes del islam en su colección. Me llevó a la sección de los textos religiosos donde encontré algunos ejemplares muy viejos del Sagrado Corán y un libro que me dejó con la boca abierta. No lo podía creer cuando vi la obra magnum del Mesías Prometido, La filosofía de las enseñanzas del islam, en el rincón más austral del mundo. Incluso antes de que nosotros planificáramos este viaje ese libro había llegado allí. Hasta el día de hoy desconozco cómo y quién lo llevó y, junto con él, el mensaje del Mesías Prometido a Ushuaia. Sin embargo, su presencia en esta pequeña biblioteca popular en los confines de la Tierra nos ilustra una vez más que Al’lah mismo construye los puentes e inspira a las personas para que lleven el mensaje del islam Ahmadía a todos los rincones del planeta, incluso a los más remotos.

Al mismo tiempo, esta revelación divina nos señala que Al’lah es Autosuficiente y no nos necesita para cumplir Su voluntad o Su deseo. Por lo contrario, es un privilegio y una bendición si nos elige en esta causa como su herramienta o su brazo extendido. Concluyo mis reflexiones con esta cita del Mesías Prometido:

Como he venido de Dios Todopoderoso con verdad y rectitud, encontrarán las señales de mi veracidad a su alrededor. No está lejos el momento —de hecho, está muy cerca— en que verán a los ángeles descender del cielo en gran número sobre los corazones de los pueblos de Asia, Europa y América. Ustedes han aprendido del Sagrado Corán que, con la llegada del vicario de Dios, el descenso de los ángeles es imprescindible para que ellos vuelvan los corazones de las personas hacia la verdad. Así que esperen esta señal. Si los ángeles no descienden y ustedes no perciben el claro efecto de su descenso en el mundo y no encuentran los corazones inclinados de manera extraordinaria a moverse hacia la verdad, entonces pueden concluir razonablemente que nadie ha descendido del cielo. Pero si todo esto sucede, no persistan en la negación, no sea que Dios Todopoderoso les juzgue como un pueblo desobediente”. Fat-he-Islam, Ruhani Khaza’in, vol. 3, pp. 13-14,

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