Discurso del Jalifa del Islam en la sesión de clausura de la reunión nacional de Lajna Imail-lah UK 2017

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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El 24 de septiembre de 20176, el Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, pronunció un discurso de clausura de la 39 reunión Anual Nacional de Lallna Imail-lah de Inglaterra, la organización auxiliar de mujeres de la Comunidad Musulmana Ahmadía. El acto, que duró dos días, se celebró en el Country Market de Kingsley, Hampshire, en el que participaron más de cuatro mil mujeres y niños de todas partes de Gran Bretaña. Se presenta a continuación la transcripción del discurso pronunciado por Su Santidad.

Tras recitar el Tashhahud, Ta´awwuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V dijo:

“Por haber entendido las verdaderas enseñanzas del islam, los miembros de la Comunidad, con la gracia de Dios, aprecian el elevadísimo estatus de la mujer en el islam, un estatus que no conoce ni comprende la mayoría de los musulmanes no áhmadis, ni tampoco la mayor parte de la población no musulmana. Hoy, vuestra reunión, que es solamente para las mujeres y jóvenes áhmadis, está concluyendo y durante el evento han tenido lugar muchas actividades y actos destinados a aumentar el conocimiento religioso, la moralidad y espiritualidad de las participantes. Además, desde una perspectiva administrativa, este Illtema se ha organizado por mujeres desde el principio al final y han elaborado un programa que se atiene a las necesidades y preferencias de nuestras mujeres y jóvenes. Por lo tanto, esta reunión es una demostración colectiva y práctica del alto rango que el islam otorga a las mujeres.

Una acusación que a menudo se imputa a nuestra religión es que discrimina a las mujeres o las considera inferiores a los hombres. Sin embargo, esto contradice totalmente las verdaderas enseñanzas islámicas. En el capítulo 4, versículo 2 del Santo Corán se menciona la creación de la raza humana y se menciona que Al-lah creó a la humanidad de “una sola alma”. Inmediatamente después, el Santo Corán menciona: خَلَقَ مِنْھَا زَ وْ جَھَا, es decir: “del cual creó a su pareja”. En la Biblia, donde se discute la creación del hombre y la mujer, también se menciona el concepto de “pareja”, pero prosigue diciendo que la mujer fue creada a partir de la costilla de Adán. Esto contradice a las enseñanzas del Santo Corán, que deja claro que la mujer no fue creada a partir del cuerpo del hombre ni de su costilla. Más bien, el Corán atestigua el hecho de que los hombres y mujeres fueron creados de una sola alma y son de la misma clase y especie. Por lo tanto, allí donde el Corán menciona: “del cual creó a su pareja”, significa que Dios Todopoderoso ha hecho iguales a los hombres y mujeres y no se puede afirmar que ninguno predomine sobre el otro.

Además, al decir Dios el Todopoderoso َلَقَ مِنْھَا زَ وْ جَھَا, es decir, que ha creado a la mujer de la misma manera que el hombre, resulta claro que Dios ha creado a los corazones y mentes de las mujeres del mismo modo en que ha creado los corazones y mentes del hombre. No se menciona que se haya creado a la mujer a partir de la costilla del hombre, sino que más bien se citan similitudes y parecidos. A pesar de ello, ha habido ocasiones a lo largo de la historia en las que los hombres han intentado impedir a las mujeres desarrollar sus capacidades y responsabilidades, mientras que en otras ocasiones las mujeres han intentado impedir que los hombres cumplan con sus deberes y responsabilidades. Ya sea debido a un complejo de superioridad o de inferioridad, los hombres, en ocasiones, se han considerado intrínsecamente diferentes a las mujeres, o las mujeres se han considerado esencialmente diferentes a los hombres. Sin embargo, el Santo Corán ha refutado categóricamente este concepto diciendo que los hombres y mujeres son de la misma especie. Ha clarificado que los hombres y mujeres tienen los mismos sentimientos y emociones, y de la misma forma en el hombre es responsable ante Al-lah de sus actos, igualmente cada mujer deberá dar cuentas de sus actos ante Dios.

Sin embargo, es cierto que el islam ha otorgado diferentes responsabilidades y ha prescrito una división de tareas entre los sexos. Se ha asignado diferentes papeles a hombres y mujeres, pero esto no debe interpretarse erróneamente en el sentido de que las mujeres sean incapaces de comprender las responsabilidades asignadas a los hombres. Esta idea de distintas responsabilidades es totalmente normal y conforme a la naturaleza. Las diferencias existen incluso entre los hombres, pues la gente posee diferentes tipos de habilidades y capacidades. Por ejemplo, algunos hombres se preparan para ser médicos, otros se convierten en ingenieros, profesores, científicos u otro tipo de profesiones y trabajos. Con todo, al margen del nivel que posea un doctor, no es superior a otras profesiones ni otros campos y viceversa.

Del mismo modo, para mantener un sentido del equilibrio en el mundo, Dios el Todopoderoso, con Su infinita sabiduría, ha asignado diferentes papeles a los hombres y mujeres, y ambos tendrán que dar cuenta ante Al-lah respecto al cumplimiento de sus responsabilidades respectivas.  El Santo Profeta (sa) afirmó que al igual que un pastor tiene la obligación de proteger a su rebaño, del mismo modo, cada hombre y cada mujer tienen la obligación de cumplir con sus obligaciones respectivas. De igual manera, al asignar Dios el Todopoderoso a la mujer la responsabilidad de velar por la formación moral y religiosa de sus hijos y asegurar la protección del hogar y la propiedad de su marido, esta deberá prestar atención a ello, pues solamente ella será responsable de tales asuntos. Igualmente, al asignar al hombre la tarea de aportar los medios financieros para su familia, cuidar de ella y satisfacer sus necesidades, este tendrá que responder por ello.

El hecho de que el islam haya asignado obligaciones distintas a los hombres y a las mujeres no significa que las mujeres no puedan realizar el trabajo de los hombres o sean inferiores a ellos en ningún sentido. Como he dicho al principio, este Iltema se ha organizado por miembros de Lallna y es un gran ejemplo de las capacidades y habilidades organizativas de nuestras mujeres áhmadis. De hecho, este illtema es en realidad un producto y manifestación del trabajo y progreso continuo de Lallna Imaillah. Por lo tanto, cualquier hombre que piense que las mujeres no deben participar activamente en los asuntos religiosos o realizar sacrificios por su fe, y deben mantenerse apartadas de la religión para ser una “decoración” de la que puedan disfrutar sus maridos, peca de extrema ignorancia. De igual modo, si alguna mujer piensa que a causa de sus responsabilidades domésticas no necesita participar en asuntos religiosos o realizar sacrificios por su fe y nación, se equivoca también y contribuye a socavar el estatus de las mujeres.

Precisamente para concienciar a las mujeres de sus responsabilidades y eliminar cualquier duda sobre la necesidad de que las mujeres se involucrasen en asuntos religiosos y otras actividades, Hazrat Musleh Maud estableció Lallna Imail-lah, para que cada mujer ahmadi pudiera convertirse en un miembro activo de la Yamaat. De forma muy bella, Hazrat Musleh Maud dijo que el mejor nombre para un hombre es “Abdul-lah” y, del mismo modo, el mejor nombre para una mujer es “Amtul-lah”, pues cualquier hombre debería desear, por encima de todo, ser un hombre de Dios y siervo Suyo, y cada mujer debería desear ser una mujer de Dios y Su sierva.  Ciertamente, en el Santo Corán, entre todas las cualidades del Santo Profeta, una cualidad que destaca Dios el Todopoderoso es la de “Abdul-lah” (un verdadero hombre de Dios y Su siervo). Por lo tanto, el mayor deseo de cualquier mujer musulmana debería ser convertirse en sierva sincera de Dios, y por esta razón vuestra organización auxiliar se denomina Lallna Imaillah.

En consecuencia, todas las mujeres musulmanas deben esforzarse sinceramente por convertirse en siervas de Dios para poder merecer Sus recompensas, en lugar de atraer Su ira y enojo. En términos mundanos, la persona que cumple perfectamente con su deber se presenta ante el monarca para recibir el honor o el premio, mientras que el criminal se presenta ante las autoridades para el castigo o la retribución. A quienes reciben honores se les mira con envidia, mientras que a los criminales son objeto de desprecio y compasión. Por lo tanto, cada mujer debe estar segura de que entiende sus deberes y se esfuerza en contarse entre aquellos que reciben la recompensa de Dios el Todopoderoso.

En cuanto a vuestras obligaciones hacia la Comunidad y la fe, debéis recordar que a los ojos de Al-lah, las responsabilidades que se imponen a hombres y mujeres son las mismas y ambos deben estar dispuestos a cumplir con sus pactos y a realizar sacrificios por el islam. Hablando de los grandes sacrificios realizados por las mujeres en tiempos pasados, Hazrat Musleh Maud dio el ejemplo de la época del profeta Jesús. Dijo que los discípulos más sinceros y leales de Jesús eran mujeres, que empleaban incansablemente sus días y noches propagando su mensaje, y sus sacrificios han sido registrados en la historia cristiana como una fuente de orgullo.

De hecho, cuando Jesús fue descendido de la cruz y salió de la tumba en la que fue colocado, fueron las mujeres las primeras en saludarle y prestarle ayuda. Según las crónicas, mientras que los discípulos varones huyeron por temor a los gobernantes, María Magdalena y otras dos mujeres, descartando cualquier temor por su propia seguridad fueron hacia Jesús muy de madrugada, mostrando así una valentía enorme y exhibiendo una fe firma que superó los estándares de los hombres.

Este fue el ejemplo de la época de Jesús, pero de entre todos los profetas, la vida del Santo Profeta (sa) es la que se ha documentado y preservado con mayor detalle y sin lugar a dudas durante esta época bendita los sacrificios realizados por las mujeres musulmanes fueron insuperables y se convirtieron en ejemplos que no se habían presenciado nunca anteriormente en la historia. Efectivamente, nos embarga la emoción cuando leemos acerca de los sacrificios realizados por la causa de la fe. Durante aquel periodo inicial del islam, al Santo Profeta (sa) y sus seguidores fueron objeto de una encarnizada persecución y fueron sometidos a crueldades indescriptibles. Los primeros musulmanes tuvieron que padecer persecución, pero el trato a los esclavos musulmanes fue aún más inhumano y brutal.

Por ejemplo, entre los compañeros se encontraba un matrimonio, esclavo de un no musulmán, cuyo amo les sometió a crueldades tan despiadadas y aterradoras que solamente la lectura sobre su trato nos hace estremecer. Se les obligaba a tumbarse en la arena ardiente y se les golpeaba incesantemente sus pechos y cuerpos. Se les quemaba hasta tal punto, que sus ojos se hinchaban y enrojecían por encima de todos los límites y, a pesar de todo, su amo no mostraba ningún remordimiento o compasión. En una ocasión, al ver cómo se les torturaba y se les obligaba a acostarse encima de la arena ardiente, el Santo Profeta (sa) se sintió abrumado por la emoción.  Estaba abatido por la pena, como un padre que observa cómo se golpea a sus hijos ante sus propios ojos. Observaba cómo el amo del esclavo intentaba obligarles a rechazar al Santo Profeta (sa) y a aceptar la creencia de que existían muchos otros dioses parte de Dios el Todopoderoso. Abrumado por la tristeza, el Santo Profeta (sa) volvió a Al-lah y oró durante cierto tiempo. Después, muy emocionado, el Santo Profeta (sa), dirigiéndose al marido y a la mujer, les dijo: “Mostrad paciencia, mostrad paciencia. Sin duda, Al-lah os librará de estos dolores muy ponto y a cambio Él os ha construido una casa en el Paraíso”.

Como resultado de la constante tortura, el marido no tardó en exhalar su último suspiro. Posteriormente, el amo atacó brutalmente a la mujer musulmana atravesando su estómago con una lanza, uniéndose así a las filas de los mártires. Estos esclavos no poseían ningún tipo de rango o estatus material, sin embargo, al haber aceptado al Santo Profeta (sa) y debido a sus impecables niveles de fe, escalaron las cimas más elevadas nunca antes vistas en los anales de la historia. Fueron aquellos los que relizaron todos los sacrificios posibles y soportaron todas las formas de tortura por su creencia en un único Dios. La persecución de los musulmanes en la Meca continuó sin cesar hasta que, cuando superó todos los límites, en que los enemigos del islam no cesaban de aumentar sus conspiraciones malignas, el Santo Profeta (sa) ordenó a sus compañeros que emigraran a Etiopía.

Al oír esto, los compañeros protestaron preguntando cómo era posible que ellos emigraran para vivir en paz mientras que su amado maestro, el Santo Profeta (sa) permaneciera en peligro y continuara enfrentándose a las crueldades más horrendas. En respuesta, el Santo Profeta (sa) dijo que Al-lah aún no le había ordenado emigrar y que llegado el día lo haría él también, pero que por el momento sus seguidores deberían partir sin él. Entre aquellos que decidieron emigrar se encontraba una mujer musulmana, que, a altas horas de la madrugada, recogía sus pertenencias y las colocaba en un camello dispuesta a viajar. Hazrat Umar, que aún no había aceptado el islam, se encontraba paseando por allí por casualidad y, al ver a esta mujer que se veía obligada a abandonar su ciudad en la madrugada, le envolvió un sentimiento de tristeza y culpabilidad. Dirigiéndose a la mujer con una voz alterada por la emoción, le dijo: “Parece que estás dispuesta a viajar”.

En respuesta, la mujer musulmana dijo: “No podemos seguir tolerando las crueldades y el dolor que se nos inflige, por lo que no nos queda más alternativa que salir.  Al fin y al cabo, ¿qué os hemos hecho para que nos tratéis con tanta inhumanidad y nos castiguéis con tamaña crueldad? Todo lo que afirmamos es que Dios es Único, pero vosotros no lo podéis tolerar, por lo que tenemos que marcharnos”.

Esta respuesta desesperada y emocional de la mujer musulmana hizo que Hazrat Umar, que aún era un acérrimo adversario del islam y una persona que no mostraba piedad en su oposición al islam, se colmara de emoción. Con las lágrimas rodando por sus mejillas, lo único que pudo hacer es decir mansamente: “adiós y te deseo lo mejor” antes de alejarse.

Igualmente, hay una anécdota popular relacionada con la hermana de Hazrat Umar. En una ocasión, siendo aún un adversario acérrimo del islam, Hazrat Umar salió con su espada en la mano con la intención de matar al Santo Profeta (sa) y poner fin al islam de una vez por todas. En el camino, un hombre le preguntó adónde iba.  Cuando le contó su propósito, el hombre le dijo que antes debería interrogar a su propia familia, pues una de sus hermanas había aceptado el islam. Hazrat Umar, al oír esto, fue directamente a casa de su hermana y golpeó con fuerza la puerta. Su hermana y su marido se hallaban recitando el Corán y al comprobar que había llegado Hazrat Umar, ocultaron a su maestro musulmán y también las páginas del Corán. Sin embargo, Hazrat Umar los escuchó, por lo que, al entrar, preguntó inmediatamente qué estaban recitando. Su hermana contestó: “Estábamos recitando el Santo Corán”.

Hazrat Umar dijo que había oído que ella y su marido se habían convertido en “Saabi”, queriendo decir que había aceptado una creencia que la gente de Meca no había aceptado. En un arrebato de ira, Hazrat Umar se lanzó hacia adelante con el propósito de golpear a su cuñado, pero su hermana, retándole con gran valor, se interpuso para proteger a su marido, diciendo: “Sí, somos musulmanes, y si deseas matarnos, ¡adelante!”  Hazrat Umar se sintió incapaz de retirar su mano a tiempo e involuntariamente, golpeó a su hermana en el rostro, con tal fuerza, que le causó heridas haciéndole sangrar por la nariz. Al presenciar el modo en que su hermana se sacrificaba para proteger a su marido, Hazrat Umar quedó asombrado.

A pesar de su odio por el islam, Hazrat Umar poseía un buen corazón. Por ello, al ver la sangre en el rostro de su hermana, se sintió avergonzado y arrepentido, pues sabía que en lugar de proteger a su hermana, como era su obligación, había contribuido a causarla serias heridas. Se sintió intranquilo y lleno de remordimiento. Su tono agresivo cambió repentinamente y pidió a su hermana con timidez si podía traerle las páginas del Corán para leerlas. Al oír esto, la fe suprema de su hermana salió a flote y tras haber sido golpeada por su hermano dejó de ser la mujer indefensa para transformarse en una valiente leona.

Sin temor alguno declaró: “No puedes tocar el Corán porque no estás limpio o puro. No puedo colocar el Corán cerca de ti mientras te encuentres en este estado”. Al percatarse de lo que había hecho, Hazrat Umar se sintió avergonzado y pidió a su hermana que le explicara el modo de purificarse para permitirle leer el Corán. En respuesta, su hermana dijo que en primer lugar debería bañarse y limpiarse. Solo entonces se le permitiría tocar el Santo Corán.  Tal como se le indicó, Hazrat Umar se bañó y, al regresar, su hermana colocó el Corán enfrente suyo. Tras leer solamente algunos versículos, el corazón de Hazrat Umar se derritió ante la belleza de lo que leía y cayeron lágrimas de sus ojos. De súbito, sintió aborrecimiento y vergüenza por su descreimiento pasado sobre el islam e instantáneamente no sintió más que desprecio y disgusto acerca de su vida pasada.

Acto seguido se puso de pie lleno de emoción y preguntó dónde vivía el Santo Profeta Mohammad (sa). Al escuchar esto, su hermana sintió un arrebato de amor por su hermano y pidió sinceramente para que aceptara el islam, pero al mismo tiempo sabía que no podía perdonar que su hermano perjudicara de alguna manera al Santo Profeta (sa). Agarró el cuello de Hazrat Umar y con mucha emoción, que solo puede emanar de la verdadera fe y amor por el Santo Profeta (sa) dijo: “En primer lugar, jura que no te acercarás a Mohammad con ninguna mala intención. Con auténtica humildad, Hazrat Umar contestó: “Mi única intención es convertirme en musulmán”. Su hermana se alegró al oír esto e indicó a su hermano dónde se hallaba el Santo Profeta (sa). Hazrat Umar se acercó respetuosamente al Santo Profeta (sa) y aceptó el islam en un estado de total sumisión. Este fue, pues, el gran sacrificio realizado por una mujer, que derritió el corazón de su hermano y que celebraron los musulmanes, cantando en alabanzas a Al-lah: “Al-lahu Akbar”.

Otro ejemplo asombroso de fe se puede encontrar en la Batalla de Uhud. Durante aquella guerra, se rompieron los dientes benditos del Santo Profeta y corrió la noticia de que había sido martirizado. Cuando llegaron estas noticias a Medina las mujeres musulmanas salieron de sus viviendas y corrieron hasta el campo de batalla para averiguar la verdad sobre su maestro. En el camino, una mujer anciana preguntó desesperada a un compañero si el Santo Profeta (sa) estaba vivo. En respuesta, el compañero dijo: “Siento decir que tu marido ha muerto en la batalla. Ante esto, la mujer dijo: “No pregunto por mi marido, estoy preguntando por el Santo Profeta (sa)”. Entonces, el compañero dijo: “Lamento decirte que tu hermano también ha muerto”. Al oír esto, la mujer dijo: “No estoy preguntando sobre mi hermano, sino solamente sobre el Santo Profeta (sa)”. El compañero continuó diciendo: “Lo siento, pero tu hijo también ha sido asesinado”. Al oír esto, la mujer comentó desesperada: “No estoy preguntando por mi hijo, estoy preguntando si el Santo Profeta (sa) sigue vivo”.

Finalmente, el compañero le informó que los rumores respecto al Santo Profeta (sa) eran falsos y que estaba vivo. Con un suspiro de alivio, la mujer dijo: “No siento ningún dolor, pena o sensación de pérdida ante la muerte la muerte de nadie de mi familia, pues mi querido maestro, el Santo Profeta (sa) permanece vivo”.  Este era el amor puro y devoción profesados por la mujer musulmana de aquella época hacia el Santo Profeta (sa). Estas eran las mujeres que estaban dispuestas a cualquier sacrificio por la causa del islam y sus nombres han quedado registrados en la historia como ejemplos para la posteridad.

Se me ha informado recientemente sobre una mujer áhmadi de otro país que afirma que cuando acude a las reuniones de lallna y hace la promesa, repite las palabras “por la causa de su fe y nación está dispuesta a sacrificar su vida, riqueza y tiempo”. Sin embargo, cuando se trata de disponerse a sacrificar a sus “hijos”, permanece en silencio pues dice que sus hijos es lo único que ella nunca puede sacrificar. Este es un ejemplo de debilidad de fe.  Al final, la fe de esta persona se debilitará cada vez más y en realidad nunca conseguirá sacrificar su propia vida, riqueza o tiempo por la causa del islam. Recordad, al comprometernos en nuestro bai’at a dar prioridad a nuestra religión y fe sobre todos los asuntos mundanos, queremos significar que nuestro amor por Al-lah, por el Santo Profeta del islam (sa) y por nuestra religión debe estar por encima de cualquier cosa o de cualquier persona.

Además, en esta época, el Mesías Prometido dijo que después de desarrollar un verdadero amor por Al-lah y por el Santo Profeta (sa), sus seguidores también deben establecer un vínculo de amor con él. De este modo, si deseamos formar parte de la comunidad del Mesías Prometido, debemos manifestar nuestro amor por él cumpliendo las condiciones de nuestro bai’at y mostrar obediencia a sus enseñanzas. El Mesías Prometido dijo: “Deseo ver en mi Comunidad una transformación espiritual que distinga a los áhmadis de los demás. Si somos como el resto de los musulmanes, ¿qué ventajas tiene el hacer el bai’at? Si somos débiles e indolentes en nuestras oraciones como otros musulmanes, ¿de qué nos beneficiamos? Si nostramos debilidad y pereza al leer el Corán y no seguimos sus enseñanzas ¿cuál es el beneficio?”.

Por lo tanto, si según las enseñanzas del Santo Corán no vestís modestamente y no cumplís con los requisitos del pardah, ¿de qué os sirve vuestro bai’at? Si no cumplís vuestras responsabilidades dentro de vuestros hogares, ¿de qué os sirve vuestro bai’at? Y si no manifestáis en la práctica las enseñanzas del islam ni intentáis propagarlo, ¿de qué os sirve ser áhmadis? Por lo tanto, cada mujer áhmadi deberá reflexionar profundamente sobre su compromiso a dar prioridad a su fe por encima de todos los deseos materiales.

Cada una de vosotras debéis reflexionar constantemente si poseéis el mismo espíritu y devoción para servir a vuestra religión que el de las compañeras del Santo Profeta (sa). Debéis cuestionaros si poseéis el mismo amor verdadero y sincero por Al-lah el Todopoderoso y su Noble Mensajero que tenían los compañeros. Reflexionad sobre si habéis adquirido el conocimiento y percepción religiosa que se requiere para cumplir con vuestras obligaciones. Pensad sobre si sois un ejemplo para vuestros hijos y si los estáis educando del mismo modo piadoso en que los compañeros educaron a sus hijos.

Si la respuesta a estas preguntas es “no”, debéis sentir una gran preocupación, y también es causa de gran preocupación para toda la comunidad. Que quede claro que vosotras, nuestras mujeres y jóvenes áhmadis, no vivís vuestras vidas sin ningún objetivo, sino que más bien, todas tenéis objetivos muy elevados que, es mi deseo y plegaria que podáis entender y esforzaros en cumplir.

En esta época uno de los objetivos principales de nuestros miembros de lallna es el tabligh y para cumplir esta responsabilidad, en primer lugar, debéis reformaros. Debéis establecer a nivel personal el mejor ejemplo y cumplir con vuestras obligaciones para formar y educar moralmente a vuestros hijos y debéis ser su guía y hacerles mantener una relación con la comunidad desde una temprana edad.  Solo entonces conseguiréis desempeñar vuestras responsabilidades en el campo del tabligh.

En esta época existe la necesidad urgente de que nuestras mujeres representen las verdaderas enseñanzas del islam y las propaguen a su alrededor. Sin ningún tipo de temor o complejo, debéis propagar el islam a través de la práctica de sus enseñanzas. Si se alega que el islam no otorga a las mujeres libertad o que están oprimidas por los hombres, es vuestra obligación mostrar al mundo que el islam os ha concedido una auténtica libertad, y una verdadera percepción.

Es vuestra obligación mostrar al mundo que ninguna restricción existente os ha sido impuesta por los hombres, sino que la adoptáis voluntaria y libremente tras observar las magníficas enseñanzas del islam. Si no deseáis mezclaros libremente con los hombres o sentaros a su lado, es una decisión vuestra adoptada por propia voluntad con el fin de preservar vuestro honor y dignidad. Si decidís no estrechar las manos de los hombres, es porque vuestro corazón exige que sigáis las enseñanzas del islam, las cuales proporcionan una verdadera dignidad para las mujeres. Esta conducta no se basa en las demandas de los hombres, sino que es el resultado de vuestra libertad en adoptar vuestras propias decisiones y es un símbolo de la verdadera independencia.

Recordad que libertad no significa seguir a la muchedumbre e inclinarse a las influencias de la sociedad no es libertad, sino que más bien, libertad es poseer la fuerza para seguir vuestras propias creencias y obrar según vuestras propias convicciones. Hasta que la voz de vuestra conciencia no emita un amor puro por Al-lah el Todopoderoso y Su Mensajero, al igual que la hermana de Umar, no podréis ejercer vuestra influencia en el mundo y no podremos producir la revolución espiritual que ha de ocurrir.

Como ya he mencionado, en esta época nuestras mujeres deben propagar el islam, y especialmente cuando se trate de asuntos de mujeres, es mucho más efectivo que respondan las mujeres a que lo haga cualquier hombre en su lugar. Todas las mujeres deberán prestar mucha atención a esto e intentar aumentar el conocimiento de su fe para que sean capaces de refutar las acusaciones dirigidas hacia el islam y estén dispuestas para realizar todo tipo de sacrificios por su religión.

Por lo tanto, os pido que comprendáis y asumáis vuestras responsabilidades y cumpláis la promesa de educar moralmente a la siguiente generación de la mejor forma y atraer a vuestros hijos hacia la comunidad. Os pido que estéis dispuestas a propagar las enseñanzas del islam a través del tabligh dentro de vuestros propios círculos, y especialmente entre las mujeres.

Si comprendéis vuestras responsabilidades, estoy seguro que tendréis éxito como madres y tendréis éxito como mujeres áhmadis musulmanes, que estarán dispuestas a realizar cualquier sacrificio para dar prioridad a su fe sobre todos los asuntos mundanos.

Si entendéis vuestras obligaciones, estoy seguro que tendréis éxito a la hora de extender el mensaje del Islam Ahmadía por todas partes. Solo entonces habréis cumplido con los requisitos y obligaciones de vuestro bai’at.

Que Dios os ayude a ello. Que Dios continúe bendiciendo a Lallna Imail-lah UK y a todas las organizaciones de lallna de todo el mundo. Amin. Uníos ahora a mí en oración silenciosa”.

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