En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Al contestar a esta pregunta, se ha de recordar que el análisis retrospectivo de la civilización y la cultura de distintos países muestra que éstos han atravesado muchos períodos distintos, habiendo alcanzado en algunos un nivel de desarrollo tal que parecen diferir poco de nuestra propia era. Dejando a un lado los avances mecánicos del mundo moderno, los logros de algunos períodos anteriores de la historia humana se parecen mucho a los logros de nuestra era. Tales semejanzas existen tanto en la civilización como en la cultura. Pero profundizando más en el tema, encontramos dos diferencias importantes entre los períodos antiguos y modernos.

Antes de describir estas dos diferencias, quisiéramos dejar claro lo que entendemos por “civilización” y “cultura”. Para nosotros, “civilización” es un concepto totalmente materialista. El progreso material produce cierta uniformidad y, cierta comodidad en las actividades humanas. Esta uniformidad y, esta comodidad, constituyen la civilización. La producción que resulta del trabajo humano y, los medios de transporte necesarios para llevar esta producción de un sitio a otro, constituyen un adelanto de la civilización. Del mismo modo, todos los métodos que se inventen para la transferencia de mercancías de mano en mano, todos los sistemas que se implanten para fomentar la enseñanza, la industria, la investigación científica, constituyen un avance de la civilización. Todo lo que se haga para mantener la seguridad interior y, la defensa contra la agresión exterior, constituye la civilización. Todos éstos son factores que influencian las actividades humanas. Un país avanzado con respecto a tales factores confiere a sus habitantes un modo de vida cotidiana que difiere mucho del de otros países. Es esta diferencia la que constituye una diferencia de civilización. En un país cuyo sistema agrícola se encuentra poco desarrollado, la alimentación diaria de los habitantes será totalmente distinta de la de un país con un sistema agrícola desarrollado. Este último fomenta el consumo de diversos tipos de alimento. Intenta satisfacer tanto la variedad de necesidades como la variedad de gustos. Pero un país en el que el sistema agrícola se encuentra poco desarrollado no podrá proveer tal variedad de alimentos. No se ocupará de diferencias individuales respecto a la salud física o al refinamiento de los gustos. Se proveerá el alimento que produzca el país como unidad, sin alternativas, o cuando más con una selección muy limitada. Del mismo modo, un país con un bajo nivel de desarrollo industrial no se puede comparar con otro que tenga un alto nivel de desarrollo industrial en cuanto a ropa, vivienda y otros accesorios de una vida cómoda. El primero no estará en condiciones de suministrar tela suficiente a sus habitantes. Y ni siquiera se planteará la posible variedad del corte de la tela. Los habitantes de tal país no sabrán lo que es una chaqueta, ni mucho menos los distintos tipos de chaqueta para distintas ocasiones. Incluso una camisa supondrá para ellos un lujo. Los zapatos de piel de cabra les serán inconcebibles. Insistir en calzado de piel sin curtir supondrá un lujo. Incluso la idea de calzado les resultará extraña. Los habitantes irán descalzos, o se contentarán con un pedazo de cuero sin curtir y sin forma, atado a los pies. Nos referimos a tales cuestiones sólo de forma incidental. No podemos entrar en detalles, pero se necesitan pocos detalles para comprobar que tales diferencias en la forma exterior de vida tienen su origen en el grado diferente de progreso alcanzado por los distintos pueblos en materia de agricultura, industria, ciencia y educación. Tan grandes son estas diferencias que los que se han acostumbrado a cierta forma de vida, no tendrán ningún deseo de asociarse con otros, acostumbrados a otra forma de vivir. Éstas son las diferencias que, para nosotros, constituyen diferencias de civilización y, de ellas dependen en gran parte las cuestiones de guerra y de paz. Son estas diferencias las que, a largo plazo, dan lugar a ambiciones imperialistas y a la sed de poder.

La cultura es distinta de la civilización. La relación entre la cultura y la civilización es exactamente igual que la relación que existe entre el alma del hombre y su cuerpo. Las diferencias de civilización son, en última instancia, diferencias de progreso material; pero las diferencias de cultura surgen a raíz de las diferencias de progreso espiritual. Puede decirse que la cultura de un pueblo se ve constituida por aquellos ideales e ideas que se desarrollan bajo la influencia de enseñanzas religiosas o éticas. Una enseñanza religiosa provee los cimientos. Los seguidores de esta enseñanza construyen, después, sobre estos cimientos. Al hacerlo, puede que los seguidores se alejen de la enseñanza original pero nunca pierden contacto por completo con los cimientos. El hombre que dibuja el plano de un edificio puede desviarse todo lo que quiera del plano original, pero nunca puede ignorar lo principal del plano. Del mismo modo, las religiones y las ideologías nos proveen los planos para vivir. Lo que los devotos de tales religiones e ideologías construyen a partir del plano original evoluciona hacia modelos distintos de arte y moralidad, de modo que el observador se ve obligado a clasificar los seguidores de distintas religiones en categorías distintas. Éstas son diferencias de cultura. Las diferencias de cultura han adquirido hoy una importancia considerable. Hoy es muy normal preconizar y atribuirse tolerancia y liberalidad. Pero a pesar de esto, un cristiano de nombre -es decir, un ateo- se asociará más fácilmente con un cristiano fanático que con un musulmán de nombre -es decir, un ateo- o con un musulmán fanático. No cabe duda de que en nuestra era las relaciones mutuas entre los pueblos se ven dominadas por intereses políticos que surgen a raíz de diferencias de civilización. Pero las diferencias culturales no son menos importantes. Un musulmán europeo se muestra muy cordial hacia un musulmán asiático; la cordialidad que muestra hacia otro musulmán, no la muestra nunca hacia otro europeo. Un cristiano intransigente europeo muestra mayor amistad hacia un ateo americano. ¿Se debe esto estrictamente a un prejuicio religioso? No. Si no operase en esto más que el factor religioso, el cristiano se encontraría más cerca del corazón del musulmán que del de un ateo. La verdad es que entre cristianos, aunque uno de ellos sea ateo, existen lazos culturales, o lo que podríamos denominar una cultura cristiana. El ateo cristiano no es cristiano en cuanto a sus creencias religiosas se refiere, pero sus actos y emociones no se encuentran libres de la influencia de la cultura cristiana. Las influencias que se transmiten a lo largo de muchas generaciones no se destruyen fácilmente. Un artista cristiano que se haya convertido en ateo en sus creencias, siempre revelará en sus cuadros y su música la influencia cristiana. De hecho, si no fuera por esta influencia, su arte parecería esta tan fuera de lugar como cardos en una rosaleda.

Distintos períodos de civilización y cultura

Quisiéramos señalar ahora que los períodos de civilización y de cultura vienen a veces aislados y a veces combinados, a veces separados y otras veces simultáneamente. A veces una nación alcanza un alto grado de civilización, pero no una gran cultura. A veces se consigue una gran cultura, pero no un alto grado de civilización. Roma, en la época de su gloria, fue portadora de una gran civilización, pero no tenía cultura. Su arte y su filosofía no se derivaban de ninguna ideología fundamental. Cada individuo tenía libertad para desarrollarse como quisiera y, de interpretar la vida sin referencia a ningún principio básico o general. Durante los primeros siglos de su existencia, el cristianismo no dio al mundo ninguna civilización, pero sí proporcionó una cultura muy elevada, una cultura que surgía de una percepción determinada de la vida y, que por lo tanto poseía sus propias características distintivas. Las actividades de los primeros cristianos estaban condicionadas por ciertos principios, sus vidas definidas de acuerdo con ciertos límites. Estos principios y límites fueron establecidos para ellos por su doctrina religiosa. Por otra parte, los principios y los límites dentro de los cuales operaba la mente romana fueron dictados por necesidades materialistas. En resumen, la antigua Roma fue un ejemplo excelente de una civilización y, el cristianismo primitivo de una cultura. Más tarde, la civilización y la cultura de Roma se fueron entremezclando. Cuando Roma se convirtió al cristianismo, tuvo al mismo tiempo una civilización y una cultura, pero la civilización quedó subordinada a la cultura. Actualmente, Europa posee tanto una civilización como una cultura, pero debido al predominio de concepciones materialistas, su cultura ha quedado subordinada a su civilización. El estudio de la historia del mundo nos demuestra que las épocas en las cuales la religión ha logrado promover una verdadera filosofía moral, o una verdadera cultura, se parecen mucho a nuestra propia época.