En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Discurso del Jalifa  de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el Simposio por La Paz de Calgary (Canadá)

El 11 de noviembre de 2016, el Jefe Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Quinto Jalifa (Califa), Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, pronunció el discurso principal en el Simposio de la Paz de Calgary, organizado por la Comunidad Musulmana Ahmadía de Canadá.

Asistieron al evento más de 800 personas, incluyendo a más de 650 dignatarios e invitados, entre ellos el ex primer ministro de Canadá, el honorable Stephen Harper, el alcalde de Calgary, Naheed Nenshi, el ministro provincial de Servicios Humanos, Irfan Sabir y el diputado federal, Darshan Kang. También asistieron varios representantes de alto nivel de la comunidad de las Primeras Naciones, destacados académicos y medios de comunicación.

Presentamos a continuación el discurso magistral pronunciado por Su Santidad en esta ocasión.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V, líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo:

Bismillahir Rahmanir Raheem – en el Nombre de Al-lah, el Compasivo, Siempre Misericordioso.

A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatul-lahe Wa Barakatohu – la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes.

En primer lugar me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecerles a todos por asistir al evento de hoy. Nuestros responsables ahmadíes locales aquí en Canadá me han pedido que les hable hoy sobre los medios y los modos de establecer la paz mundial. Ciertamente, todos aprecian que el mundo tiene una gran necesidad de paz y de armonía, pero a pesar de comprenderlo esto, parece como si la gente no estuviera dispuesta a tomar las medidas necesarias para lograrlo. Es muy fácil hablar de luchar por la paz, pero la verdad es que los esfuerzos que se están haciendo en este sentido no son suficientes.

Lamentablemente, en muchas partes del mundo se da una prioridad mucho mayor, directa o indirectamente, a afirmar la dominación y la supremacía sobre los demás, y a satisfacer el anhelo de poder y de autoridad. Al escuchar esto, algunos de ustedes pueden cuestionar lo que un líder musulmán pueda decir acerca de establecer la paz mundial, dado que el trastorno en el mundo de hoy gira principalmente alrededor de los países musulmanes o los llamados grupos islámicos. De hecho, en aras de la equidad y el equilibrio, no puedo negar el hecho de que los conflictos y las guerras de hoy se centran realmente en ciertos países musulmanes.

Sin duda, los actos malvados de ciertos grupos llamados “islámicos” han causado que se difunda el miedo y el pánico en el mundo no musulmán. La gente en Occidente está cada vez más asustada del Islam y lo consideran una amenaza para su civilización y su forma de vida. En consecuencia, entiendo que algunos de ustedes consideren una extraña paradoja el que un líder musulmán esté aquí para hablarles sobre el desarrollo de la paz mundial. Sin embargo, antes de emitir un juicio, es esencial que las personas se familiaricen con las verdaderas enseñanzas del Islam. Nadie debe suponer que los actos de los extremistas o los terroristas están de acuerdo con el Islam.

El Islam que conozco y practico está basado en las enseñanzas del Sagrado Corán, el libro más sagrado y santo para todos los musulmanes; y en la vida y en las enseñanzas del Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él).

Por lo tanto, en el tiempo disponible, voy a presentar estas enseñanzas islámicas originales, para que ustedes puedan hacer un juicio informado sobre si el Islam promueve la violencia y la división, o si es una religión que fomenta la tolerancia y el respeto mutuo en toda la sociedad. En primer lugar, voy a mencionar un principio de oro para el establecimiento de la paz que está consagrado en el capítulo 16, versículo 91 del Sagrado Corán, donde Al-lah el Todopoderoso dice:

“En verdad, Al-lah les ordena permanecer en la justicia y dispensar un trato amable, y dar como se da a los parientes…”

Por lo tanto, el Corán no sólo invita a los musulmanes a ser justos y equitativos, sino que ha establecido un estándar mucho más alto en el trato con los demás. Donde Al-lah, el Todopoderoso dice, “dar como se da a los parientes”, requiere que un creyente favorezca a otros y siempre les desee lo mejor. Requiere que los musulmanes traten a todas las demás personas como a sus familiares cercanos. Obliga a que se esfuercen por amar a los demás sin ningún deseo de recompensa, igual que una madre ama desinteresadamente a su hijo. Además, el Corán no dice que un musulmán debe tratar sólo a sus compañeros musulmanes de esta manera, sino que dice que deben amar a “los demás” y esto incluye tanto a los musulmanes como a los no musulmanes.

Sin embargo, cuando vemos el estado actual de ciertos países musulmanes, está claro que esta enseñanza islámica ha sido completamente ignorada. Muchos gobiernos musulmanes no han cumplido con los derechos de su pueblo, y esto ha llevado a que se desarrollen frustraciones a largo plazo, profundamente arraigadas entre la gente. Como resultado, se han formado grupos rebeldes y terroristas, y todas las partes han sido culpables de infligir los más horrendos actos de crueldad. Naciones que antes eran exitosas se han desgarrado y visto inmersas en calamitosas guerras civiles.

Tanto este conflicto como la guerra se basan en el hecho de que la mayoría de los musulmanes han olvidado las verdaderas enseñanzas de su religión, y no están cumpliendo con los derechos de los demás. En lugar de manifestar justicia e integridad, sólo están motivados por la codicia y el deseo de poder. Trágicamente, el resultado final es que la paz se está erosionando, mientras que la inquietud se atrinchera entre las masas.

En relación con las normas de justicia que defiende el Islam, en el capítulo 4, versículo 136 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso dice:

“¡Oh ustedes, los que creen! sean estrictos en la observancia de la justicia, actuando de testigos por la causa de Al-lah, aunque sea contra ustedes mismos, sus padres y familiares. Sea rico o pobre, Al-lah está más atento a ambos que ustedes. No sigan pues los bajos deseos para que puedan actuar con equidad. Y si ocultan la verdad o la eluden, recuerden que Al-lah conoce muy bien todo lo que hacen”.

Este versículo demuestra el hecho de que las enseñanzas del Islam nunca son crueles o injustas; por el contrario, se basan en estándares incomparables de imparcialidad, por los cuales el Corán declara que una persona debe estar lista para testificar contra sí misma o sus seres queridos para sostener la verdad. Es muy fácil decir que “estoy listo para declarar en contra de mí mismo”, sin embargo, estar prácticamente a la altura de este estándar es increíblemente difícil. Sin embargo, este es el objetivo y el desafío que Al-lah el Todopoderoso ha hecho recaer sobre los musulmanes, mediante el que afirma que no puede tener lugar una verdadera justicia hasta que la persona esté dispuesta a dejar de lado todos sus intereses personales.

Si se practica, este principio único es el medio de establecer la paz, no sólo en los países musulmanes, sino en cada villa, cada pueblo, cada ciudad y cada nación del mundo. Cuando comúnmente se afirma que el Islam promueve el extremismo, tal alegato se basa en la ignorancia y en la falta de comprensión de sus verdaderas enseñanzas. Una persona que reflexiona y que medita sobre las enseñanzas del Islam de manera justa, verá que estas son diametralmente opuestas a todas las formas de crueldad, prejuicio y mal. El Islam establece las bases para la paz en todos los niveles de la sociedad y esto incluye la relación entre las propias naciones. Por lo tanto, en el capítulo 49, versículo 10, Al-lah el Todopoderoso dice:

“Mas si dos grupos de creyentes luchan mutuamente, establezcan la paz entre ellos; si, después de eso, uno de ellos trasgrede contra el otro, combatan al grupo trasgresor hasta que vuelva al mandamiento de Al-lah. Luego, si retorna, establezcan la paz entre ellos con equidad, y actúen con justicia. En verdad, Al-lah ama al justo.”

En este versículo, Al-lah ha declarado que si dos partidos o naciones están en un estado de conflicto, entonces sus vecinos y aliados deben tratar de lograr la reconciliación. Si no puede establecerse la paz a través del diálogo, entonces las otras naciones deben unirse contra todo el que esté perpetrando la injusticia y usar la fuerza para detenerlo. Personalmente, creo que este destacado principio del Corán no sólo es de valor para los musulmanes, sino que si fuera cumplido por las Naciones Unidas y por las principales potencias mundiales, sería un medio para estabilizar el mundo y desarrollar una paz sostenible.

Sin embargo, ni los países musulmanes, ni los países no musulmanes están buscando la paz en este sentido.

Por ejemplo, después de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial, este principio de mediación y resolución de conflictos no se observó, y esto condujo a agravios entre naciones que, desde entonces, han hervido a fuego lento. Por lo tanto, los esfuerzos que se hicieron para unificar el mundo frenando el crecimiento de los bloques y las alianzas opuestas, resultaron inútiles y fracasados. Esto que estoy diciendo no es un secreto ni algo nuevo. Por el contrario, en los últimos años, varios comentaristas y columnistas han criticado abiertamente a las organizaciones encargadas de mantener la paz y la seguridad mundiales, principalmente a las Naciones Unidas, y han dicho que no han cumplido sus objetivos debido a una falta inherente de equidad.

Además, para establecer una sociedad justa, el capítulo 5, versículo 9 del Sagrado Corán dice:

“¡Oh ustedes, los que creen! Sean perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no los incite a actuar con injusticia. Sean siempre justos, porque eso está más cerca de la virtud. Y teman a Al-lah. En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacen.

Este versículo establece que un musulmán tiene el deber de actuar de manera justa incluso con su mayor enemigo, y que la hostilidad o enemistad nunca debe llevar a una persona a buscar venganza. Al oír todo esto, algunos de ustedes pueden preguntarse: si realmente son éstas las enseñanzas del Islam, y si realmente es una religión de paz y de justicia, ¿cómo es que el concepto de la guerra y de la Yihad se asoció con los musulmanes? Para responder a esta pregunta, volveré a referirme al Corán mismo. La historia da fe del hecho de que tras su afirmación como Profeta, el Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y sus primeros seguidores fueron sometidos a trece años de crueldad incesante y de amarga persecución en la ciudad de La Meca.

En última instancia, se vieron obligados a emigrar a la ciudad de Medina buscando un respiro . Sin embargo, los no musulmanes de La Meca no solamente no les dejaron vivir en paz, sino que los persiguieron en Medina y les hicieron la guerra. Fue entonces, y sólo entonces, cuando Al-lah el Todopoderoso permitió a los musulmanes luchar por primera vez.

Este permiso para la guerra defensiva fue dado en el capítulo 22, versículo 40 del Sagrado Corán, que dice:

“Se da permiso para combatir a quienes son combatidos, porque han sido perjudicados – y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles.”

En el siguiente versículo, Al-lah el Todopoderoso aclaró y explicó ​​este tema. Así, el capítulo 22, versículo 41, el Sagrado Corán dice:

“Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: “Nuestro Señor es Al-lah” –y si Al-lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Mas Al-lah ayudará en verdad a quien Le ayude. Al-lah es ciertamente Fuerte, Poderoso-.”

Este versículo estipula que el permiso para luchar no les fue concedido a los musulmanes debido a la crueldad a la que se enfrentaron. Por el contrario, fueron instruidos a luchar para salvaguardar la sociedad en general, y para defender los derechos de todas las personas a profesar su fe y sus creencias, libremente y sin temor. Es una gran manifestación de las enseñanzas iluminadas del Islam que el Corán no les concedió permiso a los musulmanes para luchar para proteger al Islam, o por temor a que todas las mezquitas fueran demolidas. Por el contrario, se les concedió permiso para que protegieran a todas las religiones y a todos los lugares de culto, ya fueran iglesias, templos, sinagogas, mezquitas o de cualquier otro tipo.

Así, los primeros musulmanes no arriesgaron sus vidas para defenderse, sino para proteger a la humanidad misma, y para mantener los valores universales de libertad de conciencia y de creencia. Esos musulmanes arriesgaron sus vidas para oponerse a la mano de la opresión que intentó destruir la paz del mundo. Por otra parte, la historia islámica da testimonio del hecho de que cuando ocurrieron tales guerras defensivas, el Santo Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) estableció reglas extremadamente estrictas de compromiso para asegurarse de que los ejércitos musulmanes no perpetraran crueldad alguna.

Él específicamente instruyó que las iglesias, las sinagogas, los templos y todos los otros lugares de culto religioso nunca fueran elegidos como blancos de ataques. Del mismo modo, a los musulmanes no se les permitió atacar a sacerdotes, rabinos o líderes religiosos. Tampoco se hacía daño a las mujeres, los niños o los ancianos; ni tampoco se destruían las cosechas, ni los árboles. Es un hecho histórico que el Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), sus cuatro sucesores bien guiados, y posteriormente, los gobernantes musulmanes que siguieron las verdaderas enseñanzas del Islam, siempre honraron y protegieron la santidad de todos los lugares de culto religioso de todas las religiones.

De hecho, sigue siendo obligatorio para todos los musulmanes respetar tales principios porque el capítulo 2, versículo 191 del Sagrado Corán dice:

“Y luchen en la causa de Al-lah contra los que luchan contra ustedes, pero no sean transgresores. En verdad, Al-lah no ama a los transgresores.”

Esta instrucción, muy clara y categórica, establece las condiciones para la guerra en el Islam. Requiere que los musulmanes nunca deben hacer la guerra o adoptar medidas agresivas. Por lo tanto, aquellos que afirman que el Islam permite la beligerancia o una Yihad violenta están completamente equivocados. Además, el capítulo 8, versículo 62 del Sagrado Corán dice que los musulmanes deben estar listos para aprovechar todas las oportunidades de paz y de reconciliación, sin importar las circunstancias. En este versículo, Al-lah el Todopoderoso declara: “Pero si se inclinan hacia la paz, inclínate tú también hacia ella y deposita tu confianza en Al-lah. En verdad, Él es Quien todo lo oye, el Omnisciente.”

Esto significa que un musulmán debe buscar siempre todas las vías posibles hacia la paz. Por ejemplo, un llamamiento para un alto el fuego puede tratarse simplemente una táctica militar con el fin de conseguir algo de tiempo para reagruparse, o prepararse para nuevos ataques agresivos. Así, en el capítulo 8, versículo 63 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso declara:

“Pero si pretenden engañarte, en verdad Al-lah te basta. Él es Quien te ha fortalecido con Su ayuda y con los creyentes.”

En consecuencia, aunque se tema que los adversarios puedan estar involucrados en ese engaño, al musulmán se le dice que deje de lado esos temores y deposite su confianza en las Manos de Dios Todopoderoso. A la luz de todo lo que he presentado, ¿todavía se puede sugerir que el Islam es una religión extremista y violenta? Claramente la respuesta a esto es ‘No’. Por el contrario, se ha mostrado claramente que si los musulmanes de hoy están perpetrando brutalidades y realizando actos indescriptibles, están violando las enseñanzas del Islam. Por lo tanto, ¿cómo podría ser permisible que los musulmanes entraran en tierras extranjeras para participar en crueles asesinatos y salvajismos despiadados? Por otra parte, si bien algunas personas pueden aceptar que las enseñanzas del Islam son pacíficas, pueden, no obstante, cuestionar si tales enseñanzas fueron practicadas e implementadas durante la época del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él).

A este respecto, ustedes no tienen que confiar en mi palabra, sino ver lo que tienen que decir acerca de él y sus compañeros los historiadores no-musulmanes y orientalistas, quienes estudiaron cuidadosamente la era del Fundador del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él). Por ejemplo, Stanley Lane-Poole, orientalista y arqueólogo británico, que también fue profesor de estudios árabes en la Universidad de Dublín, escribió sobre la conducta del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) después de su victorioso regreso a su ciudad natal de La Meca, después de años de persecución. El profesor Stanley Lane-Poole escribió:

“El día del mayor triunfo de Muhammad sobre sus enemigos fue también el día de su victoria más grande sobre sí mismo… Él perdonó libremente a los Quraish todos los años de dolor y de cruel desprecio que le habían infligido, y otorgó una amnistía a toda la población de La Meca. El ejército siguió su ejemplo y entró en silencio y en paz. Ninguna casa fue robada, ninguna mujer insultada… Fue así como Muhammad entró nuevamente en su ciudad natal. A través de todos los anales de las conquistas, no hay entrada triunfante comparable a ésta.”

Por lo tanto, el escritor da testimonio del hecho de que en el momento del triunfo, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) no buscó la gloria ni buscó la venganza contra los que lo habían atormentado a él y a sus seguidores. Por el contrario, su respuesta fue conceder perdón a todos y a cada uno por igual. Por lo tanto, permítanme volver a ser categóricamente claro en que aquellos que realizan actos de terrorismo  o extremismo están directamente contraviniendo las enseñanzas del Sagrado Corán y la práctica del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él).

Donde el Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) perdonó a los que lo torturaron a él y a sus seres queridos, los llamados “musulmanes” de hoy son las personas que persiguen y matan sin piedad a individuos inocentes. Sin embargo, también es pertinente mencionar que las guerras que se están librando en el mundo musulmán de hoy están siendo alimentadas, de manera abierta o encubierta, desde fuera de la región. Ninguno de los gobiernos musulmanes, ni grupos rebeldes ni organizaciones terroristas tienen la capacidad de fabricar la gama de armas extremadamente destructivas y sofisticadas que están utilizando. Por lo tanto, la gran mayoría de las armas que se utilizan en países como Siria e Irak se importan del extranjero, y por eso las naciones que están fabricando esas armas tan letales y comerciando con los estados musulmanes, también deben asumir su parte de responsabilidad por el desorden actual.

Muchos analistas y expertos han demostrado sin lugar a dudas que las armas utilizadas por el grupo terrorista “Daesh” y por otros grupos rebeldes o extremistas fueron producidas originalmente en Occidente o en Europa del Este. En consecuencia, en vez de poner fin a las guerras que asolan al mundo musulmán, las grandes potencias están echando leña al fuego. En lugar de priorizar la paz, han buscado continuamente influir e incluso beneficiarse de la guerra. Hubiera sido mucho mejor que cuando estallaron guerras civiles o conflictos en los países musulmanes, hubieran intervenido solamente los países vecinos, y asumieran la responsabilidad de restablecer la paz en su región.

Sin embargo, la política exterior y los intereses comerciales de las grandes potencias dictan lo contrario. Por ejemplo, varias naciones occidentales han continuado vendiendo armas pesadas por valor de miles de millones de dólares a Arabia Saudita, a pesar de que esas mismas armas están siendo utilizadas para infligir crueldades devastadoras a la pequeña nación árabe del Yemen. Los disparos y los bombardeos indiscriminados están acabando con millones de vidas, destruyendo pueblos y ciudades, y causando la muerte de miles de personas absolutamente inocentes. Incluso han sido blanco de ataques lugares de refugio como los hospitales.

Lo mismo ocurre en Siria e Irak, donde han sido atacados los médicos y las enfermeras que han asumido con valentía el deber de tratar de ayudar a las víctimas de esas guerras. Del mismo modo, los lugares de culto religioso están en el punto de mira de forma rutinaria, al igual que los edificios residenciales de varios pisos en los que están siendo asesinados inocentes mujeres y niños. ¿Cómo se puede justificar esto? ¿Cómo puede ser tolerado en estos tiempos? ¿Y, cuál es el resultado final de estas políticas injustas? El resultado es que la juventud de esas naciones se está radicalizando. Habiendo perdido toda la esperanza por su propio futuro, reaccionan perpetrando horribles actos de terrorismo en Occidente contra aquellas naciones que creen que han jugado un papel protagónico en su miseria. Por lo tanto, repito, el mundo necesita urgentemente la paz. Hoy se conmemora el día en el que se recuerda a los caídos en las dos guerras mundiales aquí en Canadá, y también en muchas otras partes del mundo, y cuando nos fijamos en la Segunda Guerra Mundial, vemos cómo perdieron la vida alrededor de 70 millones de personas.

Incluso después del paso de muchas décadas, cuando las personas reflexionan sobre la destrucción y las brutalidades que tuvieron lugar entonces, sienten correr un escalofrío por la columna vertebral. Esa fatídica guerra nos enseñó que la guerra moderna no está alineada con la religión, sino que es la culminación de la codicia y de una inagotable sed de poder. También fue una guerra en la que el mundo tuvo que lidiar por primera vez con el uso de armas nucleares. Ruth Cranston, prominente autor del siglo XX, escribió sobre su utilización por parte de los Estados Unidos, y al comparar esta gravísima crueldad con el ejemplo del Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), escribió lo siguiente en 1949:

Muhammad nunca instigó la lucha y el derramamiento de sangre. Cada batalla que luchó fue para repeler un ataque. Luchó defensivamente para sobrevivir… y luchó con las armas de moda en su época…

…Ciertamente ninguna nación cristiana de 140 millones de personas que hoy elimina a 120.000 civiles indefensos con una sola bomba, puede mirar de soslayo a un líder que en el peor de los casos mató a unos quinientos o seiscientos.

Esta no es la declaración de un musulmán, o alguien propenso al prejuicio, sino que fue hecha por un autor no musulmán justo y respetado. La realidad es que las guerras que se están llevando a cabo hoy, no se combaten por razones religiosas, sino que se luchan por fines geopolíticos y en aras de obtener riqueza y poder. En ese momento de la Segunda Guerra Mundial, sólo Estados Unidos poseía armas nucleares, mientras que en la actualidad las han adquirido muchas naciones, entre ellas algunos países extremadamente pequeños, por lo que también existe un riesgo creciente de que tales armas terminen en manos de grupos terroristas de gatillo fácil.

En consecuencia, no hay duda de que el mundo está en el precipicio de una gran catástrofe. Los nubarrones que están avisándonos sobre una Tercera Guerra Mundial se están poniéndo cada día más oscuros. Los efectos de esa guerra durarán por décadas. Es más que probable que nazcan niños lisiados o con defectos genéticos, generación tras generación, debidos a los efectos duraderos de la radiación. Tal es la necesidad urgente que tiene esta época de que la humanidad trabaje en pos de salvaguardar nuestro futuro.

En lugar de culpar solamente a los musulmanes por el desorden global, las grandes potencias del mundo también deberían dar un paso atrás y mirarse a sí mismas. En lugar de políticos que buscan la propaganda, y que declaran sus intenciones de prohibir el ingreso a los musulmanes en sus naciones, el mundo necesita líderes que sean sinceros en sus esfuerzos para salvar las diferencias que nos dividen.

En lugar de codiciar la riqueza y los recursos de los otros, las potencias mundiales deben concentrar todas sus energías en asegurar la prosperidad continua de la humanidad. Nuestros principales objetivos deberían ser proteger a nuestras futuras generaciones de las peligrosas consecuencias de la guerra y del derramamiento de sangre. Por lo tanto, los gobiernos y los responsables políticos deben darse cuenta del inmenso peso de responsabilidad que tienen como custodios del mundo. Deben esforzarse arduamente para que aquellos que nos siguen no nazcan discapacitados o criados en un mundo quebrado, sino que nazcan sanos, felices y en un mundo de creciente paz y armonía.

Esto sólo puede suceder si prevalece la justicia absoluta sobre todas las formas de codicia, basada en el espíritu del desinterés. Que Al-lah conceda sentido y sabiduría a aquellos que promueven las guerras y les permita comprender las consecuencias de sus actos, antes de que sea demasiado tarde. Que los pueblos del mundo reconozcan a su Creador y lleguen a comprender la importancia de luchar por la paz y de cumplir con los derechos de unos y otros. Que Al-lah nos permita a todos ser testigos de un futuro mejor y más brillante para la humanidad, Amén.

Con estas palabras, les doy las gracias una vez más por aceptar nuestra invitación esta noche. Muchas gracias.