El Dilema Islámico: ¿Debemos Temer a La Religión De La Paz?

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Discurso de Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder mundial de la Comunidad musulmana Ahmadía, a los invitados alemanes en el segundo día de la Convención Anual (Yalsa Salana) de Alemania.

Tras la recitación del Tashhahud, Ta’awwuz y Bismillah, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V, dijo:

“A todos los invitados: Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatohu, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con ustedes. En primer lugar, me gustaría expresar mi sincera gratitud a todos los invitados no áhmadis que están participando en esta Convención Anual a pesar de no ser miembros de nuestra comunidad.

Hoy, durante mi discurso, hablaré brevemente acerca del fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz sea con él) y su incomparable esfuerzo por establecer la paz en el mundo. Es posible que os sintáis sorprendidos o estupefactos al oír esto, ya que actualmente vemos que muchos supuestos “musulmanes” están destruyendo la paz del mundo y tratan de justificar sus actos extremistas en nombre del Sagrado Corán y del Santo Profeta Muhammad (la paz sea con él). Al mismo tiempo que perpetran el terror y la violencia más crueles, reclaman que están actuando según las verdaderas enseñanzas del Islam.

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De nuevo os sentiréis sorprendidos cuando escuchéis que el desorden y el extremismo que están causando estos supuestos “musulmanes” en el mundo no hace sino incrementar mi fe en el Islam, al igual que la fe de cada musulmán áhmadi. Es posible que esto os resulte confuso, y os preguntéis por qué aumenta la fe de los musulmanes áhmadis al presenciar actos terroristas de otros “musulmanes”. Quizá penséis o temáis que los musulmanes áhmadis son semejantes a aquellos otros que apoyan el terrorismo. Sin embargo, esta suposición es totalmente falsa.

Por tanto, dejadme aclarar en primer lugar que los esfuerzos de los musulmanes áhmadis por promover la paz en el mundo son completamente sinceros, y siempre tratamos de practicar aquello que predicamos. Somos iguales por dentro y por fuera, y vivimos nuestras vidas según lo que nuestros corazones consideran que es el verdadero Islam. También me gustaría aclarar que cuando un musulmán áhmadi promueve enseñanzas de paz, seguridad y amor para todos, no está presentando nada nuevo sino que únicamente manifiesta las verdaderas enseñanzas del Islam. El Islam es una religión de paz, armonía, tolerancia y compasión en todas sus facetas.

En verdad que sólo por las enseñanzas del Islam los musulmanes áhmadis muestran sentimientos de amor a todas las personas, ya sean musulmanes o no musulmanes. Y el Islam es la única razón por la que deseamos la paz verdadera en el mundo, y hacemos todo el esfuerzo posible por conseguirlo. En cuanto a lo que he comentado anteriormente, no deseo mantener, sin razón, la confusión o la curiosidad respecto a este dilema o contradicción aparente, en el que por un lado los musulmanes áhmadis dicen que condenan los actos terroristas de los demás “musulmanes”, mientras que por el otro dicen que tales actos son un medio para incrementar su fe en el Islam.

Para poder aclarar y explicar esto, me gustaría retrasar el reloj 1400 años, hasta la época del fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz sea con él). En aquella época él hizo una gran profecía sobre el futuro. Dijo que una época de oscuridad espiritual se abatiría sobre los musulmanes y que su fe se volvería corrupta. En dicha época las acciones de los musulmanes estarían en contradicción con las enseñanzas originales del Islam. Advirtió que los supuestos clérigos religiosos musulmanes y sus líderes interpretarían las enseñanzas islámicas de manera errónea, y su actitud sólo conduciría a la propagación del desorden y la injusticia. Sin embargo, al predecir este estado desesperado de los musulmanes, el Santo Profeta (la paz sea con él) también dio la buena nueva de que en esa época de desorden y discordia, Al-lah el Todopoderoso enviaría a una persona que  reviviría el Islam y promovería sus verdaderas enseñanzas. Sería enviado como el Mesías Prometido y el Imam Mahdi (el Guiado) y restablecería las enseñanzas pacíficas y originales del Islam por todo el mundo. Guiaría a la humanidad con la luz espiritual verdadera del Islam.

Por la Gracia de Al-lah, hoy podemos ver como ambas partes de esta gran profecía se han cumplido. Mientas que por un lado, el Islam se ha corrompido y sus enseñanzas se han distorsionado, por otro lado, Dios Todopoderoso ha enviado al Mesías Prometido e Imam Mahdi que fundó la Comunidad musulmana Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él). Durante su vida iluminó al verdadero Islam y presentó sus magníficas enseñanzas al mundo. Mostró que el Santo Profeta (la paz sea con él) fue, en verdad, el más sobresaliente abanderado de la paz en la historia de la humanidad. Por lo tanto, la razón por la cual la fe de los musulmanes áhmadis aumenta al ver los horribles actos de los supuestos musulmanes de hoy en día es el cumplimiento de esta gran profecía.

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Tras esta introducción, me gustaría presentar brevemente las verdaderas enseñanzas del Santo Profeta (la paz sea con él) que manifiestan sus esfuerzos incomparables por establecer una paz duradera en el mundo. Un punto básico e significativo que el Santo Profeta (la paz sea con él) nos enseñó es que las actitudes y las prioridades varían de persona en persona. Mientras que es cierto que la mayoría de la gente desea la paz, también es cierto que muchos individuos sólo dan preferencia a su propia paz y seguridad. No tienen en consideración el bienestar de los demás. El estudio de la psicología humana nos enseña que mientras que cada individuo desea poder vivir en paz y comodidad, la mayoría de las personas no desean que sus oponentes o enemigos puedan vivir en paz y con alegría.

También es cierto que la gente valora de forma diferente a la paz. Por ejemplo, algunas personas sólo se preocupan por la paz y el bienestar de su propia mente y corazón. Otras dan prioridad a la paz de su hogar, mientras que otros desean la paz en su vecindad. Algunas personas priorizan la paz de sus pueblos o ciudades, mientras que otras desean la paz de su nación. Pero fuera de su propio entorno, muchas personas no tienen consideración alguna respecto a lo que sucede a los que viven en ciudades o países diferentes. No sienten compasión ni afecto por las personas de otras partes del mundo que padecen aflicciones y sufren tribulaciones.

En épocas anteriores, esta falta de sensibilidad y de empatía podía justificarse por el hecho de que las diferentes naciones y sociedades no estaban interconectadas como lo están ahora. Los medios de comunicación eran mucho más limitados y las noticias de la situación de un país o una región tardaban una eternidad en llegar. Durante ese periodo, las noticias se volvían habitualmente obsoletas y la situación había cambiado de nuevo. Por tanto, en aquellos tiempos, era muy difícil sentir aflicción por los demás y tratar de ayudar a la gente en zonas remotas. Sin embargo, actualmente el mundo es muy distinto, y ya se ha transformado en una aldea global. Pero a pesar de que el mundo se ha unido y las distancias y las barreras de comunicación han desaparecido, continúa negándose el hecho de que estamos todos unidos.

Por ejemplo, hay muchas personas que creen que la situación de Oriente Medio o África no tiene relación con los que viven en Europa o América del Norte. De manera similar, muchos habitantes de Australia o del Extremo Oriente continúan pensando que el desorden que prevalece en otras partes del mundo, como el conflicto entre Rusia y Ucrania, no tendrá ningún impacto en sus vidas o en sus países. En general, se continúa pensando que el desorden creciente y la ansiedad que percibimos hoy en día se limitan a las regiones afectadas y su impacto no se extenderá muy lejos.

Sin embargo, dicho esto, hay una cuestión candente que está originando un cambio en las actitudes y en el entendimiento. La cuestión a la que me refiero es la inmigración y el problema más generalizado de la integración. En distintos países vemos como ha crecido la frustración y la desazón entre los jóvenes procedentes de comunidades inmigrantes. Algunas de estas frustraciones llegan a tal extremo que algunos jóvenes inmigrados se han radicalizado y unido a grupos extremistas. Esto provoca un verdadero temor, pues los países desarrollados se están dando cuenta de que entre sus propios jóvenes hay algunos que son influenciados negativamente y se convierten en un peligro para la nación.

Como respuesta, los gobiernos y las fuerzas policiales de los países desarrollados están tomando medidas para restringir el ámbito de vida de personas de origen asiático pensando que esto garantizará la seguridad y la protección de la sociedad y población local. Sin embargo, este es un método incorrecto y no es la solución adecuada a problemas tan serios. Más bien lo que se requiere es una solución real e integral. En este sentido, quiero señalar que el Santo Profeta del Islam (la paz sea con él) nos ha dado la solución y la respuesta a estos problemas.

A través de sus ilustres enseñanzas nos ha concedido las llaves doradas de la paz. Ha explicado que la paz mundial no se podrá obtener nunca a través métodos ordinarios o centrándonos sólo en aspectos materiales. Nos ha enseñado que sólo hay un medio para que todas las personas, musulmanes o no, se vean liberadas del desorden y protegidas de las llamas ardientes del odio y la desesperación.

Dijo que para que se establezca la verdadera paz, la humanidad debe reconocer a su Creador y someterse a Él. El Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) advirtió que llegaría una época en la cual los propios musulmanes se olvidarían de las verdaderas enseñanzas de su religión; no prestarían atención al Ser Supremo, y su fe sería ‘pura palabrería’. Asimismo, la gente de otras religiones también fracasarían en reconocer al Ser Supremo, y que aquellos que no creen en la religión también claudicarían a la hora de reconocer la existencia de un Ser Supremo.

Y el Ser Supremo sobre el que habló el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) es el Dios Creador del universo entero. Es el mismo Dios que, a través de Sus numerosos atributos, es ‘Salaam’  – es decir, ‘la fuente de Paz’. Por tanto, en el capítulo 59, versículo 24 del Sagrado Corán, Al-lah ordena al Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) que informe al mundo que debe consagrarse al Dios Soberano, el Santo y Fuente de Paz. El significado de ‘Salaam’ es Aquel que proporciona paz al mundo, y es la luz de la que emana toda la paz.

Por tanto, como verdadera Fuente de toda la paz, Dios desea una existencia de paz y armonía para toda la humanidad. De igual manera que los padres no desean que sus hijos se peleen o discutan el uno con el otro y causen alboroto en su hogar, de la misma forma, Al-lah el Todopoderoso no desea el desorden ni el conflicto entre Su Creación. Los padres siempre aman más a aquellos de sus hijos que son bondadosos y pacíficos y de igual forma, la ley suprema de un país favorece a los amantes de la paz.

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De igual forma, según nuestras creencias, Al-lah el Todopoderoso ama a los que son capaces de controlar sus emociones y son seres pacíficos. Si reflexionamos sobre este punto queda perfectamente claro que los supuestos “musulmanes” que siguen ideologías extremistas están totalmente equivocados cuando declaran que Al-lah el Todopoderoso desea que los musulmanes se involucren en una Yihad de la espada o en una masacre.

Las guerras que se combatieron durante la época del Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) deben situarse en su contexto adecuado. Es incuestionable que durante los primeros años del Islam, el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) y sus seguidores fueron perseguidos brutalmente y sufrieron una oposición despiadada. Tras años de represión, Al-lah el Todopoderoso permitió al Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) combatir una guerra defensiva en contra de sus agresores no-musulmanes. Este permiso se concede en el capítulo 22, versículo 40 del Sagrado Corán donde Al-lah dice que Él concede este permiso porque la guerra se les había impuesto a los musulmanes, y no les quedaba por tanto otra opción que defenderse y responder.

En cuanto a la razón por la que era necesaria una respuesta, Al-lah el Todopoderoso lo aclara en el siguiente versículo: el versículo 41. Al-lah dice que los crueles opresores habían expulsado a los musulmanes de sus casas y que si Él no les hubiese permitido detener la persecución y la agresión de sus déspotas, entonces ninguna persona hubiera podido vivir en paz. Si los musulmanes no se hubiesen defendido, ninguna persona religiosa, ni cualquier otra, hubiera podido vivir desde entonces con seguridad.

En el mismo versículo Al-lah dice que si los musulmanes no se hubiesen defendido, entonces ninguna iglesia hubiera permanecido a salvo, ni las sinagogas, ni los templos, ni las mezquitas,  a pesar de ser estos unos lugares de adoración en los cuales la gente se reúne para proclamar el nombre de Dios, para promover la paz y para erradicar toda forma de mal de sus corazones y de sus mentes. Por ello, Al-lah permitió que se detuviera a los opresores que libraban las guerras, porque si no, todos los lugares de adoración y de paz del mundo quedarían destruidos.

Por tanto, Al-lah permitió al Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) librar una guerra defensiva con el único propósito de acabar con la crueldad y la injusticia. Se le concedió permiso para detener a aquellos que deseaban usurpar los derechos básicos y libertades de todas las personas. Se le concedió permiso para detener a aquellos que trataban de destruir los cimientos de la libertad religiosa.  Y se le concedió permiso, no sólo para defender el Islam, sino para defender a todas las religiones y a todas las formas de credo.

También aprendemos de este versículo que las mezquitas y los lugares de adoración de otras religiones se edifican para constituirse en faros de paz que promueven enseñanzas de amor y compasión; nunca para fomentar el extremismo o el odio de cualquier tipo. Además, en el capítulo 8, versículo 62 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso otorga al Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) una enseñanza verdaderamente bella que muestra a los musulmanes como establecer la paz y la seguridad incluso durante el estado de guerra o de conflicto.

En este versículo, Al-lah dice que si tu enemigo tiende la mano en son de paz, o buscando la reconciliación, debes aceptarla sin demora y confiar en Al-lah desde ese momento. Por tanto, se ordena a los musulmanes que confíen en Al-lah, en vez de hacer suposiciones sobre si el enemigo les está engañando, o no está siendo sincero en su deseo de reconciliarse. Al-lah ha enseñado a los musulmanes que siempre deben tratar de crear vínculos con los demás donde les sea posible, y deben promover la paz con los que no son musulmanes, o con los que no creen en Dios, o incluso con los que guardan enemistad en sus corazones en contra del Islam.

En verdad, Al-lah ha ordenado a los musulmanes que agarren firmemente con ambas manos cualquier oportunidad de rescatar la paz, en aras de conseguir la armonía en el mundo. Además, el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) también nos hizo llegar el mandamiento que Dios le dio en el capítulo 41, versículo 35 del Sagrado Corán en el cual Al-lah el Todopoderoso dice que debéis responder a la maldad con la bondad y la piedad por el bien de la paz. La sabiduría que encierra es que si respondéis al odio con amor, entonces estáis creando la oportunidad de que surja la unión y la amistad sincera desde la profundidad del odio y de la división.

¡Es una enseñanza realmente bella! Ciertamente, hay incontables ejemplos que muestran cómo el Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) impartió enseñanzas de paz, reconciliación, seguridad y amor; y he mencionado tan solo algunas de ellos. Demuestran que el Dios del Islam – es decir Al-lah el Todopoderoso – es Aquel que desea la paz, la compasión y el amor a Su creación.

Por lo tanto, aquellos que creen que las enseñanzas del Islam promueven el extremismo o el odio deben erradicar estos temores o malentendidos de sus corazones y mentes de una vez por todas. La culpa del derramamiento de sangre y de la violencia irracional que vemos hoy en día no guarda relación con el Islam y sus enseñanzas, sino que es el resultado de los actos de ciertos supuestos “musulmanes” que están llenos de odio y egoísmo, y que han corrompido  la verdadera esencia del Islam con el único propósito de satisfacer sus intereses particulares.

Hoy, según las promesas de Dios Todopoderoso, tan solo la Comunidad musulmana Ahmadía está iluminando al mundo con las verdaderas enseñanzas del Islam. Esta es la razón por la que cada año cientos de miles de gente pacífica – tanto musulmana como no musulmana – se están uniendo a la Comunidad musulmana Ahmadía. Se hacen musulmanes áhmadis con el único deseo de obtener el amor de Al-lah, y con el objetivo de obtener una satisfacción y paz verdaderas.

No son como aquellas personas frustradas, que no son capaces de controlar sus emociones ni sus reacciones y que por eso se unen a los grupos extremistas que están destruyendo injustamente el nombre puro del Islam en el mundo. Cuando hoy en día se retrata al Islam de manera equivocada, nosotros los musulmanes áhmadis no nos sentimos desamparados ni desanimados. Creemos firmemente que tendremos éxito, y que un día la realidad del Islam amanecerá sobre el mundo, y la gente de todas las naciones comprenderá sus bellas enseñanzas.

Con estas palabras me gustaría concluir expresando de nuevo mi sincera gratitud a todos vosotros por haberos tomado el tiempo para uniros a nosotros hoy, y escuchar lo que os tenía que decir. Que Al-lah os bendiga a todos. Muchas gracias.”

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