Discurso principal pronunciado por el Jalifa del Islam en el 13º Simposio Nacional por la Paz en Reino Unido.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo:

Bismillahir Rahmanir Rahim – en el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso.

Assalamo Alaikum wa Rehmatul-lah wa Barakatohu – que la paz y las bendiciones de Al-lah estén con todos vosotros.

En primer lugar, me gustaría aprovechar esta oportunidad para expresar mi más sincera gratitud a todos nuestros distinguidos invitados y asistentes que han aceptado nuestra invitación y se han unido a nosotros aquí esta tarde. Vuestra participación es especialmente significativa debido a que este evento está teniendo lugar en un momento en el que el temor generalizado al islam va en aumento debido a los actos deplorables y terribles que están llevando a cabo ciertos grupos terroristas.

El pasado noviembre, por citar un ejemplo, el mundo fue testigo de la tragedia que tuvo lugar cuando ocurrieron los ataques terroristas en París, y luego han tenido lugar otros atentados, incluyendo ataques suicidas, en distintos países a intervalos regulares. Recientemente en el Reino Unido, el comisario general de la policía advirtió que el Daesh estaba planeando un ataque terrorista “enorme y espectacular” aquí en el Reino Unido, dirigido a lugares públicos y de gran repercusión mediática.

Además, desde el pasado año, se ha producido de forma repentina la entrada de refugiados en Europa, que está causando cierto temor, incertidumbre, e incluso pánico en la mente de la población. A la vista de todo esto, vuestra participación y voluntad de asistir como no musulmanes a un evento organizado por una comunidad musulmana, demuestra que sois personas valientes, tolerantes y sinceras.

Sin embargo, la pura verdad es que no hay motivo para que nadie tema al islam verdadero. A pesar de que algunas personas declaren que el islam es una religión extremista que promueve los ataques suicidas u otras formas de terrorismo, nada está más lejos de la verdad. Recientemente, un columnista británico bien conocido escribió en relación con el aumento de la “islamofobia” en un periódico nacional, diciendo que había investigado detenidamente los “ataques suicidas” y que descubrió que el primer ataque de este tipo tuvo lugar en los años 1980, a pesar del hecho de que el islam ha existido durante más de 1300 años.

Concluyó diciendo que si el islam permitía o alentaba este tipo de ataques, entonces debían haberse producido desde el nacimiento del islam y a lo largo de su historia. Su opinión es válida y bien argumentada, y demuestra que estos ataques son un mal de la sociedad moderna, muy alejados de las enseñanzas verdaderas y pacíficas del islam. Ciertamente, el islam prohíbe, de forma tajante, todas las formas de suicidio y, por tanto, no ampara ninguna justificación para los ataques suicidas ni ninguna otra forma de terrorismo.

Estos actos infames provocan el asesinato y la matanza salvaje de mujeres, niños y personas inocentes. Otro artículo reciente de investigación del Dr. Considine de la Universidad de Rice, en Houston Texas, muestra claramente que la persecución de los cristianos en el supuesto Estado Islámico no encuentra justificación en los escritos del Profeta Muhammadsa. Afirma, además, que la visión que tenía el Profeta sobre la nación musulmana, era la de una nación con pluralismo religioso y derechos civiles.

Debe quedar claro, por tanto, que estos actos son absolutamente contrarios a las enseñanzas islámicas. Si el islam ha permitido alguna vez la guerra, lo ha sido en defensa propia, cuando la guerra ya había sido declarada y se había impuesto contra los musulmanes. Por ejemplo, en el capítulo 22, versículo 40 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso dice que:

“se concede el permiso a combatir a aquellos sobre quienes la guerra se ha impuesto a la fuerza.”

En ese mismo versículo, Al-lah el Todopoderoso dice que en caso de una guerra religiosa Él ayudará y apoyará a aquellos que han sido perjudicados. En la primera época del islam, las guerras que tuvieron lugar eran guerras genuinamente religiosas que se libraron por la causa de defender el principio fundamental de la libertad religiosa. La historia demuestra que las guerras que se combatieron con esta intención concluyeron con la victoria de los musulmanes, sin importar el hecho de que, en muchas ocasiones, fuera un puñado de musulmanes el que se encontrara combatiendo contra un enorme ejercito bien equipado.

Sin embargo, como musulmán, cuando analizo las guerras que involucran a los musulmanes en la actualidad, tengo la certeza de que no pueden clasificarse como guerras religiosas. En primer lugar, porque la mayoría de las guerras que tienen lugar en los países musulmanes son debidas a conflictos internos o contra los países musulmanes vecinos. En segundo lugar, porque si en alguna ocasión se han visto involucrados países no musulmanes, estos nunca han declarado una guerra religiosa, sino que han apoyado a una u otra de las partes musulmanas. Por lo tanto, las guerras de la actualidad no se combaten por la causa del islam, ni por la causa de la religión, sino que se combaten por intereses económicos o geopolíticos, y demuestran ser únicamente un medio para difamar el nombre del islam.

Por lo tanto, en base a lo que acabo de decir, espero que quede claro que no hay necesidad alguna de temer al islam, puesto que no es una religión de extremismo, y no permite los ataques suicidas, ni la violencia indiscriminada. La ‘islamofobia’ no tiene sentido, porque las verdaderas enseñanzas del islam son de paz, tolerancia y respeto mutuo. Las enseñanzas del islam elevan los valores humanos y protegen el honor, la dignidad y las libertades de todas las personas.

Sin embargo, por supuesto que todos somos conscientes de que hay extremistas y supuestos grupos “islámicos” que están perpetrando las actuaciones más deplorables y brutales en nombre del islam. No obstante, el versículo del Corán que he mencionado antes no deja lugar a duda de que tales actos ni se permiten ni encuentran justificación alguna en el islam. Otro punto importante que, en lugar de conducirme como musulmán hacia la guerra y la violencia, me lleva a mostrar amor a la humanidad, es el hecho de que, en el segundo versículo del primer capítulo del Sagrado Corán, se declara que Al-lah el Todopoderoso es el

‘Proveedor y Sustentador de todos los mundos’.

Y el tercer versículo declara que Él es el

‘Clemente y Misericordioso’.

Por lo tanto, si Al-lah el Todopoderoso es el Proveedor y Sustentador de todas las personas y es Clemente y Misericordioso ¿cómo es posible que Él desee que aquellos que crean en Él asesinen sin piedad, se opongan violentamente o dañen en modo alguno a Su Creación? La respuesta, obviamente, es que esto no es posible. Sin embargo, Al-lah el Todopoderoso ciertamente ha permitido que se tomen acciones para detener la crueldad, la injusticia y la barbarie.

El islam prescribe que el musulmán debe tratar de parar la mano del opresor y acabar con todas las formas de injusticia y transgresión. Según el islam hay dos maneras a través de las cuales esto se puede lograr. En primer lugar, siempre es preferible tratar de conseguir la paz a través del diálogo mutuo, la negociación y la diplomacia. Sin embargo, cuando esto no es posible, sólo entonces se puede utilizar la fuerza para poner fin a los crímenes, y con la intención de establecer una paz duradera.

Fuera del contexto religioso, en cualquier sociedad y nación, se toman habitualmente medidas sancionadoras cuando se violan las normas y leyes establecidas. Si es posible producir la reforma sin aplicar un castigo, o mediante una sanción leve, esta es la mejor solución; sin embargo, cuando esto no es posible, entonces se procede a aplicar una sanción severa por el bien común de la sociedad, y como medio disuasorio para los demás.

En el contexto religioso, según el islam, se permite el castigo o la sanción, pero no como medio de venganza o retribución, sino sólo como medio para acabar con la crueldad o la opresión, y como medio para producir una reforma positiva. El Sagrado Corán dice que, si una persona o un grupo pueden ser rehabilitados a través del perdón y de la clemencia, entonces este es el método que debe adoptarse.

Sin embargo, si la clemencia o la indulgencia no muestran ser efectivos, entonces se debe administrar el castigo como medio de reforma y mejora. Por tanto, la filosofía que subyace en el castigo propuesto por el islam posee una amplia clarividencia y es realmente única. Su propósito es reformar, rehabilitar y mejorar. Con ello se busca desarrollar en la humanidad los valores más elevados, de forma que, al adoptar los atributos de su Creador, todas las personas muestren respeto y afecto por los demás.

Por lo tanto, dondequiera que se usurpen los derechos de un individuo o de un grupo de forma injusta, el islam permite establecer un castigo proporcional al crimen cometido. Sin embargo, mantiene que es preferible que, si la reforma se puede lograr sin sanción, se opte por esta vía. Es por esto que Al-lah el Todopoderoso ha manifestado en el capítulo 24, versículo 23 del Sagrado Corán, que es mejor perdonar y mostrar indulgencia.

Similarmente, en el capítulo 3, versículo 135, Al-lah el Todopoderoso ha dicho que aquellos que controlan su enojo, perdonan y olvidan son aquellos a los que Al-lah ama y prefiere. Además, en muchos otros lugares del Sagrado Corán se declara que una persona debe optar por el perdón siempre que sea posible, porque, en última instancia, el propósito siempre es la reforma moral, y no la venganza.

En lo relacionado con los conflictos entre naciones o grupos, Al-lah el Todopoderoso ha establecido una regla de oro para establecer la paz duradera en el capítulo 49, versículo 10 del Sagrado Corán. En este versículo, se declara que, si hay una disputa entre naciones o grupos, una tercera parte debe tratar mediar entre ambos para conseguir una resolución pacífica al conflicto. En caso de lograr un acuerdo, todas las partes deben actuar de manera justa, pero si alguna de las partes contraviene el acuerdo y toma medidas agresivas, entonces las demás naciones o grupos deben unirse, e incluso usar la fuerza si es necesario, para detener al agresor. Sin embargo, una vez que la parte agresora se retira y adopta la paz, no se la debe presionar indebidamente, sino que se le debe permitir desarrollarse como una nación libre e independiente.

Por lo tanto, Al-lah el Todopoderoso, como Proveedor y Sustentador de toda la humanidad, desea que todas las personas vivan en paz y sean libres de todas las formas de persecución e injusticia. En lo que se refiere a las creencias, el islam consagra los principios de libertad religiosa universal y libertad de conciencia. Según el islam, cada persona, no sólo tiene el derecho a la libertad de credo, sino que también tiene el derecho de propagar sus creencias de forma pacífica.

La fe es, y siempre será, un asunto del corazón y, por lo tanto, nunca puede haber ningún tipo de coacción en materia de fe. A pesar de que Al-lah el Todopoderoso considera que el islam es una enseñanza completa, nadie tiene el derecho a convertir forzosamente a nadie a esta religión. Cualquiera, sea creyente o no, es libre de aceptar el islam, y el principio fundamental es que, de aceptarlo, ha de ser forma voluntaria y por elección propia. De manera similar, si un musulmán decide que desea abandonar el islam, entonces, según las enseñanzas del Sagrado Corán, él o ella tiene el pleno derecho a hacerlo.

Efectivamente, a pesar de que consideramos que el islam es una religión universal y una enseñanza permanente, si alguien decide abandonarla, están en su derecho de poder hacerlo. En el capítulo 5, versículo 55, Al-lah el Todopoderoso dice: si alguien desea irse, dejadle marchar. Él los sustituirá por otros mejores y más sinceros. Ningún gobierno, grupo o individuo tiene el derecho a castigarles ni sancionarles de ninguna manera.

Por lo tanto, la acusación de que el islam ordena el castigo por la apostasía es completamente injusto y carece de fundamento. Todas las enseñanzas del islam giran en torno a Al-lah y a Su Ser y en torno al hecho de que Él es el Sustentador y el Proveedor de todo el universo. Consecuentemente, si un musulmán trata de infligir daño de forma cruel y despiadada o actuar en consonancia con cualquier forma de extremismo, estará rechazando el atributo divino de que Él es el Sustentador de toda la humanidad.

Alternativamente, también podría darse el caso de que algunos musulmanes acepten que Al-lah sea el Señor del universo y el Sustentador de todos los mundos, pero no lleguen a comprender con certeza su significado, y en consecuencia se hayan alejado de las enseñanzas originales del islam. Por todo ello y con el propósito de iluminar y educar a la humanidad acerca de lo que representa el verdadero islam, nosotros, los musulmanes áhmadis, creemos que Al-lah el Todopoderoso envió al fundador de nuestra Comunidad, como el Mesías Prometido y el Reformador de la época actual.

Él nos ha informado de que la época de las guerras religiosas ya finalizó, y que Dios Todopoderoso desea que la humanidad viva en paz y cumpla con los derechos de su Creador y con los derechos mutuos. Dirigiéndose a sus seguidores, en relación con este tema, el Mesías Prometido, Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas de Qadian dijo:

“Según la verdadera esencia de las enseñanzas del islam sólo hay dos partes que conforman la religión o, dicho de otra manera, la religión se basa en dos principios fundamentales. El primero es reconocer al Dios Único con absoluta certeza, amarle con sinceridad y someterse completamente en obediencia a Él, tal como demandan el auténtico amor y la sumisión. El segundo propósito es servir a Su gente, empleando todas las capacidades y facultades en servir a los demás con afecto, mostrando siempre una gratitud sincera a quienquiera que sea amable con vosotros, correspondiéndole a cambio, ya sea vuestro monarca o soberano, o la persona más humilde y sencilla. Y siempre manteniendo un vínculo afectuoso con los demás.”

Además, el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, también ha explicado el verdadero significado del versículo 91 del capítulo 16 del Sagrado Corán, donde Al-lah el Todopoderoso declara:

“Ciertamente, Al-lah os ordena que practiquéis la justicia y dispenséis un trato amable a los demás, y a que deis como se da a los parientes.”

El fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía afirma que, en este versículo, Al-lah ordena a los musulmanes ser justos y amables con los demás. Por lo tanto, se ordena a los musulmanes ser cordiales hasta el punto de favorecer a todas las personas, incluso a aquellas que no se hayan mostrado amables con ellos, o que no les hayan favorecido de alguna manera. Finalmente, explica que el versículo exige a todo musulmán amar a la creación de Dios hasta tal punto que debe considerar a cada persona de este mundo como si fuese su propio pariente.

De hecho, dijo que el verdadero musulmán debe amar a los demás, al margen de su origen o sus creencias, del mismo modo que una madre ama a su hijo. Ciertamente, que este es el amor más puro y elevado, puesto que en las demás circunstancias en la que una persona muestra amabilidad o hace un favor, es posible que quede algún rastro oculto de egoísmo que, en un momento dado, haga que el individuo recuerde a la persona su gesto amable y busque un favor a cambio.

Sin embargo, el amor de una madre es verdaderamente altruista, y el vínculo que comparte con su hijo es tan singular que está dispuesta a sacrificar cualquier cosa por la causa de su progenie. No desea nada a cambio ni reclama ningún tipo de elogio o tributo. Por lo tanto, este es el estándar definitivo que defiende el islam, a través del cual enseña a los musulmanes a amar a toda la humanidad como una madre ama a su hijo. Estas son las auténticas enseñanzas del islam.

Al-lah el Todopoderoso ha afirmado que aquellos que creen en Él deben adoptar Sus Atributos y, por tanto, es imposible para un verdadero musulmán ser cruel; y de igual manera, es imposible que el islam permita ninguna forma de injusticia, violencia o extremismo. A lo largo de los años, he mencionado estos puntos repetidamente, y también he destacado las enseñanzas islámicas fundamentales.

He citado reiteradamente el Sagrado Corán para demostrar que lo que digo está basado en las auténticas enseñanzas islámicas. Sin embargo, continúa dándose el caso de que nuestro mensaje pacífico e integrador no recibe una amplia cobertura en los medios de comunicación, mientras que, por otro lado, aquellos grupos minoritarios que están envueltos en carnicerías y barbaries reciben cobertura mediática continua en todo el mundo.

No hay duda de que los medios de comunicación juegan un papel crucial a la hora de influenciar la opinión pública y, por tanto, los medios de comunicación deben utilizar este poder con responsabilidad – como una fuerza para el bien, y como una fuerza para la paz-. Deben mostrar al mundo lo que el verdadero islam representa, en lugar centrarse en los actos despiadados de una pequeña minoría.

La publicidad es el oxígeno que nutre a la mayoría de los grupos terroristas y extremistas y, por tanto, no tengo ninguna duda de que, si los medios de comunicación aceptan lo que acabo de decir, pronto nos daremos cuenta de cómo el terrorismo y la violencia que afecta al mundo comienza a desvanecerse.

Personalmente, no puedo comprender cómo los extremistas que han asolado el islam y violado sus nobles enseñanzas, pueden tratar de justificar sus actos detestables en su nombre. Las enseñanzas del islam prohíben todas las formas de extremismo, hasta el punto, de que incluso en un estado de guerra legítima, Al-lah ha ordenado que cualquier acción o castigo debe ser proporcional al crimen cometido, y que es siempre mejor ejercer la paciencia y el perdón. Por lo tanto, todos los supuestos musulmanes que están involucrados en la violencia, la injusticia y la crueldad están en realidad llamando a la puerta de la ira y del enfado de Dios.

En esta época de aumento del temor hacia el islam, me gustaría enfatizar de nuevo que el Sagrado Corán nos convoca, continuamente, al amor, la compasión y la benevolencia. Si en ciertas circunstancias extremas el Corán permitió la guerra defensiva, fue tan sólo para establecer la paz. Actualmente, observamos que la mayoría de los gobiernos o grupos, ya sean o no musulmanes, que están involucrados en conflictos bélicos, también declaran estar combatiendo por el establecimiento de la paz.

Respecto a lo que se percibe, da la sensación de que la mayoría de las personas pasan por alto las guerras dirigidas por algunas potencias mundiales, o al menos no asocian sus actuaciones a ninguna religión o creencia. Sin embargo, puesto que vivimos en un ambiente en el que se está atacando las enseñanzas del islam, observamos que todas las guerras y crueldades que cometen los musulmanes se vinculan inmediatamente a las enseñanzas del islam. Y, sin embargo, las voces de aquellas personas y de aquellos grupos que se esfuerzan con sinceridad en promover las enseñanzas verdaderas y pacíficas del islam no se escuchan ni se publicitan ampliamente.

Bajo mi punto de vista esto es injusto y muy contraproducente. En una situación de conflicto mundial, debemos recordar el principio básico que consiste en erradicar todas las formas de maldad y crueldad, y respaldar todas las formas de bondad y humanidad. De esta manera, evitaremos que se extienda la maldad y, a la vez, promoveremos la virtud y la paz que puedan adornar nuestra sociedad.

Si promovemos la bondad que tiene lugar en el mundo, podremos superar a aquellos que tratan de debilitar nuestros apreciados valores de misericordia y humanidad. Sin embargo, el mundo parece no haber aceptado ni entendido este principio y, por ello, los medios de comunicación continúan dando prioridad a su difusión o a sus propias estadísticas por encima de la paz del mundo. Los medios de comunicación, que tan felizmente se centran en una pequeña minoría involucrada en crueldades, están alimentando la maquinaria propagandística de grupos perversos como el Daesh y, por consiguiente, fracasan en su responsabilidad de hacer ver lo que hay de bueno en el mundo.

Esta injusticia está sembrando las semillas de los conflictos y divisiones del futuro. En lo que se refiere a la política global y a la derrota del terrorismo, es necesario que aceptemos que nuestro objetivo primordial es el establecimiento de la paz, y para ello es necesario que haya un compromiso entre todas las partes. En caso de que no confiéis en la palabra de un musulmán, permitid que os presente las opiniones de personalidades eminentes no musulmanas bien versadas en las cuestiones políticas y que desean la paz en el mundo. Por ejemplo, en relación a como derrotar el extremismo y, en particular, al grupo terrorista Daesh, el ministro de asuntos exteriores de Austria dijo:

“Necesitamos un enfoque pragmático, que incluya la participación del Presidente Al-Assad en la lucha contra el terror del Estado Islámico. En mi opinión la prioridad es la lucha contra el terrorismo. Esto no es posible sin potencias como Rusia e Irán.”

 

También, el profesor John Gray, filósofo y político jubilado que ha sido profesor durante muchos años en la London School of Economics, escribió recientemente un artículo sobre la importancia de dar prioridad a la paz sobre el sistema político establecido en un lugar. Escribe:

“La forma de gobierno – democrática, despótica, monárquica o republicana – es menos importante que su capacidad de proporcionar paz.”

Bajo mi punto de vista, a pesar de la sabiduría de estas palabras, las mayores potencias del mundo continúan dando prioridad al cambio de régimen en países que anteriormente eran relativamente estables.

Por ejemplo, Occidente estaba decidido a destituir a Saddam Hussein de Iraq y, actualmente, continuamos percibiendo las dolorosas consecuencias de aquella guerra que tuvo lugar hace 13 años. Otro ejemplo destacado es Libia, donde el Presidente Gaddafi fue destituido forzosamente de su cargo en 2011 y, desde entonces, Libia ha sucumbido en un estado de anarquía y caos incontrolable.

Una consecuencia directa del vacío político en Libia está en el hecho de que ahora el Daesh ha construido una base importante y una red de terror significativa en el país, que no hace más que aumentar. La situación es extremadamente delicada, no sólo para la región, sino también para Europa, y esto es algo sobre lo que advertí hace algunos años.  Por lo tanto, la prioridad en estos países no debe ser el cambio de régimen per se.

Al contrario, esta debe ser asegurarse de que se respetan los derechos de los ciudadanos, y se establezca una paz duradera. Volviendo al tema de Siria, estoy de acuerdo con el ministro de asuntos exteriores de Austria cuando dice que el objetivo primordial debe ser el establecimiento de la paz. Por ello, las grandes potencias deben estar dispuestas a abrir canales de comunicación con el gobierno sirio y buscar la ayuda de los países vecinos que tengan influencia en esa región.

Recordad, el cambio positivo sólo es posible si estamos dispuestos a dejar de lado nuestros propios intereses personales en aras del bien común, y si estamos dispuestos a actuar de forma justa en todo momento. Como ya he dicho anteriormente, el islam dice que la justicia es la base sobre la cual se construye la paz. Debemos, por tanto, prestar atención a la gravedad de la situación actual. Durante muchos años he estado avisando que el mundo está avanzando rápidamente hacia otra guerra mundial y cada vez más personas están llegando a la misma conclusión.

De hecho, algunas personalidades destacadas están afirmando ahora que creen que la guerra mundial ya ha comenzado. Sin embargo, creo que todavía estamos a tiempo de detener esta guerra; pero la solución está condicionada, como he dicho anteriormente, a actuar con justicia y abandonar todos los intereses personales.

En varias ocasiones he hablado sobre la importancia crítica de cortar las fuentes de financiación y las líneas de suministros de los grupos extremistas. Sin embargo, no se puede afirmar que se haya realizado un pleno esfuerzo en este aspecto. Por ejemplo, un informe de investigación especial publicado recientemente por el Wall Street Journal afirma que el Daesh está adquiriendo enormes cantidades de dólares americanos de subastas que tienen lugar en el banco central de Iraq.

Estos mismos dólares están siendo suministrados a Iraq directamente desde la Reserva Federal en los Estados Unidos. El artículo afirma que el gobierno de los Estados Unidos era conocedor del tema desde, al menos, junio de 2015, pero personalmente creo que las potencias mundiales conocían este comercio desde mucho antes.

Además, en relación con la venta del petróleo, es bien conocido que diferentes grupos, e incluso gobiernos están comprando petróleo al Daesh. ¿Por qué no se ha detenido este comercio? ¿Por qué no se han impuesto amplias sanciones para prevenir estos acuerdos? Parece que cuando se trata de adquirir petróleo, la moralidad se desvanece por completo. Esta es una reflexión que ha hecho el profesor Leif Wenar de King’s College London en un artículo reciente en el que dijo:

“El mundo tolera cualquier tipo de atrocidad en aras de conseguir petróleo. Por ello, distintos países han comprado petróleo de Daesh y de Sudan donde se cometen numerosos abusos de los derechos humanos. Esta es una violación de los principios básicos del mercado económico, según los cuales la violencia no debe tener derechos de autor.”

Además, en un artículo reciente, el director del instituto de energía de Iraq explicó como el Daesh estaba vendiendo su petróleo. El autor escribe:

“El crudo se transporta en camiones hasta Jordania a través de la provincia de Anbar, a Iran via Kurdistan, a Turquia via Mosul, al mercado local sirio y a la región kurda de Iraq, donde la mayor parte se refina localmente. Desafía toda lógica decir que las autoridades oficiales no son cómplices en este negocio.”

Por lo tanto, al mismo tiempo que se declara que se están realizando todos los esfuerzos posibles por erradicar el terrorismo y el extremismo, la evidencia no apoya esta afirmación. Viendo todo esto, ¿cómo se puede decir que existe una verdadera justicia en el mundo?

Asimismo, recientemente se ha producido una amplia cobertura mediática documentando el negocio armamentístico mundial. Según los informes oficiales, el año pasado Estados Unidos exportó un total de armas equivalentes a un valor de 46,6 mil millones de dólares, lo cual supone un aumento de más de 12 mil millones de dólares con respecto al año anterior. El informe continúa diciendo que la mayoría de estas armas se vendieron a Oriente Medio y estas, a su vez, están alimentando las guerras en Siria, Iraq y Yemen. Me gustaría reiterar que, si este comercio está teniendo lugar, ¿cómo es posible que se establezca la paz y la justicia? Estos ejemplos que he mencionado son de dominio público y expresan los puntos de vista de analistas y comentaristas reputados.

Hasta que no se practiquen los principios de la justicia a todos los niveles de la sociedad, y entre las naciones, no podremos presenciar la verdadera paz en el mundo. Sin justicia nos llevará décadas derrotar el mal que representa el Daesh y otros grupos extremistas.

Sin embargo, si el mundo presta atención a este mensaje y trata de actuar con justicia, y realiza esfuerzos genuinos para restringir la financiación y las líneas de suministro del terrorismo, entonces creo – a diferencia de un general militar americano jubilado que dijo recientemente que la guerra contra Daesh durará entre 10 y 20 años – que las redes del terrorismo que atormentan al mundo podrán ser destruidas inmediatamente.

En conclusión, creo que, a menos que el mundo vuelva a reconocer a su Creador y Le acepte como el Sustentador de la humanidad, la verdadera justicia no podrá prevalecer, sino que llegaremos incluso a experimentar una guerra nuclear letal cuyas consecuencias catastróficas tendrán que afrontar nuestras generaciones futuras. Rezo para que el mundo llegue a comprender esta realidad. Rezo para que todos podamos desempeñar nuestros papeles respectivos a la hora de trabajar por la causa de la humanidad, y rezo para que la paz verdadera, basada en la justicia, se establezca en todas las partes del mundo. Con estas palabras me gustaría de nuevo aprovechar la oportunidad para dar las gracias a todos los asistentes por haber venido aquí esta tarde.

Que Al-lah os bendiga a todos. Muchas gracias.”