Los Artículos de Fé


La cuestión del destino es muy complicada, y ha sido objeto de debate a lo largo de los siglos tanto por filósofos como por teólogos. En casi todas las religiones se hace referencia de un modo u otro a la naturaleza del destino.

Los que creen en el destino, pueden dividirse en dos categorías principales. Los que en su mayoría creen ciegamente en el destino lo representan como una predeterminación divina de todo lo que es grande y pequeño. Este punto de vista es muy popular entre algunas sectas crípticas de los sufíes, que viven una vida apartada de la gente ordinaria. Afirman que el hombre no posee control alguno sobre ninguna cosa. Todo está predeterminado. Como tal, todo lo que ocurre es el desarrollo del grandioso plan del destino, que sólo Dios conoce. Éste es un concepto muy problemático respecto al plan de las cosas y plantea inevitablemente la cuestión del crimen y la justicia, el castigo y la recompensa. Si el hombre no tuviera otra opción, entonces no debería existir castigo ni recompensa por sus acciones.

El otro punto de vista es el de la libre elección, en el que el destino no juega prácticamente ningún papel en lo que el hombre decide y ejecuta.

Durante la discusión sobre el destino, se abre paso en el debate otro problema filosófico importante, que añades nuevas complicaciones, y es la cuestión de la precognición. ¿Qué tiene que ver el conocimiento previo de Dios con las cosas venideras? Esa es la pregunta, cuya respuesta no ha sido bien respondida por ninguna de las dos partes en el debate. No pretendemos adentrarnos aquí en un extenso estudio comparativo de los méritos de los argumentos de quienes creen y no creen en el destino. Sólo intentaremos exponer el criterio islámico.

El destino posee muchas categorías, jugando cada una de ellas un papel distinto en sus ámbitos respectivos de operación y funcionando simultáneamente. Las leyes de la naturaleza son las que imperan y nada está por encima de su influencia. Éste es el plan general de las cosas que se puede calificar como destino, en su más amplio concepto. Los que siguen las leyes de la naturaleza con un profundo conocimiento de las mismas obtendrán ciertas ventajas sobre los que no lo hacen. Estas personas están destinadas a beneficiarse siempre y a forjarse una vida mejor para sí mismas, pero ninguna de ellas está predestinada a pertenecer a ningún grupo en concreto por el hecho de haber adoptado el lado correcto o incorrecto de las leyes de la naturaleza.

Hubo un tiempo en la época inmediatamente anterior al renacimiento europeo en que el mundo musulmán de Oriente superaba a los demás en su conocimiento de las leyes de la naturaleza. En consecuencia, los musulmanes estaban en condiciones de extraer mayores beneficios gracias a tal conocimiento. Cuando posteriormente este estudio de la naturaleza de mentalidad abierta y libre de prejuicios se desplazó a Occidente, marcó el comienzo de una nueva era de luz de conocimientos para Occidente, mientras que Oriente comenzó a sumergirse en una larga y oscura noche de quimeras, superstición y ensueños. Esto es destino, por supuesto, pero de otro tipo. La única ley que está predeterminada en relación con este destino es la orden inmutable que establece que quien estudie la naturaleza sin prejuicios y se deje llevar a donde las leyes de la naturaleza le conduzcan, recorrerá el camino del progreso eterno. Ésta es la categoría general y omnipresente del destino que está por encima todo, a excepción de las leyes del destino relacionadas con la religión.

Antes de iniciar una discusión sobre el destino en relación con la religión, deberíamos examinar más a fondo algunas áreas de este destino universal de las leyes de la naturaleza. En sus influencias globales principales, presentan algunas características de predeterminación, pero de un tipo diferente al comúnmente entendido. En este sentido, estamos hablando de cambios estacionales o periódicos en el equilibrio atmosférico, que representan un ecosistema muy complicado, en el que incluso acontecimientos lejanos, como las manchas solares, desempeñan su papel. Del mismo modo, la invasión meteórica de los planetas genera ciertos cambios, que se reflejan en la tierra a través de las correspondientes variaciones en el tiempo, clima, etc. Estas influencias mayores, junto con las alteraciones periódicas de los climas (producidos por diversos factores, muchos de los cuales aún no han sido determinados) causan a veces cambios sutiles en los patrones de crecimiento de la vida vegetal y animal en la tierra. Una vez más, hay factores responsables de la sequía o del cambio de las estaciones de una parte de la tierra a la otra. La era glacial y el calentamiento global, en alternancia, no son más que algunas de las consecuencias de las diversas influencias cósmicas. Sin embargo, estas influencias mayores no afectan a la vida del individuo en la tierra, pero en el análisis final sí les afecta hasta cierto punto, por pertenecer todos los individuos a la familia Homo Sapiens.

No hay evidencia que demuestre que la vida de cada persona esté predestinada, o que no tenga opción o elección de escoger entre el bien y el mal, lo correcto e incorrecto. El Sagrado Corán rechaza categóricamente el concepto de coacción, y establece claramente que todo ser humano tiene la libertad de elegir entre el bien y el mal:

  No ha de existir coacción en la religión. (Corán 2:257)

Y:

 Al-lah no impone cargas a ningún alma más allá de su capacidad. Tendrá la recompensa que gane, y recibirá el castigo que merezca. (Corán 2:287)

Y de nuevo:

 Y el hombre no tendrá nada, salvo el fruto de sus afanes. (Corán 53:40)

Sin embargo, en lo que respecta a la religión, hay algunas áreas del destino que están predeterminadas y son inmutables. El Sagrado Corán hace referencia a las mismas como la Sunna de Dios. Una de tales Sunnas es que los Mensajeros de Dios siempre están destinados a triunfar, sean o no aceptados. Si son rechazados, son los designios de los opositores los que fracasan. Los profetas, sus mensajes y su misión siempre han de prevalecer, al margen del poder que ostenten los enemigos. Algunos ejemplos de la historia de la vida del hombre son los enfrentamientos entre Moisésas y el Faraón, entre Jesúsas y sus enemigos, y entre Muhammadsa y sus adversarios. El triunfo de la religión es lo que permanece como legado de las luchas anteriores entre los profetas y sus adversarios. Abrahamas y su fe, y quienes lo apoyaron a él y a su mensaje, prevalecen en el mundo. Moisésas y los que le reverencian, Jesúsas y su mensaje, y el Profeta Muhammadsa y lo que representaba, predominan en casi todo el mundo. Sin embargo, hoy no se encuentra a nadie que defienda la causa y los valores de sus oponentes. Este destino no entra en juego en los demás enfrentamientos entre los hombres. La regla general es que el fuerte aniquila a los débiles. En el destino religioso, es lo contrario, lo que se convierte en principio inviolable.

Aunque las leyes de la naturaleza sigan su curso, y por lo general no se encuentran excepciones a las reglas generales, las leyes de la naturaleza que conocemos pertenecen a muchas categorías y ámbitos, según el plan de las cosas que establecen varios versículos del Corán. No divergen entre sí dentro de su esfera, pero cuando interfieren con otras leyes, las leyes de mayor fuerza siempre prevalecen sobre las más débiles. Incluso una ley de vasta influencia puede ser derrotada por una más potente que actúe en contra suya, dentro de una esfera limitada. Las leyes termodinámicas y electromagnéticas, en oposición a las leyes de la gravitación, pueden predominar en ciertas áreas de influencia. Sin embargo, la ley de la gravedad ejerce una influencia mucho más amplia y extensa. A medida que con el paso del tiempo el hombre adquiere un mayor conocimiento de la naturaleza, lo que hubiera sido rechazado por imposible, se están convirtiendo en algo concebible y de observación común.

Teniendo en cuenta esta introducción, según el Islam, si Dios decide favorecer a un siervo especial Suyo con una manifestación especial de ciertas leyes ocultas, los espectadores considerarán estas manifestaciones como milagros y acontecimientos. Sin embargo, estos hechos suceden de acuerdo con las leyes de la naturaleza, que están controladas sutilmente para producir un efecto asombroso. En este caso, el destino juega un papel específico en la vida del siervo especial de Dios.

De igual modo, también se puede entender el destino en relación con la genética o el origen social, económico o educativo de la persona, que parece ser un producto indefenso de las circunstancias. Esta impotencia de la persona crea su destino, sobre el cual no posee control alguno. Por ello se dice que un niño rico nace con una cuchara de plata en la boca.

Las circunstancias bajo las que una persona nace, la sociedad en la que crece, el juego de azar diario que juega un papel en la vida de todas las personas, los golpes de suerte a favor o en contra, los accidentes de los que somos víctimas o de los conseguimos escapar, son, en su conjunto, áreas donde el individuo tiene muy pocas opciones. Sin embargo, no hay que asumir que éste haya sido escogido especialmente para tales eventos o accidentes, que juegan un papel importante a la hora de configurar o deshacer su vida.

Las personas que nacen en hogares afectados por la pobreza son mucho más propensas a cometer delitos leves o incluso graves. La pobreza es la fuerza más compulsiva de todos los factores que originan y promueven la delincuencia. Si esto se entendiera como destino, entonces originaría una reflexión profunda sobre el Creador. Por lo tanto, en primer lugar debe quedar claro que el destino es sólo parte del gran esquema de las cosas que no emite edictos especiales contra individuos de determinadas familias. En un medio económico más amplio, existe gente más afortunada y menos afortunada, con ventajas y desventajas relativas. Es erróneo afirmar que hayan sido sellados individualmente por la marca del destino, incluso antes de su nacimiento, para nacer bajo ciertas circunstancias específicas. Sin embargo, quedan aún varias preguntas en el tintero. ¿Cómo serían éstos tratados en relación con los crímenes cometidos en relación con quienes han nacido en circunstancias comparativamente más favorables, y que tienen escasos motivos, si es que hay alguno, que les impulse al delito? Si el delito es el mismo, ¿deben ser tratados por igual? El Sagrado Corán responde a esta intrincada cuestión en el siguiente versículo:

 Al-lah no impone cargas a ningún alma más allá de su capacidad. (Corán 2:287)

Esto significa que se tendrán ciertamente en cuenta los factores de fondo, sociales, etc., que rodean a una persona, y que ésta será juzgada en consecuencia. A los ojos de Al-lah no es solamente el crimen lo que se castiga automáticamente, sino que también se tendrán en cuenta todos los factores que conducen a la ejecución del crimen, con el resultado final de que se hará justicia. Los afortunados y los desafortunados no serán juzgados con la misma severidad y, sin lugar a dudas, se considerará el entorno y los antecedentes de la persona que comete el crimen. Del mismo modo, las buenas acciones de una persona cuyas circunstancias posiblemente le disuadan de hacer el bien serán recompensadas en mayor medida que las del hombre en cuyo entorno se dan por hecho los actos de bondad.

Por lo tanto, el tema del destino es bastante intrincado. Sin embargo, como la decisión final descansa en manos del Omnisciente, Benevolente, Todopoderoso y Sapientísimo Dios, en el análisis final prevalecerán sin duda los dictados de la justicia.

Hay ciertas áreas en las que el hombre tiene la libertad de emplear su voluntad, en las que puede elegir entre el bien o el mal, lo correcto o incorrecto, y de las que tendrá que responder. Por otro lado, hay áreas en las que el hombre dispone de muy pocas opciones, y parece ser un peón en manos de otro jugador. El plan general de las cosas de la naturaleza, que abarca y controla los destinos de las naciones y los pueblos, es una de ellas. Las circunstancias de una aplicación más amplia dejan totalmente indefenso al individuo de la sociedad; no tiene más remedio que seguir la corriente como una paja que es arrastrada por el torrente de un río.

 

Imagen: cortesía de umer malikLicencia Creative Commons

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