Los Artículos de Fé


La cuestión de la vida después de la muerte siempre ha inquietado por igual a las mentes de la gentes pertenecientes a todas las religiones y a todas las épocas. También está el punto de vista ateo que niega totalmente la posibilidad de vida después de la muerte. Las religiones que creen en la vida después de la muerte se pueden dividir en dos categorías.

  1. Las que creen en la reencarnación del alma de una persona muerta en una nueva forma de existencia humana o animal.
  2. Las que creen en un estado sobrenatural de existencia después de la muerte.

El punto de vista ateo no entra en el ámbito de esta discusión. En cuanto a la doctrina islámica, el Islam pertenece a la categoría de religiones que rechaza por completo cualquier posibilidad de reencarnación. Sin embargo, los que creen en alguna forma de existencia espiritual o carnal en el otro mundo están divididos entre sí en muchos aspectos. Su noción difiere en cada religión. Por lo tanto, si tenemos en cuenta sus puntos de vista, no podemos atribuir ninguna creencia a los seguidores de las distintas religiones sin temor a una contradicción.

Dentro del Islam, las diferentes sectas o los eruditos musulmanes mantienen distintos puntos de vista al respecto. La comprensión general tiende a percibir la forma del otro mundo como algo muy similar a la carnal aquí en la tierra. El concepto de cielo e infierno, por consiguiente, ofrece una imagen material, en lugar de espiritual, de las cosas futuras. El cielo se presenta literalmente, de acuerdo con este concepto, como un jardín inmensamente grande en los que abundan hermosos árboles con sombras eternas bajo las que fluyen ríos. Los ríos serían de leche y miel. El jardín produciría frutos y cada hombre desearía que los frutos estuvieran a su disposición. La carne sería de aves de todo tipo: bastaría con desear la carne anhelada. A los hombres piadosos se les proporcionaría compañeras de una belleza y refinamiento extremos, sin límite en el número, que se decidiría según su capacidad. Podrían tener cuantas pudieran abarcar. ¿Qué harían? ¿Cómo se relacionarían entre sí? ¿Tendrían hijos o llevarían una vida estéril de gozo? Éstas son todas las cuestiones polémicas. El gozo, tal como está concebido, sería intensamente sensual. No habría trabajo a realizar, ni labor que desperdiciar, ni esfuerzo alguno a realizar: una vida perfecta (si tal vida pudiera llamarse perfecta) de total y absoluta indolencia, con la opción de comer y beber en exceso, ya que el vino también fluiría al lado de de ríos de leche y miel y ¡sin temor a la dispepsia o la intoxicación! Recostados sobre almohadones celestes de seda y brocado, disfrutarían de su tiempo en medio de la felicidad eterna. ¡Vaya felicidad eterna!

En el Islam, hay quienes rechazan categóricamente esta interpretación pueril de las referencias coránicas sobre el Cielo y demuestran, mediante abundantes referencias a los versículos del Sagrado Corán, que lo que se describe es sólo una imagen metafórica carente de carnalidad. De hecho, el Sagrado Corán indica muy claramente que la forma de existencia de la vida futura diferirá tanto de todas las formas conocidas de vida aquí en la tierra, que la imaginación humana es incapaz de concebir la más mínima percepción de la realidad de otro mundo.

  Os cambiaremos vuestras formas actuales y os transformaremos en algo de lo que no tenéis idea. Sura Al Waqiah (cap. 56: V.62)

Esta es la afirmación categórica del Corán sobre el tema. En tiempos recientes, el fundador de la Comunidad Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas de Qadian, presentó esta perspectiva de la existencia espiritual en oposición a la existencia carnal en su tratado singular y excepcional titulado “La filosofía de las enseñanzas del Islam”. Todos los puntos de vista presentados en el libro están bien documentados con referencias del Corán y las tradiciones del Santo Fundador del Islam. Se reproduce aquí una breve descripción.

De acuerdo con su estudio profundo, la vida en el más allá no sería material. En su lugar, sería de naturaleza espiritual de la que sólo se podrían visualizar ciertos aspectos. No podemos determinar con precisión la forma que adoptarán las cosas. Una de las características principales de su visión del más allá se refiere al alma que produce otra entidad rara, que ocuparía la misma posición, en relación con el alma, que el alma ocupa respecto a nuestra existencia carnal aquí en la tierra. Este nacimiento de un alma dentro del alma estaría relacionado con el tipo de vida que hayamos vivido aquí en la tierra. Si nuestra vida transcurre en la sumisión a la voluntad de Dios y de acuerdo con Sus mandamientos, nuestros gustos se cultivarán y se adaptarán para gozar los placeres espirituales en lugar de los placeres carnales. Dentro del alma comienza a formarse una especie de alma embrionaria; nacen nuevas facultades y se adquieren nuevos sabores que no son placenteros para quienes están acostumbrados a los placeres carnales. Estos nuevos tipos de seres humanos refinados pueden encontrar la plena satisfacción. Se comienza a disfrutar del sacrificio en lugar de la usurpación de los derechos de ajenos. El perdón supera a la venganza y nace el amor altruista como una segunda naturaleza, sustituyendo a todas las relaciones que tienen motivos interesados. Por lo tanto, se puede decir que se puede visualizar una nueva alma dentro del alma.

Todas estas proyecciones respecto al desarrollo del alma son conclusiones extraídas de varios versículos del Corán, aunque no se pueda determinar con precisión la naturaleza exacta de los acontecimientos futuros. Sólo se puede decir que ocurrirá algo similar, cuyos detalles están fuera del alcance del entendimiento humano. Hay ciertos aspectos de la nueva vida que se deberían discutir. El concepto de cielo e infierno en el Islam es completamente diferente al observado en general. El cielo y el infierno no son dos lugares diferentes que ocupen un tiempo y un espacio por separado. De acuerdo con el Corán, el cielo abarca todo el universo. “¿Dónde se hallaría entonces el infierno?” preguntaron algunos de los compañeros del Santo Profetasa. “En el mismo lugar”, fue la respuesta, “pero no tenéis la facultad de entender su coexistencia.” Es decir, en términos humanos comunes puede parecer que ocupan el mismo espacio y tiempo, pero en realidad van a coexistir sin interferir ni interrelacionarse entre sí por pertenecer a dimensiones diferentes.

Sin embargo, ¿cuál es el significado de la felicidad celestial o las torturas del fuego del infierno? En respuesta a esta pregunta, el Mesías Prometidoas ha ilustrado el tema de la siguiente manera: Si un hombre estuviera a punto de morir sediento, y sin embargo disfrutara de salud, el agua fría le proporcionaría un placer intenso, imposible de obtener de la experiencia cotidiana de beber agua, o incluso de la bebida más deliciosa de su elección. Si alguien padeciera de sed y hambre a la vez y necesitara de una fuente inmediata de energía, un racimo fresco de uvas le proporcionaría una inmensa satisfacción, que nunca experimentaría en circunstancias ordinarias. Sin embargo, la condición previa para estos placeres es la buena salud. Ahora visualicemos a un hombre muy enfermo, que esté nauseabundo e intentando vomitar cualquier líquido, y que está a punto de morir por deshidratación. Si se le ofreciera un vaso de agua fresca, o un racimo de uvas frescas, no solo no las aceptaría, sino que su simple contemplación le produciría una sensación de rechazo y repulsa absoluta.

Mediante ilustraciones de este tipo, el Mesías Prometidoas mostró que el infierno y el cielo son solamente temas de relatividad. Un alma sana, que ha adquirido el gusto por las cosas buenas, obtendrá mayor placer si se encuentra en estrecha proximidad de los objetos de su elección. Todo lo que un hombre espiritual saludable anhela es la cercanía a Dios y Sus atributos, e imitar las virtudes divinas. En el cielo, esta alma sana comenzaría a ver, concebir y sentir la cercanía de los atributos de Dios como jamás lo hubiera hecho antes. Éstos, de acuerdo con el Mesías Prometido, no permanecerían siendo solamente valores espirituales, sino que adquirirían formas y figuras etéreas, que el espíritu celeste recién nacido gozaría con la ayuda del alma antigua, la cual desempeñaría las funciones del cuerpo. Esto también sería una cuestión de relatividad. Lo contrario se aplicaría al infierno, en el sentido de que un alma impura crearía un cuerpo impuro para el alma nueva de la otra vida. Y los mismos factores que proporcionarían placer al alma sana proporcionarían tortura y un sufrimiento profundo a esta entidad impura.

En cuanto a la mente o el alma, en comparación con nuestro cuerpo carnal, existe una gran diferencia en la naturaleza de su existencia, que es casi inconcebible. Cada parte del cuerpo posee vida y palpita con vida, no sólo en términos materiales, sino también en cuanto a la conciencia. Cada partícula del cuerpo humano está dotada de algún tipo de conciencia. Los científicos tratan de describir esta conciencia en términos de impulsos electrónicos, pero es una forma muy cruda de representar la conciencia global de la mente consciente y subconsciente, del sistema inmunológico y de otras funciones independientes del cuerpo humano, que todavía escapan a nuestro poder de comprensión.

Entonces, ¿qué es la conciencia? ¿Cómo se puede definir y explicar la quintaesencia del “yo” en todos los seres vivos? ¿Podemos llamarlo ego en términos psicológicos? Un psicólogo nunca ha conseguido definir el ego. Es algo que en términos religiosos se describe como alma. Es imposible medir la distancia entre el alma y el cuerpo carnal. En cuanto a su peculiaridad, el alma, incluso en nuestra percepción más cruda, es tan rara y ultrarefinada que en ningún caso puede compararse con el cuerpo que la contiene. Tratemos seguidamente de imaginar el escenario del nacimiento de un alma en el interior del alma durante un período de miles de millones de años. Al final de un largo día, encontraremos a un alma dentro de un alma, que se asemejaría en términos de rareza al alma humana de aquí en la tierra en comparación con el cuerpo humano. Ocurrirá algo similar a esto y, en términos relativos, la existencia futura de la vida también tendría dos estados combinados en una sola entidad. En términos relativos, un estado sería como el cuerpo y el otro como el alma. En comparación con nuestros cuerpos, nuestra alma aparecería como un cuerpo en la nueva esencia evolucionada de existencia.

Para más detalles, se recomienda a los lectores leer el tratado completo, que no trata solamente de este tema, sino que también analiza otras cuestiones muy interesantes que inquietan a las mentes de gente de todo el mundo.

En resumen, cada individuo crea su propio infierno o su propio cielo, y de acuerdo con su propio estado, cada cielo se diferencia del cielo de la otra persona, y cada infierno difiere del infierno de la otra persona, aunque aparentemente ocupan el mismo espacio y tiempo en las dimensiones del más allá.

¿Qué ocurre con el alma humana desde el momento de su muerte carnal y su resurrección en el Día del Juicio? Se dice que el Santo Profetasa afirmó que después de nuestra muerte se abrirán ventanas en la tumba. Para la gente piadosa, se abrirán ventanas hacia el cielo y para la gente malvada se abrirán hacia el infierno. Sin embargo, si abriéramos una tumba, no encontraríamos ninguna de tales ventanas. Por lo tanto, la aceptación literal de estas palabras no transmite el verdadero significado del tema. Es imposible que el Santo Profetasa nos hubiera dado una información errónea en ningún momento, por lo que deducimos que en este caso habría hablado metafóricamente. De lo contrario, cada vez que caváramos una tumba, encontraríamos ventanas abiertas hacia el infierno, o permitiendo la entrada del aire fragante y agradable del paraíso. Sin embargo, no hemos observado ninguna de ellas. ¿Qué significado tienen, pues, las palabras del Santo Profetasa?

La tumba es en realidad una fase intermedia de existencia entre esta vida y la vida venidera. Aquí, la vida espiritual progresa gradualmente a través de muchas etapas hasta alcanzar su destino final. Después, bajo la orden de Al-lah, sonará una trompeta y se originará la última forma espiritual. En este período de transición, las diferentes almas experimentarán algo parecido al cielo o al infierno antes de llegar a su etapa final de perfección, en condiciones para resurgir como entidades completamente transformadas. El Corán ilustra muy bien este concepto:

 Vuestra primera creación y vuestra segunda creación serán idénticas. Sura Luqman (cap. 31: V.29)

Si reflexionamos sobre el nacimiento del niño a partir de una sola célula, encontramos la siguiente declaración del Corán:

 Él es Quien os moldea en los senos maternos como desea. Sura Al Imran (cap 3:7)

Este tema está relacionado con la cuestión de las dos creaciones idénticas antes mencionadas. Tomemos como ejemplo el caso de niños con enfermedades congénitas. Éstos no contraen repentinamente la enfermedad en el momento del parto, sino que desarrollan gradualmente un estado de enfermedad que es progresiva y que comienza desde el momento de su primera etapa embrionaria. Del mismo modo, el alma de una persona que está espiritualmente enferma experimentará algo parecido al infierno en esa etapa embrionaria antes de su resurrección final en el Día del Juicio, y sentirá malestar durante tal período de la tumba, al igual que el niño enfermizo en el vientre de su madre. La actitud de un niño sano es totalmente distinta, e incluso sus patadas son apreciadas por la madre.

La pregunta que surge ahora es: ¿Acaso progresará el alma también, como lo hace un niño en el vientre de su madre, y atravesará todas estas etapas? La respuesta se puede encontrar en este mismo versículo del Corán: “Ma wa ma jalakakum basukum il-la ka nafsin Wahidin”: “Vuestra primera creación y vuestra segunda creación serán idénticas”.

Para entender la segunda creación, debemos entender el modo en que un bebé se modela en el vientre de su madre. Aparentemente, estas formas sólo tardan nueve meses en desarrollarse, mientras que en realidad la creación de la vida se expande a lo largo de miles de millones de años. Volviendo al comienzo de la vida zoológica, el bebé atraviesa casi todas las etapas de la evolución de la vida. Desde el comienzo del embarazo hasta su culminación, nueve meses más tarde, el desarrollo del niño refleja todas las etapas de la creación. En otras palabras, todas las fases de la evolución se repiten en esos nueve meses, una tras otra, y a una velocidad que la imaginación no puede concebir. Mantiene vivas las etapas del sistema de la evolución representando su imagen.

La creación de la vida atravesó un largo período de desarrollo hasta alcanzar la forma que contemplamos en nueve meses. Esto revela el hecho de que el período de nuestra primera creación fue muy largo, y que nuestra segunda creación también se extenderá por un período prolongado. Al estudiar estos nueve meses podemos aprender algo de los miles de millones de años de la historia de la vida así como de la evolución de las almas en el otro mundo. Tal vez se podría llegar a la conclusión definitiva de que el desarrollo del alma después de la muerte quizás requiera de nuevo el lapso de tiempo que va desde los primeros orígenes de la vida hasta la última creación del hombre.

En apoyo de este argumento, el Corán declara categóricamente que cuando las almas sean resucitadas hablarán entre sí tratando de determinar cuánto tiempo permanecieron en la tierra. Algunos dirán: ‘Hemos permanecido un día”, mientras que otros dirán “incluso menos de un día.” Entonces Dios dirá: “Ni siquiera eso es correcto.” En otras palabras, Dios dirá que “habéis permanecido en la tierra mucho menos de lo que calculáis.” En realidad, la relación entre el periodo de la propia vida y una pequeña parte de la jornada equivale más o menos al periodo que la resurrección del alma tendrá con respecto a toda su vida anterior. Cuanto más lejano se encuentra algo, más pequeño parece. Nuestra infancia parece una experiencia de unos pocos segundos. Cuanto mayor es la distancia de las estrellas, más pequeñas parecen. Lo que Dios está tratando de decir es que no vamos a ser juzgados al día siguiente después de la muerte, sino que el juicio tendrá lugar en un futuro tan lejano que nuestras vidas anteriores nos parecerán a nosotros como un asunto de unos pocos segundos, como un diminuto punto en la remota lejanía.

En pocas palabras, la resurrección del hombre se describe como una transformación que él no es capaz de concebir, un acontecimiento que es tan cierto como su existencia aquí en la tierra. Todos estos temas han sido explicados con detalle en el Sagrado Corán.

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