Los Artículos de Fé

Éstos son los seis principios fundamentales de fe que constituyen la base de la doctrina, práctica y conocimiento del Islam de un musulmán. El Santo Corán prescribe la creencia en Al-lah, en el Último Día, en los ángeles, Sus Libros y Sus Profetas. También indica que sólo Dios determina Su decreto. (Véase Santo Corán, 2:178; 25:3).

La creencia en la Unidad de Dios

Éste parece ser un concepto bastante simple y elemental. No debería resultar difícil para nadie comprender la unicidad de Dios y aquí se acabaría el tema. Pero en realidad hay mucho más de lo que se puede percibir. Cuando se examina el concepto de Unidad en profundidad, todo el mundo de la religión parece girar alrededor de este punto crucial. Esta creencia influye en la vida del hombre en todos sus aspectos. También supone la negación de todo excepto de Dios. Así pues, la creencia en la unicidad de Dios no es solamente la quintaesencia de la fe, sino que todas las demás creencias nacen de este manantial de verdad eterna. Esto también transmite un mensaje de emancipación de todos los demás yugos y libera al hombre de todas las obligaciones, excepto las que se originan de su sumisión a Dios.

Este tema también ha sido explicado desde distintos ángulos, tanto por el Santo Corán como por las tradiciones del Santo Profeta del Islam (lpD).

Por ejemplo, la declaración ‘La houl wala quat illa Bil-lah’ (No hay poder que lo abarque todo excepto Al-lah) abre nuevas avenidas para una comprensión más profunda y amplia de la Unidad. Niega todos los temores excepto el temor a Dios. La segunda parte dirige la atención hacia otro aspecto muy importante de la Unidad. Subraya que la fuerza para lograr el bien emana solamente de Dios y que Él es el Señor de todas las fuentes de la fuerza y la energía. Por lo tanto, mientras que la primera parte se refiere a los aspectos negativos de la energía, la segunda está relacionada con los positivos.

Si se aplican a las acciones, intenciones y motivaciones humanas, estas dos fuerzas lo abarcan todo. Las intenciones del hombre y sus acciones posteriores están guiadas y controladas siempre por el temor o por la esperanza y no existe excepción a esta regla. Quienes practican el bien lo hacen por temor y esperanza, y por el mismo motivo lo hacen quienes se entregan a los vicios. Los temores de los no creyentes pertenecen a la categoría negativa de los impíos, que configuran sus vidas de acuerdo con estos temores mundanos. A veces temen merecer el desagrado de los monarcas y las autoridades, otras veces tienen miedo de la sociedad en general, o de los déspotas y matones. También actúan con maldad por temor a la pobreza, a las pérdidas, etc. Por lo tanto, en un mundo lleno de vicios, es posible entender gran parte de las acciones humanas en relación con estos temores.

La creencia en la Unidad disipa por completo estos miedos y hace pensar en la importancia del temor a Dios, Significa que no hay que sentir temor hacia el descontento de los impíos, sino que hay que intentar siempre evitar el desagrado de Dios y vivir solamente de conformidad con tal temor. En sentido positivo, lo mismo se aplica a todas las motivaciones humanas y acciones consiguientes. El hombre vive siempre con alguna motivación para complacer a alguien, sin excluirse a sí mismo. De hecho, por lo general se dedica más a su propia complacencia, incluso a costa de quienes por otro lado ama.

Una forma más exagerada de esta actitud convierte al hombre en adorador de su propio ego. Para lograr su propósito, el hombre ha de complacer a aquellos de quienes depende su placer. Para ello, ha de realizar constantes esfuerzos por obtener los favores de los monarcas, autoridades, etc… Lo que estamos describiendo es la peor forma de esclavitud. Las esperanzas y temores de un esclavo dependen completamente de los caprichos, placeres y sinsabores de su dueño. Sin embargo, el impío no posee un único dueño. Cualquier persona que tenga relación con sus intereses personales puede jugar el papel de Dios para él. Si se analiza la causa última de los males sociales, morales o políticos, esta adoración humana es la que destruye la paz interna del hombre, haciendo que la sociedad en su conjunto experimente un incesante deterioro.

Desde este punto de vista, cuando se echa otra mirada a la declaración fundamental de “no hay más Dios que Al-lah, el Uno y Único”, todos estos temores y esperanzas relacionados con objetos distintos a Dios se desvanecen como por arte de magia. En otras palabras, al escoger a un solo amo, la persona se libera de la esclavitud de todos los demás. Ser esclavo de personas que a su vez son esclavas de innumerables dioses es sin duda un mal negocio. Pero eso no es todo. Los dioses que adoran esas personas son muchas veces producto de su propia imaginación, y son incapaces de beneficiarles o perjudicarles. Por otro lado, la mayoría de los hombres sólo rinden culto a mortales como ellos mismos, cuyos propios egos son superiores al resto. Por lo tanto, cada uno de ellos reverencia a innumerables dioses egotistas cuyos intereses se hallan en mutuo conflicto, originando una situación realmente caótica.

El concepto islámico de Unidad también inculca en el hombre la comprensión de la unidad de la especie humana y elimina todas las barreras que dividen al hombre en clases raciales, éticas y de color. Esto da origen al concepto universal de igualdad en el Islam, que constituye su rasgo distintivo. Por lo tanto, desde el punto de vista divino, todos los seres humanos, sea cual fuere el lugar y la época en que hubieren nacido, son iguales ante Sus ojos. Como se demostrará en breve, este principio es el que dará lugar a todas las demás doctrinas y creencias fundamentales del Islam. Como se ha mencionado antes brevemente, la doctrina islámica de la Unidad es absoluta e indivisible y no tiene espacio para incluir a ningún otro tipo de deidad. No tiene padre, madre, ni cónyuge y es inconcebible que Él engendre hijos e hijas.

Otro aspecto importante de la Unidad de Dios presentado por el Corán está relacionado con la absoluta armonía de Su creación. Este concepto de armonía es el que produjo una atracción tan intensa en Einstein. Éste se vio obligado a rendir homenaje a la perfecta simetría de la naturaleza, la cual, según su opinión, requería la unidad del Creador. Como científico, su percepción de tal armonía se limitaba al universo material. Sin embargo, el Santo Corán habla de la armonía de la creación en todas sus aplicaciones posibles. El Santo Corán afirma que no hay falta de armonía entre la naturaleza creada por Dios y los Libros divinos revelados por Él, sino que existe una combinación perfecta entre las distintas áreas de la creación divina y entre un libro y otro.

Declara además que existe una coherencia perfecta entre la Palabra y la Obra de Dios y que no puede existir contradicción entre la naturaleza y la palabra divina revelada a Sus profetas. Este tema se expone de forma excelente en los primeros cinco versículos del Sura Al Mulk, y también se recoge, desde diversos ángulos, en muchos otros versículos del Santo Corán.

En lo que respecta a los individuos, la creencia en la Unidad juega un papel muy importante en la educación y formación de los seres humanos. Requiere una coherencia entre las acciones y los puntos de vista del hombre, así como la coherencia entre su relación con Dios y con sus semejantes, vinculando de esta forma a la creación en una sola cadena de unidad inquebrantable. Esto se puede entender mejor si analizamos las prácticas de algunas personas que se autodenominan religiosas, pero que propugnan el odio de un sector de la sociedad humana hacia el otro, en nombre del uno y único Dios. El principio de Unidad de Dios discrepa con esta práctica y, como tal, no permite que la gente cause divisiones entre Dios y Su creación, ni entre la creación de Dios.

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