La Universalidad del Islam

<p align=”justify”>Desgraciadamente, los medios de comunicación y prensa presentan al Islam de forma distorsionada, creando una imagen de fundamentalismo rígido y fanático. Esto está lejos de la verdad. El Islam es una religión universal. Reclama ser el auténtico medio de acercamiento a Dios para toda la gente y todas las épocas.

El concepto de universalidad en una religión requiere que sobrepase no sólo los límites geográficos y nacionales, sino también los límites del tiempo. El Islam es la única religión que hace esta reivindicación, pues sus enseñanzas están unidas a la psique, alma y espíritu humanos. El Islam afirma que cualquier religión que se base en la mente humana transciende el tiempo y el espacio. Al ser la psique humana inalterable, la religión que está unida a ella también lo es. En otras palabras, aunque la humanidad siga progresando materialmente, las necesidades psicológicas del hombre seguirán siendo las mismas, y el Islam siempre dispondrá de medios para satisfacerlas. La universalidad del Islam queda demostrada de muchas formas y niveles diferentes:

La aceptación de todas las enseñanzas

El Islam es la única religión que acepta todas las enseñanzas anteriores y a sus portadores como enviados de Dios. Sin embargo, afirma que estas enseñanzas han sido tergiversadas y no pueden considerarse fidedignas. El Islam enseña que en el Santo Corán se incorpora el verdadero significado de estas enseñanzas y su integridad será salvaguardada por el mismo Dios. Esta aceptación y la incorporación de otras Escrituras hacen que el Islam sea una religión universal verdadera.

Nada de compulsión en cuanto a religión

 Para que una religión sea verdaderamente universal, ha de atraer a gentes de todas las razas y culturas. Esta enseñanza, pues, no puede imponerse por la fuerza. El Islam no permite el uso de la fuerza para la propagación de su mensaje. El Santo Corán dice:

“No debe haber coacción en la religión. Ciertamente, lo recto ha quedado separado de lo erróneo…” (2:257).

   La palabra “yihad” se interpreta frecuentemente como “emprender una guerra santa” cuando en realidad, significa “luchar, esforzarse”. El yihad islámico no  consiste en matar y ser matado, sino en esforzarse intensamente en obtener el agrado de Dios. La forma más elevada de yihad es la lucha interna del hombre por librarse de los vicios y las ligaduras del mundo material y conseguir elevar su espíritu para obtener la cercanía a Dios. Otro tipo de yihad puede adoptar la forma de predicación y propagación de las enseñanzas del Islam por medios pacíficos. El tercer tipo de yihad consiste en defender el Islam contra una agresión no provocada o contra un intento de destrucción física del Islam.

La igualdad entre los hombres

   El Islam transmite un mensaje firme de hermandad e igualdad entre los hombres que es el ingrediente esencial de la universalidad. El Islam enseña amor para todos. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) djio:

“Dios es bondadoso con quien muestra bondad hacia Su creación, por lo que de béis ser amables con el prójimo, ya sean virtuosos o malvados. Pues la bondad hacia los malhechores les aparta de su maldad”.

El Islam enseña que ante la vista de Dios todos los hombres son iguales sin diferencia de raza, estatus, posición o riqueza. Él les juzga solamente por sus buenas acciones. El último sermón del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) contiene esta bella alocución:

“¡Oh humanos! Vuestro Señor es Uno y vuestro antepasado es uno. Un árabe no posee superioridad sobre un no-árabe, ni un no-árabe sobre un árabe. El  blanco no es en ningún modo superior al cobrizo, ni el cobrizo al blanco por el hecho de serlo, sino en la medida en la que cumple sus obligaciones hacia Dios y el hombre. El más honesto de entre vosotros ante la vista de Dios es el más justo.

“¡Oh humanos, Debéis escuchar y recordad todo cuanto os digo. Todos los musulmanes son hermanos entre sí. Todos vosotros sois iguales. Todos los  hombres, sea cual fuere su posición, son iguales”.

  Mientras hablaba, el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) alzó sus manos y, uniendo los dedos de una mano con los de la otra, dijo:

“Los seres humanos son tan semejantes entre sí como los dedos de las manos. Nadie puede reivindicar derecho ni superioridad sobre los demás. Sois como hermanos… Lo que os ordeno no se limita al día de hoy sino para todas las épocas. Debéis recordarlo y obrar en consecuencia hasta que abandonéis este mundo y partáis hacia el próximo para encontrar a vuestro Creador.”

Imagen: cortesía de NASA’s Marshall Space Flight CenterLicencia Creative Commons